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Poder

Gustavo Petro, el líder político que rompe con quienes más lo aman

Susana Muhamad, Gustavo Bolívar y Francia Márquez: ¿los ex amigos?

¿Por qué al presidente le cuesta comprometerse en relaciones estables con otros líderes alternativos? Sus distanciamientos, desde Carlos Gaviria, pasando por Antonio Navarro, y ahora Francia Márquez, Susana Muhamad y Gustavo Bolívar, han causado perplejidad. Análisis.

Por: Armando Neira

La presentación pública de aquella fórmula auguraba un futuro prometedor. El evento se realizó en uno de los salones más exclusivos y elegantes del Hotel Grand Hyatt Bogotá. Ella, con el puño en alto, vestía un llamativo traje rojo con molas que contrastaba con un poncho azul; él, con traje oscuro y camisa azul, formaba un corazón con las manos. Ambos sonreían. Era imposible imaginar que esa relación, presentada entre música y luces en marzo de 2022, terminaría de esta manera.

Todo indicaba que formarían un dúo armónico. Cuando ella expresó: “Me llamo Francia Márquez y quiero que Gustavo Petro sea mi presidente y, por supuesto, quiero ser su vicepresidenta”, hubo lágrimas. Y cuando él se inclinó para decirle que no sería la número dos, sino que trabajarían como un equipo igualitario –‘uno más uno’–, los cientos de asistentes irrumpieron en aplausos.

Desde entonces ha pasado mucha agua bajo el puente. El jueves pasado, la vicepresidenta acusó al presidente de ejercer prácticas de “racismo y patriarcado” y, como suele suceder en una ruptura difícil, se quejó de que la dejaron sin plata. Según afirmó, ha tenido que pedir ayuda: “Me ha tocado llegar a los territorios y tocarle la puerta a un alcalde para que financie una reunión de articulación interinstitucional”.

La separación política entre Márquez y el mandatario no es la única reciente. También terminó su alianza con Gustavo Bolívar, exdirector del Departamento de Prosperidad Social (DPS), quien fue su número dos en la lista de La Decencia en 2018, su escudero en el Congreso y quien, durante un consejo de ministros, le dijo sin ruborizarse: “Yo a usted lo amo”.

Días después, Petro le dejó claro que debían tomar caminos distintos. Lo hizo en un acto de gobierno en el Catatumbo, Norte de Santander, cuando interrumpió al presentador, tomó el micrófono y declaró: “El que renunció, renunció”. Adiós.

“Yo a usted lo amo” y adiós

Algo similar sucedió con Susana Muhamad, su exministra de Ambiente, ampliamente valorada por su gestión, especialmente por liderar la COP16 en Cali. Se daba por hecho que asumiría la dirección del Departamento Nacional de Planeación (DNP), entidad en extremo especializada.

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Francia Márquez y Gustavo Petro durante la presentación de la fórmula vicepresidencial en el Hotel Gran Hyatt de Bogotá del entonces candidato de izquierda, en marzo de 2022. Foto: Campaña Petro Presidente.

Muhamad se preparó durante semanas: consultó expertos, entrevistó posibles miembros del equipo, habló con economistas y le propuso nombres al presidente. Sin embargo, su hoja de vida no fue publicada en el portal de la Presidencia, trámite habitual en estos casos, lo que le indicó que la había dejado plantada.

También fue ese el caso de Alexander López, quien defendió el proyecto progresista como senador y luego como director del DNP. Hoy se informa que ocupará un cargo administrativo en la Procuraduría y, según fuentes cercanas, quiere tomarse un tiempo. “Está desilusionado de ver tanta deslealtad”, comenta alguien de su entorno.

En esta línea también figuran, aunque más alejadas, figuras como la exministra de Justicia Ángela María Buitrago y la exministra de Cultura Patricia Ariza. Ambas salieron del Gobierno sin haber podido conversar personalmente con el presidente sobre las razones de su salida.

¿Por qué al presidente le cuesta mantener relaciones duraderas con líderes que han apostado por su proyecto político? Jorge Iván Cuervo, profesor e investigador de la Universidad Externado de Colombia, considera que lo que está ocurriendo responde a un hecho inevitable: el paso del tiempo. “Creo que el presidente está angustiado porque siente que no va a dejar un legado del que dependa su vida política”.

