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Poder

“Una sociedad no vive de consignas, necesita soluciones”: Andrés Mejía Vergnaud

Andrés Mejía Vergnaud, autor de 'La ruta del pragmatismo: la filosofía de lo posible, lo concreto y lo que funciona'.

El autor del libro 'La ruta del pragmatismo: la filosofía de lo posible, lo concreto y lo que funciona' descarta de plano que Colombia vaya a tomar el camino de Venezuela. Afirma que aquí habrá elecciones y que, a pesar del ruido, el presidente Gustavo Petro respetará el resultado y que en 2026 se dará una transición democrática.

Por: Armando Neira

Andrés Mejía Vergnaud tiene un trabajo muy especial: habla sobre política colombiana con personas del exterior, especialmente con representantes de entidades de la banca internacional privada que lo escuchan con atención para sus tomas de decisiones. Es filósofo de la Universidad Nacional, observador, analista y también escritor. A propósito de su último libro, La ruta del pragmatismo: la filosofía de lo posible, lo concreto y lo que funciona, reflexiona con CAMBIO sobre la coyuntura actual del país.

CAMBIO: En medio de este vértigo informativo, del auge de las redes sociales, ¿todavía hay filósofos como usted que se dedican a pensar en calma?

ANDRÉS MEJÍA VERGNAUD: Yo estudié filosofía en la Universidad Nacional. Es un tema que me apasiona. Sin embargo, decir “soy filósofo” suena como si uno tuviera una gran obra o pensamiento... y no es para tanto.

CAMBIO: ¿Entonces a qué se dedica?

A. M. V.: Lo que hago podría llamarse consultoría o algo parecido. Consiste, específicamente, en hablar sobre política colombiana con una serie de clientes del exterior. Básicamente, son entidades de la banca internacional privada —no organismos multilaterales— que monitorean la situación política de varios países. Yo analizo para ellos lo que aquí se vive. Aparte de eso, realizo otras actividades: participo en el panel de Blu Radio, doy charlas, cosas así.

CAMBIO: Y cuando usted se sienta con esas personas, en resumen, ¿qué les dice sobre lo que el país está viviendo ahora?

A. M. V.: Cuando hago ese ejercicio, hablo de la mecánica de las cosas, no emito juicios de valor. No digo si las cosas van bien o mal, sino qué está pasando y qué caminos podría tomar la situación. Eso es lo que les interesa a esos clientes: conocer, no juzgar. Y yo trato de hacer lo mismo. En ese oficio llevo más de una década, 11 años exactamente.

CAMBIO: ¿Pero usted no les pinta el “desastre” que dicen los enemigos del presidente o el “paraíso” construido, por fin, después de 200 años de esas élites desalmadas, como lo plantean sus defensores?

A. M. V.: (Risas) Nooo. Les cuento que Colombia ha vivido en los últimos años un periodo de cambios y volatilidad política. Sin embargo, es un país que cuenta con un aparato institucional bastante funcional y estable. Esto permite, aunque el rumbo no sea predecible, observar y definir ciertos patrones.

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“El presidente Petro es una figura política muy singular. En redes sociales es un auténtico agitador, pero en sus decisiones termina siendo institucional. No ha violado el marco legal, aunque constantemente amenaza con hacerlo. Hasta ahora, no ha dado pasos efectivos en ese sentido”: Andrés Mejía Vergnaud, autor del libro La ruta del pragmatismo: la filosofía de lo posible, lo concreto y lo que funciona. FOTO: Archivo particular.

CAMBIO: ¿Y esos patrones qué muestran? Entre quienes no quieren al presidente, hay los que afirman que todo indica que vamos camino a ser como Venezuela.

A. M. V.: Para nada. Yo siempre he apostado por la fortaleza de las instituciones colombianas. Nunca creí que Colombia siguiera un rumbo como el de Venezuela, por muchas razones, entre ellas, su estructura institucional.

CAMBIO: Entonces, ¿no cree que Petro lleve al país a ser otra Venezuela?

A. M. V.: De ninguna manera. Entre 2009 y 2012 estudié mucho el caso venezolano y conozco bien ese proceso. Venezuela tenía condiciones previas y simultáneas que aquí no existen. Por ejemplo, el chavismo actuó muy rápido cuando llegó al poder: cambió la Constitución inmediatamente, aprovechando su popularidad.

CAMBIO: ¿Aquí eso ya no va a pasar?

A. M. V.: No. Además, las condiciones económicas son muy distintas. Venezuela era una potencia petrolera. En un corto tiempo, el barril de petróleo pasó de 12 a casi 100 dólares, lo que le permitió al chavismo disponer de una caja financiera ilimitada. Aquí no existen esos recursos para lanzarnos a aventuras.

CAMBIO: ¿Y Chávez convenció a la gente?

A. M. V.: Sí. Colombia, en cambio, es más complicada: tiene una opinión pública crítica, medios de comunicación que ejercen vigilancia constante y unas instituciones muy sólidas.

