
La expulsión de Uribe Londoño: el tiro en el pie del Centro Democrático
Miguel Uribe Londoño, Álvaro Uribe Vélez. Fotos: Colprensa.
La insólita echada del aspirante que mejor punteaba en las encuestas evidencia las dificultades del expresidente Uribe para poner orden en su colectividad y deja al descubierto que allí hay sectores que se inclinan por Abelardo de la Espriella.
Por: Armando Neira
A finales de 2016, Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña por el NO en el plebiscito, tuvo un arrebato de sinceridad tras el sorprendente triunfo que dejó malherido el Acuerdo de Paz al contar la estrategia para convencer a los electores: diseminar mentiras sin parar sobre los supuestos peligros que tendría para el país un triunfo del SÍ, con el fin de que la gente saliera en masa y “enberracada” a votar.
El expresidente Álvaro Uribe, jefe natural de esa campaña, montó en cólera y acusó al diario La República, medio que hizo la entrevista, de engañar a los lectores. El periódico anunció que iba a publicar las grabaciones con las declaraciones de Vélez, ante lo cual Uribe se echó para atrás y dejó todo en un llamado interno a su colectividad: “Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones”.
Esa frase se hizo famosa y hoy recobra vigencia con lo ocurrido en las últimas horas: la expulsión del aspirante a la Presidencia Miguel Uribe Londoño (73 años), padre del asesinado senador Miguel Uribe Turbay (39 años).
El CD lo sacó mediante un comunicado público divulgado casi al mismo tiempo que el propio Uribe Londoño publicó otro en el que afirmaba: “Lo reitero: ni renuncio ni me renuncian”. Ante la confusión, en el CD no contestaron los teléfonos por lo que cada uno interpretó lo sucedido con la opaca información ofrecida.
¿Cómo es posible que un partido tan experimentado, con una estructura poderosa, expulsara a uno de sus aspirantes mediante uno de los ejercicios de comunicación política más burdos de esta campaña? “¿Cómo voy a salirme si voy ganando?”, pregunta con razón Uribe Londoño.
La situación resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que su salida se produjo horas después de que se publicara la encuesta de Invamer, en la que se proyectaba como el aspirante más sólido de la colectividad.
El único que hasta ahora marcaba
La encuesta muestra que el senador de izquierda Iván Cepeda lidera en todos los escenarios la intención de voto para las elecciones presidenciales de 2026, con el 31,9 por ciento. El sondeo, hecho por la firma Invamer para Caracol Noticias y Blu Radio, ubica en segundo lugar al abogado Abelardo de la Espriella, del movimiento de extrema derecha Firmes por la Patria, con el 18,2 por ciento. En tercer lugar aparece el exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, representante del centro, con el 8,5 por ciento.

Y en el cuarto lugar, con el 4,2 por ciento, está Uribe Londoño, quien con este porcentaje superaba a las demás aspirantes incluso si ellas sumaran sus apoyos: María Fernanda Cabal, 1,1 por ciento; Paloma Valencia, 1,1 por ciento; Paola Holguín, 0,7 por ciento. Entre las tres que ahora quedan en competencia apenas acumulan el 2,9 por ciento de intención de voto.
La razón de semejante error estratégico, que además mina la credibilidad del partido, se debe a la combinación de un factor externo y a una valoración política. El primero, según trascendió, está directamente relacionado con De la Espriella, quien, pese a no pertenecer al CD, mantiene buena relación con Uribe.
La versión conocida indica que Uribe Londoño conversó con De la Espriella y le manifestó su intención de renunciar a la competencia en el CD y adherirse a su campaña. El abogado lo escuchó y llamó al expresidente para contárselo personalmente, porque no quería que este se enterara por un intermediario.
“El doctor Abelardo de la Espriella acaba de informar al expresidente Álvaro Uribe que ayer el doctor Miguel Uribe Londoño lo llamó a expresarle que renunciaba al Centro Democrático para apoyar al doctor De la Espriella”, dijo el partido en su comunicado.
Aunque parezca extraño que una decisión tan grave –expulsar a un aspirante presidencial– se produzca por el mensaje de otro candidato de una fuerza distinta, el caso se suma a otros que han mostrado la caótica realidad que se vive en el uribismo.
Un crimen que acabó con una ilusión
Se sabe que el preferido del expresidente Uribe para llevar las banderas del partido era Uribe Turbay, cuyo propósito fue truncado por los violentos. Cuando nadie lo esperaba, en agosto su padre anunció que asumiría ese propósito y se lanzó a la contienda.
Con el atroz crimen, el partido había hecho una pausa en la campaña, lo que le estaba costando porque todas las campañas avanzaban ya a toda velocidad. Tras el paréntesis, los aspirantes retomaron la agenda y se afirmó en un principio que el candidato se elegiría a través de una encuesta.

