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Sandra Bessudo
Sandra Bessudo es la directora de la Fundación Malpelo y ha respaldado las propuestas ambientales de la campaña de Abelardo De la Espriella. Crédito: Colprensa.
Medio ambiente

Entrevista con Sandra Bessudo, la voz detrás de las propuestas sobre medioambiente de Abelardo de la Espriella: "La agenda necesita diálogo, no trincheras"

La fundadora de la Fundación Malpelo, que respalda la agenda ambiental de Defensores por la Patria, habló en entrevista con CAMBIO: defendió sus posturas sobre el desarrollo económico en convivencia con el medioambiente y habló sobre los ruidos sobre el achicamiento del Estado, las controversias y si espera ser parte de un eventual gobierno de De la Espriella.

Por: Lina Cuitiva

Sandra Bessudo Lion ha dedicado más de tres décadas a la defensa de los océanos colombianos. Es naturalista con estudios en Ciencias de la vida y de la Tierra (título homologado a Estudios ambientales en Colombia), buzo profesional y fundadora de la Fundación Malpelo. Decidió respaldar la controvertida agenda ambiental de Abelardo de la Espriella y sumar su voz experimentada y más moderada a la campaña presidencial y así intentar apaciguar las críticas de sus contradictores que califican la aspiración de extractivista, en especial, por su postura a favor del fracking.

Fue alta consejera presidencial para la Gestión Ambiental, la Biodiversidad, el Agua y el Cambio Climático durante el gobierno de Juan Manuel Santos, y luego dirigió la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC-Colombia). A lo largo de su carrera ha liderado expediciones científicas, proyectos de monitoreo de tiburones y esfuerzos para fortalecer la protección de los ecosistemas marinos.

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En sus redes, Bessudo ha defendido la extracción de petróleo y gas por medio de la fracturación hidráulica, "si se hace bien con la tecnología disponible". Cuando mostró su respaldo a las propuestas sobre agua, biodiversidad y ambiente de De La Espriella dijo que "no le ofrecieron ni le dieron dinero".

En exclusiva para CAMBIO, la colombo-francesa respondió preguntas sobre temas sensibles de la campaña como los ruidos sobre la reducción del Estado para entidades con incidencia ambiental, cambios en la consulta previa, expansión de la frontera agrícola y su visión de desarrollo sostenible que, según ella, no compite con la protección de los ecosistemas.

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Colprensa.

CAMBIO: ¿Cómo fue el acercamiento con la campaña de De la Espriella-Restrepo? ¿Qué fue lo que la convenció de esa candidatura? 

Sandra Bessudo: Mi acercamiento se dio a partir de una conversación con José Manuel Restrepo, en la que encontré planteamientos muy lúcidos sobre la coyuntura económica, social y ambiental que atraviesa el país. Me pareció importante que, en medio de esa discusión, los temas ambientales tuvieran un lugar serio, técnico y constructivo. Lo que me motivó a acompañar este espacio fue la posibilidad de aportar desde mi experiencia de más de 30 años en conservación, gestión ambiental y trabajo con comunidades. No lo veo como una adhesión acrítica, sino como una oportunidad para que la agenda ambiental tenga mayor peso, especialmente en decisiones sectoriales, territoriales y de infraestructura que el país necesita resolver con responsabilidad. 

CAMBIO: ¿Cuando aceptó acompañar a De la Espriella puso algunas líneas rojas sobre la mesa?

S.B: Más que hablar de líneas rojas, yo hablaría de principios y de una construcción programática. Teniendo como base de la campaña la propuesta enmarcada en el ABC, Agua, Biodiversidad y Comunidades, desarrollamos con el equipo una propuesta ambiental para el país. Tuve la libertad, junto con mi equipo, de hacer los planteamientos técnicos que consideramos necesarios para un programa ambiental en un eventual gobierno de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. 

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En ese sentido, no hubo una discusión basada en líneas rojas, sino en cómo diseñar e implementar de la mejor manera una política ambiental seria, responsable y viable para Colombia. Mi participación parte de una convicción clara: el desarrollo del país debe incorporar la sostenibilidad como un criterio central. Colombia necesita avanzar en infraestructura, productividad y competitividad, pero eso no puede hacerse a costa de sus bosques, sus ecosistemas estratégicos ni su biodiversidad. Desde mi experiencia, el reto no es poner el ambiente y el desarrollo en orillas opuestas, sino lograr que las decisiones se tomen con rigor técnico, información científica y visión de largo plazo. Mi aporte busca precisamente contribuir a que la agenda ambiental tenga peso real, que se reconozca el valor de los servicios ecosistémicos y que el crecimiento económico sea compatible con la conservación. 

