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País

La Escombrera: “Si hubiesen oído a las cuchas, nos hubiésemos ahorrado mucho dolor e impunidad”

Max Yuri Gil, director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

Max Yuri Gil, director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia y una de las personas que más ha investigado sobre el conflicto armado en el departamento, habló con CAMBIO sobre la importancia del hallazgo de restos óseos, las víctimas y la polémica por los murales.

Por: Rainiero Patiño M.

El hallazgo reciente de restos óseos en la zona de La Escombrera en la comuna 13, en Medellín, no solo se convirtió en la prueba más potente de que eran ciertas las denuncias hechas durante 22 años por las familias de 502 personas dadas por desaparecidas, sino que, además, avivó una polémica sobre la importancia histórica y política que tiene este trágico capítulo del conflicto armado en el país. El profesor Max Yuri Gil lleva años estudiando el tema en el país, especialmente en el departamento de Antioquia. Este es su análisis.

CAMBIO: ¿Cómo entender lo que realmente pasó en la comuna 13 en Medellín y por qué se dio de esa manera?

Max Yuri Gil: Para entender el peso histórico de la comuna 13, la renombrada Operación Orión y del lugar que se conoce como La Escombrera en el desarrollo del conflicto armado en el país, primero hay que contextualizar que en el periodo comprendido entre los años 1997 y 2003 se dio un fenómeno conocido como la urbanización de la guerra. Lo que no quiere decir que no hubiese estas expresiones antes, sino que es en estos años cuando se dan de manera mucho más claras las dinámicas de violencia urbana.

Fue en esos días cuando algunas estructuras urbanas del narcotráfico y de la criminalidad se transforman en paramilitares y hay una mayor ofensiva, especialmente por parte de las Farc, de crear lo que llamaron en su momento “frentes de guerra urbanos”. Tuvieron relevancia el Frente Urbano Jacobo Arenas, en Medellín, y en Bogotá estuvo la Red Antonio Nariño, pero en casi todas las grandes ciudades del país hubo disputas por el control territorial.

CAMBIO: ¿Pero, cuáles son los antecedentes de conflicto en la zona de la comuna 13 en Medellín?

M.Y.G.: Desde mediados de la década de 1970, la comuna 13 en Medellín había tenido una histórica presencia de organizaciones de delincuencia menor. Luego, algunas de estas estructuras se convirtieron en unas milicias sin mayor conexión con la insurgencia, ni con paramilitares. Eran unas asociaciones de jóvenes encargadas de ‘regular’ la vida cotidiana en los rincones de la comunidad y agenciar algunas de sus demandas.

En la década de 1990 la situación cambió, porque apareció un trabajo urbano del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la comuna 13 y otros lugares de Medellín. Se trató de un intento de construcción de lo que el grupo guerrillero llamó “el poder popular urbano”. Y, por otro lado, se dio la llegada de las Farc en esa perspectiva de llevar la guerra a todo el país, entonces trasladaron integrantes de frente cercanos a Medellín, como el Frente Noveno y el Frente 47 del Oriente, más algo del Frente 34, que actuaba en el suroeste. Estos hombres se articularon con las estructuras urbanas de células insurgentes, las cuales tenían presencia en algunos barrios y algo menor en la Universidad de Antioquia.

CAMBIO: ¿Esto qué terminó generando en el territorio?

M.Y.G.: Con todos estos antecedentes, se genera un periodo en el cual a esas estructuras milicianas se enfrentan a una ofensiva por parte de la fuerza pública y la Fiscalía, articuladas con paramilitares. Hay evidencias de operativos desde 1997, cuando se hicieron en coordinación con el Bloque Metro de las Autodefensas, comandado por Rodrigo García, alias Doble Cero, y con una participación creciente de la Oficina de Envigado, a través de su jefe Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna.