CAMBIO: ¿Cómo ve usted a Petro?

A. M. V.: Es una figura política muy singular. En redes sociales es un auténtico agitador, pero en sus decisiones termina siendo institucional. No ha violado el marco legal, aunque constantemente amenaza con hacerlo. Hasta ahora, no ha dado pasos efectivos en ese sentido.

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“A diferencia de Chávez, que se quitó la máscara rápidamente, Petro va y viene, duda, porque en el fondo sabe que la arquitectura institucional que tenemos proviene de la Constitución del 91, en cuya creación el M-19 fue protagonista. Y él, aunque quisiera, sabe que no podría desmontar la democracia colombiana. No tiene cómo. Conoce a Colombia, sabe que no tiene cómo destruir esta democracia”: Andrés Mejía Vergnaud.

CAMBIO: Pero es que con ese Twitter…

A. M. V.: Sí, porque es un líder con una fuerte convicción revolucionaria, eso es innegable. Pero, al mismo tiempo, parece tener cierto pudor frente a las instituciones. Es como si en él habitaran dos personas, y deja ver esa contradicción. Creo, sin conocerlo personalmente, que debe vivir un conflicto interno entre sus ambiciones revolucionarias más profundas y cierto pudor por la democracia y la Constitución.

CAMBIO: ¿Lo definiría como revolucionario, pero finalmente institucional?

A. M. V.: Sí. Hasta ahora, esa es una buena definición. Reitero: no lo conozco personalmente, pero tengo la impresión de que vive ese dilema. Tiene una convicción revolucionaria profunda, pero también cierto respeto —o límites— frente al marco democrático.

CAMBIO: ¿En ese sentido es muy distinto a Chávez?

A. M. V.: Sí. A diferencia de Chávez, que se quitó la máscara rápidamente, Petro va y viene, duda, porque en el fondo sabe que la arquitectura institucional que tenemos proviene de la Constitución del 91, en cuya creación el M-19 fue protagonista. Y él, aunque quisiera, sabe que no podría desmontar la democracia colombiana. No tiene cómo. Conoce a Colombia, sabe que no tiene cómo destruir esta democracia.

CAMBIO: En las últimas horas, él ha puesto en duda la transparencia del sistema electoral del país, lo que ha vuelto a poner sobre la mesa el temor, entre algunos sectores, de que en 2026 no habrá elecciones. ¿Usted cree que sí habrá elecciones normales?

A. M. V.: Por supuesto que sí. Creo que las elecciones se van a realizar y habrá una transición democrática. Sin embargo, también estoy convencido de que estarán rodeadas de ruido, sospechas y conflicto. Ya el presidente está sembrando suspicacias sobre el sistema electoral.

CAMBIO: ¿Para qué?

A. M. V.: Petro está sembrando dudas sobre la legitimidad del sistema, lo cual podría usar como mito fundacional para un posible regreso de la izquierda, al estilo de Trump en 2020: “Nos robaron la elección”. Es decir, él ya intuye que la izquierda va a perder en 2026 y mantendrá la tesis del robo para intentar regresar al poder en 2030. Petro sabe leer muy bien los momentos políticos; lo que hace es adelantarse a los acontecimientos.

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“Me parece que en Colombia hay mucha gente que quiere ser presidente, lo cual es comprensible, pero lo sorprendente es que genuinamente están convencidos de que pueden serlo. Incluso personas con trayectoria política, que deberían saber que no tienen opciones reales”, dice Andrés Mejía Vergnaud. Arriba, una imagen de una encuesta reciente sobre preferencia de votos para las elecciones de 2026.

CAMBIO: A propósito de elecciones, cuando usted está explicando a los extranjeros que lo consultan la realidad, ¿qué le responden sobre por qué hay 70 candidatos?

A. M. V.: Es un fenómeno muy nuestro. Me parece que en Colombia hay mucha gente que quiere ser presidente, lo cual es comprensible, pero lo sorprendente es que genuinamente están convencidos de que pueden serlo. Incluso personas con trayectoria política, que deberían saber que no tienen opciones reales.

CAMBIO: Antonio Caballero decía que todo el mundo en Colombia quiere ser presidente…

A. M. V.: Sí. Conozco personas que han aspirado a cargos y se han dejado engañar por muestras superficiales de popularidad: porque en la calle alguien los felicita por un artículo, o porque dijeron algo interesante, y se empiezan a creer eso. Pero ser presidente en Colombia es un logro muy alto que requiere una estructura sólida y un amplio reconocimiento. Eso no es fácil.

CAMBIO: Usted dice que no califica los hechos. ¿Pero eso de tener 70 candidatos es malo o bueno?

A. M. V.: Le diría que eso también es una muestra de que la política colombiana está viva; no es una sociedad indiferente. Somos una sociedad muy activa en ese aspecto.

CAMBIO: Hablando de valoraciones, ¿qué le ve de bueno a Petro?

