
¿Qué pasa si el presidente Petro no reconoce los resultados de la segunda vuelta?
El presidente de la República, Gustavo Petro Urrego.
Estas son las consecuencias sociales, políticas y jurídicas. El candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, afirma que, en caso de una victoria suya, si el mandatario no entrega el poder, “las Fuerzas Militares tienen una misión por cumplir”.
Por: Armando Neira
La contienda política entró en la recta final en un escenario tan incierto como inédito: la posibilidad de que el presidente de la República, Gustavo Petro, no reconozca el resultado de las urnas. El temor ha ido en aumento no solo porque, con el paso de las semanas, el mandatario sigue sin aceptar los resultados de la primera vuelta, sino porque en el debate público se ha instalado la versión de que seguidores radicales suyos saldrían a la calle a manifestarse, incluso este mismo domingo.
Es una inquietud que está en el seno del propio Gobierno Nacional. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, alertó sobre esta situación: “Respecto a posibles disturbios violentos, tenemos información de inteligencia que podría llegar a ocurrir, y es una de las amenazas más importantes. Después de la desinformación, viene ya la acción violenta de algunas personas —afirmó— Estamos desplegando todas las capacidades”.
De ahí la relevancia de los mensajes que emitan, tanto el presidente Petro como el candidato Iván Cepeda, si el oficialismo resulta derrotado. En el caso del aspirante de izquierda, se ha caracterizado por un liderazgo institucional y respetuoso que posiblemente se extenderá este domingo. “Yo soy un demócrata”, ha dicho el senador.
La incertidumbre, entonces, está en el rumbo que tome el presidente. Además de ser el jefe de Estado y quien en teoría debe encarnar la unidad de la nación, él es un líder al que sigue con devoción un sector de simpatizantes que están atentos a una señal para emprender el camino a seguir. En consecuencia, un mensaje de duda del mandatario tendría un impacto social y otro político.
El dueño de la calle
El primero se sentiría en la calle, donde Petro construyó buena parte del capital político que lo llevó a la presidencia y desde donde fustigó a quienes consideraba sus adversarios, como los congresistas de oposición, a quienes les desenvainó la espada de Bolívar en los momentos en que le pusieron obstáculos legislativos. Para Petro, la calle representa el principal escenario de poder popular, contrapeso institucional y legitimidad democrática.

En un escenario así, desde el punto de vista político, se estaría enviando el mensaje de que se vienen cuatro años altamente difíciles, porque él podría tener más eco desde el asfalto que el propio Iván Cepeda, quien por derecho debería convertirse en el jefe de la oposición en el Congreso.
El efecto más sensible está, pues, en este espacio. “Lo más preocupante es que una ausencia de reconocer los resultados o incluso negarlos sea tomada literalmente por unas bases que lo entiendan como un llamado a la desobediencia civil, y que de ahí se deriven manifestaciones y protestas que puedan escalar a la violencia verbal y física”, dice el analista político Gabriel Cifuentes.
Para este experto, el presidente actuaría así de manera irresponsable porque podría llevar a una desestabilización social y política sin precedentes, y empañar un proceso electoral que ha sido reconocido como fiable y transparente. “Sus temerarias declaraciones pueden producir efectos inesperados y condenarnos a mayores niveles de polarización y violencia”, dice Cifuentes.
Por otra parte, esas declaraciones podrían ser el preámbulo de su propuesta de constituyente: ya sin la atadura del cálculo político previo —y sin que la sola idea pudiera afectar la candidatura de Cepeda—, el presidente podría ser el protagonista y abanderar el movimiento constituyente, como ha sido su intención desde el principio; una decisión que, en todo caso, conllevaría protestas, movilizaciones y una fractura política sin precedentes.

Desde el punto de vista legal no habría mayor incidencia. “Jurídicamente hablando, no es el presidente quien tiene la función o la capacidad de reconocer o no los resultados de las elecciones; esa función constitucional la tienen las autoridades electorales, que son las que certifican el resultado de los comicios. Así que cualquier posición que adopte el presidente no tendrá ningún efecto jurídico”, agrega Cifuentes.
Con la tensión en aumento se da como un hecho que el presidente Petro será protagonista este domingo y no precisamente como una voz que invite al derecho a votar libremente y a aceptar que quien obtenga el mayor número de votos será su sucesor a partir del 7 de agosto.
Un vaticinio inquietante
María Jimena Escandón, especialista en derecho constitucional comparado, dice que en caso de que esa jornada gane Abelardo De la Espriella, es altamente probable que el presidente no reconozca el resultado electoral. Y en este caso, ella, como otros expertos, sostiene que para que impere la normalidad, el resultado debería ser muy favorable para el aspirante opositor. “De ahí la importancia de que la distancia entre los dos candidatos sea amplia”, dice ella.
Ella recuerda que el presidente ha sembrado, desde el comienzo de la campaña, una narrativa de fraude electoral, acompañada de una confrontación abierta. “El propósito será deslegitimar nuestro sistema electoral, buscando conflictividad política, lo que le permitirá mantener capacidad de movilización”.

