
Choque con las urnas: las nuevas batallas de Comunes después del fracaso electoral
Los resultados electorales del Partido Comunes parecen dejarlo en una situación crítica. Composición Yamith Mariño.
El partido de los exmilitantes de las extintas Farc, surgido tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, fracasó abruptamente. La polarización, los incumplimientos, el peso de la estigmatización y la inexperiencia, entre las causas. ¿Qué viene?, ¿de qué van a vivir?
Por: Rainiero Patiño M.
A los 17 años, Rodrigo Londoño Echeverri soñaba con ayudar al país. Se sumó a las filas de las Farc, de la que llegó a ser su comandante. Por más de cuatro décadas fue parte activa del conflicto y, a pesar de su bandera inicial de lucha social, causó daño a mucha gente. Así lo reconoció en una conversación reciente con CAMBIO. Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016 ese deseo se reactivó desde el escenario político, pero diez años después, el sueño recibió un duro golpe de realidad.
Los resultados de las votaciones del pasado 8 de marzo pusieron la lápida jurídica al Partido Comunes, que agrupaba a los firmantes del acuerdo. Después de dos periodos en el Congreso, acordados en La Habana, los exmiembros de la guerrilla de las Farc fracasaron en su intención de ser elegidos por voto popular. La lista de candidatos, avalados en una alianza con el partido Fuerza Ciudadana, no logró sumar los votos necesarios para una curul y, mucho peor, no alcanzaron el umbral mínimo de votos establecidos por la ley electoral.
La firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos y el secretariado de las Farc le entregó a esta guerrilla el derecho a 10 curules transitorias en el Congreso de la República por dos periodos legislativos, entre 2018 y 2026 (cinco en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes).
Los aspirantes al Senado de la coalición solo sumaron 114.722 votos y la lista a la Cámara de representantes obtuvo 50.427. Ambos grupos quedaron lejos del 3 por ciento de la votación total, sufragios mínimos como requisito constitucional y fundamental para formalizar la organización, recibir financiación pública y avalar candidatos.
Los recientes resultados tuvieron antecedentes cuando el partido participó, sin tener la obligación, en las elecciones de 2018 y 2022, con muy malas votaciones En 2018 obtuvo 52.332 votos para el Senado y 32.636 votos en Cámara; en 2022 el resultado fue peor, solo 31.116 votos en Senado y 21.182 para la Cámara.
Los resultados negativos de Comunes pusieron sobre la mesa varias preguntas fundamentales sobre el futuro de los exguerrilleros: ¿Van a desistir de su lucha política?, ¿de qué van a vivir sus líderes?, ¿esto puede ser leído como un fracaso, al menos en parte, del Acuerdo de Paz?
Varios factores trascendentales influyeron en el resultado de los Comunes. Entre estos están la gran carga reputacional por los crímenes cometidos durante el conflicto, más los incumplimientos de algunos puntos del Acuerdo de Paz por los distintos gobiernos nacionales, las dificultades que enfrentan los partidos pequeños o estigmatizados en Colombia y lo cruel que puede ser la ley electoral. En resumen, se puede decir que el fracaso de Comunes refleja, sobre todo, el fracaso de la dinámica política en el país. Incluso el hecho de participar en política dentro de las reglas democráticas y perder puede interpretarse como una expresión, más que como un síntoma de fracaso del proceso de paz.
Sobre el tema de comunes se pueden hacer varios análisis. Miguel Suárez, director de construcción de paz de Indepaz, publicó un informe reciente en el que plantea que el fracaso no debe interpretarse como un fracaso general del Acuerdo de Paz, sino como el reflejo de las dificultades propias de transformar una organización armada en un actor político competitivo.
Desde su entrada a la arena electoral, el partido mostró un respaldo ciudadano limitado, cuyo único espacio dependía en gran medida de las curules garantizadas por el acuerdo, según Suárez. Por lo que cree que la pérdida progresiva de votos y la reducción de sus bases, no constituye un quiebre repentino, sino la continuidad de una tendencia sostenida y la incapacidad para consolidarse como una fuerza relevante en la competencia democrática.
