Ir al contenido principal
Armando Benedetti, ministro del Interior.
Poder

Armando Benedetti: Luces y sombras de una frenética gestión

Armando Benedetti, ministro del Interior

A pesar de que los logros en el Congreso del ministro del Interior no son los que él se propuso, es el hombre del oficialismo que marca el camino a seguir para enfrentar las elecciones de 2026. En los últimos días se mostró más radical y polarizante en videos difundidos por redes sociales y en declaraciones a medios tradicionales. Análisis.

Por: Armando Neira

En los últimos días, Armando Benedetti, ministro del Interior, ha sido tendencia en redes sociales por un par de videos de su autoría. En uno, con gesto adusto, critica a los sectores populares que no votan por la izquierda y los llama “pobres de derecha”. En otro, con tono exultante, atribuye la clasificación de la Selección al Mundial de fútbol a que el país es gobernado por un presidente progresista, Gustavo Petro.  

“Si hay algo que es bueno para el país es el fútbol y las políticas sociales. Y en el fútbol hemos clasificado hoy al Mundial, pero no lo hicimos cuando la derecha estaba en el poder”, aseguró.  

Y dio ejemplos: “Ni con Andrés Pastrana, ni con Álvaro Uribe, ni tampoco con Iván Duque. Pero siempre que hay alguien de centro o de izquierda hemos ido y vamos al Mundial”.  

Defensores y detractores se enfrascaron en fuertes discusiones para aplaudir o criticar a Benedetti. La confrontación virtual se dio mientras en el Congreso aún resonaba la derrota gubernamental en la elección de Carlos Camargo como magistrado de la Corte Constitucional y los tropiezos en el trámite del presupuesto.  

De 103 votos, Camargo obtuvo 62, mientras que la candidata respaldada por el Gobierno, María Patricia Balanta, recibió 41. ¿Hubo congresistas del Pacto Histórico que votaron en contra de los deseos de Petro? “Tendremos que revisar. Fue una paliza porque pensábamos que iba a estar muy reñido, incluso que podría haber empate. Aquí algo está fallando, alguien no está diciendo la verdad en la bancada del Gobierno”, dijo la senadora Martha Peralta.  

Benedetti confiaba en el triunfo y esa fue la información que transmitió al presidente Petro, quien en ese momento estaba de visita oficial en Japón.  

El presidente Gustavo Petro y el ministro del Interior Armando Benedetti.
El presidente Gustavo Petro y el ministro del Interior Armando Benedetti. Foto: Presidencia.

Ante la derrota, el mandatario exigió identificar a los responsables y señaló a Antonio Sanguino (Trabajo, Alianza Verde), Julián Molina (TIC, La U) y Diana Morales (Comercio, Liberal), ministros que representaban a colectividades que, según sus cálculos, le dieron la espalda al Ejecutivo en la votación.  

Benedetti, por su parte, confesó que estaba herido: “Es un tema doloroso desde el punto de vista personal para mí. Todavía no he salido de ese dolor o esa derrota”.  

Y añadió: “Lo digo para que se pongan contentos mis enemigos, pero lo que sí es verdad es que hubo traiciones por parte de Comunes y del Pacto Histórico. Hubo personas que nos traicionaron”.  

La respuesta de los señalados fue inmediata. Sandra Ramírez, senadora de Comunes, replicó: “No somos ningunos traicioneros”. Julián Gallo fue más explícito: “No trate de ocultar su fracaso, no trate de ocultar sus marrullas buscando y señalando responsabilidades donde no las hay. No estigmatice al partido firmante del Acuerdo de Paz”.

Un desembarco ruidoso

Ha corrido mucha agua bajo el puente desde aquel 4 de febrero, cuando el Gobierno hizo implosión por el ingreso de Benedetti al gabinete. Ese día se transmitió por televisión el consejo de ministros en el que quedó claro que sería el hombre fuerte en el alto Gobierno: Petro sentado y, a su lado, Benedetti como su principal escudero.  

La fractura con los demás fue pública y en directo. “Son casi 20 años de militancia política en el progresismo. Presidente, como feminista y como mujer, yo no me puedo sentar en esta mesa de gabinete, de nuestro proyecto progresista, con Armando Benedetti”, dijo entre lágrimas la entonces ministra de Ambiente, Susana Muhamad.  

“Después de una ‘semiconfesión’ del señor Benedetti, realizada ante medios en estado de excitación, sobre situaciones que no sabemos si realmente ocurrieron o no, pero que muestran el temperamento y la clase de persona que es, pienso que este espacio no es para el señor Benedetti”, agregó Augusto Rodríguez, director de la Unidad Nacional de Protección y amigo íntimo de Petro desde los años del M-19.  