CAMBIO: ¿Le gustaría ser ministra de Ambiente en un eventual gobierno de De La Espriella? ¿Cuál agenda ambiental priorizaría en ese escenario? 

S.B.: No tengo ningún interés burocrático ni estoy buscando un cargo. Mi interés es aportar desde el conocimiento y desde la experiencia acumulada durante muchos años de trabajo en conservación. Si mis ideas y las de mi equipo pueden ayudar para construir y fortalecer una agenda ambiental seria para el país, estoy y estamos dispuestos en ello. Si mis ideas pueden ayudar a fortalecer una agenda ambiental seria para el país, estoy dispuesta a contribuir. Esa agenda debería priorizar la protección efectiva de la biodiversidad, el manejo adecuado de las áreas protegidas, la financiación de la conservación, la bioeconomía, la economía azul, la valoración real de los servicios ecosistémicos y una relación más inteligente entre ambiente, comunidades, sectores productivos e infraestructura. 

CAMBIO: ¿Considera que Colombia debería ampliar áreas protegidas o la prioridad es administrar mejor las existentes? 

S.B.: Las dos cosas son importantes, pero no basta con declarar áreas protegidas si después no existen las capacidades ni los recursos para manejarlas adecuadamente. Colombia ha avanzado de manera significativa hacia la meta 30x30, especialmente en áreas marinas, y está cerca de alcanzarla en el componente terrestre. Ese es un logro relevante, pero también abre una discusión sobre la efectividad del manejo.

Según los boletines de detección tempranas de deforestación del Ideam de 2025, más del 90 por ciento de la deforestación detectada dentro de Parques Nacionales Naturales durante 2025 se concentró en cinco áreas protegidas: Sierra de La Macarena, Tinigua, Serranía de Chiribiquete, Paramillo y La Paya, siendo el corredor Macarena–Tinigua–Chiribiquete el principal foco de pérdida de bosque del país.  Hay oportunidades importantes en áreas protegidas regionales y locales, donde se pueden consolidar figuras de conservación muy valiosas para los territorios. Al mismo tiempo, debemos cerrar el gran déficit financiero que hoy limita la gestión de muchas áreas protegidas.

La prioridad debe ser proteger más y proteger mejor, con sostenibilidad financiera, presencia institucional y beneficios claros para las comunidades. Programas como Herencia Colombia son importantes para esto, pero al momento de conocer la gestión y lo avances durante estos cuatros años realmente ha sido poco, tenemos las experiencias, tenemos los mecanismos, nuestras áreas no pueden seguir siendo áreas de papel.  También es fundamental apoyar e impulsar las Reservas Naturales de la Sociedad Civil, que cumplen un papel muy importante en la conservación desde lo privado y lo comunitario. Para fortalecerlas, el país debería avanzar en mecanismos concretos de reconocimiento e incentivo, como pagos por servicios ambientales, beneficios tributarios, posibles excepciones o alivios en el impuesto predial, y otros instrumentos que reconozcan el valor ecológico de estos predios y su aporte a la conservación. 

Adicionalmente, más allá de las áreas protegidas tradicionales, es muy importante impulsar y fortalecer las Omec (Otras Medidas Efectivas de Conservación Basadas en Áreas); es decir, otras medidas efectivas de conservación basadas en áreas. Estas figuras complementan el sistema de áreas protegidas y permiten reconocer territorios que, aunque no tengan una categoría formal de área protegida, sí contribuyen de manera real y verificable a la conservación de la biodiversidad. Colombia debe seguir avanzando en protección, pero con una visión más amplia: áreas protegidas bien manejadas, reservas de la sociedad civil fortalecidas, incentivos reales para quienes conservan y figuras complementarias como las Omec. La meta no debe ser solo sumar hectáreas, sino asegurar conservación efectiva en el territorio. 

CAMBIO: En el plan de gobierno se propone una estrategia para agilizar licencias y consultas previas. Algunos sectores productivos celebran esa propuesta, pero organizaciones ambientales temen una flexibilización de controles. ¿Qué garantías ofrece para que acelerar trámites no implique reducir exigencias? 