La vida después de las curules del Acuerdo
Marcos Calarcá fue por más de cuatro décadas un nombre popular en las Farc. Este era el alias de Luis Albán, quien durante años estuvo vinculado a la representación diplomática y política de grupo. Él fue uno de los excombatientes que ocupó una curul en el Congreso.
Como punto inicial para el análisis de los resultados recientes, Albán dice que no se puede olvidar que el país logró tener el primer gobierno progresista de su historia a partir de la firma del Acuerdo Final de Paz, lo que, en su opinión, permite que tengamos un pueblo mucho más politizado y con mayor capacidad de estar informado.
“Entonces, es un pueblo que expresa una polarización, porque no hay espacio para indefiniciones: o estamos con el cambio o no estamos con el cambio. Entonces, usted encuentra que todas las fuerzas que están con el cambio votaron con el Pacto y dejaron de lado otras alternativas, en esa consecuencia caímos nosotros. Y las fuerzas que están en contra del cambio, por diferentes razones votaron en contra de ese cambio, es decir, en la derecha”, dice.

Albán se defiende y dice que no son el primer ni el último partido que pierde la personería jurídica, pero que buscarán recuperarla y continuar en las luchas sociales con campesinos, sindicatos y estudiantes. El actual representante a la Cámara no ve esto como el fin del partido y dice que el núcleo de Comunes sigue comprometido con el proceso iniciado con el Acuerdo de Paz y con el trabajo político en los territorios. “No es lo mismo perder la personería por falta de votos que renunciar a ella”, señala.
Eso sí, Albán cree que fallaron en no hacer una lectura más profunda de esa polarización y que el electorado les cobró el hecho de no ser identificados como parte del Pacto Histórico. “La inmensa mayoría de la gente que votó por uno u otro no sabe a quién eligió, sobre todo porque eran listas cerradas. Saben que eligieron Pacto o Centro Democrático, cambio o no cambio, pero la fuerza está centrada indudablemente en Petro”, detalla.
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Durante la campaña percibieron respaldo y reconocimiento en las regiones, pero la polarización llevó a que muchos votantes se inclinaran por el Pacto Histórico. Incluso, dice que personas cercanas les manifestaron que “había que votar por el Pacto”. A esto se sumaron limitaciones para hacer campaña en varias zonas del país por razones de seguridad, especialmente en áreas rurales con presencia de disidencias, lo que restringió el contacto con comunidades y generó riesgos para quienes se relacionaran con el partido.
Y si se le pregunta de qué van a vivir después del Congreso, Albán responde que eso no los asusta, que él y sus compañeros están “acostumbrados a vivir en la precariedad y a dar la lucha contra los obstáculos”. En este caso se enfrentan a uno nuevo: la derrota en las urnas.
“Comunes y la izquierda general necesitan una reflexión”
Por más de cuarenta años, Julián Gallo fue conocido dentro de las Farc con el alias de Carlos Antonio Lozada. Con los años llegó a ser parte del Estado Mayor Central de esa organización ilegal, la plana principal del grupo subversivo. De ahí que durante las negociaciones fue incluido como miembro de la delegación de paz.
Para Gallo, el resultado en las recientes elecciones de Congreso evidencia “el cambio tan profundo que ha habido en la política nacional en los últimos 10 años”. Explicó que este proceso está ligado al impacto del acuerdo de paz, que permitió que la izquierda asumiera “un papel decisivo y determinante” y llegar por primera vez a la Presidencia de Colombia. Además que esto se refleja en que el Pacto Histórico se haya consolidado como la bancada más grande del Senado, algo impensable hace una década.
El saliente senador afirma que este resultado también refleja una transformación reciente, producto del gobierno de Gustavo Petro, que describió como una “culturización política de millones de colombianos”. Según dijo, hoy existe una comprensión distinta de la política, lo que se expresa en el debilitamiento de las casas políticas tradicionales y el surgimiento de votaciones de opinión en distintas regiones.
Sobre el caso de Comunes, Gallo cree que en estos diez años han enfrentado factores que les impidieron capitalizar el ambiente de cambio generado por el acuerdo, el cual fue aprovechado por otros sectores de izquierda. Entre estos, señaló la estigmatización y el sectarismo, incluso dentro de sectores aliados, que han sido “reticentes en abrir espacios a su participación”.