Ese consejo marcó la ruptura de Petro con su vicepresidenta, Francia Márquez; el distanciamiento con Gustavo Bolívar, entonces director del DPS y ahora aspirante presidencial; la salida del director del Dapre, Jorge Rojas, apenas cinco días después de haber llegado al cargo; y el alejamiento de la otrora canciller Laura Sarabia. 

¿Valió la pena poner al borde del naufragio a toda la embarcación por un solo tripulante? En Palacio respondieron que sí: todo se justificaba por las habilidades que se le atribuían a Benedetti, considerado el gran operador político del momento.  

El abrazo de las multitudes

Petro confiaba en que Benedetti tendría la misma capacidad de gestión en el Congreso que demostró durante la campaña de 2022, cuando coordinó un centenar de manifestaciones en distintas plazas públicas, siempre llenas y con gran entusiasmo ciudadano. Con ese antecedente, el presidente lo veía como el hombre ideal para preparar la campaña de 2026, en la que está en juego la permanencia de la izquierda en el poder.  

Además de ruidoso, el desembarco de Benedetti en el Ministerio fue distinto al de sus antecesores —Alfonso Prada, Luis Fernando Velasco y Juan Fernando Cristo— porque el escenario político había cambiado drásticamente. Llegaba a un Parlamento sin figuras del peso que le tendieran una mano como Roy Barreras, quien en la primera legislatura puso en marcha una auténtica aplanadora a favor del oficialismo.   

Fue en ese periodo cuando, en tiempo récord, se aprobaron proyectos clave para el Ejecutivo, entre ellos la reforma tributaria, la Ley de Paz Total y la ratificación del Acuerdo de Escazú.

Armando Benedetti durante el hundimiento de la consulta popular.
Armando Benedetti durante el hundimiento de la consulta popular. Foto: Colprensa.

La analista María Jimena Escandón recuerda que, aunque Benedetti proviene del Congreso y ese es su hábitat natural, asumió en el tercer año de gobierno: una etapa caracterizada por el desgaste de la relación con el Legislativo, cuando la agenda oficialista suele estar casi evacuada y los partidos entran en modo campaña.  

Cuando el ministro se instaló en la sede de La Giralda, el escándalo de corrupción de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ya había provocado fisuras en el Gobierno. Y al iniciar su gestión con el Congreso, la coalición oficialista estaba fracturada, consecuencia directa de una orden presidencial.  

Sin embargo, Benedetti sí es en buena medida responsable de otros episodios polémicos, como el vertiginoso ascenso de la joven e inexperta Juliana Guerrero, quien viajó al Cesar, según dijo ella, en una misión de Estado en un avión de la Policía. “Fui porque mi jefe me mandó”, dijo en referencia al ministro.  

“Su gestión no ha sido sencilla. Las investigaciones en curso y los cuestionamientos por temas de violencia intrafamiliar le generaron resistencias en varios sectores del Congreso”, afirma Escandón.  

Para esta magíster en Gobierno, aunque la relación personal de Benedetti con antiguos colegas del Parlamento es cercana, su desempeño no se ha traducido en resultados efectivos.  

“La aprobación de la reforma laboral, por ejemplo, no puede considerarse un logro atribuible a él, sino al propio presidente, quien intervino directamente con la amenaza de convocar una consulta popular”, agrega.  

Por el contrario, el fracaso en la elección del magistrado Camargo constituye una derrota imputable al ministro y un mensaje claro de los partidos que, aunque han apoyado parcialmente las iniciativas del Gobierno, rechazan los incumplimientos en los acuerdos.

Derrotas y confrontaciones

A la frustrada elección de un magistrado afín al Gobierno se suman las dos derrotas —también televisadas— de la consulta popular. El 14 de mayo fue negada con 49 votos en contra y 47 a favor, a pesar de que Benedetti contaba con los votos suficientes, pero por un manejo inadecuado —impropio de su experiencia— perdió varios apoyos ese mismo día.  

Luego, el 17 de junio, con 52 votos por el no y 2 por el sí, la plenaria negó por segunda vez el mecanismo. Eran banderas fundamentales para el Ejecutivo, que las presentaba como una vía democrática para que la ciudadanía defendiera en las urnas las reformas laboral y de salud, pero que en realidad buscaban posicionar a sus cuadros y apropiarse de la agenda política.  

Para medir la gestión de Benedetti, sostiene Gonzalo Araújo, de la firma Orza, hay que dejar de lado los lugares comunes y evaluar resultados: “Petro y Benedetti tienen el menor éxito legislativo en los últimos 15 años”. Según este centro de pensamiento, “el Congreso solo aprueba uno de cada tres proyectos que presenta el Gobierno de Gustavo Petro”.  