Entonces se filtró una que no era la oficial en la que Uribe Londoño iba adelante, pero sus contrincantes alimentaron la tesis de que había sido pagada por empresarios cercanos a él. Se suspendió ese mecanismo y se anunció que se buscaría otra de una firma diferente, de la que el aspirante manifestó su desconfianza.
La situación dejó heridas profundas. Se habló de deslealtades, traiciones y una guerra abierta entre todos. Entonces el expresidente dio un golpe sobre la mesa y pidió orden. Además, ordenó que la ropa sucia se lava en casa y argumentó que el país no quiere escuchar más quejas contra el presidente Gustavo Petro, sino propuestas para sacar a los ciudadanos de los problemas que los agobian.
Uribe parecía dominar la situación cuando se produjo la condena contra su hermano Santiago Uribe Vélez por conformación de grupos paramilitares y asesinato. Ese hecho lo llevó a hacer una breve pausa y a declarar públicamente su dolor. Entre tanto, era evidente que la tensión entre los precandidatos no cedía, sobre todo porque, al margen de quien se lleve la victoria, la situación deja en mala posición al partido: el tiempo corre y hay que definir las listas al Congreso. Cabal, Valencia y Holguín son tres parlamentarias destacadas que, en caso de no ir, dejarán un vacío difícil de llenar.
¿Quién miente?
Así se llegó a la expulsión, este lunes, de Uribe Londoño. El hecho deja varias preguntas: si el CD tuvo oídos para recibir la versión de De la Espriella de que Uribe Londoño iba a adherirse a su candidatura, ¿por qué no le preguntaron directamente si era verdad, dado que él ahora niega esa versión? ¿Quién está mintiendo?
“Desmiento categóricamente que haya renunciado al Centro Democrático y al proceso interno de la escogencia del candidato de nuestro partido”, dijo en un video publicado en sus redes sociales. “Nadie, absolutamente nadie, puede decir que yo he dicho eso. He conversado con múltiples actores políticos en aras de construir la unidad nacional que necesita Colombia. Es inaceptable que se me excluya de un proceso del cual soy parte por versiones de prensa o de llamadas telefónicas. Sigo firme en mi aspiración. Como ya lo afirmé: no renuncio ni me renuncian. Pido al Centro Democrático que rectifique esta información”.
La encuesta de Invamer no era la única en la que Uribe Londoño se imponía. En una de Cifras y Conceptos, de noviembre, encabezaba con el 12 por ciento. Le seguían Valencia (9 por ciento), Cabal (5 por ciento), Holguín (2 por ciento) y Andrés Guerra (2 por ciento), quien ya se retiró de la contienda para aspirar al Senado. Pero el partido le pidió que se sacrificara y se fuera para la Cámara, lo que demuestra la caótica situación del CD.
El futuro no es promisorio para ese partido si se atiende a la fotografía que hoy muestran las encuestas. En ese sondeo, el 70 por ciento de los encuestados no apoyaría a ningún aspirante del bloque.
Lo que sí parece una realidad es que, al margen de estos interrogantes, queda en evidencia que en las bases del uribismo hay quienes se inclinan por la candidatura de De la Espriella y que el caso de Uribe Londoño no sería el único en terminar en esa campaña.
La hora de las mujeres
El hecho, por supuesto, pone en aprietos a la colectividad, que a estas alturas no ha elegido su candidato y que, a juzgar por las encuestas, no tiene un nombre fuerte que compita con Cepeda, Fajardo y De la Espriella, quienes en las tres encuestas publicadas hasta ahora –Cifras y Conceptos, Centro Nacional de Consultoría e Invamer– aparecen como los líderes de la competencia.

“Somos tres candidatas que nos rodeamos para fortalecer un proceso que debe terminar con una candidatura única, primero pensando en Colombia”, dijo Cabal sobre el paso a seguir.
Igualmente, el caso muestra que en ese partido se hace lo que Uribe diga. No hay proceso, metodología o encuesta que sirva si no se ajusta a sus deseos.
De eso fue víctima el exvicepresidente Francisco Santos, quien terminó llorando cuando, para las elecciones de 2014, Uribe cambió a última hora las reglas para favorecer a su elegido Óscar Iván Zuluaga, que perdió en las urnas frente a Juan Manuel Santos.
Y ahora a Uribe no le tembló la mano a la hora de sacar a Uribe Londoño porque se había convertido en un dolor de cabeza. Así, por ejemplo, no asistía a todos los foros programados por el expresidente –que para él son muy importantes porque permiten un diálogo directo con la gente–, se mostraba distante de las otras aspirantes y actuaba como una rueda suelta.
Ahora, con solo tres candidatas que le han sido fieles toda la vida, que han hecho carrera en el uribismo como pocas personas y se han mantenido con lealtad a toda prueba, se espera elegir a la candidata oficial. ¿O será que en todo esto Uribe está haciendo una jugada para favorecer a otro aspirante? ¿Quién será? Por ahora no se sabe. Es posible que la verdad se conozca cuando alguien en el partido saque a la luz otro episodio de “compañeros que no cuidan las comunicaciones”.
Comentar este artículo
Aún no hay comentarios