A. M. V.: Me aventuro con una tesis que sé que en este momento es difícil de apreciar, pero va: aunque muchas cosas han salido mal, creo que fue saludable para la democracia que llegaran personas con un lenguaje y orígenes distintos. Había un agotamiento conceptual de los modelos de gobierno anteriores, que se hizo evidente durante la administración Duque. Nos hacía falta un sacudón. Lo malo es que este sacudón está rompiendo muchas cosas que necesitamos y que funcionaban.

CAMBIO: ¿Su llegada al poder era necesaria?

A. M. V.: Se necesitaba un cambio, aunque había que hacerlo bien. Hay cosas en que hacía falta un cambio y no van mal: por ejemplo, en el tema de tierras hay una nueva política en la que parece haber cierta eficacia. Y aunque no han resuelto muchos problemas, al menos recordaron al país que millones de personas viven en condiciones muy precarias, y que a veces los indicadores macroeconómicos no reflejan del todo la salud de una sociedad. Es una lástima que en el camino no hayan sabido aterrizar muchas de las propuestas: una sociedad no vive de consignas, necesita soluciones.

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“Me aventuro con una tesis que sé que en este momento es difícil de apreciar, pero va: aunque muchas cosas han salido mal, creo que fue saludable para la democracia que llegaran personas con un lenguaje y orígenes distintos. Había un agotamiento conceptual de los modelos de gobierno anteriores, que se hizo evidente durante el gobierno Duque. Nos hacía falta un sacudón”: Andrés Mejía Vergnaud. FOTO: Colprensa.

CAMBIO: En este contexto, usted publica el libro La ruta del pragmatismo. ¿Por qué en este momento?

A. M. V.: Curiosamente, el libro no tiene ninguna referencia directa a la situación colombiana. Quise mantenerlo así para evitar lecturas polarizadas. El mensaje es simple: concentrémonos en lo que funciona, en estrategias y decisiones que producen resultados. Es aplicable en la vida personal, profesional y política.

CAMBIO: Pero llevando su libro al gobierno, ¿usted cree que este no ha sido pragmático?

A. M. V.: Eso le ha faltado. Y no se trata de que abandone sus principios o su ideología. Hay gobiernos de izquierda —como los de Correa en Ecuador, Lula en Brasil o Boric en Chile— que, sin renunciar a sus principios, han sido pragmáticos para hacer políticas públicas que beneficien a sus ciudadanos. La izquierda colombiana necesita eso.

CAMBIO: ¿La izquierda o todos los colombianos? ¿Cree que nos encanta teorizar y tenemos dificultades para aterrizar lo que queremos?

A. M. V.: No me gusta generalizar, pero creo que un ciudadano común puede sentirse liberado de ciertas ataduras abstractas al leer el libro. El pragmatismo propone enfocarse en resolver problemas concretos. Nos educaron en una tradición muy idealista, pero podemos volvernos más eficaces, más capaces de lograr cosas reales. Más modestos, pero más orientados a soluciones que funcionen.

CAMBIO: ¿Cómo ve el declive del interés por estudiar filosofía en Colombia?

A. M. V.: Cuando empecé a estudiar en 1995, también había poco interés. Luego vino una ola de crecimiento, quizá por la internacionalización del país y porque la gente descubrió opciones alternativas de estudio. Hoy estamos en una contracción que afecta no solo a la filosofía, sino a los estudios universitarios en general. Muchos jóvenes ya no ven la universidad como necesaria. Consideran que pueden aprender habilidades por fuera y tener una buena vida profesional. No sabemos todavía cómo va a salir eso.

CAMBIO: Usted, que estudió en la Universidad Nacional, ¿cómo la ve hoy?

A. M. V.: Me preocupa que la Universidad Nacional haya optado por ser la “trinchera” del poder constituyente, en lugar de concentrarse en mejorar sus programas y su infraestructura, en ser un espacio donde la búsqueda de la excelencia académica sea una constante. Ese abandono, tanto en los programas como en la parte física, nos puede pasar factura. He leído que las solicitudes de ingreso cayeron un 33 por ciento. Es una caída que no se explica solo por las tendencias generales.

CAMBIO: Eso es sorprendente en un gobierno que se dice progresista.

A. M. V.: Ahí es donde yo hablo del pragmatismo. Un gobierno de izquierda que quería demostrar que lo público puede ser bueno debió dedicarse de lleno a fortalecerlo: la universidad pública, la red hospitalaria pública y muchos otros servicios. Hacerlos paradigmas de excelencia.

CAMBIO: ¿El presidente podría haberse puesto en serio a competir lo público con lo privado?

A. M. V.: El presidente podría haberse propuesto metas para demostrar que lo público puede ser tan bueno o mejor que lo privado en hospitales, centros de salud, espacios educativos como la Universidad Nacional. Que en este gobierno alguien visitara la universidad, la viera y se sintiera muy orgulloso, y no la mirara en ese estado de abandono. Al gobierno de izquierda, como le dije, le faltó pragmatismo para dejar un país mejor, y eso no se ve porque sigue priorizando los ideales y los discursos. Ese es el mundo en el que vive.

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