
“En las crisis diplomáticas, la reacción debe ser serena y bien reflexionada”: Murillo
Luis Gilberto Murillo en el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, en Bogotá.
En su primera entrevista tras la confrontación más grave entre Estados Unidos y Colombia de la historia reciente, el ahora excanciller Luis Gilberto Murillo revela cómo la vivió y explica cuál es el estado actual de las relaciones bilaterales entre ambos países.
Por: Armando Neira
Entre las imágenes que dejó la peor crisis reciente en las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, una resulta especialmente llamativa: Laura Sarabia, Jorge Rojas y Daniel García-Peña escuchando a Luis Gilberto Murillo en una reunión improvisada en una calle solitaria del centro de Bogotá, decidiendo los pasos a seguir. Mientras tanto, en las redes sociales, los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro mantenían ese domingo en la noche una intensa confrontación. En aquel encuentro callejero tan estratégico como improvisado se tomaron decisiones que evitaron que la situación se agravara aún más. El ahora excanciller reflexiona con CAMBIO sobre lo que pasó y lo que puede venir en la relación entre Washington y Bogotá.
CAMBIO: ¿Por qué pasó lo que pasó entre Estados Unidos y Colombia, dos países que tienen una amistad de dos siglos?
LUIS GILBERTO MURILLO: Antes de los recientes cambios en el gobierno de Estados Unidos, ya se había generado expectativa e incertidumbre a nivel global, y el episodio diplomático con Colombia debe entenderse en ese contexto. Más que un mensaje dirigido exclusivamente a nuestro país, Washington envió una señal al mundo sobre su posición en un orden internacional en transformación. El sistema político que predominó en las últimas décadas enfrenta nuevas dinámicas geopolíticas, en las que los equilibrios de poder están en constante redefinición.
CAMBIO: Pero, ¿se afectaron las relaciones con el país?
L. G. M.: En el plano local, las relaciones bilaterales se mantuvieron firmes porque, más allá de cualquier coyuntura, Colombia sigue siendo un socio estratégico en la región.
CAMBIO: ¿Qué lecciones quedan tras superar la crisis diplomática con Estados Unidos?
L. G. M.: Este episodio nos deja grandes lecciones. La primera es la importancia del diálogo y la diplomacia activa, pues, ante escenarios de crisis, la reacción debe ser serena y bien reflexionada. La segunda es la necesidad de elegir cuidadosamente a los interlocutores y aliados para construir puentes, evitar escaladas innecesarias y considerar el peso de las palabras en un mundo hiperconectado, donde la mesura y la prudencia son esenciales.
CAMBIO: En este contexto, ¿Colombia se quedó sola?
L. G. M.: Esa es otra lección. La relevancia de construir respuestas que salvaguarden los intereses comunes sin perjudicar el escenario regional implica que las crisis diplomáticas no deben enfrentarse de manera aislada. Nuestra misión en el último año fue diversificar las alianzas internacionales para reducir vulnerabilidades y fortalecer la posición del país en un escenario global en constante cambio.
CAMBIO: Para usted, ¿en qué condiciones seguirá Colombia recibiendo a los connacionales deportados?
L. G. M.: Colombia seguirá recibiendo a los connacionales repatriados y deportados bajo condiciones humanitarias y con pleno respeto a sus derechos, conforme a los principios establecidos por la ONU y la OIM.
CAMBIO: ¿Esto es innegociable?
L. G. M.: Existen protocolos firmados entre Estados Unidos y Colombia que regulan este proceso. Es fundamental no solo respetarlos, sino también ajustarlos y garantizar interpretaciones comunes con el gobierno estadounidense. Para Colombia, la defensa de la dignidad humana y el respeto a los derechos fundamentales debe prevalecer en todo momento. Atender a quienes retornan y garantizar su efectiva reintegración sigue siendo una prioridad.

CAMBIO: Hay colombianos preocupados por lo que pueda pasar, aunque algunos analistas consideran que tras una crisis se abre una ventana de oportunidades. ¿Usted lo cree así?
L. G. M.: Sin duda. Toda crisis puede abrir una ventana de oportunidades si se gestiona con inteligencia y visión de futuro. En este caso, el desafío es fortalecer las relaciones bilaterales reconociendo tanto los puntos de coincidencia como las diferencias, siempre dentro de un marco de independencia, respeto y franqueza.
CAMBIO: ¿Estas deben ser las claves para mantener las relaciones con Estados Unidos?
L. G. M.: Sí. Al mismo tiempo, esta situación refuerza la importancia de comprender los cambios políticos desde diferentes perspectivas. El fortalecimiento regional exige una diplomacia más amplia y estratégica. Eso es lo que necesitamos no solo como estrategia, sino como una forma de vivir las relaciones exteriores en un mundo en constante transformación.
