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Abelardo de la Espriella, presidente electo de la República de Colombia.
Poder

El difícil camino que le espera a Abelardo de la Espriella en el Congreso

Abelardo de la Espriella, presidente electo de la República de Colombia.

Formalmente, con apenas cinco congresistas del Movimiento de Salvación Nacional y con Iván Cepeda convertido en jefe de la oposición, al presidente electo le costará sacar adelante una agenda legislativa propia. “Los congresistas deberán decidir si acompañan al pueblo colombiano o le dan la espalda a la patria”, advirtió.

Por: Armando Neira

Carlos Alonso Lucio, director programático de la campaña de Abelardo de la Espriella, sostuvo durante meses que el gran error de sus adversarios fue no comprender que detrás de esta candidatura se estaba gestando un auténtico fenómeno popular, una fuerza del pueblo que despertó en todos los rincones del país para conducir a Colombia hacia un milagro sin precedentes.

A Lucio, antiguo compañero de armas de Gustavo Petro en el M-19, le gusta el verbo encendido y las frases cargadas de adjetivos capaces de provocar emociones intensas. Pero, una vez superada la euforia electoral y a la espera de que el escrutinio confirme oficialmente la victoria de De la Espriella, llega la hora del aterrizaje. Y en tierra firme los ciudadanos esperan algo más que discursos vibrantes: resultados concretos con políticas públicas que los beneficien.

Allí comienza el verdadero desafío. Como quedó demostrado durante el gobierno de Petro, Colombia cuenta con un sistema de pesos y contrapesos en el que el Congreso desempeña un papel determinante. Y es precisamente allí donde el nuevo mandatario encontrará una oposición organizada, disciplinada y encabezada por un líder fortalecido por las urnas.

Iván Cepeda obtuvo 12.707.793 votos, una cifra sin precedentes para un dirigente que seguirá ejerciendo liderazgo desde el Legislativo. Además, cuenta con una bancada robusta que lo seguirá incondicionalmente. El Pacto Histórico tendrá 69 curules —26 en el Senado y 43 en la Cámara de Representantes, incluida la de Aída Quilcué—, desde donde promete ejercer una oposición metódica y permanente.

“No vamos a permitir, y lo decimos con claridad, haciendo uso de la fuerza de la democracia, de la movilización y de la acción política, que retrocedan las conquistas sociales que hemos construido en estos años en Colombia”, afirmó Cepeda la noche de este domingo desde el Royal Center de Bogotá, al aceptar los resultados preliminares.

Una oposición que crece

Si a ese bloque se suman sectores de los partidos Verde y En Marcha, liderado por Juan Fernando Cristo, la oposición podría acercarse a una tercera parte del Congreso.

 

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El presidente electo de Colombia, según el preconteo, Abelardo de la Espriella, se dirige a sus seguidores.  Foto: Colprensa. 

Del otro lado, De la Espriella llega con una debilidad evidente: su representación formal en el Capitolio es mínima. El Movimiento de Salvación Nacional apenas cuenta con cinco congresistas cuatro en el Senado y uno en la Cámara, una fuerza insuficiente para impulsar por sí sola cualquier reforma de envergadura.

Durante la campaña, sin embargo, ese escenario nunca pareció preocuparle. Por el contrario, De la Espriella rechazó públicamente el respaldo de los partidos tradicionales y construyó buena parte de su discurso sobre la idea de una ruptura con la política convencional.

“Nosotros somos los 'nunca'. Los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, los que nunca nos hemos robado un peso, los que nunca nos rendimos ni nos quedamos en la queja. Los que nunca hemos hecho politiquería”, repetía en plazas y entrevistas.

En ese camino lanzó críticas a los representantes del Partido Liberal, Partido Conservador, Cambio Radical y del Partido de la U que se le acercaban a la luz del día.

Aunque también es cierto que, lejos de los reflectores, recibió el respaldo de dirigentes de varias de esas colectividades, muchos de los cuales fueron de los primeros en felicitarlo tras conocerse los resultados.

