
El factor Petro en la campaña de Iván Cepeda
El presidente Petro llega a esta segunda vuelta con una imagen positiva del 51,8 por ciento, que sin duda será determinante en la elección de su sucesor. Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, su imagen negativa es del 43,8 por ciento.
Por: Armando Neira
Lo mejor y lo peor que le ha pasado a Iván Cepeda es Gustavo Petro. El candidato del Pacto Histórico tiene abiertas las puertas para ganar las elecciones gracias al presidente. Paradójicamente, si las pierde, también será por él. No es una contradicción, sino el efecto natural de la fuerza de un mandatario que le dio a la izquierda el mayor éxito electoral de su historia, pero por quien también un buen número de colombianos irá este domingo 21 de junio a votar con la decisión de ponerle fin a su proyecto progresista.
Antes de Petro, la izquierda celebraba obtener un tercer puesto, como lo hizo Carlos Gaviria, o lloraba porque le impedían a balazos participar en la contienda, como ocurrió con Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro Leongómez.
Petro no solo rompió el techo de cristal y ganó las elecciones en 2022, sino que ahora está a punto de dejar el gobierno con una imagen favorable del 51,8 por ciento, según la fotografía que hoy muestra el Centro Nacional de Consultoría, CNC, para CAMBIO. La imagen negativa del primer mandatario es del 43,8 por ciento.

Si la popularidad de Petro se trasladara al terreno electoral, al menos según este resultado, volvería a ganar las elecciones. El problema es que se trata de un ejercicio hipotético que llena de orgullo a sus seguidores más leales, pero la realidad es que él no es el candidato.
Sin embargo, Petro cree que el asunto es con él y convirtió la campaña en algo extraño, al punto de que, en muchos de sus mensajes, el candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, alterna las referencias: en unos dice que va a derrotar a Petro; en otros, a Cepeda; y en otros más, a ambos.
Petro sostiene que, de existir la reelección, él volvería a ganar. Fue una frase que lanzó hace más de un año, cuando otras encuestas —distintas a las del CNC— le otorgaban menos de un 30 por ciento de imagen favorable. Probablemente porque muchos creían que el peso político que cargaba el presidente terminaría por disminuirlo, decenas de aspirantes a la Presidencia comenzaron a lanzarse: desde jóvenes senadores y experimentados gobernadores departamentales hasta reconocidos periodistas.
Es posible que todos se quedaran cortos y no vieran que, en amplios sectores de la población, en regiones apartadas y municipios olvidados, Petro era mucho más que un gobernante valorado. La gente sentía que, por fin, alguien les había dado voz y había logrado interpretarlos. Fue así como varios líderes del Pacto Histórico comenzaron a creer que era posible conservar el poder entre 2026 y 2030. Nombres como Gustavo Bolívar, María José Pizarro, Susana Muhamad y Carolina Corcho empezaron a liderar las encuestas de intención de voto. ¿Eran ellos individualmente o el reflejo del espejo de Petro?
Iván Cepeda se presentó a la consulta del Pacto Histórico realizada en octubre de 2025. En total, tres millones de personas votaron, una cifra muy positiva para una convocatoria con escasa publicidad y un menor número de mesas que en las elecciones legislativas. En la encuesta del CNC de diciembre se mostró que el presidente tenía niveles de respaldo cercanos al 40 por ciento y, lo más importante en clave electoral, que el 35,5 por ciento de los consultados votaría por un candidato respaldado por el mandatario en las elecciones de 2026.
Con ese apoyo, la candidatura de Cepeda se convertía en una aspiración con posibilidades reales de disputar la Presidencia. Al llegar marzo, siempre según las encuestas del CNC, Petro registraba un 54,5 por ciento de imagen positiva frente a un 38,4 por ciento de opinión negativa.
En el análisis de este fenómeno, notable para un mandatario en sus últimos meses de gobierno, se destacó el giro en la comunicación del Gobierno Petro que, si bien en ocasiones quedaba desdibujado por las controversias públicas protagonizadas por el jefe de Estado, empezaba a consolidarse como un blindaje para su imagen.
La Casa de Nariño ajustó el tono, ordenó las vocerías e insistió en mensajes concretos alrededor de tres ejes centrales: reformas sociales, ejecución en los territorios y un contraste permanente con administraciones anteriores en los frentes en los que el Ejecutivo considera que presenta mejores resultados.

