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Gustavo Petro y Armando Benedetti
Poder

¿Por qué Petro y Benedetti agitan a estas alturas la bandera de la Constituyente?

Gustavo Petro, presidente de la República; Armando Benedetti, ministro del Interior

Como en este periodo no hay tiempo, el Gobierno se moverá en dos vías en 2026 con la intención de reformar la Constitución: recolectar entre 12 y 16 millones de firmas en las calles para impulsar la iniciativa y lograr un Congreso mayoritario de izquierda, con al menos 55 senadores y 86 representantes.

Por: Armando Neira

Con el actual Congreso no se lograrán las reformas sociales que beneficien al pueblo colombiano. Por eso, el año entrante, cuando se elija uno nuevo, se debe votar por parlamentarios que allanen el camino hacia una Asamblea Nacional Constituyente que sí lo haga. Esa es, en síntesis, la nueva idea lanzada por el presidente Gustavo Petro que se abre en la discusión política de las últimas horas.  

Pero, ¿por qué el énfasis en elegir un Congreso mayoritario en el 2026? ¿Es un reconocimiento de la dificultad para ganar la Presidencia? ¿Se prepara así la izquierda para tener un Legislativo robusto que marque la agenda en el periodo 2026-2030?  

“El oficialismo en el poder en Colombia parece reconocer, de forma velada, que su aspiración central en las elecciones de 2026 será el Congreso”, dice el analista Pedro Viveros.  

En el Gobierno y entre los aspirantes de la izquierda no aceptan esta tesis que habla de derrota en las presidenciales. Sin embargo, no es coincidencia que, casi en simultánea, tanto el presidente como su ministro de la política, Armando Benedetti, hayan salido a plantear el tema.  
Lo irrefutable es que el presidente volvió a agitar la bandera de la Constituyente, que había dejado de lado durante la campaña y que intentó impulsar durante su mandato con poco éxito y mucho ruido.

No es hora de mirar atrás

Así, dicen los expertos, el presidente está sentando la base para construir un nuevo proyecto, subrayando que ya no hay tiempo de mirar atrás y que se debe trabajar hacia adelante. En ese sentido, el propio Petro dijo que apoyará listas al Congreso en 2026 que respalden esta propuesta.  

“Con un Congreso como el que eligió el pueblo en 2022, no es posible impulsar reformas más profundas. Alcanzó con la reforma laboral y pensional, y creo que fue un gran éxito”, aseguró Petro. “Pero la forma de elección del Congreso, de tipo clientelar, lo limita para asumir más retos democráticos”, argumentó.  

Gustavo Bolívar
Gustavo Bolívar, aspirante presidencial del Pacto Histórico, con varios de sus seguidores frente al Capitolio.

El mandatario dio ejemplos. Criticó el lento trámite de la reforma a la salud y mencionó el paso de Carlos Camargo como nuevo magistrado de la Corte Constitucional. “Eligió el Senado un magistrado en la Corte que ayudará a deshacer lo que logró la Cámara de Representantes en la pensional. El magistrado ponente aún mantiene paralizada la pensional. Espera que el nuevo magistrado lo ayude”, dijo.  

En su narrativa, el presidente cuestionó la elección de magistrados por parte del Congreso, aunque no mencionó que por este sistema puso en la alta corte a dos juristas de su confianza: el exsecretario jurídico de la Presidencia, Vladimir Fernández, y el abogado Héctor Carvajal. Según Petro, este mecanismo muestra la necesidad de una Constituyente que lo reforme.  

Bajo esa lógica, afirmó: “Indudablemente, la forma de elección de un magistrado, que produce una estela de clientelismo en sus últimos años para llegar a esa posición, demuestra la pertinencia tanto de las reformas sociales como de la reforma a la justicia para que la justicia sea poderosa y no clientelar. Para eso se necesita una reforma constituyente”.

Reelección, no; Constituyente, sí

Petro dijo que la única forma de seguir en la construcción del Estado social de derecho es mediante una Asamblea Constituyente. En ese sentido, advirtió que siempre han descalificado su propuesta por asociarla con la reelección, pero que esa no sería su intención.  

“Cada vez que hablo de la necesaria Constituyente, sacan a relucir la reelección. Bueno, ya no hay tiempo de reelección, así que saqué el tema de nuevo”, declaró. Según el presidente, esa Constituyente debe enfocarse en “las reformas sociales, la adaptación al cambio climático, la garantía de los derechos de la gente, la reforma a la justicia para que cese la impunidad y se garantice la verdad y la reparación de las víctimas”.  

Petro indicó que ese proceso debe buscarse mediante firmas y con el apoyo del nuevo Congreso.  

“Que la lista que se proponga sea una lista proconstituyente y vuelva realidad la orden del pueblo con sus firmas. Me preguntan, ¿a quién apoyo yo? Yo apoyo una lista al Congreso y a la Cámara proconstituyente”, argumentó.

