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León Valencia, autor del libro 'Iván Cepeda, una vida contra el olvido' y el candidato a la presidencia del Pacto Histórico. Fotos: Colprensa.

“Cepeda hará reformas sociales defendiendo la propiedad privada y al empresariado”: León Valencia

León Valencia, autor del libro 'Iván Cepeda, una vida contra el olvido' y el candidato a la presidencia del Pacto Histórico. Fotos: Colprensa.

El analista y escritor, autor del libro ‘Iván Cepeda, una vida contra el olvido’, reflexiona en entrevista con CAMBIO sobre lo que sería un posible gobierno del líder del Pacto Histórico. “La adolescencia de la izquierda latinoamericana ya quedó atrás”, dice.

Por: Armando Neira

León Valencia Agudelo (Andes, Antioquia, 1955) es director de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares). Fue guerrillero del Ejército de Liberación Nacional, pero desde que dejó las armas en 1994, tras un proceso de paz con la Corriente de Renovación Socialista (CRS), disidencia del ELN, se ha convertido en uno de los analistas más consultados del país y en un escritor exitoso en distintos géneros. Hoy, por ejemplo, en las librerías figuran la novela La vida infausta del negro Apolinar y el ensayo biográfico Iván Cepeda, una vida contra el olvido, un retrato del líder político que, según todas las encuestas, tiene las mayores opciones de convertirse en el próximo presidente de Colombia.

CAMBIO: Vamos un año atrás. En ese momento no figuraba en las cuentas de nadie la posibilidad de una candidatura de Iván Cepeda. ¿Es así?

LEÓN VALENCIA: Nadie. Creo que ni él mismo. Cuando empezaron a sonar los nombres de quienes podrían estar en la baraja, él, claro, no estaba allí.

CAMBIO: Y, naturalmente, a usted tampoco se le pasaba por la cabeza escribir un libro como el que ahora publicó, Iván Cepeda, una vida contra el olvido.

L. V.: (Risas). Pues la verdad, tampoco.

CAMBIO: ¿Qué pasó? ¿Por qué llegamos a este punto en el que la realidad es otra?

L. V.: El punto de inflexión fue el 1° de agosto de 2025, cuando Uribe Vélez fue condenado en primera instancia a 12 años de prisión domiciliaria por los delitos de soborno en actuación penal y fraude procesal. En ese momento, Cepeda se convierte en un referente para toda la izquierda, porque logró derrotar al político más importante de la derecha.

CAMBIO: ¿En ese momento usted dijo: “aquí hay un libro”?

L. V.: Fue más adelante. Hacia septiembre, todas las conversaciones políticas empezaron a girar en torno a su nombre; su figura empezó a consolidarse como posible candidato, se presentó en la consulta del Pacto Histórico y la ganó. Y, claro, mucha gente empezó a preguntarse quién es Iván Cepeda, de dónde viene, qué propone, y yo empecé a escribir para tratar de dar respuestas.

CAMBIO: ¿Cepeda era el candidato del presidente Petro?

L. V.: Creo que su candidatura fue una sorpresa muy grande, incluso para el Gobierno. Le oí decir a Fernando Ramos, de CNN, que Armando Benedetti le comentó: “Nosotros no esperábamos esto. Este señor se montó y ahora cómo hacemos para bajarlo. Teníamos otras candidaturas en mente”.

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Iván y su padre Manuel Cepeda en Budapest, Hungría,1986. Foto: Archivo personal

CAMBIO: ¿Pero si no hay juicio a Uribe, no hay candidatura?

L. V.: Creo que en la mente de muchos líderes del Pacto surgió la idea de que, si él lo derrotó judicialmente, también podía hacerlo políticamente, porque en realidad el jefe de la derecha es Uribe.

CAMBIO: ¿Qué diferencia hay entre derrotar a Uribe jurídicamente y vencerlo electoralmente?

L. V.: Es una diferencia muy grande. Aquí se trata de hablarle a la sociedad entera y de ganarle a un actor político que ha sido el más importante del siglo XXI. Allá se trata de convencer a jueces y magistrados, de presentar pruebas suficientes en audiencias para lograr una condena.

