
“Basta ya de discursos de odio”: Jacqueline Castillo, galardonada como la Defensora de Año
Jacqueline Castillo, vocera de Mafapo
Ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos en Colombia 2025 por su lucha incansable de 17 años por encontrar la verdad de los ‘falsos positivos’ en Colombia. CAMBIO la entrevistó.
Jacqueline Castillo Peña es una de esas mujeres valientes que, desde Soacha, lograron poner en evidencia la horrorosa práctica criminal conocida como los falsos positivos o la ejecución extrajudicial de personas inocentes. Ella lo vivió en carne propia con su hermano Jaime Castillo, asesinado el 12 de agosto de 2008 en Ocaña como un supuesto guerrillero abatido en combate.
Jacqueline encontró el cuerpo de su hermano en una fosa común a punta de preguntarles a los investigadores de Medicina Legal y del CTI. Su proceso y el de otras madres, hermanas y abuelas llevó a la creación de la Fundación Madres de los Falsos Positivos de Soacha y Bogotá (Mafapo), que lidera.
En diálogo con CAMBIO, Jacqueline señala que el mayor logro fue limpiar el nombre de su hermano. Dice que aún no hay verdad plena y destaca el poder del arte para sanar. Las madres se han caracterizado por expresiones artísticas en tejido, como una serie fotográfica en la que 15 madres se enterraron parcialmente, y después con la exposición Mujeres con las botas bien puestas.
CAMBIO: ¿Qué significa este reconocimiento?
Jacqueline Castillo: Este premio significa la lucha de 17 años. Hemos logrado demostrar que nuestros familiares no eran guerrilleros. Limpiamos sus nombres. Demostramos que sí fue una práctica sistemática y que son crímenes de Estado. La defensa a los derechos humanos se tiene que seguir dando porque si nosotros permitimos que se olvide, esto puede repetirse en 20, 30 o 40 años. Ese legado debemos seguirlo trabajando. Ojalá que próximas generaciones también sigan dando a conocer que estos hechos sí sucedieron en Colombia.
CAMBIO: Lleva el liderazgo de Mafapo, que empezó en un momento de adversidad. Por suerte, las cosas parecen haber cambiado. ¿Cómo describir estos 17 años?
J.C.: A nosotras nos trataron de mentirosas, de locas. Hoy podemos decir con orgullo que logramos destapar este horror y salvar la vida de muchos jóvenes. No fue una tarea fácil. Hemos sufrido atropellos, revictimización, amenazas. Aún hoy se sigue cuestionando la cifra que emitió la JEP (de 6.402 víctimas), pero esto es una realidad que no podemos ocultar.
Nosotras iniciamos haciendo plantones en espacios públicos, trabajamos la pedagogía en colegios y universidades. Hemos venido trabajando todo este tiempo a través del arte y hoy podemos sanar parte de este dolor por esta vía. Con el trabajo que hizo la justicia especial para la paz se demostró que sí había sido una práctica sistemática. Algunos militares reconocieron públicamente que sí se habían llevado los jóvenes con engaño, los habían asesinado y presentado como guerrilleros para que luego el Estado dijera, ‘a grandes gritos’, que se estaba ganando la guerra.
También seguimos trabajando en un mensaje: que logramos dar esta batalla, pero que desde el amor de madres no queremos seguir generando odios, rabias, rencor. Sabemos que había mucha presión por esas bajas que exigían los altos mandos, que muchos militares de bajo rango fueron presionados y obligados a asesinar a los muchachos y que los que no cumplían esas órdenes, pues eran asesinados por sus propios compañeros, es real.
Así que consideramos que muchos de ellos, de alguna manera, también fueron víctimas, porque los obligaron a cometer estos hechos. Creeríamos que hoy por hoy también tienen ese derecho a enderezar su vida, de seguir caminando y, por qué no, juntos, que es lo que hemos planteado.

CAMBIO: ¿Cómo?
J.C.: En la construcción del parque memorial, que ya está en avances y tendrá el nombre de '6402 razones para no olvidar', hemos pedido a la JEP que los comparecientes pongan su mano de obra como una medida restaurativa y que podamos seguir trabajando juntos con estas personas que nos causaron daño. Tenemos que hablar de perdón, de reconstruir un poco todo ese daño que se ha causado y podamos seguir avanzando hacia la paz que necesita nuestro país.
CAMBIO: ¿Cómo será ese proyecto?
J.C.: Venimos trabajando hace dos años con el Ministerio de Cultura y con las madres. Se hizo una co-creación de todo lo que nos hemos soñado y nos hemos imaginado. Este parque será la simulación de un cuerpo de una mujer en embarazo. La entrada será una pierna. En el vientre van a estar los nombres de las víctimas y habrá un recorrido de memoria. Vamos a tener salones para seguir trabajando la memoria a través del arte, la pintura, el tejido. Algo bastante conmemorativo en nombre de esas más de 6.402 personas presentadas así legítimamente como bajas en combate.
CAMBIO: ¿Dónde será el parque?
J.C.: El sitio que nos dieron fue la Estación de la Sabana del tren (en Bogotá), donde funcionaba el antiguo ferrocarril. Soñábamos que fuera en Soacha, que fue la punta del iceberg de los falsos positivos, pero los espacios que nos brindaron no se acomodaban a lo que soñábamos. Este nuevo espacio fue un ofrecimiento desde el presidente Petro y nos cumplió con la entrega de este terreno aquí en Bogotá, así que creo que será un lugar de memoria bastante digno para las víctimas.
