
Colombia y la política antidrogas de Estados Unidos. Por Julio Londoño
El excanciller Julio Londoño analiza para CAMBIO la nueva política antidrogas de Estados Unidos, en la cual Colombia sigue ocupando un lugar.
Por: Juan Londoño Paredes
La Oficina de Política Nacional para el Control de las Drogas de los Estados Unidos publicó un documento en el que plantea la política antidrogas de la administración. Nuestro país sigue siendo eje central en el problema de la cocaína, que conjuntamente con el fentanilo que entra por México procedente de China y de la India genera, según la administración, una enorme cantidad de fallecimientos en los Estados Unidos.
Aunque esa ha sido, en términos generales, la posición norteamericana frente al problema de las drogas con Colombia desde hace décadas, ahora anuncia que usará “todas las herramientas disponibles” para que se adopten medidas más severas contra los grupos armados que se dedican al narcotráfico, que son todos. Algunos de ellos con la mirada indiferente del gobierno.
Desafortunadamente parece que nuestro país se fue encerrando paulatinamente en una ficticia y peligrosa campana de vidrio, forjada con el narcotráfico y la minería ilegal, que ha penetrado en todos los estamentos nacionales y que sin duda es la causa fundamental de la inseguridad rural y urbana, que tiene acorralado a buena parte del país.
Ya atravesamos por esa situación. En 1989, cuando el presidente de Colombia era Virgilio Barco, el presidente de los Estados Unidos, George W Bush, dispuso que parte de su flota saliera del puerto de Norfolk para bloquear las costas colombianas e impedir que buques sospechosos, que pudieran estar cargados con droga, salieran de nuestro país. Ese bloqueo fue rechazado airadamente por el gobierno de Colombia y la flota regresó a su base.
En otra ocasión, cuando un capo del cartel de Medellín que había sido capturado y remitido a la cárcel de La Picota de Bogotá, fue liberado por un juez veinticuatro horas después, el gobierno norteamericano resolvió impedir el descargue en los puertos de los Estados Unidos de los productos del suelo y del subsuelo colombianos.
Igualmente impartió instrucciones para impedir el ingreso de pasajeros con visas en regla procedentes de nuestro país. Fue un caos total. Colombia, que tenía un gran liderazgo en el continente, convocó una reunión para censurar a los Estados Unidos por las medidas adoptadas, no obstante que se decía que la OEA era “el mascarón de proa” de los Estados Unidos. Ante el hecho de que Colombia tenía la mayoría para lograr la censura, el presidente norteamericano llamó al primer mandatario colombiano, le pidió excusas y suspendió las acciones de inmediato. No había tenido en cuenta que ministros, jueces, militares, policías y grandes masas de la población morían en esa lucha cotidiana.
En este momento la situación es otra y el estado es indiferente ante grupos armados que tienen el control de enormes regiones del país. La gente se ha ido acomodando.
¿Será acaso que estamos repitiendo la Segunda Guerra Mundial, en los días anteriores a la entrada a Paris de las divisiones “Panzer” del general alemán Guderian, cuando muchos franceses seguían danzando con copa de champaña en mano e incluso, algunos decían que sería buena la ocupación que se avecinaba?
El próximo gobierno de Colombia tiene el reto de sacar al país de la “campana de cristal”. Si no, iremos hacia el abismo, con campana y todo.
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