Pero, ¿por qué se llegó a este punto? Una victoria de De la Espriella supondría una derrota estratégica para el presidente, con las eventuales consecuencias que tendría para el progresismo, en particular, y para el país, en general, esta situación.
“Ante ese escenario, su principal alternativa sería asumir el liderazgo de la oposición, promoviendo una agenda de confrontación y movilización social que le permita conservar protagonismo político cuestionando la legitimidad del nuevo gobierno”, dice la experta.
Pedro Viveros, analista político, recuerda que “el sistema electoral colombiano contempla todas las reclamaciones o demandas que los actores políticos requieran y que por ese camino debería irse”.
Para Viveros, si el petrismo tiene dudas u observaciones sobre los resultados, puede impugnarlos y reclamar ante la justicia, e incluso recurrir al Consejo de Estado; pero, al final, en unas elecciones no manda el presidente, sino la Constitución Política de Colombia, y en ella se consagra que quien obtenga la mayoría de los votos en una segunda vuelta presidencial es el nuevo mandatario de los colombianos.
Desde la visión de este experto, “ante la Constitución, luego de cumplir con todas las exigencias del probado régimen electoral del país, al actual presidente solo le corresponde cumplir con la carta que juró respetar hace cuatro años”.
¿Qué va a suceder en la calle?
El docente Carlos Arias dice que, más allá de que no haya efectos jurídicos, el escenario sería muy delicado porque se rompería el orden institucional, lo que podría derivar no solo en un estallido social, sino incluso en una guerra interna, ideológica y política.
Sería gravísimo, argumenta este profesor universitario de ciencia política, no solo por eso, sino porque al inicio del nuevo gobierno —sea de De la Espriella o de quien gane— no habría condiciones para hacer un empalme, ya que ese llamado a desconocer los resultados estaría, según él, ligado a un desconocimiento de todas las investigaciones que puedan llegar a presentarse después de que inicie el gobierno, con base en los errores o actos de corrupción ya comprobados en esta administración.

Y todo eso buscaría deslegitimar no solo la autoridad y la ley, sino el ejercicio del gobierno de Abelardo. “Sería gravísimo, y yo creo que es lo que va a suceder”, afirma.
La situación se ha ido ensombreciendo por declaraciones de varios cuadros clave del petrismo, como Carlos Carrillo y Gustavo Bolívar. El exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, que renunció a su cargo para sumarse a la campaña de Cepeda, dijo que si gana De la Espriella, Colombia arderá. “Indudablemente, se va a incendiar el país”, sentenció en una entrevista con la periodista Eva Rey.
Cuando ella le preguntó si no habría que llamar a la calma en caso de derrota, Carrillo fue tajante: “Eso no funciona así”. Y añadió: “Si gana el fascismo, se recrudecerá la violencia. Volverán a sacarles los ojos a los manifestantes. Volveremos a un pasado en donde se criminaliza la protesta y se persigue a la juventud popular”.
“La gente no va a dejar que la destripen con los brazos cruzados”, dijo Bolívar en respuesta a la amenaza de De la Espriella de que en un gobierno suyo se va a “destripar” a la izquierda. Bolívar incluso habló de “guerra civil”, aunque aclaró que no es él quien la anuncia, sino que, en un país como Colombia, donde a la izquierda le exterminaron un partido político completo —la Unión Patriótica—, esa fuerza política ya no va a permitir que la “destripen”.
La visión de Abelardo de la Espriella
Para el candidato De la Espriella hay dos situaciones posibles en caso de un triunfo suyo. Considera que si la diferencia de votos es lo suficientemente amplia y Petro no reconoce los resultados, “se le habrá caído la máscara”. Según su tesis, un eventual desconocimiento del resultado dejaría “al desnudo a un autócrata, a un tirano en ciernes”, dice.
Esto es una discusión estrictamente política. La cosa, sin embargo, tiene otro matiz y es aquí donde aumenta la preocupación. “Pero si, además de desconocer el resultado, pretenden atornillarse en el poder a pesar de que la voluntad popular dijo lo contrario, debe activarse el artículo constitucional que faculta al Ejército para restablecer ese orden constitucional”.
“Mientras él no pretenda quedarse en el poder, o meter a la fuerza a su heredero, ahí es donde entra a operar la norma constitucional a la que hago referencia. Es más, la norma señala que nosotros, los ciudadanos, podemos acompañar a la fuerza pública en el restablecimiento del orden”, asegura el candidato presidencial.
Esto, naturalmente, hace que en el horizonte se vean días difíciles. De la Espriella cree que, en caso de una victoria suya, en estas condiciones será muy difícil el empalme. “A mí lo que me indica esto es que ellos no van a querer hacer empalme, van a boicotearlo, van a esconder información, van a hacer desaparecer información, y a nosotros nos tocará hacer, como decimos en el mundo del derecho, una reconstrucción del expediente para saber qué es en realidad lo que hay”.
Ante esto, distintas voces desde la institucionalidad piden cabeza fría. “No se puede decir, desde antes de los comicios, que el país se va a incendiar”, advirtió el contralor Carlos Hernán Rodríguez, quien hizo un llamado a evitar los discursos polarizantes para que las elecciones y sus resultados estén a la altura democrática del país.
El temor de lo que puede venir no solo está en la disputa normal entre las campañas sino que es un hecho que se tomó la agenda pública a contados días de que se abran las urnas. “Y, en última instancia, luego de que se tomen decisiones en contravía de la resistencia de Petro a reconocer los resultados de las elecciones, sería el Ejército quien tomaría la decisión final acerca de quién se queda en el poder. Se trataría de un golpe durísimo para la institucionalidad democrática en Colombia. Ojalá no se llegue hasta allá”, escribió Gustavo Duncan, escritor y profesor de la Universidad EAFIT.
Un deseo que, seguro, muchos tienen hoy.
Lea los comentarios