CAMBIO: A propósito, ¿qué estará pensando Uribe?

L. V.: Creo que su gran preocupación es que Iván Cepeda también le gane políticamente, lo cual, para alguien de su dimensión, sería una auténtica catástrofe personal. Y ni hablar desde el punto de vista judicial: Uribe tiene varios procesos en curso, no solo el de soborno a testigos y fraude procesal, sino otros más, y eso podría darles impulso a sus adversarios en los tribunales.

CAMBIO: ¿Iván Cepeda pensará en eso?

L. V.: Él lo ha dicho: lo que quiere es que surja la verdad, más que el castigo. Claro que entiende que su rival político de mayor trascendencia —más que Paloma o Abelardo— es Uribe, y mucho más ahora que Paloma lo pone a su lado en las tarimas y lo presenta como su jefe y mentor.

CAMBIO: ¿Iván Cepeda, una vida contra el olvido es una biografía o un perfil en profundidad?

L. V.: Es una mezcla de ensayo divulgativo con crónica sobre la campaña, la vida de Iván Cepeda y la historia de los últimos 30 años. Se cruzan tres realidades: el personaje, la campaña política y la historia reciente del país.

CAMBIO: ¿Por ejemplo?

L. V.: Hay abundante información sobre Pilar Rueda, su esposa, que, aunque es una mujer pública, ha llevado una vida discreta. Aquí se cuenta esa historia.

CAMBIO: Por la prisa de la campaña, el libro había que sacarlo cuanto antes. ¿Se le pasó algo?

L. V.: Siempre faltarán cosas. Algunas no las pude contar porque no logré corroborarlas a tiempo. Por ejemplo, luego confirmé con María Jimena Duzán el episodio en que Iván Cepeda fue hasta donde estaba el secretariado de las Farc para expresar su desacuerdo con la combinación de todas las formas de lucha. Les pidió abandonar ese método porque iba a sacrificar al movimiento político y a dejar solos a los activistas de la Unión Patriótica.

CAMBIO: ¿Iván Cepeda siempre ha tenido clara esa frontera?

L. V.: Sí. En ese episodio se ve claramente su distancia frente a la lucha armada. Se lo dijo en persona a Marulanda: estaba en contra de esa estrategia. Lo hacía con la autoridad de ser hijo de una familia comunista y de un hombre asesinado bajo acusaciones de vínculos con las Farc. Con esa autoridad fue a reclamarles que no siguieran por ese camino.

CAMBIO: ¿Hubo participación de Iván Cepeda en la escritura del libro?

L. V.: Ha sido muy respetuoso de mi mirada. Es un libro escrito con independencia; él no influyó en los textos.

CAMBIO: Muchos de sus adversarios lo llaman a él, de forma despectiva, comunista. ¿Lo es?

L. V.: Iván se decepcionó del comunismo cuando estudió en Sofía, Bulgaria. Se apartó del Partido Comunista y de la Juventud Comunista, y siguió a Bernardo Jaramillo, un disidente que impulsó una izquierda distinta, que luego confluyó en la Alianza Democrática M-19 y, de allí, al Polo.

CAMBIO: ¿Su desilusión llegaría al punto de decírselo a su padre, Manuel Cepeda?

L. V.: Sí, con él tuvo discusiones fuertes sobre el comunismo. Es hijo de esa tradición, pero también un disidente. Como muchos tras la caída del Muro de Berlín, tomó distancia y se acercó a una izquierda reformista que defiende las instituciones democráticas.

CAMBIO: ¿Usted cree entonces que Iván Cepeda es un izquierdista bastante conservador en la defensa de la institucionalidad?

L. V.: Sí. A veces incluso en exceso. Tiende a judicializar las controversias políticas para llevarlas al terreno de lo que se ajusta a la Ley. Hay en su línea de acción cierto fetichismo por la ley, en parte porque le ha dado grandes triunfos, como el caso de su padre ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde logró una indemnización que destinó al Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado.

CAMBIO: ¿Usted, que lo conoce, da fe del apego a la institucionalidad de Iván Cepeda?