Con esa estrategia —definida por algunos expertos en comunicación política como una suerte de pararrayos alrededor de la Casa de Nariño— la imagen del primer mandatario continuó en ascenso, incluso en medio de la crisis del sistema de salud, los múltiples escándalos de corrupción, el fuego amigo entre miembros del círculo que rodea al presidente y hasta el ascenso inexplicable y sin méritos académicos ni profesionales de la joven Juliana Guerrero.
Citado en su momento por CAMBIO, Cristian Rojas, jefe del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, explicó que desde finales de 2025 el presidente Petro logró que los problemas de su gestión no le pasaran factura en términos de imagen. A su juicio, ese efecto se construyó mediante una narrativa que traslada la responsabilidad de las crisis a terceros y convierte cada obstáculo en una nueva razón para “profundizar el cambio”.
Así, en vísperas de las elecciones parlamentarias, Petro logró consolidar su mejor imagen de los últimos tres años, solo superada por la registrada por el CNC en septiembre de 2022, cuando alcanzó el 69 por ciento apenas un mes después de llegar al poder. Ese repunte podría explicar los excelentes resultados obtenidos por el Pacto Histórico, que se convirtió en la primera fuerza política de Colombia con 67 curules —25 en el Senado y 42 en la Cámara—, un hecho extraordinario para una agrupación de izquierda que nunca antes había acumulado tanto poder en el Congreso.
En paralelo, la imagen de Cepeda encabezaba prácticamente todas las encuestas de intención de voto. Era tal el entusiasmo que dentro de la campaña llegaron a creer que en la primera vuelta, celebrada el 31 de mayo, la Presidencia podría ganarse de un solo envión.
En las semanas previas, el presidente Petro se empleó a fondo y, pasando por encima de la ley, participó en política aquí y allá. Desde su cuenta en X, en el sistema de medios públicos y en las masivas manifestaciones, se veía al mismo Petro que aspiraba al poder en 2022. Montado sobre su popularidad, el mandatario llamaba a no votar por Roy Barreras, a abstenerse de participar en las consultas, a condenar a aspirantes como Paloma Valencia y, por supuesto, a mantener una férrea unidad alrededor del núcleo duro del Pacto Histórico.
El resultado fue una catástrofe para el Pacto. Diez millones y medio de colombianos acudieron en silencio, con tranquilidad, y le dijeron sí a Abelardo de la Espriella y no a Petro o a Cepeda, que no son lo mismo, aunque para muchos representen lo mismo.
Fue una situación similar a la de 2022, cuando 10,5 millones de ciudadanos le dijeron no a Petro —o sí a Rodolfo Hernández—, un candidato que se presentó sin partido, sin una estructura nacional, que incluso dejó de hacer campaña, pero en quien la gente confió para frenar al entonces aspirante progresista.
Porque así como Petro es amado por la mitad de la población, la otra mitad lo rechaza. Eso explica el grado de polarización que vive el país. Y el mismo domingo de las elecciones de la primera vuelta, sin que el candidato Cepeda hubiera hablado, Petro afirmó que hubo fraude sin presentar evidencia alguna y contradiciendo a los observadores internacionales, que calificaron con sobresaliente la jornada electoral.
A partir de ese momento, Petro eclipsó por completo a Cepeda durante los primeros días posteriores a esa primera vuelta. La exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, le pidió al candidato de izquierda marcar distancia y liberarse de la sombra del presidente, y le exigió asumir un liderazgo propio porque, de lo contrario, perdería la elección.
“No podemos poner a responder a Cepeda por las actitudes del presidente Gustavo Petro”, dijo Juan Fernando Cristo, miembro de la campaña. “El que tiene que ganar el 21 es Iván Cepeda, no Gustavo Petro”, agregó. Y la escritora Carolina Sanín ironizó: “¿Está cansado de Petro? Yo también. Por eso, votemos por Iván”.
Así se llegó a esta semana decisiva, en la que Cepeda trató de posicionar sus mensajes y la campaña entró de lleno a disputar la conversación en las redes sociales en un evidente giro ante la ventaja tomada por De la Espriella. Sin embargo, la agenda terminó marcada de la manera más insólita: la supuesta suspensión del presidente solicitada por la representante del Pacto Histórico Gloria Arizabaleta.
Este domingo las urnas dictarán su veredicto. Al margen de cómo haya manejado Iván Cepeda la campaña, de la capacidad para transmitir sus propuestas, de su intención de acercarse a sectores distintos al Pacto, lo cierto es que, según el CNC, el presidente conserva una favorabilidad del 51,8 por ciento. ¿Será que quienes lo apoyan votarán por quien diga Petro? Pronto conoceremos la respuesta.
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