
La violencia política gana espacio en las redes sociales
Iván Cepeda, Abelardo de la Espriela, Daniel Quintero.
La defensora del Pueblo, Iris Marín, advirtió que las estigmatizaciones, como la difundida en una 'valla' contra el senador Iván Cepeda —víctima de un montaje en el que aparece vestido con camuflado—, representan “una asociación intolerable para una democracia”.
Por: Armando Neira
La guerra sucia entró a la campaña electoral de la mano de la Inteligencia Artificial. Se trata de un desafío de consecuencias imprevisibles no solo por la fragilidad de nuestro sistema democrático, sino también por los enormes riesgos que supone para la vida de los candidatos. Como lamentablemente se ha visto en el pasado, las estigmatizaciones en Colombia han cobrado centenares de vidas.
Por eso, Iris Marín, defensora del Pueblo, lanzó una voz de alerta. Subrayó que la imagen en la que aparece el senador Iván Cepeda, aspirante en la consulta del Pacto Histórico del próximo mes de octubre, en la que se elegirá el candidato presidencial de la colectividad, vestido con uniforme militar y presentado como miembro de un grupo armado ilegal, es “una asociación intolerable para una democracia”.
Marín insistió en que se trata de un hecho falso que pone en riesgo al aspirante: “La imagen es violencia política simbólica y puede alentar la violencia física”.
Como primera medida, solicitó a la Fiscalía y a las autoridades electorales que adelanten las investigaciones necesarias y definan las consecuencias jurídicas para los responsables. Este es un paso en el sentido correcto, porque la difamación es un delito que resulta más grave a nivel colectivo en la campaña electoral, ya que afecta al conjunto de ciudadanos.
Incitación a la violencia
La defensora convocó además a todos los sectores políticos, a los precandidatos presidenciales y a los medios de comunicación a jugar el partido con reglas básicas: no incurrir en anuncios estigmatizantes que constituyan violencia política o inciten a ella. Y rechazar este tipo de comportamientos, sin importar el sector político del que provengan ni las eventuales ventajas electorales que ofrezcan.
La imagen circuló como si se tratara de una valla ubicada en un edificio. En ella aparecen Cepeda y, al otro lado, el precandidato de derecha Abelardo de la Espriella, acompañado de un mensaje con una argumentación positiva.
La pieza induce naturalmente a mostrar una frontera entre los dos candidatos, presentando a uno como representante de los buenos y al otro de los malos.
De la Espriella negó ser el autor del montaje viral. “Sin recurrir al engaño: al enemigo, al terrorismo y a la guerrillerada de clóset los derrotaremos. ¡Con firmeza, transparencia y amor por la patria ganaremos!”, escribió en su cuenta de X.
“No es necesario hacer campaña sucia; eso se lo dejamos a los perdedores que, con trampas y mañas, pretenden confundir a los colombianos. Nosotros no haremos lo que hizo Petro; nosotros no tendremos a un Guanumen en nuestras filas. Esta pieza no fue hecha por mi campaña”, aseguró.
De la Espriella se refería así al politólogo Sebastián Guanumen, quien se hizo célebre durante la campaña de 2022 por un vídeo que reveló una parte de la estrategia digital de la coalición de izquierda para alcanzar el poder.
“El objetivo de este grupo no es hacer cosas para la campaña oficial, sino trabajar toda la línea lateral de defensa y ataque, y eso significa que tenemos que defendernos y atacar. Y eso significa que, seguramente, la línea ética se va a correr un poco”, se le escucha decir al hoy diplomático Guanumen.
Una respuesta inapropiada
En respuesta a la valla contra Cepeda, el también precandidato del Pacto Histórico, Daniel Quintero, publicó otra imagen en la que De la Espriella aparece disfrazado con elementos que lo asocian a la comunidad LGBTI. Este recurso también fue cuestionado, pues reproduce prácticas de estigmatización.
No es la primera vez que Quintero recurre a agresiones de este tipo contra su contrincante. Anteriormente lo había llamado “ladroncito metrosexual”. ¿Por qué Quintero considera que una forma de insultar a un contrincante es asociándolo con la comunidad LGBTI? Esta es la pregunta que se hacen en varios sectores del Pacto, que llegó al poder con el discurso de trabajar en políticas públicas que beneficiaran a esa comunidad.
Desde el punto de vista de la discusión pública, en ambos casos se evidencia el uso de Inteligencia Artificial para producir las supuestas vallas. El problema no es la crítica política, que es legítima, sino crear información falsa para dañar la reputación de los candidatos rivales.
Esto resulta especialmente grave en el caso de Cepeda, quien ha vivido bajo amenazas de muerte y cuyo padre, el senador Manuel Cepeda, fue asesinado por paramilitares tras ser señalado de pertenecer a las Farc.
Manuel Cepeda era miembro del Partido Comunista y un vehemente defensor de la salida política negociada al conflicto armado. Como él, centenares de militantes de la Unión Patriótica fueron asesinados en un ambiente sangriento de nuestra historia, donde los crímenes se justificaban bajo la acusación de pertenencia a la guerrilla.