En resumen, en la comuna 13 había milicias del ELN, de las Farc y unas independientes conocidas como los CAP o Comandos Armados del Pueblo. Entonces, cuando se produce la ofensiva a partir de 2001, lo que tenemos es un conjunto de enfrentamientos entre la fuerza pública y las milicias, y entre paramilitares urbanos, que eran los mismos integrantes de las estructuras del narcotráfico, con las milicias guerrilleras.

CAMBIO: ¿Cómo se llega a operaciones tan terroríficas como la Orión?

M.Y.G.: Entre 2001 y 2002 se da la intensificación del conflicto en la zona, porque las milicias asesinan a una gran cantidad de personas sindicadas de hacer inteligencia y de ser contrarias al orden miliciano. Y los paramilitares asesinan jóvenes acusándolos de ser milicianos, parte de la base social de las guerrillas. Por otro lado, la fuerza pública estigmatiza, persigue, detiene y judicializa a jóvenes, simplemente por el hecho de ser habitantes de la comuna 13.

Durante todo 2002 hay un conjunto de operaciones militares, casi que cada mes hay una o dos. La gente recuerda mucho la Operación Mariscal, de mayo de ese año, porque hubo un alto número de personas asesinadas en la confrontación y porque hubo una acción de resistencia que se conoce como la “marcha de las sábanas blancas”. La gente salió a pedir el cese al fuego y, un poco, como que se interpusieron en el enfrentamiento que se estaba presentando.

Esto sirvió como preparación para lo que fue la toma final de la comuna, la Operación Orión, del 16, 17 y el 18 de octubre del año 2002, donde más de 700 integrantes de la fuerza pública se enfrentaron militarmente a milicianos.

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Imagen del trabajo forense que se adelanta en La Escombrera, en la comuna 13 de Medellín. Foto Pablo David.

CAMBIO: ¿Qué ocurrió durante la Operación Orión? ¿Por qué es recordado como un día nefasto para el país?

M.Y.G.: Desde el principio dos cosas llamaron la atención. La primera, la presencia de personas externas a la fuerza pública, como informantes, algunos de ellos encapuchados, señalando presuntamente las casas de los milicianos, y los jóvenes que eran capturados.

Así mismo, se denunció en ese día de las operaciones el asesinato intencional de personas civiles que no estaban participando en la confrontación y la captura arbitraria de más de 400 personas, de las cuales son judicializadas menos de 50. Por eso, se señala que hubo capturas arbitrarias y masivas. Y también se habla de unas 11 personas que murieron en el fuego cruzado y otras nueve que fueron desaparecidas por parte de la fuerza pública.

CAMBIO: ¿Qué pasó en la comuna 13 después de Orión?

M.Y.G.: Después de la Operación Orión, lo que queda es una presencia militar legal controlando, digamos, la vida cotidiana de la población. Pero, paralelamente, hay una presencia ilegal de paramilitares, que se dedican a una estrategia de terror para ‘pacificar’ la comuna, basada fundamentalmente en amenazas, asesinatos, desplazamiento interurbano y una gran cantidad de personas víctimas de desaparición forzada.

CAMBIO: ¿Cuándo se empieza a hablar de La Escombrera?

M.Y.G.: Desde el principio se denunció que una de las bases paramilitares centrales que actuaba en el entorno de la comuna 13 estaba en el sector de La Escombrera, donde estaban alias King Kong, alias Móvil 8, alias Aguilar y otros cabecillas paramilitares, y que era un sitio a donde se trasladaba a los presuntos milicianos, se les interrogaba, torturaba, asesinaba, hasta desmembraba y enterraba.

Desde el propio mes de octubre de 2002 hubo denuncias de los familiares. Por ejemplo, el caso de Arles Édison Guzmán, que es objeto de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ocurrió solo dos semanas después de la Operación Orión. Por eso es discutible y hay muchas dudas en decir que Orión consistió en una retoma institucional de la comuna 13, lo que pasó fue que se dejó el control, bajo el terror, a los paramilitares con la anuencia de la fuerza pública y de las autoridades políticas.