Aunque parezcan decisiones frías, Cuervo sostiene que las toma con una dosis significativa de pragmatismo. Las personas de las que se ha distanciado –entre ellas también Irene Vélez y Jorge Rojas– tienen una visión profundamente ideológica del ejercicio del poder.

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Susana Muhamad, entonces ministra de Ambiente, junto al presidente Gustavo Petro, en un acto oficial. Foto: Presidencia.

“No es que no sean técnicos, pero tampoco son muy realistas en la gestión política”, señala Cuervo. “Quieren deliberar todo con las comunidades, lo cual es una forma legítima de gobernar, pero cuando un gobierno enfrenta urgencias y necesita mostrar resultados, a veces es preferible una línea más enfocada en resultados”.

Entre el romanticismo y el pragmatismo

Por esa razón, el presidente se ha alejado del sector más ideologizado del proyecto político y ha empoderado a dirigentes como Armando Benedetti, con quien cree poder avanzar en tres frentes clave: construir una lista sólida para las próximas elecciones del Congreso, buscar un candidato presidencial que pueda tender puentes –pues sabe que uno exclusivamente del ala izquierda podría perder– y dejar un legado de su mandato.

El 4 de febrero, durante un consejo de ministros televisado, quedó en evidencia la fractura entre el mandatario y el sector más ideológico de su Gobierno. Aquel día se hicieron públicas tensiones que venían gestándose. “Lo que vimos fue el resultado de una incomodidad mutua entre el presidente y varios miembros del gabinete”, explica Cuervo.

Ese día se rompieron compromisos implícitos y, dentro del Pacto Histórico, se asumió: “Hasta aquí llegamos con el presidente”. Gustavo Bolívar lo ha insinuado en varias entrevistas.

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Gustavo Bolívar, entonces director del DPS, con el presidente Gustavo Petro en la Casa de Nariño. Foto: Presidencia.

Ese sector comenzó a marcar distancia mientras el presidente optó por un camino más pragmático, el de Benedetti y la política tradicional. Sus antiguos aliados iniciaron su propia ruta.

No se descarta que en el futuro se reencuentren. Muhamad, por ejemplo, es una carta sólida del progresismo para una candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Podría avanzar de manera independiente, aunque tal vez más adelante el apoyo de Petro sea necesario.

También existen tensiones simbólicas que han contribuido en los distanciamientos. El uso de la simbología del M-19 es fundamental para Petro, pero no para todos los sectores de izquierda. Elementos como la bandera, la espada y la narrativa del M-19 incomodan a sectores como el Partido Comunista o la Unión Patriótica, históricamente lejanos a ese movimiento.

La lucha por posicionarse

Yann Basset, doctor en Ciencia Política de la Universidad de París III y politólogo de Sciences Po Bordeaux, considera que, con la proximidad de las elecciones, Petro está perdiendo el control de sus aliados.

Para Basset, una cosa es decidir quién forma parte del gabinete –una prerrogativa del presidente–, y otra muy distinta es liderar la coalición progresista rumbo a 2026. “Hay muchos cálculos detrás de esto y, evidentemente, a Petro le resulta cada vez más difícil mantener su autoridad”, afirma.

Aunque estos aspectos forman parte del análisis electoral, el ciudadano común no entiende por qué tantos ministros salen del Gobierno hablando de la dificultad del presidente para construir equipos cohesionados y, a veces, de acusaciones personales sin pruebas.

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Armando Benedetti y el presidente Gustavo Petro en una foto de la red social X del ministro del Interior.

Por ejemplo, Álvaro Leyva, exministro de Relaciones Exteriores, lo acusa de tener una adicción, de ser incumplido y de no respetar la dignidad del Estado. Petro le respondió llamándolo “víbora” y recordó que, siendo canciller, le sugería estrategias para su reelección.

Luis Carlos Reyes, exministro de Comercio y exdirector de la Dian, sostiene públicamente que el problema es que en la actualidad “Petro está mal rodeado” y que no debió romper con figuras como la exministra Buitrago, sino con lo que él denomina “el roy-benedettismo”.