L. V.: A toda la legalidad. Fíjese en que él se apoya en esa legalidad para, por ejemplo, ganar pleitos al Estado y en el conjunto de la sociedad. Eso muestra que es una persona de ese talante. Se metió a los tribunales para defenderse de Uribe y logró que se revirtiera el proceso en su contra. Fue como un bumerán, porque quien terminó en juicio fue Uribe.

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Con el libro Iván Cepeda una vida contra el olvido "el lector comprenderá que la trayectoria de Cepeda es la de un perseverante constructor de casos, de procesos y de relatos contra el olvido" Foto: Colprensa

CAMBIO: Siendo así, ¿por qué cree que hay gente que le tiene tanto temor? De hecho, las encuestas muestran que buena parte nunca votaría por él.

L. V.: Yo creo que, en parte, porque fue quien más se enfrentó a Uribe en toda esta historia. Y ven que él tiene una herida muy grande. Él considera que hubo una afrenta profunda a su vida, a su memoria, con la llegada de los paramilitares al Congreso, esa negociación y su protagonismo político durante el Gobierno de Uribe. Para él, ese es un fantasma muy fuerte: los paramilitares hablando en el Congreso y él de pie, con una pequeña fotografía de su padre asesinado, repudiándolos. Hay algo muy potente ahí. Y la respuesta del otro lado ha sido acusarlo de lo peor. Algunos lo hacen con interés político y propagandístico; otros, de tanto repetirlo, terminan creyéndolo.

CAMBIO: ¿Por qué Iván Cepeda terminó tan involucrado en los procesos de paz y cuál fue su papel en La Habana?

L. V.: Porque buscaba poner en el centro a las víctimas y la verdad de las víctimas. Encontró en la paz y en los acuerdos una gran oportunidad para hacerlo. Fue a La Habana por eso. Yo lo cuento en el libro: tuvo confrontaciones con Iván Márquez sobre ese tema e influyó tanto en el Gobierno como en la guerrilla para que las víctimas fueran a La Habana y se convirtieran en parte central del acuerdo.

CAMBIO: ¿Lo logró?

L. V.: Imagínate. De su persistencia surgieron, entre otras, la JEP, la Comisión de la Verdad y la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Ese era su gran objetivo y lo logró. En cierto sentido, fue un “hombre sin atributos” en La Habana: no representaba a ninguna de las dos partes, sino a las víctimas. Era una representación viva de ellas.

CAMBIO: ¿Qué lección habrá sacado de esa experiencia?

L. V.: En el proceso de búsqueda de la paz encontró la manera de cumplir otra de sus obsesiones: construir un acuerdo nacional. Cree sinceramente que la única forma de pasar la página de la violencia es mediante un gran acuerdo que permita la reconciliación.

CAMBIO: En caso de ganar la Presidencia, hará ese gran acuerdo nacional, ¿incluso con Uribe?

L. V.: Sí, está muy convencido de eso y hará sacrificios para lograrlo, incluso con Uribe. Él mismo cuenta que, en algún momento, reflexionó sobre casos como su relación con Salvatore Mancuso y cómo llegó a la idea del perdón. Dice que al principio ni siquiera lo saludó ni le dio la mano cuando fue a hablar con él, pero que hoy podría reunirse y conversar. Esa disposición al perdón es clave en su visión.

CAMBIO: Varios de sus adversarios dicen que es un hombre con mucho odio. ¿Usted qué cree?

L. V.: Yo no percibo odio en él. Es una impresión que tengo tras muchas conversaciones. Lo que sufrió lo transformó en una causa, pero una causa serena, racional, centrada en la búsqueda de la verdad, no en la venganza.

CAMBIO: ¿Qué diferencias y similitudes tiene con Petro?

L. V.: Los une que ambos son reformistas sociales. Pero Petro cumplió el papel de poner esas reformas en la conversación nacional con un estilo rupturista, de romper consensos sobre el modelo económico y el manejo de lo público. Ha sido un crítico feroz de la desigualdad y la exclusión. Ahora, tras ese momento de ruptura, su papel ha sido buscar acuerdos para concretar esas reformas.

