
Croacia aterrizó a Colombia: la tricolor perdió en su preparación al Mundial
La tricolor cayó ante los ajedrezados 2-1 con goles de Luka Vuskovic e Igor Matanovic. Jhon Arias anotó el gol de los dirigidos por Néstor Lorenzo.
Fue una buena decisión enfrentar a Croacia. A esto que vimos hoy va a saber el mundial, si es que logramos pasar la fase de grupos: intensidad, frenesí, espacios escasos, rivales ordenados y herméticos que son capaces de transiciones muy rápidas y dolorosas. Potencia física y mucho veneno en el juego aéreo.
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Croacia nos sirvió de principio de realidad, nos aterrizó y, de una vez, nos presentó la cadencia, el tempo, que regirá a la gran fiesta. Preocupa entonces lo chiquito que se ve Camilo Vargas debajo de los tres palos, sus dudas que colindan con el miedo; la desarmonía de la defensa para ocupar los espacios, los huecos a la espalda, la fragilidad por arriba.
Inquieta también lo previsible que sigue siendo Colombia en el último cuarto: es como si apostar por James fuera aceptar el pacto nostálgico de dos balones buenos a cambio de sesenta minutos de juego.
Finaliza el partido de nuestra Selección Colombia Masculina de Mayores 🆚 🇭🇷
— Selección Colombia (@FCFSeleccionCol) March 27, 2026
🇨🇴 1-2 🇭🇷#LaSeleNosUne🇨🇴 pic.twitter.com/fnJmwuMf5n
¡Y ese gol que se comió Luis Suárez, que hubiera metido hasta el que escribe esta nota! ¿Cuánto pesa llevar la 9 de este equipo? ¿Está maldito?
Lerma y Ríos, los puentes entre la mitad y los de arriba, sudaron sangre y sufrieron de más el fútbol fiero de Croacia. Casi siempre les quedó faltando un segundo, una exhalación, y eso en este ámbito es muy peligroso.
Y eso que empezamos ganando con un gol de camerino de Arias que pareció procurarnos una noche serena y menos fría.
Y eso que tenemos a Luis Díaz, capaz de lo inverosímil en cualquier instante.
2-1 fue el amargo resultado final del debut en la preparación mundialista. Ahora se viene Francia. Algo nuevo hay que probar. Por ejemplo, salir de la nostalgia del 10 y meter desde el inicio a Carrascal, a ver si tiene con qué iluminarnos el camino sin sacrificar intensidad y ritmo.
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