El sueño de Bolívar

Ante esto, hubo respuesta de sus seguidores. Quienes apoyan al precandidato Gustavo Bolívar, uno de los alfiles más leales a Petro, expresaron su respaldo al presidente en la idea de empoderar al pueblo soberano, constituyente primario, “para que con la fórmula de mínimo 55 senadores y 86 representantes logremos una mayoría progresista en el Congreso de la República”.  

“Esa será la base de un Congreso Constituyente, que profundizará el cambio y realizará las reformas sociales que Colombia necesita para construir una sociedad de paz, democracia verdadera, vida digna, justicia social y ambiental, y disminución de las brechas de desigualdad”, dijeron.  

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Las elecciones presidenciales se realizarán el 31 de mayo de 2026. Créditos: Colprensa

En esta línea, el ministro del Interior, Benedetti, dijo en La W que el oficialismo expresó su intención de buscar firmas para que se convoque una Constituyente en el próximo Congreso, aclarando que al hacerse en el mandato siguiente se cae el argumento de que Petro quiera quedarse en la Presidencia. “Es obvio que los que están hoy en el Congreso no quisieron beneficiar a las mayorías para conservar sus privilegios”, explicó el ministro.  

Por eso, en sintonía con la Casa de Nariño, señaló que se necesita obtener mayorías en las elecciones. Aunque, para él, existe una diferencia: que la Constituyente sea de origen popular, a la que calificó además como una de las expresiones más “bonitas” y “loables”.

Un montón de firmas

La idea es conseguir entre 12 y 16 millones de firmas, dice Benedetti, con las cuales se dictaría un mandato popular. Para él, esto es clave porque hay varios temas que se deben cambiar en Colombia y que no se pueden resolver si no es a través de una Asamblea Nacional Constituyente.  

Según Benedetti, quienes en la actualidad ostentan el poder en Colombia son los medios de comunicación y los jueces. “¿Cómo hace uno para cambiar eso? El Congreso no lo hará, no se meterá porque le tiene miedo a las cortes. Hay una cantidad de reformas en la justicia que, si no es en una Constituyente, no se pueden hacer”, dijo.  

Benedetti reconoce que sin una mayoría legislativa comprometida con el cambio, este propósito no será posible. Por ello, hizo un llamado a todas las fuerzas políticas y sociales que comparten la necesidad de reformar la Constitución en aquellos capítulos que han impedido las transformaciones de fondo que exige Colombia, a sumar esfuerzos y voluntades en torno a este proyecto.  

Para Benedetti, el compromiso es claro: reunir las mayorías necesarias para que el pueblo colombiano pueda materializar sus anhelos de justicia, igualdad y paz.  

Según la idea que empieza a imponerse en la Casa de Nariño, hay que ganar las elecciones y, con ello, consolidar un Congreso que esté a la altura de la historia y que, con visión de futuro, abra paso a una nueva etapa de transformaciones sociales, políticas y económicas profundas en Colombia.

Petro está en campaña

Para el analista político Carlos Arias, lo que se está viendo en el escenario político es un Petro que se mueve como pez en el agua en lo que más le gusta: la campaña electoral.  

Para Arias, todo este discurso implica varias cosas: lanzar una cortina de humo para distraer la atención de una gestión pobre y que no cumplió con la promesa de cambio: Icetex, educación, crisis en salud, corrupción, múltiples escándalos semanales protagonizados, entre otros, por Edwin Palma y Juliana Guerrero.  

Pacto Histórico
El Pacto Histórico es la coalición de partidos que llevó al presidente Petro a la Casa de Nariño. Crédito: Colprensa.

Este experto cree que el Gobierno busca un plan B en caso de una posible derrota de su candidato en las elecciones presidenciales y se concentra en robustecer la narrativa para alzarse con una victoria en las legislativas.  

Es allí donde radicaría su plataforma para quedar con opción de poder en las elecciones uninominales de alcaldes y gobernadores, y en la trinchera de oposición en un próximo período presidencial al que bloquearía desde el Congreso.  

En tercer lugar, hay un ingrediente adicional que daría tracción a su iniciativa: la consulta popular de los campesinos, auspiciada por la Agencia Nacional de Tierras, que sería parte de esa intentona de reforma constituyente.

¿Y la Presidencia qué?

“De otra manera, no es comprensible que vuelva la campaña parlamentaria en un objetivo constituyente que lo único que genera son expectativas inconmensurables sobre los cambios, en muchos casos ya consagrados en la Constitución vigente, que pueden promocionar los aspirantes a ser congresistas e inflar con su verbo propuestas que no son necesarias o que ya tienen soluciones constitucionales. Con esta apuesta constituyente, queda la duda de si el foco ya no es ganar la Presidencia”, añade Viveros.  

Para el profesor Javier Rincón, docente de derecho constitucional de la Universidad Javeriana, lo que plantea el Presidente es insistir en que hay que cambiar las instituciones para poder implementar sus propuestas políticas.  

Dice Rincón que, según Petro, se trata del viejo sofisma de que “hay que refundar la República” para llevar a cabo reformas, posición con la que este docente y experto en la Constitución está en total desacuerdo, pues considera “que en el marco de las instituciones actuales es posible implementar cambios estructurales democráticos”.  

