
¿Cómo afecta a la paz total la vinculación de las disidencias al atentado contra Uribe Turbay?
José Aldinever Sierra Sabogal, miembro de la Segunda Marquetalia; y Miguel Uribe Turbay.
El caso muestra la complejidad de avanzar en las negociaciones debido a la constante fragmentación de los grupos armados ilegales, y vuelve a poner sobre la mesa el riesgo de que Nicolás Maduro brinde protección, desde Venezuela a organizaciones que buscan afectar la democracia en Colombia. Análisis.
Por: Armando Neira
La vinculación de José Aldinever Sierra Sabogal, miembro de la Segunda Marquetalia y hombre de confianza de Iván Márquez, en el atentado contra Miguel Uribe Turbay, senador y aspirante presidencial del opositor Partido Centro Democrático (CD), tiene varios efectos de consecuencias imprevisibles para la paz total del presidente Gustavo Petro y, de paso, evidencia las enormes dificultades para las relaciones entre Colombia y Venezuela.
En primer lugar, afecta la confianza de los ciudadanos en la principal bandera de reconciliación del Gobierno nacional, que ha tenido que salir a explicar que Sierra Sabogal –conocido en los círculos criminales como Aldinever o el Zarco Aldinever– no pertenece a la facción de la Segunda Marquetalia con la que se están adelantando negociaciones.
Armando Novoa García, jefe de la delegación del Gobierno nacional, explicó en la mañana de este martes que, como se informó el 16 de noviembre de 2024, se produjo otro fraccionamiento en la denominada Segunda Marquetalia, liderada por Márquez, con la cual se venían adelantando diálogos desde mediados de ese mismo año.
Fue esta Coordinadora Nacional – EB la que solicitó en su momento el reconocimiento de nuevos miembros en la mesa de diálogo y la exclusión de Sierra Sabogal y otros cinco integrantes.
La aclaración del Gobierno
“El señor José Aldinever Sierra Sabogal nunca participó en ninguno de los diálogos que se adelantaron con la entonces Segunda Marquetalia y menos aún en los ciclos de negociación posteriores”, señala Novoa en un comunicado.

Para quienes siguen de cerca el proceso de paz con esta nueva escisión, la situación es comprensible. El problema es para el ciudadano común, a quien le cuesta entender esta confusión, y que ve en la fragmentación de las mesas de negociación un desorden que contribuye a la desinformación.
De hecho, en este contexto, sectores del uribismo radical ahora promueven la tesis de que el responsable del condenable atentado contra el joven aspirante presidencial son las Farc, agrupando en un solo concepto a un grupo que ya no existe como tal porque firmó la paz con la administración de Juan Manuel Santos.
Esta situación les sirve de munición a estos sectores para también englobar en un mismo espacio lo que ellos consideran el petro-santismo. Así, obtienen un argumento para posicionar un relato político en vísperas de la sentencia jurídica contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
La inquietante influencia de Maduro
El caso, además, vuelve a plantear un problema de difícil solución: el hecho de que el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, –quien usurpó el poder, como lo sentenció el Centro Carter, con sede en Washington, al asegurar que los comicios del 28 de julio del año pasado “no cumplieron estándares internacionales de integridad electoral y no pueden considerarse democráticos”– albergue a organizaciones criminales que atentan contra la democracia en Colombia.

En Venezuela se encuentran, por ejemplo, casi todos los integrantes del Comando Central (Coce), máxima instancia de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y el propio Márquez, sobre quien el Gobierno colombiano no tiene información precisa.
En este escenario nebuloso también está Sierra Sabogal, quien ahora, según las investigaciones, sería uno de los responsables del intento de asesinato del senador Uribe Turbay, un hecho que causó conmoción en Colombia.
El ataque, ocurrido el sábado 7 de junio en el barrio Modelia, al occidente de Bogotá, irrumpió con un golpe de violencia enorme en el inicio de la campaña electoral y recordó a muchos una situación de extrema gravedad vivida por el país entre los años ochenta y noventa, cuando el narcotráfico, grupos criminales de extrema derecha y miembros de las Fuerzas Armadas asesinaron a cuatro candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán.
El hombre de confianza de Iván Márquez
El historial criminal de Sierra Sabogal es extenso, casi siempre de la mano con Márquez y con la característica de que rompe en poco tiempo los acuerdos que él mismo firma. Así como lo hicieron traicionando la palabra empeñada y rearmándose tras el Acuerdo de Paz en 2016. Aldinever y Márquez reaparecieron en agosto de 2019 en un video, fue el bautizo de lo que ellos llamaron Segunda Marquetalia.

Nacido el 11 de agosto de 1976 en Restrepo, Meta, ingresó a las extintas Farc-EP en 1991, con apenas 15 años. Se unió al frente 53 en el municipio de Medina, Cundinamarca. Apenas dos años después, ya era jefe de la Compañía Móvil Manuela Beltrán que se movía en este departamento.
En 1994 participó en el ataque contra la estación de Policía de La Calera, que dejó un uniformado muerto. En 1998 escaló a segundo comandante del frente 53. Un año más tarde, tomó parte en la operación 'Miller Perdomo', en el municipio de Gutiérrez, Cundinamarca, en la que murieron 40 militares.
Su ascenso continuó. En 2002 fue designado comandante del frente 53, extendiendo su influencia en los departamentos de Meta y Cundinamarca. Bajo su liderazgo se perpetraron atentados como el de la represa de Chingaza y se ordenó el secuestro y posterior asesinato del fiscal James Silva Duque.
Su historial criminal incluye la voladura de torres eléctricas en Villavicencio (2008), el asesinato de concejales en Sumapaz (2009) y un ataque en esa misma zona en 2013 que acabó con la vida de tres militares.
La paz traicionada
Pese a su prontuario, en 2017 tuvo un breve paso por la vida civil. Fue nombrado dirigente del Partido Comunes y coordinador del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Mariana Páez.

