
Entre la montaña y el café: el proyecto de conservación que trabaja por el oso andino
Oso andino, especie presente en las zonas montañosas de varios países de Suramérica. Foto Cortesía.
Con la participación de la Fundación Grupo Argos, Wildlife Conservation Society, Parques Nacionales Naturales, la CVC y Smurfit Kappa, desde hace 10 años, Conservamos la Vida promueve la conservación del oso andino y el desarrollo sostenible de las comunidades rurales.
Por: Rainiero Patiño M.
En algunas regiones de Suramérica lo describen como el caminante silencioso de los Andes. Otros lo llaman la sombra viva de los bosques altos. Su nombre científico es Tremarctos ornatus, pero se le conoce coloquialmente como el oso de anteojos u oso de antifaz. Y en Colombia es la razón de ser del programa Conservamos la Vida, un proyecto en el que participan la Fundación Grupo Argos, Wildlife Conservation Society (WCS), Parques Nacionales Naturales, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y Smurfit Kappa, que desde hace más de 10 años trabaja por la protección y el mantenimiento a largo plazo de poblaciones de esta especie en el país.
Imponente. De pelaje negro o café oscuro, garras largas y retractiles. Con una mancha blanca que nace alrededor de sus ojos y se extiende hasta su pecho como un sello único de cada individuo. El oso andino es una de las especies más emblemáticas de Colombia. Su hábitat natural se encuentra entre los 200 y los 4.200 metros de altitud. También es conocido como el Guardián del Agua, pues es considerado una especie sombrilla para los bosques andinos, porque su protección contribuye a la conservación de otras especies silvestres y de ecosistemas estratégicos.
Por eso, más allá de mantener, conservar y mejorar el hábitat del oso andino, Conservemos la vida también busca llenar los vacíos de conocimiento de las comunidades sobre la especie y generar información sobre las oportunidades económicas que directa e indirectamente brinda su conservación.
El oso andino es en sí mismo una antítesis, porque, aunque puede medir entre 1,20 y 1,80 metros de longitud, pesar entre 90 y 170 kilogramos y, en estado silvestre, llegar a vivir hasta 30 años, también es un animal tímido, solitario y pacífico. Contrario a lo que mucha gente cree, no constituye un riesgo para el hombre, siempre y cuando no sea atacado o herido.
El programa se desarrolla en zonas del Valle del Cauca, Cauca, Risaralda y Tolima donde habitan familias campesinas que viven muy cerca de los bosques de los osos andinos, ya que debido a la deforestación y a la pérdida de su hábitat, este suele quedarse sin refugio y entrar a las fincas, afectando a estas poblaciones. Como mecanismo de defensa y por el desconocimiento, las personas, algunas veces, tratan de capturarlo y cazarlo.
El oso andino, sin embargo, tiene una dieta principalmente herbívora, aunque también puede alimentarse de carroña, lo que ha generado percepciones erróneas sobre ataques a ganado. Además, es una especie de reproducción lenta, lo que la hace vulnerable a disminuciones poblacionales.
Como resultado del trabajo de Conservamos la Vida, los campesinos han liberado áreas de sus terrenos y las han destinado exclusivamente a la conservación, lo que ha posibilitado la implementación de procesos de restauración activa mediante la siembra de árboles. Así, los predios se convierten en corredores biológicos que le dan al oso andino más espacio para desplazarse y reproducirse, sin tener contacto con los humanos o con los animales domésticos.

Por su parte, los agricultores y ganaderos reciben insumos agrícolas, materiales para hacer siembras y bancos de forraje para el ganado. Adicionalmente, la Fundación Grupo Argos los apoya en la construcción de pozos sépticos, zonas para ordeño o establos, para mejorar el manejo de los animales y evitar que se muevan hacia las zonas que recorre el oso.
Conservamos la Vida también ha implementado modelos de producción sostenible con las comunidades rurales. Producto de este trabajo nació el Café Oso Andino, en el que trabajan 15 familias campesinas en el municipio de El Águila, en el Valle del Cauca.
