
Sin un claro vencedor terminan las elecciones municipales francesas
Sin un claro vencedor, la segunda vuelta de las municipales en Francia dejó a todos proclamando triunfos locales y a un perdedor evidente: el macronismo. Los partidos tradicionales se debilitan mientras los extremos se fortalecen. Análisis del corresponsal de CAMBIO en Europa, Eduardo Sánchez.
Por: Eduardo Sánchez
La segunda vuelta de las elecciones municipales francesas celebradas este domingo terminó sin que hubiera un claro vencedor y con todas las formaciones políticas clamando victoria y anunciando su triunfo en las ciudades donde ganaron. En cambio hubo un claro perdedor: el macronismo, es decir, la tentativa del presidente Emmanuel Macron de instalar un partido de centro, ni de izquierda ni de derecha (el famoso “al mismo tiempo”), en un país dominado durante décadas por el enfrentamiento entre estos dos polos políticos. El resultado de este ensayo ha sido el debilitamiento de los partidos tradicionales (el Partido Socialista, PS, a la izquierda, y los herederos de De Gaulle, Los Republicanos, LR, a la derecha), pero acompañado del fortalecimiento de dos extremos: la izquierda populista, La Francia Insumisa, LFI, de Jean-Luc Mélenchon, antiguo miembro del PS, y la extrema derecha, Reagrupamiento Nacional, RN, versión blanqueada del Frente Nacional, FN, de Jean-Marie Le Pen, liderada por su hija Marine y por su delfín Jordan Bardella. En cambio, los partidarios de Macron, sin un partido único, no puedan mostrar triunfos importantes. Además, en el espectro político, hay numerosos grupos, lo que hace imposible formar una mayoría clara en el Parlamento.
A nivel regional, el punto importante fue la desaparición de los acuerdos que se hacían entre los partidos tradicionales, los cuales reunían a la izquierda y a la derecha para impedir la llegada de los extremos, especialmente del RN. Efectivamente, la operación de lavado de imagen emprendida por Marine Le Pen ha portado sus frutos y son ya frecuentes las uniones de la derecha tradicional con el RN para impedir la elección de un socialista o de un ecologista. El ejemplo más claro de esta situación fue la elección, este domingo, como alcalde de Niza, la quinta ciudad francesa, de Eric Ciotti, antiguo dirigente de LR, con el apoyo claro del RN.
A la izquierda, la implantación de LFI en los barrios populares de las grandes ciudades, las banlieus, aprovechando un electorado joven salido de la inmigración, aumentó el miedo tradicional al islamismo y el racismo, siempre latente, en la sociedad francesa, todo ello alimentado por las declaraciones siempre explosivas de su líder, Jean-Luc Mélenchon, acusado incluso de antisemitismo. Esta situación llevó a los otros miembros de la izquierda (PS, ecologistas y comunistas) a tener una política de alianzas variables con el LFI.
En los centros urbanos, la victoria de la izquierda sigue siendo clara en las tres principales ciudades francesas. En Paris, ganó el candidato del PS, Emmanuel Grégoire, contra Rachida Dati, exministra de cultura de Macron y colaboradora próxima de Sarkozy, debilitada por una serie de acusaciones de corrupción que serán juzgadas este otoño. Grégoire no hizo alianza con la candidata de LFI, muy cercana de Mélenchon, la cual mantuvo su candidatura en la segunda vuelta. En Marsella, el socialista Benoît Payan conservó la alcaldía, a pesar del crecimiento importante de la extrema derecha (40% de votos) y la enemistad con el LFI. En Lyon (segunda o tercera ciudad francesa, en disputa con Marsella), el ecologista Grégory Doucet se quedó con la alcaldía, a pesar de las previsiones que durante mucho tiempo daban como ganador al candidato de derecha Jean-Michel Aulas, empresario que debe su popularidad a haber sido el patrón de OL, el club de futbol de la ciudad. Doucet fue candidato de una unión de izquierdas que incluía a LFI.
La victoria ecologista en Lyon, así como a Grenoble, es uno de los pocos restos que quedan de la importante votación nacional que tuvieron los ecologistas en las anteriores municipales de 2020. Y es un fracaso de su líder, Marine Tondelier, que continua defendiendo una alianza de todas las izquierdas, incluida la organización de primarias para elegir un candidato único, en las municipales y en la próxima presidencial de 2027.
La importancia que tiene la derecha se confirma en las ciudades intermedias y en el mundo rural, con un relativo éxito de su campaña de diabolización de la izquierda, “unida a LFI, un partido antisemita”. Entre sus triunfos, se puede citar Clermont Ferrand, ciudad tradicionalmente socialista, y Besançon, arrebatada a los ecologistas. Además, Edouard Philippe, antiguo primer ministro de Macron pero quien pidió su dimisión luego de la derrota en las legislativas, ganó la alcaldía de Havre y lanzó su candidatura presidencial para 2027. Entre las pérdidas importantes, hay que citar Pau, donde François Bayrou, alcalde casi eterno y antiguo primer ministro de Macron, perdió con un candidato socialista.
La extrema derecha del RN continuó su progresión, especialmente en la costa mediterránea, donde juega con los temores a la inmigración magrebina. Pero tiene que lamentar la derrota en Toulon de Laure Lavalette, popular portavoz del partido, ante una candidata de la derecha tradicional, apoyada por los socialistas.
Con una participación débil, de menos del 60%, sin mayorías claras y con alianzas difíciles tanto a la izquierda como a la derecha, la elección presidencial del año próximo se anuncia más incierta que nunca.
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