CAMBIO: El expediente de Soacha está en el subcaso Catatumbo del caso 003 en la JEP. Al principio había cierto recelo cuando se paralizaron los procesos en la justicia ordinaria y supongo que entender y aceptar el proceso transicional para encontrar verdad también es un proceso. ¿Cómo va eso?
J.C.: En realidad, aún no hay una satisfacción plena desde el sentir de las madres. Uno, no hubo verdad plena: desde los comparecientes vimos que había mucho temor a contar la verdad.
Muchos de los bajos rangos sienten temor de contar la verdad, los mandos medios nunca se atrevieron tampoco a decir si esto venía de los generales, sino que decían: 'esto fue a mis espaldas, acepto los cargos que me impone la JEP por omisión, porque yo nunca hice nada'. Así que no ha habido verdad plena. Yo creería que podemos seguir hablando de impunidad. Pero, al mismo tiempo, algo importante es que varios de los militares dieron la cara en estas seis regiones y reconocieron públicamente que sí habían cometido esos crímenes. Eso sí es una ganancia grande: haber demostrado que son crímenes de Estado.
CAMBIO: En su caso particular, de lo que se ha dicho de Soacha y de su hermano, ¿se siente tranquila, o todavía no?
J.C.: Yo estoy tranquila. El logro más grande fue haber limpiado el nombre de mi hermano. Él no era ningún guerrillero. El año pasado en audiencias de la JEP de unos soldados y un sargento… En realidad, le da a uno tristeza ver toda esa situación porque ellos siguen negando todo. Aunque esto ya no se puede tapar con un dedo, se ve el temor de ellos. Por ejemplo, el sargento que está involucrado en el caso de mi hermano de ese pelotón, que son cinco o seis personas, dice que él aprendió eso viendo películas. ¡A estas alturas todavía siguen inventando y mintiendo!
Mientas que algunos soldados dicen que los obligaron a disparar y que tenían que matar a las víctimas. Entonces, en verdad yo creo que no ha habido una verdad plena y que, aunque sí hubo logros positivos, seguimos hablando de impunidad. Y lo más triste de todo es que debemos tener en cuenta algo bien importante. En los acuerdos de paz quedó que no iban a investigar a expresidentes y, en su afán de que eso se firmara así, desde Juan Manuel Santos –porque él estaba involucrado en todo esto, porque era el ministro de Defensa y tenía que saber lo que hacía el Ejército– pues así quedó y no va a haber justicia.
CAMBIO: ¿Cómo vio la primera sentencia que expidió la JEP en el subcaso Caribe?
J.C.: Aunque no sea el caso Catatumbo, es la misma situación. Es el mismo dolor y sentimiento desde las madres que han estado participando en esta región del Caribe. Creo que la sentencia en nuestro caso será de la misma manera. Vuelvo y digo: desde las madres obviamente hay inconformidad porque pues finalmente los tipos la sacaron fácil. Ellos se sometieron a que iban a contar la verdad, que vuelvo y digo, no es una verdad plena. Y con ese solo hecho, ya quedaron en libertad, dieron una verdad a medias y no habrá condenas (para bajos y mandos medios que no sean considerados máximos responsables). Incluso, tenemos entendido que muchos de ellos ya ni antecedentes tienen.
Inclusive ban a nombrar a un tipo de estos, al coronel Francés Orlando Reyes Rodríguez, en el Ministerio de Defensa, cuando acaba de reconocer en la región de Yopal que está involucrado en estos crímenes de falsos positivos. O sea, ¿qué le pasa al Estado? Esta gente debe quedar inhabilitada de por vida porque mataron jóvenes.
CAMBIO: Jacqueline, ahora decide apostarle a la política. ¿Por qué?
J.C.: Creo que desde las víctimas tenemos que seguir trabajando por nuestro pueblo, por la juventud, por los que han sido más violentados y atropellados. Queremos decir que no venimos desde la política, venimos desde las víctimas, desde el pueblo. ¿Y por qué no tener esa oportunidad para también, desde allí, buscar mejores caminos para nuestros jóvenes que son el futuro de Colombia? Decidimos ir al Senado.
CAMBIO: En el Congreso hay personajes como Miguel Polo Polo, quien ha llegado al punto del irrespeto con las muestras de arte que ustedes han desplegado y que fue llamado a indagatoria precisamente por ello. Son muchas voces las que aún cuestionan esta realidad…
J.C.: Seguimos recibiendo en redes cualquier cantidad de atropellos, pero nuestro mensaje para todas estas personas, incluso senadores y representantes de Cámara que están trabajando en este momento, es decirles: basta ya de discursos de odios, de rabias, de rencores. Nosotras en este momento no estamos tratando ni siquiera en un mal pensamiento de buscar a estas personas que nos causaron daño para causarles daño. No, por el contrario, hemos querido buscar espacios para que podamos trabajar juntos por un mejor país. Y ese es el llamado a las personas que están en este momento en el Congreso y a los candidatos que vengan, con independencia del partido que sean, para que, sin rencor, podamos construir país.
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