
The Black Cat Bone no es un hueso duro de roer
Este 3 de junio, a las ocho de la noche, en la Sala Chapinero del Teatro Libre, se presenta la agrupación bogotana The Black Cat Bone, en un concierto que muestra que el ‘blues’ y el ‘rock’ siguen tan vivos como siempre.
Por: Eduardo Arias
La agrupación bogotana The Black Cat Bone marcó una época del rock colombiano en la primera década de este siglo. Celebra 20 años de su álbum debut homónimo y lo interpretarán en vivo de principio a fin el 3 de junio en la Sala Chapinero del Teatro Libre, en una reunión que pone de presente que el blues y el rock siguen tan vivos como siempre.
La banda participó cuatro veces en Rock al Parque y alternó escenario con Aerosmith y Deep Purple. En la reunión participan Mauricio Leguízamo, Carlos Reyes, Juan David Bernal y Andrés Garzón. Leguízamo es cantante, guitarrista y compositor. Bernal y Reyes alternan el bajo y la guitarra. El único ausente es Gustavo Forero, baterista de la banda en aquel entonces. En esta oportunidad los acompaña Andrés Garzón, quien entró a The Black Cat Bone cuando grabaron un segundo disco (Koma, de 2010), en la época en la que Reyes ya no formaba parte de la banda, puesto que se retiró del grupo en 2007.

La reunión de The Black Cat Bone obedece no solo a los 20 años del lanzamiento del álbum. “La gente nos ha hecho saber que es un disco que marcó una época e inspiró a muchos músicos, y que la obra merece ser reconocida y reinterpretada”, dice él. Entonces decidieron hacerlo por la gente y también por ellos mismos.
Después de dos décadas sanaron las heridas que quedaron tras la salida de algunos músicos. Por eso decidieron juntarse para tocar la música que les gusta. Pero eso no significa que estén seguros de querer volver a reunirse de manera definitiva. “Vamos por partes, porque también sabemos que nuestras personalidades son diferentes y cada uno tiene su carrera y sus actividades. Por ahora haremos un gran concierto de reunión, dejaremos que fluya y que la vida nos diga para cuánto más nos da”. Sobre posibles escenarios futuros prefiere no hablar. “A veces uno se pone a hablar de cosas que luego no hace, entonces mejor no hablar tanto. Lo que sí hemos contemplado es juntarnos a crear, porque nos da una curiosidad inmensa ver cómo sonaría algo de The Black Cat Bone hecho en 2026, con toda la experiencia que tenemos, con lo que ya vivimos. No sabemos si lo haríamos en inglés o en español”, reflexiona.
Por ahora están concentrados en que ese primer disco suene muy bien durante el concierto. "Después, cuando ya baje la presión, nos va a quedar una especie de inercia de juntarnos a montar nuevo material. ¿Cómo sería crear de ceros? Pueden pasar dos posibilidades. O nos maravillamos y nos enamoramos de lo que está pasando y le metemos toda o de pronto decimos fue un gusto reunirnos, dejemos así. Chao. Ese es el punto en el que estamos".
En los jardines del rock y del blues
Para Reyes, el blues y el jazz son la principal razón de su carrera. Y, desde esa orilla, considera que su labor consiste en construir públicos. “Cuando empezamos con The Black Cat Bone en 2001 yo había tenido mucha experiencia en el metal pesado como bajista de Agony. Ya había conocido la escena en grande, esos primeros rock al parque, esos conciertos multitudinarios de metal con gente de todas partes del país”.
Luego se fue a vivir a Estados Unidos, donde conoció a fondo el blues. Al regresar a Colombia, en 2001, quiso tocar esa música sin que hubiera un panorama muy claro de dónde tocarlo y sin saber a quién le gustaba. Como él dice, no había un público definido. En la escena del rock bogotano dominaban géneros como el metal, el ska o el punk, y el blues se veían como algo anacrónico. “Además me decían que eso ya pasó, y que además 'usted es colombiano'. Era tan quijotesca la causa que me enamoró más todavía”.

El nombre de la banda (“el hueso de gato negro”) surgió cuando Leguízamo leyó que es uno de los amuletos para la buena suerte típicos de la cultura hoodoo, una práctica de magia popular de los afroamericanos de la región de Nueva Orleans que no debe confundirse con el vudú. Como al comenzar el grupo tocaba más que todo blues, le pusieron ese nombre. En esa época todavía no había YouTube, así que varios años después vinieron a descubrir que en todo el mundo una gran cantidad de grupos de blues se llaman igual.
Una escena que resiste
Entre The Black Cat Bone y varios grupos más construyeron un público. “Pasa cada tanto: las nuevas generaciones redescubren a los grandes clásicos. La película de Oliver Stone hizo que a mi generación llegaran The Doors. El rock es una tradición y el que empieza a gustarle termina descubriendo quién venía antes y todos llegamos al blues por ese motivo”.
Entonces también se dio cuenta de que había melómanos (ni metaleros ni bluseros o punks en específico), que show tras show disfrutaban por igual sus versiones de Deep Purple o de Johnny Cash. “Mi rock personal, el que yo compongo, tiene influencias de todo ese sonido, pero también busco una identidad porque soy bogotano, hablo en español, también oigo joropos. Es una búsqueda artística de cómo encajar mi gusto por lo del norte y ser de acá”.
Carlos Reyes considera que en Bogotá hay un nicho al que le gusta el blues, el rock clásico y el jazz. Es una escena chiquita que resiste mucho y se bifurca de muchas maneras. “Llega gente que es muy radical y dice que el blues solamente es el blues del Delta del Mississippi y solo lo pueden hacer los afroamericanos y todo lo otro no es blues y somos unos farsantes. He recibido ese tipo de comentarios, como también el del otro extremo que dice ‘si se ponen a tocar música de otros nunca van a hacer nada’. Y en ambas orillas hay verdades parciales”.
Se considera ante todo un músico ecléctico y piensa que para crear buena música es necesario aprender la música de otros. “Y si es folclor toca dedicarle muchas horas a estudiarlo y más cuando ni siquiera es de la tierra de uno. Una de las cosas que más me gusta de lo que hago es que no tengo un perfil definido de quién es mi público. Siempre me sorprende que cuando llego a zonas ya sea del sur o del norte de Bogotá, ya sean los restaurantes más gomelos o las plazas más populares, en todas partes hay alguien que va a resonar con esta música”.
La magia de tocar en vivo
Reyes reivindica por encima de todo la música que se hace en vivo, en directo, sin darle tantas vueltas. “Después de haber pasado por tanta necesidad a veces autoimpuesta de querer hacer una gran producción discográfica y de complicarme grabando y regrabando, más bien vuelvo a la idea de juntarme con músicos, tocar, improvisar, hacer algo que está vivo, que es real y grabar como hacían los grandes bluesmen que llegaban a un cuarto, encendían el botón de grabación y de ahí salía el disco final”.
Y más en estos tiempos de Inteligencia Artificial. “El apogeo de la IA, donde ya próximamente tendremos a John Lennon haciendo chistes en vivo y en directo con alguna emulación que hagan, me hace pensar que este es el momento en el que más se valora que la música sea en vivo y en tiempo real, y que se puede improvisar. Se puede ir la luz y podemos hacer música con una guitarra acústica. Si se acaba la batería no pasa nada. Eso es lo mejor de hacer música en vivo. Y por eso el blues y el jazz siguen siendo para mí pilares fundamentales a la hora de hacer música”.
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