Un regenerado natural de los bosques
Carlos Saavedra, coordinador de especies de WCS Colombia, explica que la importancia ecológica del oso andino radica en su capacidad para regenerar bosques y páramos**. Por eso, es considerada una especie sombrilla, ya que su conservación contribuye a proteger otras especies, además de cumplir un papel clave en la dispersión de semillas.**
El investigador advierte que la especie enfrenta amenazas como la cacería por creencias que hay de cómo se pueden usar las partes del animal. Ante esta situación, en el país se han impulsado diversas iniciativas de conservación no solo para estudiar la especie, sino implementar acciones que favorezcan sus poblaciones. En Colombia se han identificado cinco núcleos de conservación, con especial relevancia en las cordilleras Occidental y Central, con importantes áreas protegidas.
Estos núcleos presentan problemáticas distintas: en la cordillera Occidental predomina la pérdida de hábitat, mientras que en la Central se registran más conflictos con comunidades y eventos de depredación. Para medir los avances del proyecto, se utiliza el concepto de ocupación, que permite identificar las áreas que el oso realmente utiliza. En los últimos diez años, estas áreas han aumentado, lo que sugiere una reducción de presiones y un posible crecimiento de la población.
Las alianzas con propietarios y colectivos incluyen acciones como la siembra de árboles, la no cacería y la participación en monitoreo. Cada tres o cuatro años se realizan evaluaciones a gran escala: en la cordillera Occidental, los monitoreos de 2019 y 2023 evidenciaron un aumento cercano al 30 por ciento en la ocupación. Estos estudios se basan en la búsqueda de rastros en cuadrantes definidos y se complementan con cámaras trampa en predios, como parte de un monitoreo participativo que permite analizar la presencia de la especie en el territorio.
Una marca de las montañas del Valle del Cauca
A 1.800 metros sobre el nivel del mar, nació, creció y aún vive Jhoan Bravo. En las montañas de la vereda El Día, en el municipio El Águila, está su finca El Consuelo. Allí, en las estribaciones del Parque Nacional Natural Tatamá, vive con su esposa, su hijo, su mamá y un primo. En esas mismas tierras aprendió de su abuelo los secretos del café. Hoy tiene cerca de 9.000 plantas de variedades suprema y F6, de ellas viven, todo gracias al proyecto Conservemos la Vida.
Antes de 2016, según cuenta, no existía un proceso consolidado en la zona, más allá del trabajo de Parques Nacionales y la CVC. Conservemos la Vida comenzó cuando se buscó vincular campesinos con predios dentro del parque o en sus alrededores, para crear los corredores y zonas de amortiguación en beneficio del oso.
Al inicio, muchos no quisieron participar. No había cultura de conservación ni confianza en este tipo de iniciativas. Sin embargo, algunos decidieron quedarse. “Fue la primera vez que se hacía algo tan bonito y tan grande aquí en el municipio”, dice Bravo.

Las condiciones geográficas y la economía local mostraron que el café era el eje productivo. Era el sustento de toda la vida, pero se trabajaba sin acompañamiento técnico. “Nos enseñaron a querer lo que estamos conservando”, señala el hombre de 36 años.
El caficultor dice que antes producían sin conocer realmente la calidad de su café. Lo vendían a intermediarios sin siquiera saber a qué sabía. “El acompañamiento se hizo inicialmente con las familias, que fueron prosperando en el tema de conservación y, al mismo tiempo, impulsándonos con el café. Al principio no entendíamos los beneficios que esto nos iba a traer”, relata.
Con el tiempo comprendieron que no era necesario ampliar la frontera agrícola hacia el bosque. Las fincas, ubicadas por encima de los 1.800 metros sobre el nivel del mar, como la suya, podían ser sostenibles con mejores prácticas. Conservemos la Vida, en sus palabras, les mostró que su economía podía mejorar si lograban darle valor agregado al café. Recibieron asesoría técnica para mejorar. Luego llegaron las herramientas: tolvas, beneficiaderos y equipos necesarios para producir café de calidad. Pero no solo se trató de infraestructura, sino de aprendizaje. Entendieron el proceso completo para producir café especial, en un crecimiento gradual, adaptado a su ritmo de vida campesina.
