
Gilles Bertrand, el embajador que se enamoró de la paz total
Gilles Bertrand, embajador de la Unión Europea en Colombia, durante un recorrido por las regiones.
El jefe de la delegación de la Unión Europea detalla por qué ha decidido convertirse en un defensor incansable de la reconciliación en los territorios que ha llegado a conocer a fondo y expone las oportunidades que se abren para Colombia al albergar la COP16.
Por: Armando Neira
Aunque Gilles Bertrand nació en Marsella, cuenta con orgullo que conoce más de Colombia que de Francia. De hecho, confiesa que le sorprende la reacción de algunas personas en eventos sociales en Bogotá, cuando le preguntan a dónde le lleva su próximo viaje y él responde:
—Salgo mañana al Putumayo. Ese departamento es increíble, ¡una verdadera belleza y un potencial inmenso!
Así es. Bertrand se mueve como pez en el agua en esa Colombia que llaman “profunda”. Para él, estas regiones de selvas exuberantes, cadenas montañosas y ríos caudalosos conforman un escenario riquísimo. No lo dice solo porque en el pasado prestó sus servicios diplomáticos en países más áridos como Siria y Afganistán, sino porque para él la biodiversidad y la riqueza humana de Colombia son incuestionables.
CAMBIO: ¿Por qué existe una embajada de la Unión Europea en Colombia si ya están presentes las embajadas de España, Italia y Francia, entre otras?
Gilles Bertrand: Es una buena pregunta. Creo que muchos se la hacen. La manera en que trabajamos es que, desde los años 80, la Unión Europea comenzó a abrir representaciones diplomáticas en todo el mundo llamadas delegaciones. Funcionan como embajadas, representando los intereses de la Unión Europea en temas donde tenemos posiciones y acciones comunes. Un ejemplo de esto son los acuerdos comerciales. Estos son competencia exclusiva de la Unión Europea, ya que contamos con un mercado europeo único y, por lo tanto, ningún país miembro puede negociar acuerdos comerciales por separado con el resto del mundo.
CAMBIO: ¿En qué se enfocan?
G. B.: En Colombia, además de la gestión del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Colombia, vigente desde hace 11 años, y del trabajo de inversión, los grandes focos de nuestro trabajo de cooperación han sido la paz y el medio ambiente. En general, coordinamos esfuerzos para que los 16 países europeos con presencia en Colombia trabajen en una misma dirección.

CAMBIO: ¿Qué temas puntuales gestiona su delegación?
G. B.: Nuestros pilares son la paz, la protección ambiental, la defensa de los derechos humanos y la doble transición verde y digital, en particular energética y de conectividad. Colombia es un país con el que compartimos metas de conservación ambiental y descarbonización, lo que hace de esta relación una de las más afines en este tema no solo en América Latina, sino en el mundo.
CAMBIO: ¿Cuántas personas trabajan en la embajada?
G. B.: Si incluimos nuestra oficina de ayuda humanitaria, contamos con 60 personas en total. Estamos involucrados en cooperación, comercio, inversión y asistencia humanitaria, además del trabajo de nuestra sección política. En América Latina, probablemente somos una de las delegaciones más grandes. Colombia es uno de los pocos países miembros de la Ocde donde todavía tenemos vigentes programas de ayuda humanitaria y de cooperación, en gran parte por su proceso de paz y su riqueza ambiental.
CAMBIO: Usted menciona que pasa más tiempo en las regiones que en su oficina. ¿Cuál es su experiencia en los territorios?
G. B.: Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016, hemos desarrollado relaciones cercanas con las comunidades del arco amazónico, desde el Guaviare hasta el Putumayo, así como en la costa pacífica y el Cauca andino. Estas relaciones han sido posibles gracias al Fondo Europeo para la Paz. Nuestra labor también se enfoca en apoyar a defensores de derechos humanos y del medio ambiente mediante la campaña “Defendamos la Vida”, que manejamos juntos con los países miembros presentes en Colombia. Además, trabajamos para mitigar los riesgos que, lamentablemente, estas personas enfrentan.
CAMBIO: ¿Tienen una relación especial con mujeres y jóvenes?
G. B.: Sí. En nuestra experiencia, las mujeres y los jóvenes son actores fundamentales en los procesos de transformación territorial. Tenemos un vínculo estrecho con organizaciones de mujeres y jóvenes, especialmente en zonas rurales. Colaboramos con plataformas juveniles, consejeros de juventudes y colectivos que buscan transformar sus territorios.

