
'La observación internacional es clave para la democracia': beneficios y retos de las misiones en la región
En el panel “La observación internacional como garantía democrática” del foro “Colombia 2026: el mundo observa”, organizado por CAMBIO y el CNE, expertos y autoridades electorales reflexionaron sobre el papel de la observación electoral en un contexto regional marcado por desafíos como la polarización, la desinformación y la desconfianza.
Por: Valentina Giannini
De cara a los comicios del 31 de mayo, Colombia entró en una etapa decisiva en la que la transparencia, la trazabilidad del proceso y la articulación con actores nacionales e internacionales son determinantes para fortalecer la legitimidad democrática. En ese escenario, las misiones de observación adquieren un papel estratégico: permiten contrastar estándares, compartir buenas prácticas y generar confianza dentro y fuera del país.
En ese contexto, CAMBIO y el Consejo Nacional Electoral (CNE) organizaron el foro “Colombia 2026: el mundo observa. Legitimidad y transparencia para la democracia”. Un espacio donde autoridades electorales y expertos se reunieron para discutir las ventajas y los retos del sistema electoral colombiano.
En el primer panel del evento participaron Sandra Jacqueline Verduguez, responsable de la observación ciudadana de la democracia de la Fundación Jubileo; Scarleth Mayorquín, analista del Consejo Nacional Anticorrupción de Honduras; Alejandra Barrios, directora nacional de la Misión de Observación Electoral, y Gustavo Raad, asesor de cooperación y relaciones internacionales del CNE, quienes discutieron el alcance, los beneficios y los retos de estos mecanismos.
La importancia de las misiones de observación electoral
De acuerdo con los panelistas, las misiones de observación electoral cumplen un rol fundamental en el seguimiento de los procesos democráticos, no solo durante la jornada de votación, sino también antes y después de ella. Su trabajo incluye el análisis del contexto, la verificación de condiciones y la emisión de recomendaciones para fortalecer el sistema electoral.
Alejandra Barrios destacó que la observación electoral en Colombia no es nueva y que, tras más de 20 años de trabajo, se ha consolidado como “el ejercicio de observación colectiva más fuerte y permanente de nuestro país”. Según explicó, en contextos marcados por la violencia y la complejidad institucional, estas misiones han sido clave para garantizar la realización de elecciones y adaptar los estándares internacionales a realidades locales.

Además, señaló que “las misiones de observación toman fuerza cuando regresan las democracias”, refiriéndose al origen de estos procesos en América Latina luego de las dictaduras, y que Colombia “se tiene que mirar con ojos diferentes a los problemas que pueden tener otros países de América Latina”.
Desde una perspectiva regional, Sandra Jacqueline Verduguez señaló que la observación no se limita al día de la votación y debe ocurrir tanto “en las jornadas” como “en el proceso”, donde pueden surgir irregularidades.
Por su parte, Scarleth Mayorquín enfatizó en el papel de la sociedad civil en estos ejercicios, que en su experiencia han implicado una “ciudadanización” de las juntas receptoras de votos, con actores que asumen un rol activo más allá de lo que tradicionalmente se espera de un veedor electoral.

En el caso colombiano, Gustavo Raad, asesor de cooperación y relaciones internacionales del CNE, explicó que la selección de observadores internacionales responde a criterios claros: “lo primero que verificamos es que sean objetivos, imparciales e independientes”. Además, enfatizó en que “no es un proceso menor, es un proceso articulado” entre organismos electorales, equipos técnicos y la sala plena del CNE.
De acuerdo con Raad, actualmente el país cuenta con cerca de 850 observadores internacionales de 20 misiones distintas, que participan en un proceso que incluye preparación previa, acompañamiento durante la jornada electoral y la entrega de informes con recomendaciones.
Los retos de la observación electoral en la región
A pesar de sus beneficios, la observación electoral enfrenta desafíos importantes.
En el caso de Bolivia, uno de ellos es “lograr que las recomendaciones sean escuchadas e implementadas por las autoridades electorales”, afirmó Verduguez,. También advirtió sobre dificultades en el acceso a la información y en la comprensión de los procesos por parte de poblaciones rurales. “Los medios de comunicación no cumplen un papel orientador y existe una falta de educación democrática de la ciudadanía”, añadió.
La desinformación y el papel de las redes sociales fueron otros puntos críticos señalados por las panelistas. Por su parte, Barrios advirtió sobre la expansión de “narrativas de fraude sin evidencia clara de que hay la intención de modificar los resultados electorales”, lo que impacta directamente la confianza en el proceso.
A esto se suman otros factores como la “desconfianza en las autoridades”, la presencia de grupos armados y la participación indebida de funcionarios públicos en política. Barrios también planteó la necesidad de una reforma que permita diferenciar entre misiones de observación nacionales e internacionales, así como entre observadores independientes y grupos invitados.

Mayorquín advirtió sobre problemas estructurales como el “acceso a la información” y la falta de marcos normativos claros para regular la observación electoral en Honduras.
Finalmente, volviendo al caso de Colombia, Raad destacó que uno de los principales desafíos es responder a las expectativas sobre la “legitimidad y transparencia” del proceso.
En ese sentido, señaló que todos los observadores internacionales deben presentar “un informe firmado con sugerencias y recomendaciones”, que luego es evaluado por el CNE para su posible implementación. También subrayó la importancia de incorporar expertos en áreas técnicas, especialmente en un contexto de transformación del sistema electoral.
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