CAMBIO: De uno y otro lado, los presidentes se muestran como ganadores de lo ocurrido. Para usted, ¿quién ganó? ¿Trump o Petro?
L. G. M.: En primer lugar, me parece importante destacar que ganó la discusión sobre la migración a nivel mundial. Este fenómeno no debe limitarse a la responsabilidad individual de los países del sur, sino que debemos comprenderlo y asumirlo como una responsabilidad compartida, diferenciada y global, como lo concluimos en su momento con Panamá y Estados Unidos en el diálogo tripartito sobre el Darién.
CAMBIO: ¿Nada más?
L. G. M.: También ganaron los connacionales que, por diversas circunstancias, han sido y serán deportados. Esto permitió visibilizar las condiciones en que se realizan las deportaciones. Además, se puso en el centro del debate la dignidad de estas personas y las condiciones en que se producen las deportaciones, recordando siempre que la migración no es un delito.
CAMBIO: Al revés, ¿qué se hubiera perdido?
L. G. M.: También ganaron los colombianos y estadounidenses que no vieron afectado su acceso a bienes, servicios y oportunidades. La relación bilateral con Estados Unidos es clave para Colombia: cerca del 30 por ciento de nuestras exportaciones tienen como destino ese país, que representa alrededor del 25 por ciento de la inversión extranjera directa. Más de una tercera parte de los turistas que llegan a Colombia provienen de allí y esa cifra sigue en aumento. Además, hay tres millones de colombianos radicados en Estados Unidos, con una intensa actividad académica, científica y de investigación entre ambos países, y una relación directa con el apoyo a la implementación del Acuerdo Final de Paz de 2016. Es una relación estratégica que debe gestionarse con responsabilidad, reconociendo su relevancia pero también defendiendo los intereses de Colombia.

CAMBIO: En Colombia hay empresarios que creen que, si bien la crisis se superó, el temor seguirá en el futuro. ¿Qué les puede decir?
L. G. M.: Antes de esta crisis ya existía en el ámbito empresarial internacional la percepción de que la incertidumbre es un fenómeno global, marcado por cambios geopolíticos y económicos que trascienden a cualquier gobierno en particular. La superación de esta crisis demuestra la solidez institucional de Colombia, pero también destaca la necesidad de seguir promoviendo un multilateralismo basado en el respeto a la ley y en relaciones estables y predecibles, en el marco del derecho público internacional.
CAMBIO: ¿Cómo hacerlo?
L. G. M.: Para fortalecer este camino y reducir riesgos a futuro, el empresariado puede jugar un rol más activo. Su contribución no solo es clave para la estabilidad económica, sino también para garantizar condiciones dignas de retorno e integración de la población migrante repatriada. Hay margen para explorar soluciones concretas, como esquemas de apoyo a vuelos de retorno operados por Colombia. Se trata de asumir un compromiso con el bienestar de nuestra gente, reforzando así la confianza y estabilidad que benefician a todos.
CAMBIO: Durante esta situación, ¿hubo un momento tan crítico que usted realmente se asustó?
L. G. M.: Tuvimos momentos de alta tensión. Lo cierto es que siempre estuvimos seguros de que encontraríamos la solución por nuestra actitud y disposición. Desde el inicio, trabajamos sin pausa para resolver la crisis. Gracias a la disposición de ambas partes y a una diplomacia inteligente, logramos en pocas horas lo que muchos creían imposible. La diplomacia exige temple, decisión, paciencia y, sobre todo, cabeza fría.
CAMBIO: Hay quienes creen que este es un triunfo del equipo conformado por Laura Sarabia, Jorge Rojas, Daniel García Peña y usted. ¿Es así?
L. G. M.: La diplomacia es el resultado de la suma de negociaciones. En mi labor pública siempre ha sido una práctica trabajar en equipo. En este tipo de situaciones, la Cancillería es la que tiene la competencia y la responsabilidad de coordinar los esfuerzos. Eso fue lo que hicimos tras un diálogo permanente, paso a paso, sensato, realista y transparente con el presidente Gustavo Petro.
CAMBIO: Muchas personas alaban su gestión y creen que usted debió reconsiderar su renuncia a la Cancillería. ¿Lo pensó?
L. G. M.: Aprecio profundamente las muestras de apoyo. Mi decisión, al igual que la del presidente Petro, se tomó con anterioridad y solo se postergó por un tiempo, pero nunca estuvo ligada a circunstancias coyunturales. Dicho esto, mi compromiso con Colombia es inalterable. Seguiré sirviendo al país desde donde pueda y cuando se requiera, porque hay muchas formas de trabajar por el bienestar colectivo. El amor por Colombia trasciende cualquier cargo.
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