Antes de eso, sin embargo, les envió una advertencia. En un mensaje dirigido al Congreso que se instalará el próximo 20 de julio, sostuvo que Colombia atraviesa un momento que exige decisiones de fondo en materia de seguridad, empleo, salud, educación, justicia y funcionamiento del Estado. Por ello, pidió dejar atrás los cálculos políticos y las negociaciones que, según su campaña, no responden a las necesidades de los ciudadanos.

En ese contexto, señaló que los congresistas tendrán una responsabilidad histórica frente a las reformas que presente su gobierno. “Los congresistas deberán decidir si acompañan al pueblo colombiano o le dan la espalda a la patria”, afirmó.

Y fue más allá. Sostuvo que, si algunos sectores del Congreso se niegan a respaldar sus iniciativas, contará con una base ciudadana suficientemente sólida para sostenerse políticamente. “Un gobierno de origen popular, con fuerza popular”, resumió.

¿Quién mueve a los congresistas?

Las frases son eficaces para entusiasmar a sus seguidores. Lo fueron también durante el gobierno de Petro. Pero los congresistas suelen ser menos impresionables que las multitudes.

Durante cuatro años, Petro convocó marchas multitudinarias, apeló a símbolos históricos como la espada de Bolívar y la bandera de la muerte rojo y negra, señaló con nombre propio a congresistas y llamó a la movilización popular para respaldar sus reformas. Aun así, el Congreso hundió varias de sus principales iniciativas.

 

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Miles de seguidores escuchan al presidente electo de Colombia, según el preconteo, Abelardo de la Espriella en una manifestación reciente. Foto: Colprensa. 

Y eso ocurrió pese a que Petro contó con operadores políticos experimentados en la relación con el Legislativo, como Juan Fernando Cristo y Armando Benedetti desde el Ministerio del Interior.

El Congreso conoce bien su poder. Y cuando percibe amenazas a sus intereses, suele actuar en bloque. De la Espriella asegura tener otro camino. Si el Congreso no se mantiene, en sus palabras, “firme con la patria”, podría intentar gobernar mediante decretos, una posibilidad que él mismo ha dejado entrever en varias ocasiones.

De hecho, ha anunciado que, en cuanto asuma el poder, declarará dos estados de excepción: una emergencia económica para adoptar decisiones en materia económica y una conmoción interior para enfrentar a los grupos armados ilegales.

Incluso ha afirmado que el mismo 7 de agosto expedirá cerca de 90 decretos como punto de partida de su proyecto de la llamada 'Patria Milagro'.

“Somos respetuosos de la independencia de las ramas del poder público. Vamos a tener un trato institucional con el Congreso y la negociación siempre será sobre los proyectos y las iniciativas del Gobierno, pero nunca sobre puestos, contratos o politiquería. Con nosotros eso no va a existir”, aseguró durante la campaña.

Sin embargo, el problema es que De la Espriella llegará al poder con la urgencia de demostrar que encarna el renacer que prometió. Los congresistas, en cambio, manejan otros tiempos y otras prioridades.

Primero, porque si bien estas elecciones ya empiezan a ser historia, muchos de ellos ya tienen la mirada puesta en octubre de 2027, cuando los colombianos elegirán alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles. A los parlamentarios lo que en realidad los mueve son las elecciones.

Y segundo, porque si hay una cualidad que los políticos desarrollan con precisión es su capacidad para percibir los cambios de interés de la opinión pública. Los resultados de este domingo muestran un país dividido en dos mitades.

Pero la mitad que estará en la oposición ya calienta su estrategia. Es muy probable que De la Espriella tenga a Cepeda liderando la oposición en el Congreso y a Gustavo Petro encabezando la movilización social desde las calles. Y en el Congreso, en vísperas de elecciones y con esta histórica votación, no se van a ir de frente contra tanta gente.

En ese contexto, asumir que las cosas se harán simplemente porque así lo ordena el nuevo presidente parece una apuesta arriesgada. Al fin y al cabo, casi la mitad del país votó por una opción distinta.

Y ese dato, más que cualquier discurso, es el que mejor entienden los congresistas. De la Espriella insiste en que no cederá y que no negociará. Ellos, mientras tanto, parecen poco impresionados.

Lo esperarán, tranquilos, desde sus curules a partir del 20 de julio.

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