CAMBIO: ¿Cree que la transformación territorial puede fortalecer la democracia y las garantías de vida de los pobladores de esas regiones?
G. B.: La apuesta por la territorialización de la paz nos parece fundamental. En los dos años restantes de este gobierno, es clave establecer ejemplos concretos de transformación en varias zonas del país. No se podrá hacer en todo el territorio al mismo tiempo, pero si se logran avances significativos en lugares como El Caguán, Nariño o Buenaventura, esto puede servir de inspiración para ampliar esos procesos.
CAMBIO: ¿Qué opina sobre los desafíos de presencia estatal en territorios controlados por grupos armados ilegales?
G. B.: El acuerdo de paz de 2016 partía de la premisa de que las Farc dejarían el control de algunas regiones, permitiendo al Estado ingresar. Sin embargo, el Estado ha encontrado dificultades para establecer una presencia integral, más allá de la fuerza pública: servicios de salud, educación y justicia, garantizando los mismos derechos a todos los ciudadanos, sin importar dónde vivan.
CAMBIO: ¿Cómo evalúa la situación en territorios como El Plateado, en Argelia?
G. B.: El cañón del Micay es una ruta clave del narcotráfico entre los Andes y el Pacífico, donde se concentran cultivos de coca y minería ilegal. Es lógico que el Estado haya buscado restablecer el control territorial. Sin embargo, mantenerlo depende de una presencia integral del Estado, más allá de la fuerza militar. Las comunidades necesitan ver resultados concretos y cumplir con las promesas es fundamental para construir confianza, especialmente en territorios que han sido históricamente abandonados.
CAMBIO: Quibdó ha sido un escenario de conflictos y donde ustedes tienen un interés especial. ¿Cómo manejan ustedes esa realidad?
G. B.: El proceso de paz urbana en Quibdó ha sido muy prometedor. Empezó como una iniciativa de los mismos jóvenes locales, que lograron una tregua entre tres grupos armados. Esta tregua permitió reducir la violencia en 2023, aunque no alcanzó los niveles de pacificación logrados en Buenaventura, donde se llegó a casi cero homicidios. Sin embargo, uno de los grandes desafíos en Quibdó ha sido la falta de diálogo con el Clan del Golfo, que controla los barrios norte de la ciudad, y esto ha dificultado la estabilidad del proceso.

CAMBIO: ¿Cuál es la idea además de lograr que cese el fuego de los fusiles?
G. B.: La idea es que las treguas entre grupos armados abran espacio para la transformación territorial, permitiendo que las comunidades, el Estado y el sector privado trabajen juntos por un futuro diferente. Si se logra la desmovilización de los grupos armados, será posible avanzar hacia un desarrollo más sostenible en estos territorios. Quibdó, en esto, tiene un potencial inmenso.
CAMBIO: En ese orden de cosas, ¿apoyan ustedes la política de paz total del gobierno?
G. B.: La lógica de la política de paz total siempre nos pareció válida: la violencia en Colombia está fragmentada y es necesario dialogar con todos los actores al mismo tiempo. En esto, la negociación con el Clan del Golfo, que es la organización con mayor control territorial y mayor expansión en los últimos años, es fundamental. Un caso interesante es Nariño, donde, en contraste con la mayoría del país, este grupo tiene poca presencia. Allí, todos los actores locales ya están o han estado en diálogo con el gobierno, lo que abre oportunidades para avanzar en la paz territorial a nivel departamental.
CAMBIO: El otro punto que usted tocaba es el medio ambiente. ¿Para usted, que tiene una mirada externa, qué representa para Colombia organizar la COP16?
G. B.: Creo que la COP16, primero, es realmente una muy buena manera por parte de Colombia de expresar su compromiso con los temas medioambientales, que de hecho es casi un consenso nacional. Me llama mucho la atención que este país, por ejemplo, adoptó en 2021, cuando yo acababa de llegar, su ley de lucha contra el cambio climático con unanimidad en el Congreso, sin un solo voto en contra. Es decir, los temas ambientales, que en otros países pueden generar brechas de confianza y tensiones más profundas, en Colombia, por el contrario, reflejan un consenso.
CAMBIO: ¿Eso es muy llamativo?
G. B.: Sí. Me impresiona que los colombianos demuestren ese amor por la naturaleza, la valoren y busquen una transición en la que se pueda vivir mejor protegiéndola y conservándola, en lugar de destruirla.
CAMBIO: ¿Por qué cree que los colombianos tengamos esta característica?
G. B.: No sé, pero es muy llamativo, y lo hemos visto a lo largo de nuestro trabajo en muchas regiones apartadas. Las mismas comunidades, y en particular las mujeres y los jóvenes, se han convertido en agentes de transformación, cambiando la forma de manejar la naturaleza.