CAMBIO: ¿Y Cepeda?

L. V.: Es más gradualista. Cree en reformas incrementales y concertadas, más que en la confrontación. Además, tendría la ventaja de que esa tarea de ruptura ya la hizo Petro. También son trayectorias distintas: Cepeda viene de la política en democracia y del exilio; Petro, de la guerra y del M-19. Son cultural y políticamente diferentes.

cepeda primer vuelta
En la campaña de Iván Cepeda Castro crece el optimismo por su liderazgo en las encuestas y ganar en primera vuelta, sin embargo los sondeos advierten que la victoria aún no está asegurada. Crédito: Fotomontaje de Yamith Mariño.

CAMBIO: ¿Políticamente? ¿Son distintos?

L. V.: Sí. Cepeda tiene un espíritu más colectivo: ha militado disciplinadamente en partidos como la Juco y el Polo. Petro, en cambio, tendía a romper los grupos que fundaba. Solo recientemente ha logrado aglutinar a la izquierda. Petro es un caudillo, con una voz fuerte y permanente; Cepeda es más sereno, incluso lee sus discursos para asegurar precisión y calma en sus ideas.

CAMBIO: ¿Cree, como dicen algunos, que va a estatizar todo?

L. V.: (Risas). Eso ya no existe. Esta nueva ola de izquierdas —Lula, Claudia Sheinbaum, Petro— aprendió del desastre de Venezuela. Nadie quiere llevar a su país a situaciones como las de Venezuela, Cuba o Nicaragua. Esa fue una etapa de la adolescencia de la izquierda latinoamericana que ya se cerró, y de forma dramática.

CAMBIO: ¿Entonces?

L. V.: Iván es un convencido de proteger las instituciones democráticas. Pertenece a una izquierda que busca hacer reformas sociales defendiendo la propiedad privada y el empresariado. Sabe que no puede embarcarse en aventuras estatistas. Hoy no existe un modelo económico basado en eso. Además, en política no se hace lo que uno quiere, sino lo que uno puede.

CAMBIO: ¿Y cómo está esa correlación de fuerzas en Colombia hoy para que él no haga lo que quiere?

L. V.: Hay un Congreso donde el Pacto Histórico tiene una bancada importante, pero es apenas del 26 o 27 por ciento. No tiene mayorías en cortes ni en otras instituciones. Las Fuerzas Armadas son un actor que exige respeto, y el empresariado colombiano es diverso y sofisticado. Aquí no hay una PDVSA, por ejemplo.

CAMBIO: Pero, en caso de ganar, ¿hará reformas sociales?

L. V.: Claro, pero solo mediante acuerdos. No hay otra forma. Se trataría de impulsar reformas que atiendan la pobreza y la desigualdad. Ante amenazas a la democracia desde sectores de derecha, la izquierda ha tenido que asumir la defensa de la institucionalidad. Y hoy enfrenta causas más complejas, como los derechos de la diversidad sexual, cultural y étnica. Ser de izquierda hoy es más difícil que hace 20 o 30 años.

CAMBIO: Finalmente, ¿qué simboliza para Iván Cepeda su batalla contra el cáncer?

L. V.: Tuvo dos cánceres y ambos los superó. Él mismo me dijo que los momentos más duros coincidían con las confrontaciones políticas, especialmente con Uribe. Sintió un alivio cuando la Corte Suprema cambió el rumbo del proceso. Eso tuvo incluso un efecto positivo en su estado emocional. Me decía que, después de eso, quería dedicarse a impulsar un acuerdo de paz con el ELN, terminar ese proceso judicial y trabajar por un acuerdo nacional. Pero la vida le abrió otra posibilidad: la de ser presidente.

CAMBIO: ¿Va a ganar?

L. V.: Ganar en primera vuelta es muy difícil, casi imposible. En segunda vuelta, si compite con Abelardo de la Espriella, tiene muchas posibilidades; si es con Paloma Valencia, será más difícil. Pero él tiene método, disciplina, constancia y valentía para enfrentar este nuevo desafío.

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