Es el único gobierno al que el Legislativo le ha negado el monto del presupuesto. Y aunque mantiene unas mínimas mayorías en la Cámara de Representantes, se quedó sin coalición y no logró sacar adelante la agenda progresista y reformista, en parte porque ministros como Benedetti nunca supieron cómo negociar, a pesar de su experiencia.  

“Llegó al punto de perder la oportunidad de dejar con mayorías absolutas al Gobierno en la Corte Constitucional con esa derrota”, añade Araújo.  

En este proceso se ha visto al ministro en enfrentamientos personales con miembros del Legislativo, descalificando a opositores y alcaldes y mostrando una actitud de confrontación constante. Para Araújo, “le quedó grande la dignidad del cargo y, comparado con otros ministros del mismo Gobierno, su desempeño es pobre, pese al gran poder que ostenta”.  

Entre la estrategia y la campaña

Los expertos destacan que, pese a su carácter desparpajado y su calidez con algunos interlocutores, en general Benedetti no construye puentes, sino que cava trincheras.  

En las últimas horas acusó al magistrado Jorge Ibáñez, de la Corte Constitucional, que tiene en sus manos la reforma pensional, de “acoso y hostigamiento contra el Estado Social de Derecho, el Gobierno y los más de tres millones de adultos mayores”.  

“Lo vimos cuando estuvo a punto de agredir al secretario del Senado, Diego Alejandro González, cuando se hundió la consulta popular”, recuerda un congresista. “Si no es por María José Pizarro, que se interpuso, eso hubiera terminado muy mal”.

El ministro del Interior, Armando Benedetti.
El ministro del Interior, Armando Benedetti. Foto: Colprensa.

Es natural que la oposición cuestione su gestión. Lo sorprendente es que también dentro del Pacto Histórico se expresen críticas: “En lo que respecta al cumplimiento de los acuerdos sobre la representación de la bancada de gobierno —en particular del Pacto Histórico y de Comunes— en las mesas directivas, varios compromisos fueron incumplidos”, dice Gabriel Becerra, representante de la Unión Patriótica. 

“Entre ellos, la vicepresidencia de la Plenaria, las Comisiones Tercera y Séptima en la Cámara; y en el Senado, la vicepresidencia de la Plenaria y las presidencias de las Comisiones Segunda y Séptima”, enumera.

Gabriel Cifuentes, analista político, sostiene que Benedetti ha tenido muy pocos logros en el Congreso y sí una cadena de fracasos: la elección de magistrado, las derrotas en la consulta popular y, probablemente, el hundimiento de la tributaria y la ley de sometimiento.  

“Sin embargo, su rol ha sido otro. En una cuarta legislatura es difícil que salgan los proyectos, por lo que entonces su función es política, tanto en estrategia como en campaña”, explica.  

Según él, las alocuciones y los gabinetes televisados han servido para mantener y aumentar levemente la aprobación del Gobierno. En términos de campaña, dice, la gestión de Benedetti está todavía por evaluarse.  

“Ha llegado como un operador político para la elección de 2026, con el objetivo de lograr una mayoría en el Congreso y un candidato viable a la Presidencia. En ese sentido, medir la gestión únicamente por los resultados en el Legislativo, que son flojos, sería inadecuado”, afirma.  

Por eso, concluye que el juicio definitivo será al final del mandato, cuando se sepa si su labor política en campaña fue eficaz o no.

Un balance en suspenso

Para el analista Aurelio Suárez no hay indulgencia en su evaluación. Y pone como ejemplo el video en el que Benedetti se adjudica la clasificación de la Selección al Mundial: “Benedetti busca con esto limpiar la debilidad de su gestión, la de un Gobierno fracasado y derrotado que ahora hasta se sube al bus de la victoria de la Selección Colombia”.  

La evaluación del ministro será más difícil porque, como ha trascendido, el presidente ha enviado señales claras de que se va a radicalizar y a abrir más la brecha con el Legislativo.

Según Palacio, no se trata de radicalizar el discurso, sino los hechos: cumplir el programa de Gobierno en toda su dimensión.

Sea como sea, en ese terreno Benedetti puede ser eficaz, sobre todo ahora que tiene una chequera a su disposición. Si logra movilizar a la ciudadanía para que la izquierda obtenga triunfos electorales contundentes en 2026 y consigue impulsar a un candidato de centro o de izquierda que gane la Presidencia y reemplace a Petro, habrá sido, sin duda, un triunfador.

Finalización del artículo

Comentar este artículo

Aún no hay comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir artículo en redes sociales