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Poder

El Centro tiene la palabra

El empresario Carlos Enrique Cavelier, analiza, en exclusiva para CAMBIO, el impacto de la inseguridad en la política del país y sostiene que esta “es la oportunidad de abrir un decálogo del Centro”

Por: Carlos Enrique Cavelier

Con el nivel de inseguridad que tenemos y sentimos los colombianos, y que se expresa muy claramente en todas las encuestas, aparece el facilismo de caer, como solución, en las comparaciones históricas o geográficas. Y todas se sitúan en la derecha. En el primer lugar están el uribismo y el bukelismo.

Y no dejan de resonar viejos gritos que se asemejan a los de los generales de la Gran Guerra del 14: “¿Si no están nuestros soldados para poner su pecho y morir defendiéndonos, para qué están?” Retuercen sus voces los emisarios de dichas vociferaciones dentro de su analfabetismo bélico e histórico.

Volviendo a nuestra Colombia que carece todavía de tales análisis y deseos de paz real, es obvio el cambio que ofreció y que implementó el presidente Uribe desde 2002. Fue muy exitoso, además de que el presidente Santos, quien además había sido su ministro de Defensa, le dio continuidad y logró que las Farc entraran al proceso de paz que se concretó en La Habana (proceso que había iniciado Uribe). Claro, sin duda, está la mancha de los falsos positivos.

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Pero ese grito mencionado arriba tampoco deja de resonar con el “¡haremos trizas la paz!”, que vociferaba la derecha y que logró avanzar bastante en su propósito. ¿Cuánto se avanzó en los acuerdos de La Habana, principalmente en el capítulo uno donde estaban al tiempo las razones del inicio de las Farc en 1964 y las curas solicitadas para una paz en el campo, además de un cierre de la brecha y la deuda histórica con las comunidades campesinas? Poco. Y así Petro se equivoque por momentos, no solo como ejecutor, sino como gerente de un equipo de ejecución, le queda la retórica bien argumentada en el discurso sobre ese punto uno del acuerdo de paz: el inicio de la reforma agraria de grandes proporciones y el gran crecimiento del presupuesto del MinAgricultura y sus entidades.

Es decir, la derecha no se las sabe todas para la seguridad y menos para la paz. La obsesión de Uribe de hacer claudicar a las Farc, poniendo de ejemplo a la ETA, no nos llevó lejos; al contrario. Nos retrajo pasos atrás con la victoria del No en el plebiscito de 2017. Teníamos que haber sobrepasado el odio para avanzar en la paz en temas como la participación de la guerrilla en el Congreso.

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Foto: Colprensa

Pero no solo en la paz no ha tenido la razón la derecha: es en la seguridad ciudadana en las ciudades, con los homicidios, hurtos a personas y extorsiones, donde seguramente hay que extender el pie de fuerza, reformar la legislación para evitar que los jueces suelten los infractores rápidamente, usar tecnología, en especial la de reconocimiento facial en cámaras, además de la infiltración de policía secreta en las “ollas” para encontrar a los microtraficantes; esto demanda una alta coordinación de la autoridad local con la policía, que debe continuar hacia los cuerpos de seguridad privada y el sector privado; para la muestra está Compromiso Valle. La concientización ciudadana sobre la seguridad no deja de ser un primer bloque de trabajo. No se trata únicamente de echarles bala a los manifestantes.

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Pero no solo es en la seguridad que los extremos de izquierda y derecha pierden el juicio con soluciones demasiado elementales, aunque con ecos efectistas: es la oportunidad del Centro político para surgir con propuestas creativas, realistas y diferenciadas que no solo solucionen problemas, sino que resalten oportunidades para los colombianos.

De nuevo: es la oportunidad de abrir un decálogo del Centro, que podría empezar por elementos como la lucha contra la pobreza, para lo cual hay que crecer la economía mucho más rápidamente, pero con políticas que acompañen la reducción significativa del coeficiente Gini; emprender una lucha seria contra el hambre; seguir desarrollando la infraestructura crítica para unir regiones del país, en especial en vías terciarias; abrir condiciones especiales para empresas que vengan a invertir en nuestro suelo en zonas francas; generar mucho empleo formal en ciudades como Buenaventura, Tumaco o Soacha; avanzar en una transición energética acelerada, pero muy enfocada en su neto positivo; diseñar un esfuerzo focalizado solo en la calidad en una educación pública básica y media a mediano plazo - entablando una conversación profunda con Fecode, no solo repudiándolos y demonizándolos que es el camino fácil-; asegurar una reforma agraria de los 3 millones de hectáreas que abarquen millones de familias pobres campesinas para sacarlas de esa condición; y aprovechar de manera concienzuda nuestra riqueza biológica, que hasta ahora no ha sido más que un trofeo en el estante.

El Centro tiene la palabra.

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