
Encuesta de CAMBIO y el CNC: Paloma pierde impulso, Abelardo remonta y Cepeda los mira desde arriba
La más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría para este medio replantea la carrera a un mes de la primera vuelta: la ventaja de la senadora uribista se esfumó y la disputa por el segundo lugar volvió a quedar abierta. Y con ella, la pregunta incómoda para la derecha: ¿cuál de sus dos candidatos puede derrotar a Iván Cepeda en segunda vuelta?
Por: Mateo Muñoz
Hace poco más de un mes, Paloma Valencia parecía haber resuelto el problema más recurrente de la derecha colombiana: saber quién manda. En ese entonces, la alianza con Juan Daniel Oviedo le dio un impulso, confirmado por las mediciones de opinión que Abelardo de la Espriella no pudo contrarrestar. Pero en la carrera hacia la Presidencia nadie puede sentirse cómodo. La más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, que presenta CAMBIO en exclusiva, muestra un panorama que en el cuartel de la senadora leerán con cuidado: el abogado está de vuelta.
Con el 20.4 por ciento frente al 15.6 de la senadora, De la Espriella se puso en la delantera con una ventaja del 2.6 por ciento, pues el margen de error es de dos puntos. Quienes hace un mes creyeron que Paloma Valencia había arrebatado el tiquete disponible para la segunda vuelta, hoy deberán rehacer sus cálculos: la prioridad de la candidata en este momento ya no está centrada en ganarle a la izquierda, sino en derrotar al ala más radical de la derecha.

Mientras tanto, Iván Cepeda —quien creció casi tres puntos desde la encuesta del 22 de marzo (37.2 por ciento)— parece estar más enfocado en alcanzar la mitad más uno y evitar la segunda vuelta, que en mirar hacia atrás para ver si sus perseguidores le pisan los talones. Las próximas semanas serán las más álgidas de campaña y la oposición aún no ve cómo salir de su laberinto.

Una paloma que no sabe donde posarse
El voto de la derecha dura no se hereda, se gana; esa es la lección que, a punta de cifras, está recibiendo la campaña de Paloma Valencia. La aspiración de la senadora entra en una encrucijada: para conquistar ese voto, tendría que dejar de agitar lo que hoy le funciona con el electorado de centro, seducido en parte por la inclusión de Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial. Ella misma lo reconoció hace unos días, cuando uno de los tantos desencuentros que ha tenido con Oviedo quedó en evidencia ante los medios de comunicación.
“Es difícil sumar entre distintos. Yo digo algo y el centro se me delica, y él dice algo y el uribismo se delica”, dijo Valencia a propósito de las críticas de Oviedo a su idea de nombrar a Álvaro Uribe como ministro de Defensa.
En ese cruce de opiniones distintas, Abelardo de la Espriella ha repuntado al aprovechar las grietas que se abren en la derecha dura cada vez que Paloma Valencia les habla a los votantes más moderados. En la encuesta del pasado 22 de marzo, De la Espriella perdió el segundo puesto por primera vez al quedarse estancado con el 15.4 por ciento, mientras que Paloma Valencia movió el tablero y escaló al segundo lugar con el 22.2 por ciento.
Ahora, el retroceso de Valencia es evidente: perdió casi siete puntos y, por primera vez en cuatro meses de competencia rompió su tendencia creciente en las mediciones de intención de voto hechas por el CNC. El panorama del abogado es distinto, pues obtiene el porcentaje más alto de intención de voto en las cuatro encuestas presentadas por CAMBIO este año.

Ni la foto con sus compañeros de la llamada Gran Consulta por Colombia, ni el respaldo de los partidos tradicionales, ni el padrinazgo de Álvaro Uribe, parecen estar siendo lo suficientemente efectivos para que la campaña de Valencia revierta una tendencia que, sigilosamente, apareció en 2022: la renovación de la derecha luego de que en 2022 la Presidencia se disputó entre el líder la izquierda y Rodolfo Hernández, un outsider que nunca quiso acercarse a la derecha tradicional.
¿Una era posUribe?
Las semillas de una derecha renovada —más radical y en sintonía con la ola global que encumbró a Donald Trump, Nayib Bukele, Javier Milei y José Antonio Kast— llevaban años germinando en el uribismo. Sin ir más lejos, María Fernanda Cabal compitió por segunda vez por ser la candidata oficial del Centro Democrático llevando las banderas más radicales. Pero, al perder la medición interna contra Paloma Valencia, partió cobijas. Ahora se le ha visto más cercana a la campaña de De la Espriella junto con su esposo, José Félix Lafaurie, dirigente histórico del uribismo que renunció al partido y aterrizó en el ‘abelardismo’.
Lo mismo pasó con otros rostros visibles de la derecha que no encontraron lugar en el Centro Democrático: Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga; Mauricio Gómez, senador liberal; Enrique Gómez, líder de Salvación Nacional; Lina Garrido, congresista de Cambio Radical, y Rodrigo Lara, exsenador. Todos han buscado refugio en la campaña de De la Espriella y han escapado, así, de hacer parte de un uribismo desgastado, institucionalizado y todavía dependiente de la figura de Álvaro Uribe Vélez.
El naciente abelardismo ya detectó esa fortaleza que le da disputar de lleno una parcela que Paloma Valencia trata de pisar con un pie mientras tiene el otro en el centro. Por ello, en las últimas semanas, han circulado decenas de contenidos en redes sociales afines al abogado, los cuales marcan distancia con la campaña de la senadora. Los ejes son claros: Valencia representa más de lo mismo y está juntándose con los partidos tradicionales, mientras que Abelardo es el rostro nuevo que recoge las bases de la derecha original y atiende un dolor histórico que empujó al mismo Uribe a la Presidencia en 2002: la seguridad.
Los ataques terroristas de las últimas semanas en Cauca y Valle del Cauca así como los hechos de inseguridad en las ciudades han hecho mella en la opinión pública. Por ejemplo, cuando se preguntó por el principal problema del país, la encuesta mostró que, respecto a la medición de marzo, el avance de los grupos criminales creció 4.7 puntos.