S.B.: Agilizar no puede significar flexibilizar el rigor técnico. Esa diferencia es fundamental. Los permisos, licencias y consultas deben tramitarse con seriedad, con información suficiente y con criterios ambientales robustos. Reducir tiempos no puede hacerse a costa de reducir exigencias. También es cierto que los trámites ambientales no deberían convertirse en un retén para dilatar o sepultar proyectos por intereses políticos o por falta de gestión institucional. El país necesita reglas claras, tiempos razonables, decisiones técnicas y autoridades ambientales fuertes. En materia de consulta previa, el Gobierno debe asumir un liderazgo real y no delegar esa responsabilidad en los promotores de los proyectos. La garantía está en fortalecer la capacidad técnica del Estado, no en debilitar los controles. 

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Colprensa.

CAMBIO: La campaña ha hablado públicamente de ampliar la frontera agrícola, pero el programa de gobierno dice que se frenará la expansión sobre bosques y ecosistemas estratégicos. ¿Cómo se concilian esas dos posiciones? 

S.B.: Se concilian con una regla muy clara: no se debe tocar un metro cuadrado de bosque natural ni de ecosistemas estratégicos. Colombia tiene zonas que pueden incorporarse de manera responsable a la economía productiva, especialmente en regiones como la altillanura, sin que eso implique avanzar sobre bosques, páramos, humedales u otros ecosistemas de alto valor ambiental. La discusión no debe plantearse como producción versus conservación. El verdadero reto es ordenar el territorio con criterios técnicos, identificar dónde sí es posible producir de manera sostenible y dónde la conservación debe ser absoluta. Ampliar capacidades productivas no puede significar deforestación, pérdida de biodiversidad ni deterioro de los servicios ecosistémicos. 

CAMBIO: Dentro de la propuesta de reducción del Estado que ha defendido Abelardo de la Espriella, hay especulaciones sobre el futuro de la Anla, el Instituto Humboldt, el Sinchi o incluso sobre algunas funciones del Ministerio de Ambiente. ¿Considera que estas instituciones deben fortalecerse o que podrían ser reducidas, fusionadas o eliminadas? 

S.B.: Quiero ser enfática con este tema, en ningún momento se ha propuesto reducir, fusionar o eliminar entidades del Sistema Nacional Ambiental. Mi posición es que Colombia necesita instituciones ambientales técnicas, sólidas, transparentes y con capacidad de decisión. Eso no significa que no puedan mejorarse procesos, corregirse ineficiencias o fortalecer la articulación entre entidades. Pero una agenda ambiental seria requiere ciencia, información, autoridad y capacidad institucional. El país no puede darse el lujo de debilitar, fusionar o eliminar las entidades que producen conocimiento y toman decisiones ambientales estratégicas. 

CAMBIO: Usted ha dedicado gran parte de su carrera a la conservación marina. ¿Será la protección de los mares y su fauna una prioridad en un eventual gobierno De la Espriella? 

S.B.: Para mí, la conservación marina siempre será una prioridad. Colombia es un país con una enorme riqueza oceánica en el Caribe y el Pacífico, y esa riqueza debe ser entendida no solo como patrimonio natural, sino también como una oportunidad para el desarrollo sostenible. En el programa ambiental ABC hay oportunidades importantes para fortalecer la conservación marina, la economía azul, la bioeconomía y el reconocimiento del valor real de los servicios ecosistémicos. Proteger los mares, sus especies y sus ecosistemas no es un lujo: es una condición para la seguridad alimentaria, la adaptación climática, la economía de muchas comunidades costeras y la reputación internacional del país en materia ambiental. 

CAMBIO: ¿Qué les diría a los ambientalistas que la acompañaron durante años y que hoy ven con preocupación algunas propuestas de esta campaña? 

S.B.: Les diría que entiendo sus preocupaciones y que las respeto. He dedicado mi vida a la conservación y mi prioridad sigue siendo la protección del medioambiente. Precisamente por eso considero importante participar en los espacios donde se toman decisiones y aportar con argumentos técnicos, experiencia y serenidad. También les diría que estudien el componente ambiental del programa ABC, que lo analicen con rigor y que propongan cómo enriquecerlo y desarrollarlo dentro del plan de gobierno. Este programa ABC se ha venido nutriendo de diferentes encuentros y reuniones que hemos sostenido con las comunidades, diferentes gremios y expertos. La agenda ambiental necesita diálogo, no trincheras. Todos los aportes serios son bienvenidos, porque el objetivo debe ser común: que Colombia avance en conservación, sostenibilidad y desarrollo responsable. 

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