Durante ese tiempo se le asignó la gestión de tierras para reparación de víctimas. Pero en 2018 abandonó el espacio territorial y, al año siguiente, reapareció armado en el video en que está con Márquez y Jesús Santrich, entre otros.
La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) lo expulsó en 2019 por incumplir los principios de verdad, reparación y no repetición.
El hilo que conduce a Sierra Sabogal tomó fuerza cuando se produjo la detención de Katerine Andrea Martínez Martínez, alias Gabriela, el pasado 15 de junio en Florencia, Caquetá.
Ella ofreció pistas a las autoridades sobre el grupo que podría estar involucrado en el atentado: la Segunda Marquetalia, hipótesis que cobró fuerza cuando la mujer relató a la justicia que Élder José Arteaga Hernández, alias el Costeño, hoy también capturado, le dijo que se fuera para Florencia, donde podría realizar cursos sobre drones o de francotirador con la guerrilla.
De hecho, y según este diario, agentes de inteligencia militar señalan que en la actualidad hay unos 60 integrantes de ese grupo disidente en Colombia, mientras que el resto, unos 400, se encuentra en Venezuela.
La pelea contra Mordisco y Calarcá
“Ese pequeño grupo quiere recuperar el terreno perdido y volver a hacerse notar, ya que todo el protagonismo está en manos de las disidencias de Iván Mordisco y Calarcá”, dijo una fuente al medio.

Documentos de inteligencia señalan que la Segunda Marquetalia se mantiene por las redes instaladas en Venezuela, apoyos locales y una estructura clandestina aún no completamente identificada.
Las autoridades manejan la hipótesis de que tres grandes grupos están involucrados en el atentado al senador: los cuatro capturados y el menor aprehendido como autores materiales; la Segunda Marquetalia como presunta orquestadora; y los autores intelectuales, que aún no han sido plenamente identificados.
“Es una evidencia más de que varios grupos armados han utilizado la paz total para continuar delinquiendo”, dice Luis Trejos, docente y experto en conflicto armado. “Por otro lado, reaparece un tema que se evade continuamente: el rol de Venezuela en las dinámicas de la guerra en Colombia. La Segunda Marquetalia nació en ese país y, desde su fundación, su máximo comandante, Márquez, ha permanecido allá con anuencia de la administración Maduro”, añade.
“A estas alturas de la investigación parece bastante probable la responsabilidad de la Segunda Marquetalia y, en particular, del Zarco Aldinever en el atentado a Uribe Turbay”, afirma el analista Diego Arias.
¿Quién está al mando de las disidencias?
Para este experto, subsisten, sin embargo, varias inquietudes: ¿Quién está realmente al mando hoy de la Segunda Marquetalia? ¿Fue una decisión como guerrilla o un favor a un tercero? ¿Y con qué propósito? ¿Por qué no lo reivindicaron? ¿O el trasfondo es un plan de desestabilización con múltiples interesados?
“No obstante, por complicada que sea esta coyuntura, siendo lo más importante la vida del senador Uribe Turbay y su recuperación, una negociación con este grupo sería aún posible. Pero el problema es, como en el caso de otros interlocutores de la paz total, que hay voluntad gubernamental, pero no del otro lado”.
Jorge Mantilla, doctor en Criminología de la Universidad de Illinois y experto en seguridad, crimen y conflicto, dice que esta situación cierra aún más la puerta, en términos de legitimidad y opinión pública, para una negociación política o una que implique mecanismos de justicia como amnistías o fórmulas restaurativas o transicionales.
“Aquí definitivamente hay un golpe importante a la legitimidad de la paz total, a la buena voluntad del Gobierno y, de alguna manera, a su ingenuidad respecto a la voluntad de paz de estos diferentes grupos, que sin lugar a dudas traicionaron esa confianza o, quizás, nunca tuvieron una verdadera intención de desmovilizarse, dejar las armas o cesar el uso de la violencia como medio de presión política”, asegura.
En segundo lugar, dice este experto, más allá del impacto político y territorial, lo que queda claro es que la fragmentación de estos grupos, en este caso de las disidencias y puntualmente de la Segunda Marquetalia respecto a la Coordinadora Guerrillera – Ejército Bolivariano, es una tendencia que marcará el escenario electoral y de seguridad en los próximos años.
“Estamos ante grupos cada vez más fragmentados, con liderazgos cada vez más inestables”, argumenta. En este contexto, el Gobierno puede negociar con un sector de esta Segunda Marquetalia sin alterar necesariamente la ecuación con la facción al mando de Márquez y el Zarco Aldinever, cuya conversación con el Estado estaba congelada desde hacía varios meses.
Así, los efectos son sobre todo de carácter político: una brecha de legitimidad que se sigue abriendo entre la política de paz y la opinión pública, mientras en la práctica continúa la fragmentación de los grupos armados y la violencia que la acompaña.
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