Además, al preguntar por el problema en el que quisiera que se enfocara el próximo presidente el tema de los grupos criminales sigue estando en el podio:

La estrategia poco amistosa de una parte del abelardismo ya fue criticada públicamente por voces cercanas a la campaña de la senadora uribista. Tomás Uribe advirtió de una coordinación de ‘bodegas’ y el senador Andrés Guerra puso el grito en el cielo. Hasta el mismo expresidente Uribe tuvo una confrontación pública con Carlos Suárez, estratega de Abelardo, y lo señaló de arreglar reuniones de exparas con Iván Cepeda, en medio del sonado proceso judicial que los enfrentó.
A pesar de las peleas recientes, en ambos sectores se ha hecho un llamado a la mesura para no dinamitar una alianza en segunda vuelta contra Iván Cepeda. La pregunta que circula en las dos campañas es ¿quién sería la opción más estratégica para el balotaje?
La respuesta más común es Paloma Valencia, por su postura más institucional y liberal frente a algunos temas, lo cual le permitiría atraer los votos de centro. No obstante, la encuesta del CNC para CAMBIO incluye una pregunta reveladora: ¿Por cuál de las siguientes fórmulas nunca votaría? Los resultados arrojan que, después de Iván Cepeda y Aida Quilcué (32.7 por ciento), Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo (16 por ciento) están empatados técnicamente con Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo (15.1 por ciento). El cálculo de que Valencia es un producto más fácil de vender en el centro se complica, según las cifras más recientes.

Por otro lado, en los escenarios de segunda vuelta contra Iván Cepeda, De la Espriella y Valencia tienen un desempeño muy similar. El abogado obtiene el 37,9 por ciento de intención de voto mientras que la senadora alcanza el 40 por ciento.


Comparado con la encuesta de marzo, De la Espriella crece casi dos puntos y Paloma pierde tres.


En el Centro Democrático no es un secreto que la situación se está enredando, y lo mismo ha visto el expresidente Uribe, curtido en campañas presidenciales. Él mismo esquivó aceptar con contundencia la propuesta de ser ministro de Defensa de Paloma y, por si fuera poco, se disculpó por la infame frase que pronunció en 2008: “No estarían recogiendo café”, a propósito de las ejecuciones extrajudiciales que por ese entonces el país empezaba a conocer.
Paloma Valencia tiene hasta el 31 de mayo para resolver una ecuación que, vista desde afuera, parece no tener solución: ser lo bastante uribista para que Abelardo de la Espriella no le arrebate la base, y lo bastante distinta del uribismo para que Juan Daniel Oviedo no le devuelva los votos que tanto le costaron.
Dos identidades, un solo cuerpo
Lo que hace más interesante el dilema es que ni Uribe ni Oviedo están dispuestos a facilitarle la vida. Uribe no desaparecerá de la conversación pública solo porque Valencia lo necesite lejos. Y Oviedo, por su parte, no renunciará a la identidad que construyó durante los últimos años solo porque ahora hace fórmula con alguien que viene de otro mundo político. Cada uno tiene sus propios incentivos, sus propias bases y sus propias lecturas de hacia dónde debe ir esta campaña.
Valencia, en el centro de esa tensión, tendrá que tomar decisiones todos los días. Qué dice, qué calla, a quién abraza en la tarima y a quién saluda desde lejos. Son decisiones pequeñas que, en otro momento de la campaña, tendrían consecuencias menores. A menos de un mes de la primera vuelta, con la derecha dividida y el segundo puesto todavía sin dueño definitivo, cada una de esas decisiones puede mover la aguja. Para bien o para mal.
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