Gallo recordó que en 2023 participaron en elecciones locales con la lista del Pacto Histórico, pero al avanzar hacia la conformación de un partido único encontraron resistencias que los dejaron aislados. Posteriormente, intentaron consolidar el proyecto Unitarios, que se desintegró en medio de la dinámica electoral. Esto llevó a la dispersión de sectores y a la creación de la coalición con Fuerza Ciudadana.

El excombatiente reconoce la necesidad de una reflexión interna de Comunes. Admite fallas en la lectura del fenómeno político del Pacto Histórico y señala que las fuerzas de izquierda que compitieron por fuera de esa lista “quedaron arrasadas”. Por lo que considera que esto obliga a avanzar hacia una propuesta unificada, en un escenario donde el sistema político tiende a reorganizarse en tres grandes bloques: izquierda, derecha y centro.
En el plano personal, Julián Gallo anunció que está escribiendo un libro sobre la historia política del conflicto y los procesos de paz en Colombia, incluyendo los diálogos desde 1983 hasta el acuerdo de 2016, así como sus experiencias en el Caguán y La Habana. Además, planea continuar su trabajo político en regiones y con comunidades campesinas, combinándolo con proyectos productivos. El retiro no es un plan hoy.
Otras voces: respaldo limitado, incumplimientos e inexperiencia
Las miradas sobre los resultados electorales y el futuro de Comunes son diversas y hasta controversiales. El juego no es fácil: pasar de la confrontación armada a las batallas electorales. Es un camino espinoso, en el que la historia misma de la guerra está presente y exige una evolución paso a paso. Lo más difícil, dice Suárez, es lograr legitimar en escenarios democráticos.
Max Yuri Gil, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, dice que el Acuerdo de Paz estaba basado en un intercambio entre reformas políticas, económicas, sociales a cambio de que la organización insurgente dejará las armas, que la guerrilla cumplió en lo fundamental, pero que no fue cumplido por ninguno de los tres gobiernos que han pasado, de Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro.
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“Ellos cumplieron en aspectos fundamentales, como mantener la delincuencia criminal de los exguerrilleros por debajo del 10 por ciento que es un porcentaje muy bajo comparado con el de otros procesos en el mundo. El acuerdo era una desmovilización colectiva para que las Farc hicieran política como partido legal y se reintegraran económicamente en el proyecto colectivo de Comunes. Pero en el gobierno de Duque esto se convirtió en un acuerdo de desarme de movilización y reintegración individual y disperso, que también incidió en la destrucuración del proyecto político”.

Luis Trejos, de la Universidad del Norte, dice que el fracaso electoral del Partido Comunes se debe a distintos factores dentro de los cuales puede evidenciarse una cierta inexperiencia en la forma de hacer política legal. Recuerda, por ejemplo, como los firmantes del acuerdo usaron primero la sigla de la Farc, que era la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, sin darse cuenta que esa sigla tenía una poderosa carga negativa asociada a todos los crímenes que esa guerrillera había cometido durante las cinco décadas que había estado en armas y que obviamente esa esa carga se trasladó hacia la legalidad.
Trejos también cree que ellos hicieron una mala apuesta en la selección de quiénes los iban a representar en las 10 curules en el Congreso, porque en la práctica lo que hicieron fue trasladar los liderazgos de la guerra a la política, entonces muchos de esos que habían sido líderes iban a ser juzgados por la JEP y tenían un rechazo muy marcado por parte del electorado o de la opinión pública que los ha asociado a la condición de crímenes de guerra.
“Lo que se hubiese esperado es que ellos hubieran utilizado al liderazgo jóvenes o mandos medios de las Farc que no tuvieran mucha visibilidad nacional y, quizás, eso hubiera tenido un poco más de empatía con respecto a esos representantes en estos espacios. Tampoco creo que lograron actualizar su discurso y volverlo atractivo para un país que tenía necesidades que iban mucho más allá del acuerdo logrado con el Gobierno o al que le faltaba todavía mucha pedagogía para conocer bien la materialización o la implementación de dicho acuerdo”, explica el profesor. El reto de Comunes no es menor y, quizás, solo el tiempo podrá decir si sucumben ante esta fuerte derrota.
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