CAMBIO: ¿Tiene ejemplos?
G. B.: Claro. Por ejemplo, en los proyectos que apoyamos en Guaviare y Putumayo, se demuestra que es posible que las comunidades campesinas, indígenas o afrocolombianas vivan mejor en armonía con la naturaleza, ya sea protegiéndola o explotándola de manera sostenible. Además, valorando el capital de biodiversidad que Colombia posee, especialmente en la frontera agrícola con la Amazonia, hemos observado que es posible explotar recursos de forma sostenible sin perjudicar los ecosistemas. De la ganadería sostenible al manejo sostenible de las selvas, las frutas amazónicas, el ecoturismo, acuerdos de conservación con las comunidades, hemos apoyado y comprobado muchas maneras de vivir mejor de la naturaleza conservándola.
CAMBIO: ¿Es un valor para mostrar en esta COP16?
G. B.: Por esta vasta biodiversidad y por el liderazgo que Colombia tiene tanto a nivel regional como mundial, es muy significativo que haya asumido la responsabilidad de organizar la COP16. Esta conferencia no solo tratará un tema tan crucial como la biodiversidad, sino que también brindará una oportunidad para escuchar las voces de los países más biodiversos del mundo, los cuales deben unirse para definir lo que es necesario hacer para preservar nuestra biodiversidad y detener su pérdida. Que Colombia asuma este ejercicio y le otorgue a la COP una dimensión de trabajo comunitario, de “COP de la gente”, nos parece fundamental.
CAMBIO: ¿Este es un asunto trascendental para todos?
G. B.: Es uno de los mayores desafíos ambientales de la actualidad. Aunque se habla mucho del cambio climático y de la contaminación por ser problemas más visibles, la pérdida de biodiversidad representa una amenaza de igual y quizás más alta magnitud para el planeta, la economía y nuestra forma de vida.
CAMBIO: ¿Ve usted que en América Latina se esté tomando conciencia de la riqueza que tiene la región y que la puede perder?
G. B.: La COP16 forma parte de un esfuerzo colectivo de América Latina, que en los próximos meses liderará gran parte de la agenda ambiental. Por ejemplo, en 2025 se celebrará la COP30 sobre cambio climático en Belém, Brasil, donde se revisará si estamos en camino de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Es notable cómo América Latina está tomando la iniciativa en la agenda ambiental gracias a la voluntad política de varios de sus gobiernos. El liderazgo de Colombia en este contexto es muy relevante.
CAMBIO: Usted que viaja tanto por Colombia, ¿ya ha visto puntos en donde se esté perdiendo la biodiversidad?
G. B.: Puedo decirle que hemos encontrado tanto desafíos como historias de éxito. Es importante destacar que estas historias positivas existen, ya que a veces el pesimismo sobre los temas ambientales no tiene fundamento. Cuando se trabaja con las comunidades, integrando sus saberes ancestrales, especialmente de los pueblos indígenas, aunque no exclusivamente, la ciencia y la colaboración del sector empresarial, se logran avances impresionantes hacia actividades sostenibles.

CAMBIO: Así es. Pero sin entrar en el pesimismo, ¿dónde hay que poner la alerta?
G. B.: Uno de los temas más dolorosos relacionados con la pérdida de biodiversidad es la deforestación en la Amazonia. Aunque afecta principalmente a esta región, también impacta otros ecosistemas cruciales como las selvas del Pacífico. Hemos trabajado en algunas de estas regiones y hemos visto cómo la deforestación avanza hacia áreas como el Chiribiquete. Muchas veces, esta deforestación no obedece a una explotación racional de los recursos, sino a la apropiación de tierras. Es común encontrar potreros abandonados donde solo hubo ganado por unos años, y hoy esas tierras, empobrecidas y sin agua, no tienen más utilidad.
CAMBIO: ¿Qué hacer ante eso?
G. B.: Lo interesante es que ahora hay una nueva generación que ha comprendido que es posible practicar una ganadería sostenible, así como una explotación forestal responsable. También se han desarrollado actividades como la producción de fruta amazónica y el ecoturismo, que demuestran que es posible vivir mucho mejor sin necesidad de destruir la selva. Esta es una gran apuesta colectiva en la que apoyamos tanto a las comunidades como al gobierno.
CAMBIO: ¿Otro punto para poner las alertas?
G. B.: Sí. Otro tema importante, al que no siempre prestamos la suficiente atención, es la minería ilegal. Esta actividad ha devastado paisajes enteros, y en algunos casos, el daño es tan profundo que puede tardar décadas en repararse. En el Chocó, por ejemplo, hemos trabajado en proyectos de reconversión ambiental a largo plazo en áreas afectadas por minería industrial ilegal. En esos lugares, a menudo no queda nada, y recuperar esos territorios llevará muchos años.
CAMBIO: ¿A quién beneficia la minería ilegal?
G. B.: La minería ilegal juega un papel relevante en la economía de los grupos criminales del país. Aunque sabemos que el gobierno tiene intenciones claras para enfrentar este problema, es fundamental limitar la posibilidad de que el oro extraído de manera ilegal ingrese al mercado legal. Incluso la minería artesanal o informal puede practicarse de manera menos destructiva y con menor impacto ambiental, pero el problema más grave radica en la minería industrial ilegal.
CAMBIO: Pero, ¿es un asunto solo de Colombia?
G. B.: Este tipo de minería tiene un impacto devastador sobre la naturaleza y requiere de esfuerzos a nivel internacional. Es fundamental que los países productores y receptores de estos minerales trabajen en conjunto, ya que no solo hablamos de oro, sino también de otros minerales esenciales para la revolución digital. En ríos alejados de la Amazonia colombiana y en zonas remotas del corazón de la selva, la minería ilegal ya está causando daños muy graves y difíciles de revertir. Debemos detener este proceso, juntos, antes de que se convierta en un negocio criminal de mayor escala.
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