El proyecto incluyó un estudio de mercado. El café resultó ser de alta calidad, por las condiciones del territorio y la cercanía al parque. A partir de ahí, comenzaron a ver la finca como una empresa cafetera. Antes, el café era sólo un medio de subsistencia diaria y muchos tenían que buscar trabajo por fuera.
Así nació el café Guardianes del Oso Andino, que hoy producen y comercializan. “Hemos acompañado a los campesinos con la venta de 34.037 kilos de Café Oso Andino, mejorando en un 143 por ciento sus ingresos familiares. La comercialización nacional e internacional del Café Oso Andino, el primero en su categoría en ser producido por campesinos colombianos con el propósito de proteger esta especie y aportar a la sostenibilidad de los bosques”, dice María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos.

La jornada de Bravo y su trabajador empieza a las 5:30 de la mañana y se extiende hasta el final de la tarde, con las respectivas pausas de descanso. Es un proceso minucioso: la recolección de granos maduros, el transporte al punto de procesamiento, despulpado y separación. Luego la fermentación por hasta 36 horas, el lavado, el pesaje y el transporte a la cabecera municipal. Bravo actualmente recolecta cerca de 200 kilogramos semanales, dependiendo de los picos de cosecha.
Más corredores para el oso, más sostenibilidad
Juan Esteban Hincapié, director de biodiversidad y cambio climático de la Fundación Grupo Argos, dice que el hecho de que Conservemos la Vida cumpla 10 años es un indicador importante de su sostenibilidad en el tiempo.
El ingeniero ambiental cree que el éxito del programa se debe, en gran medida, a que en lugar de señalar a quienes estaban causando afectaciones al ecosistema del bosque, se identificaron los actores en el territorio para entender cómo hacían uso de los recursos naturales y a partir de esto, se inició un trabajo conjunto mediante acuerdos de conservación, formación de capacidades y educación ambiental, promoviendo prácticas sostenibles para evitar la pérdida de ecosistemas que son hábitat del oso andino y otras especies clave.
“Uno de los principales logros ha sido mantener poblaciones viables de oso andino en sus corredores de conectividad. Incluso, en zonas donde antes no había registros, se ha evidenciado su presencia, con expansión hacia Antioquia, en el corredor de Cuchilla - Jardín -Támesis. Además, se ha registrado la presencia de otras especies como pumas, aves y mamíferos como venados, lo que refleja la importancia del enfoque integral de conservación”, explica Bustamante.
En cuanto al futuro, dice el director de biodiversidad, el proyecto busca mantenerse, pero con un enfoque complementario en sostenibilidad financiera, lo que implica desarrollar mecanismos que permitan inversiones efectivas en conservación a mediano y largo plazo, como compensaciones bióticas, mercados de biodiversidad, créditos de biodiversidad, proyectos de carbono y fondos de conservación.
La meta es atraer inversión con resultados claros en biodiversidad, beneficiando tanto a los ecosistemas como a las comunidades. Hasta ahora el programa ha logrado 179 acuerdos de conservación firmados con las comunidades para restaurar y convertir predios. En las áreas donde se desarrollan los procesos de restauración han sido identificadas 17 especies de fauna y reportadas para su protección, una evidencia de ecosistemas más diversos y funcionales. Con el proyecto y la participación de todos los aliados, 3.660 personas han sido beneficiadas con capacitación y empleo. Del 52 al 76 por ciento ha aumentado la ocupación del oso andino en el corredor biológico intervenido por Conservemos la Vida. De eso, dice, sabe bien Bravo porque “el proyecto transformó su forma de ver el trabajo: pasó de jornalero a empresario y de ver su finca como un sustento a entenderla como una oportunidad”
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