
Jesurún, el déspota que se tomó el fútbol en Colombia. Por María Jimena Duzán
La periodista María Jimena Duzán analiza para CAMBIO lo que debería ocurrir luego del arresto de Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, en Miami. ¿Renunciará esta vez o pasará de agache como con otros escándalos de corrupción?
Por: María Jimena Duzán
Si nos atenemos a la lógica de las cosas, el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún, debería renunciar a su cargo tras el deplorable espectáculo que protagonizó el domingo pasado en el estadio Hard Rock de Miami. Jesurún fue apresado por la Policía y acusado de haber agredido a un agente de seguridad, en un episodio de alarde de poder, marcado por el despotismo y la arrogancia, que tendría que pasarle factura.
Sin embargo, todo parece estar dispuesto para que su majestad, el rey Jesurún, pase de agache, como ya lo ha hecho antes con otros escándalos de corrupción que le han reventado en sus manos.
El dirigente ya tiene su libreto listo. Sin ruborizarse ha tenido el descaro de decirles al país y a los hinchas que no va a renunciar a su cargo porque lo que le sucedió fue una injusticia y que el responsable de sus cuitas es un agente de seguridad que se creyó más importante que él. Pero, además, sabemos que anda tranquilo y que se sigue pavoneando por el poder convencido de que las voces autorizadas, las que deberían exigirle la renuncia, nunca se la van a pedir.
Hasta el momento Jesurún se está saliendo con la suya. La Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol ni siquiera han hablado de su renuncia y por el contrario han salido a apoyarlo de manera abyecta. Ni una multa le han exigido. Tampoco han dicho nada los anunciantes ni las empresas privadas que financian a la federación. Su silencio es elocuente y juega en favor de Jesurún, lo mismo que el del presidente Petro, quien hasta ahora no le ha dedicado ni un trino al episodio de su captura. Tal es el poder de Ramón Jesurún, el déspota que se tomó la Federación Colombiana de Fútbol.
El poder, las conexiones y los escándalos han acompañado a Ramón Jesurún desde que se le conoce el rastro. Quienes lo recuerdan de joven en el Country Club de Barranquilla dicen que era un muchacho dicharachero, con ínfulas de empresario, que tuvo la suerte de que su suegro le dejó su fortuna. Su cercanía con caciques como Pedro Martín Leyes, Próspero Carbonell y Fuad Char, le dio frutos a finales de los ochenta porque fue nombrado gerente de la Corporación Financiera del Transporte, un cargo relevante desde el que se manejaba el transporte público. Al año de estar en el cargo le explotó un escándalo de corrupción por cuenta de un informe de la Contraloría en el que se denunciaban irregularidades que le habrían causado a la entidad pérdidas por 700 millones de pesos. Un año después, en 1991, cuando Jesurún ya había salido de ese cargo, apareció otro hallazgo de la Contraloría en el que se concluía que la CFT se la habían robado desde dentro y que ese desfalco le había hecho perder al gobierno más de 4.000 millones de pesos. En enero de 1993 la Fiscalía dictó medida de aseguramiento contra Ramón Jesurún pero la investigación en su contra nunca prosperó.
Jesurún cayó parado porque luego de su aparatosa salida de la CFT, fue nombrado director de la Lotería del Atlántico, gracias a sus vínculos con Fuad Char. Dos fuentes consultadas nos afirmaron que el barranquillero también salió de ese cargo de manera precipitada pero que los pormenores de lo sucedido se ocultaron.

Jesurún es un viejo zorro que conoce como pocos el mundo de las intrigas en el fútbol. Su equipo del alma ha sido el Junior donde empezó escalando posiciones hasta convertirse en su presidente. Luego pasó a ser el presidente de la Dimayor y de ahí a la Federación Colombiana de Fútbol. En 2015 fue elegido presidente de la FCF, luego de que el anterior presidente Luis Bedoya resultó requerido por la justicia americana porque fue vinculado al Fifa Gate. Durante sus nueve años de presidencia Jesurún ha manejado el fútbol como si ese deporte fuera un negocio de su propiedad y ejerce su cargo sin darle cuentas a nadie, como un sátrapa de Persia.
Su poder intimidador lo demostró hace unos años cuando le estalló el escándalo de la reventa de boletas para las eliminatorias de Rusia 2018.
La trama se inició en agosto de 2017 en momentos en que la Selección Colombia se alistaba para enfrentar en Barranquilla a la selección de Brasil, que ya estaba clasificada. La selección necesitaba ganar ese partido para seguir sumando en la clasificación. El estadio estaba a reventar.