CAMBIO: Durante más de dos décadas, las familias de los desaparecidos insistieron en el esclarecimiento, pero tanto las administraciones locales como nacionales se hicieron los de la vista gorda. ¿Qué significado tiene que se hayan encontrado los primeros restos?

M.Y.G.: Es muy importante. En primer lugar, porque demuestra que tenían razón las denuncias que hicieron durante 22 años las familias de las víctimas de la Operación Orión y de las violencias en la comuna 13. Falta esperar la constatación de las identidades, pero de alguna manera está claro que allí se encontraron restos humanos, que hubiese sido muy importante que las autoridades locales, nacionales y judiciales, atendieran el llamado de las víctimas de la desaparición forzada cuando decían ‘están arrojando escombros sobre los restos de nuestras familias’.

CAMBIO: ¿Cuál es el significado político y para la memoria del conflicto de los hallazgos en La Escombrera?

M.Y.G.: Lo que esto está diciendo es lo que han dicho los murales: “Las cuchas, tenían razón”, cuando señalan que si les hubiesen oído, tal vez nos hubiéramos ahorrado todo este dolor de lo que ha significado tanto tiempo en la impunidad. También es un éxito para la labor de la Jurisdicción Especial para la Paz y para la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Esto es posible por unas medidas cautelares que solicitó el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) desde el año 2018 y una respuesta positiva de la JEP.

Y dicha orden judicial activó la participación de la Alcaldía de Medellín, que no lo hizo de manera autónoma, que fue emplazada a participar en la búsqueda.

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Uno de los murales pintados en memoria de las víctimas de la comuna 13 y de la lucha de sus familias. Foto Colprensa.

CAMBIO: ¿Y qué análisis hace de todo lo ocurrido con los murales y la respuesta de algunos negacionistas de la memoria?

M.Y.G.: Todo este tema de los murales, el borrado y la expansión a diferentes lugares del país y del exterior, da evidencia que todos los procesos de transición, incluyendo el colombiano en medio de un conflicto armado que no ha terminado del todo, ponen en disputa diferentes discursos y narrativas, de unas víctimas y victimarios. Lo que tenemos es una explosión de narrativas.

Yo creo que en una parte de la sociedad hay mayor conciencia que la narrativa de las víctimas de la desaparición forzada de la comuna 13 tiene fundamento, pero también ha desatado los demonios negacionistas y revisionistas que revictimizan a las víctimas y a las mujeres buscadoras.

CAMBIO: ¿Eso quiere decir que después de todas las evidencias de la tragedia que causó el modelo, hay líderes políticos y gobernantes que reivindican la unión entre la fuerza pública y los paramilitares?

M.Y.G.: Lamentablemente, a pesar de la evidencia que se ha venido consolidando sobre la articulación entre la fuerza pública y el paramilitarismo en la comisión de graves crímenes en diferentes lugares del país, hay operadores políticos y responsables penales de estos crímenes que persisten en negar o en tergiversar lo que esto significa.

Por ejemplo, cuando se señala que quienes fueron víctimas eran integrantes de grupos armados o eran delincuentes, eran viciosos o eran pobres, son formas de justificar que fueron victimizadas por algo. Igual cuando se dice que lo que pasó fueron casos aislados o “manzanas podridas”, pero hablar de 300 desapariciones en la Operación Orión y en los días posteriores, no puede ser entendido como algo aislado.

Pero, aún más grave es revictimizar a las mujeres buscadoras en este caso. Hay muchas opiniones en redes sociales, que lamentablemente señalan que estas señoras buscan plata, que lo que han hecho es enterrar, como lo dijo un periodista, a sus familiares allí para incriminar a la fuerza pública y al gobierno del presidente Álvaro Uribe. Eso es muy lamentable para la reconstrucción de una sociedad, porque después de tantos años de violencia se normaliza y se legitima por diferentes sectores de la sociedad.

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