“Cuando un presidente quiere cambiar la Constitución porque no le permite hacer lo que quiere, al que hay que cambiar es al presidente, no la Constitución. Después de todo, la Constitución no es la voluntad del presidente, es la norma de normas”, afirmó el profesor e investigador Mauricio Gaona.

El tema que interesa en Palacio

Entre tanto, el profesor Rincón subraya que el Pacto Histórico lo que hace es secundar la idea del Presidente, convirtiendo la Constituyente en una propuesta electoral. “Así, en caso de ganar las elecciones, podrían manifestar que esa Constituyente es un mandato de las mayorías y, por esa vía, imponerla”.  

Con lo anunciado por Petro y Benedetti, es previsible que el Gobierno pretenda convertir la necesidad de una Constituyente en un tema de debate electoral. Habrá que esperar cómo asumen los demás partidos esta temática y si entrarán o no en ese debate.  

Finalmente, Rincón concluye: “Creo que en ambas posiciones —la del Presidente y la del Pacto Histórico— subyace la pretensión de imponer, a través de la ‘refundación de la República’, una visión de Estado y sociedad, dándole visos de proceso democrático sin serlo realmente”.  

Durante su gestión, Petro ha sacudido en varias ocasiones el tablero político del país al abrir la puerta a convocar una Asamblea Constituyente por el estancamiento de sus reformas en el Congreso y varias decisiones del poder judicial que le han sido adversas.
Ese temor existía desde la campaña electoral de 2018. En ese año, el entonces candidato presidencial, junto al exalcalde de Bogotá Antanas Mockus y Claudia López, se comprometió a no convocar una Asamblea Constituyente.  

Ese era, sin duda, el principal temor de buena parte de la sociedad durante la campaña de 2022. Por eso, él mismo subrayó que, una vez en el poder, no utilizaría jamás ese mecanismo para modificar la Carta Magna.

Petro contradice a Petro

“Yo no quiero una Asamblea Constituyente porque la Constitución del 91 me permite hacer los cambios que quiero hacer en el país”, le dijo a la periodista Ángela Patricia Janiot en una entrevista para la cadena internacional Univisión.  

“¿Cómo voy a cambiar lo que hicimos?”, preguntó entonces, al reivindicar que el movimiento M-19 fue uno de los artífices de la actual Constitución.  

Su negativa la expresó tanto en las campañas de 2018 como en la de 2022. Incluso reaccionaba con molestia cuando se le preguntaba al respecto, pues decía que “eso no está escrito en mi programa” y que los medios insistían en “cimentar la idea” de que “iban a elegir a un dictador de izquierda”.  

Por ello, afirmó que “mis compromisos escritos en mármol estarán en el despacho del presidente”. Uno de ellos decía explícitamente: “No convocaré a una Asamblea Constituyente”.  

Al actuar ya como jefe de Estado, dio un viraje en U. En Puerto Resistencia —epicentro en Cali del estallido social— y ante la minga “Por transformaciones por la vida”, convocada por indígenas de Cauca, Putumayo, Huila, Nariño y Valle, afirmó que si las instituciones “no son capaces de estar a la altura de las reformas” que propone su gobierno, “entonces Colombia tiene que ir a una Asamblea Nacional Constituyente”.  

En ese momento, el Presidente habló ante una audiencia que lo ovacionó: “Las instituciones actuales en Colombia no son capaces de estar a la altura de las reformas sociales que el pueblo, a través de su voto, decretó, demandó, mandó y ordenó”.  

No hubo autocrítica sobre la inexperiencia de su bancada en los trámites parlamentarios, ni sobre el atrincheramiento político de sus aliados. Su tesis es que su triunfo electoral debe traducirse en la aprobación de sus iniciativas o, de lo contrario, se debe acudir a una Constituyente: “Para que obedezcan al pueblo en su mandato de paz y de justicia, que es fácil de lograr en Colombia”.

Un contexto distinto

Esa propuesta fue rechazada de plano por buena parte de actores políticos. El entonces senador Humberto de la Calle, uno de los protagonistas de la Constitución de 1991, fue claro:  

“Dice el presidente que la Constituyente se justifica porque no lo dejan gobernar. Eso significa que el problema, si existe, no está en la Constitución. Lo que habría que cambiar, en tal caso, es la forma de gobernar”.  

¿Cuál era el contexto del país cuando se hizo la Constitución de 1991? En ese año se buscó una salida institucional a un país desgarrado por la violencia, tras el asesinato de cuatro candidatos presidenciales y el accionar sangriento del narcotráfico. La comunidad internacional aplaudió entonces el consenso que permitió la creación de una Constitución moderna, pluralista y descentralizada.  

Ahora, el tema vuelve sobre la mesa, pero ya no para el presente sino para el futuro. El Gobierno quiere, está claro, que sea el tema central de las elecciones del Congreso porque consideran que con un bloque sólido, robusto y amplio en el Parlamento sí se podrá hacer el cambio prometido.

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