Días antes de ese juego, Ticketshop, la empresa contratada por la FCF como operadora de la boletería de todos los partidos de esa eliminatoria mundialista, vendió una gran parte de las entradas contra Brasil en una venta atada con las boletas para otro partido.
Las cosas empezaron a oler mal cuando muchos de los que intentaron entrar a comprar las boletas de manera virtual, denunciaron en las redes que no habían podido hacerlo. Esas denuncias llegaron a oídos de la SIC, entidad que en ese momento estaba liderada por Pablo Felipe Robledo, quien de inmediato inició una investigación sin saber que iba a dar con un escándalo de marca mayor en el que se divisaba la mano invisible de Jesurún.

El primero en caer fue Ticketshop. En una carta que le envió a la SIC luego de que se le hizo una visita sorpresa, la empresa aceptó que la venta había sido una farsa y que detrás de toda esa operación simulada había un cartel de reventa de boletas.
La SIC descubrió que la mayoría de esas boletas, cerca de 15.000, habían sido entregadas por Ticketshop a una tiquetera llamada Ticket Ya, de propiedad de Elías Yamhure Daccarett, un cuestionado personaje de Barranquilla y que ese era el modus operandi que se utilizaba para revender las entradas.
La investigación demostró que lo mismo había pasado en partidos anteriores y que se habían desviado miles de boletas por parte de Ticketshop a Ticket Ya.
Este entramado corrupto lo pagaron caro los hinchas que tuvieron que comprar boletas a precios inimaginables. También salieron perjudicados los jugadores porque muchas de las boletas que les habían prometido a sus familiares, acabaron cooptadas por el cartel de la reventa.
Los únicos que salieron ganando fueron los contratistas y la Federación Colombiana de Fútbol. La SIC pudo constatar que el contrato que la FCF le otorgó a Ticketshop no solo estaba plagado de irregularidades, sino que habría sido aceitado con un soborno de al parecer 3.000 millones de pesos con destino a Luis Bedoya, Álvaro González y Ramon Jesurún. De acuerdo con los hallazgos de la SIC, todo estaba dispuesto para que el contratista pudiera recuperar el costo del contrato no por la venta legal de la boletería a precio de taquilla sino a través del desvío masivo de boletas para la reventa.
Tres años después de iniciarse la investigación, en julio de 2020, la SIC le impuso una millonaria multa a la FCF por 18.000 millones de pesos. Se sancionó a Ticketshop y a Ticket ya y se les impuso una multa individual a varios de los miembros del comité de la FCF, entre los que estaban Luis Bedoya, Álvaro González y Ramón Jesurún. El monto de la multa que tuvo que pagar el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol fue de 304 millones de pesos.
A diferencia de lo que sucedió en la SIC, las investigaciones en la Fiscalía nunca despegaron. Aunque bajo la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez se abrieron las primeras pesquisas, la Fiscalía de Francisco Barbosa decidió engavetar las investigaciones contra los directivos del fútbol y golpear solo a los peces chicos. Por eso solo hay resultados penales contra las personas relacionadas con Ticketshop y Ticket Ya y una total impunidad frente a los dirigentes de fútbol colombiano comprometidos en estos hechos, como es el caso de Ramón Jesurún. Ojalá la nueva fiscal desempolve esta investigación y se quite el Inri de que la Fiscalía es una entidad donde hay intocables como el presidente de la FCF.
A Ramón Jesurún se le debió haber pedido su cargo desde que se descubrió el entramado de la reventa de boletas, pero nuestra dirigencia del fútbol y los anunciantes que sostienen a la federación, no tuvieron las agallas para hacerlo. Prefirieron seguir formando parte de su corte y mantener sus privilegios. Hoy, el fútbol y los hinchas están pagando ese acto de cobardía.
Jesurún además de ser un déspota ha sido un dirigente arbitrario: sacó a sombrerazos a Pékerman, el técnico que nos devolvió la ilusión, y tiene al fútbol femenino en la trastienda pagando penitencias, porque no le ve el negocio. En la única campaña que le estaba saliendo bien, la noticia de su arresto terminó opacando los logros de la selección.
Jesurún no puede seguir siendo un dirigente deportivo intocable, a quien el propio fútbol le tapa sus desmanes y sus desafueros como sucedió en la final de la Copa América. ¿Quién va a ser el héroe que le va a pedir la renuncia? Si esa voz no aparece y Jesurún vuelve a salirse con la suya, el fútbol seguirá secuestrado por este matón de barrio. Y los hinchas que se jodan.
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