Una historia para no olvidar
De acuerdo con el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, ‘Todo pasó frente a nuestros ojos’, el genocidio de la Unión Patriótica (1984–2002), incluyó al menos a 4.153 personas que fueron asesinadas, desaparecidas o secuestradas. Por su parte, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) contabilizó 5.733 militantes asesinados entre 1984 y 2016.
Entre las víctimas estuvieron los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, además del senador Cepeda, lo mismo que otros congresistas: Leonardo Posada, Pedro Jiménez, Octavio Vargas y Pedro Luis Valencia.
La implacable y fría persecución también alcanzó a alcaldes, concejales, líderes sociales y militantes de base. Fue una campaña de exterminio ejecutada por una alianza entre paramilitares, agentes del Estado, narcotraficantes y sectores de extrema derecha.
Ante la nueva campaña de estigmatización, Iván Cepeda recordó: “A mi padre lo asesinaron la mañana del 9 de agosto de 1994. Con frecuencia, en el Congreso, en columnas de opinión, en entrevistas radiales o en declaraciones de ministros, se insinuaba o se decía abiertamente que él era guerrillero”.
Según el senador, esa práctica se repite: primero se prepara a la opinión pública, luego se incita a la violencia, después se ejecutan homicidios y, finalmente, se alega legitimidad para justificar la impunidad.
“Eso ha consolidado la idea de que señalar a alguien como ilegal, terrorista o guerrillero es algo normal y justificado. Pero no: acusar a alguien de guerrillero no es una infamia, es un delito, porque termina en atentados políticos y muertes violentas”, advirtió.
Bolívar enfrenta a Quintero
Dentro del Pacto Histórico hay voces críticas que cada vez evidencian más su disgusto por las acciones publicitarias de Quintero. Gustavo Bolívar, también precandidato, rechazó con firmeza la publicación del exalcalde de Medellín. “Esta persona no representa los valores progresistas de tolerancia y respeto por la diversidad sexual”, señaló en su cuenta de X. Para él, con publicaciones como esa, Quintero se burla de la población LGBTI.
“Perdieron la coherencia, compañeros. Años luchando por una causa y terminan apoyando a alguien que representa todo lo que aborrecían”, dijo.
El exembajador en el Reino Unido, Roy Barreras -quien posiblemente se enfrentará con el ganador de la consulta interna del Pacto en otra en marzo para buscar un candidato del Frente Amplio- también criticó estas prácticas: “Esta no es la campaña que merece Colombia. Las campañas de odio dividen al país. Colombia merece una campaña más seria”.
En paralelo con esta situación y lo que es indiscutible, es que la confrontación entre Bolívar y Quintero ha ido escalando. Bolívar manifestó: “Semana de demostrar de qué se trata esa cosa que llaman coherencia”.
A lo que el jefe de Debate de Quintero, Juan David Duque, respondió: “Petro le pidió que renunciara, no vuelva a traicionarlo como lo hizo en el pasado”. ¿Será verdad esta afirmación? ¿O será una mentira más que se echa a rodar desde la campaña de Quintero con el propósito deliberado de perjudicar a Bolívar?
Ese es uno de los dilemas de estas estrategias: hacen que las audiencias duden entre lo verdadero y lo falso. La respuesta de Bolívar fue contundente: “Traicionar a Petro es robarse los recursos públicos, que son sagrados; es abusar de las mujeres impunemente; es burlarse de la diversidad sexual; es instrumentalizar la bandera de Palestina para conseguir votos. Jamás he traicionado a Petro, lo he defendido con el alma”.
La advertencia de Alejandro Gaviria
El exministro Alejandro Gaviria ya había advertido sobre los riesgos de la manipulación tecnológica para imponer falsas versiones entre la opinión pública. En una ocasión debió aclarar que un video viral en el que aparecía su voz y su imagen opinando sobre las EPS era falso y había sido generado con Inteligencia Artificial.
“La tecnología y la ruindad pueden acabar con el debate democrático. Deberíamos rechazar estas formas de degradación y falsedad. En poco tiempo será imposible distinguir entre verdad y mentira”, afirmó en su momento.
La desinformación, las noticias falsas, son consideradas por varios analistas como una de las epidemias más graves del mundo actual. Aunque, eso sí, Jesús Miguel Flores Vivar, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, recuerda que las mentiras como arma política no son nuevas.
El catedrático cita a Joseph Goebbels, jefe de propaganda nazi, quien sostenía que había que atribuir al adversario las carencias y desgracias de la sociedad y que sus simpatizantes lo repitieran sin cesar hasta que calara entre la gente como una verdad indiscutible. “La diferencia es que hoy internet y las redes sociales han facilitado la explosión de las noticias falsas”, explica.
¿Qué hacer frente a este escenario? Para Flores Vivar, los medios atraviesan un momento decisivo: “Se preguntan si continuarán trabajando bajo el modelo del siglo pasado o bajo un periodismo innovador. En cualquier caso, deben reforzar la verificación de la información antes de publicarla”.
Los ciudadanos, por su parte, deben esforzarse en comprobar que la información que consumen sea fiable. Y los candidatos deben comprender que entrar en estas aguas pantanosas es una apuesta demasiado costosa en la que se puede naufragar.
La historia de Colombia demuestra que las estigmatizaciones políticas cuestan vidas.
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