Estas nuevas fracturas evocan otras del pasado. El exsenador Jorge Robledo, quien conoció a Petro en su etapa en el Polo Democrático, recuerda que las diferencias siempre estuvieron presentes. Menciona el corto periodo en que Antonio Navarro, ex comandante en el M-19 y presidente de la Constituyente, fue su jefe cuando Petro se desempeñaba como secretario de Gobierno en Bogotá.

Ya en aquella época se percibía su dificultad para mantener relaciones sólidas. Llegaba horas tarde a las reuniones y nunca ofrecía una explicación, ni siquiera una excusa piadosa.

“Petro es Petro”

Rodrigo Londoño, presidente del Partido Comunes, resumió las dificultades de trabajar con él en tres palabras: “Petro es Petro”.

Otros recuerdan su conflicto con Carlos Gaviria, una de las figuras más valiosas de la izquierda en la historia de Colombia y quien con su sabiduría y enorme carisma demostró que era posible llegar al poder por la vía de las urnas. Sin embargo, se distanciaron. Poner los intereses propios sobre los del partido era una actitud de Petro que Gaviria no lograba entender, ni frenar ni soportar.

Este diagnóstico del estilo de Petro en la Casa de Nariño también se hizo en los tiempos en los que estuvo en el Palacio Liévano. Daniel García Peña, hoy embajador en Washington, le dirigió una carta de renuncia muy crítica cuando fue director de Relaciones Internacionales de la Alcaldía Mayor de Bogotá. “No se trata solo de buenos modales ni de estilos. En política, las formas son el fondo. No basta con tener los principios correctos. Un déspota de izquierda no deja de ser déspota por ser de izquierda”.

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El pasado 28 de enero, en la Casa de Nariño, el presidente Gustavo Petro posesionó a Jorge Rojas como nuevo director del Departamento de Presidencia (Dapre) y Diego Alejandro Guevara como ministro de Hacienda. Ninguno está ya en el Gobierno. Foto: Colprensa - Cristian Bayona.

¿Por qué Robledo nunca se volvió a acercar a Petro? “A mí nadie me traiciona más de una vez. Petro ya lo hizo y por eso me mantengo distante”, responde el exsenador.

El analista Aurelio Suárez atribuye estas rupturas no a la personalidad del presidente, sino a su concepción de la política. “No tiene una agenda clara ni estructurada. Cambia de colaboradores constantemente. Eso no es propio de un líder progresista, sino de un político calculador”, sostiene.

Sin mirar atrás

Para los expertos en la actividad pública, la visión personalista del presidente dificulta que teja relaciones duraderas. En ese camino, avanza sin detenerse a mirar si alguno de sus aliados cae.

En una columna titulada 'Petroleaks', el periodista Daniel Coronell reveló que Petro dijo a funcionarios de la embajada de Estados Unidos en 2008 que no descartaba vínculos inapropiados entre dos congresistas de su partido y las Farc. La información, publicada por WikiLeaks, menciona a Piedad Córdoba (q.e.p.d.), Wilson Borja (q.e.p.d.) y Gloria Inés Ramírez, a quien después nombró ministra de Trabajo. “Yo no soy un sapo; lo que dice el WikiLeaks es verdad”, respondió Petro en semejante cisma.

Algunos interpretaron esto como una muestra de frialdad y cálculo político, mientras que otros lo vieron como un gesto de transparencia y coherencia con su rechazo a la violencia.

La consecuencia de estas dificultades para consolidar relaciones ha sido una constante recomposición del gabinete. Desde su posesión, ningún ministro de su equipo inicial permanece en el cargo. Laura Sarabia es la única que ha estado a su lado, aunque ha ocupado diferentes posiciones.

En total, han pasado 54 ministros y 130 viceministros en 30 meses de Gobierno. Expertos estiman que un ministro necesita al menos dos meses para empezar a gestionar con eficacia. Con tantos cambios, es natural que resulte difícil consolidar políticas públicas. El presidente, ante la falta de resultados, termina distanciándose incluso de quienes decía tener en su corazón.

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