
Petro navega con el viento en contra en la región
El presidente Gustavo Petro quería convertirse en un líder regional. Fotoilustración: Kim Vega - CAMBIO
Mientras el presidente de Ecuador anuncia que solo habrá una solución definitiva a la crisis comercial y política con Colombia tras las elecciones; en Perú, cualquiera que sea el ganador, será adverso a la izquierda. ¿Se quedó solo en el vecindario? ¿Cómo enfrentar este desafío?
Por: Armando Neira
Las noticias que llegan del vecindario no son favorables para el presidente Gustavo Petro. Este lunes, el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, afirmó que espera encontrar una solución definitiva a la crisis comercial y política con Colombia solo después de que se elija a su sucesor o sucesora.
“Estamos siempre abiertos a trabajar con Colombia; son nuestros hermanos, están al lado y siempre hemos tenido buena relación”, dijo. “Esperemos que después de las elecciones nos podamos sentar y darle una solución a largo plazo a este problema que tenemos en la frontera”, añadió.
En la práctica, esto implica que esperará negociar con el próximo presidente o presidenta. ¿Por qué esa postura? “No tengo gran esperanza de que Petro cambie ni de que haga lo que debería hacer: proteger su frontera sur”, respondió.
Mientras tanto, la relación binacional sigue sumida en la incertidumbre y los comerciantes y empresarios al borde de un ataque de nervios. La crisis comenzó en enero, cuando Ecuador impuso una tasa del 30 por ciento a los productos colombianos. En marzo subió al 50 por ciento y ahora alcanza el 100 por ciento. Bogotá también dejó los aranceles al 100 por ciento.
Pero si por allá llueve, por acá no escampa. En Perú, a falta de resultados oficiales, todo indica que la segunda vuelta presidencial será entre la derechista Keiko Fujimori y el ultraderechista Rafael López Aliaga. Ambos comparten su rechazo al progresismo. “No meta su nariz roja en el Perú”, le dijo en alguna ocasión Keiko Fujimori al jefe del Estado que ella simplemente define como “guerrillero”.
Elecciones en Perú, pelea en Colombia
El proceso electoral ya ha generado enfrentamientos por estos lados. Las senadoras María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, y María José Pizarro, del Pacto Histórico, jefa de Debate de Iván Cepeda y muy cercana a Petro, encontraron en Perú un nuevo motivo de confrontación.

Cabal compartió una fotografía con el mensaje: “¡Vamos, Perú! Ustedes han derrotado a los peores y hoy será una nueva derrota al eje del mal con el triunfo de Keiko Fujimori”. Pizarro respondió: “Alberto Fujimori, padre de Keiko Fujimori, fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad, corrupción, peculado y espionaje”.
Cabal replicó: “¡Qué caradura! Su padre, alias Carroloco, beneficiario de la impunidad del Estado colombiano a través de la amnistía y el indulto, fue tan depredador como su tío, el psicópata Hernán Pizarro, autor de la masacre de Tacueyó”.
Pizarro, hija del comandante del M-19, Carlos Pizarro, asesinado tras haber firmado un Acuerdo de Paz, contestó: “Uno puede entender que respalde a la hija de Fujimori, pero no lo justifique. Fujimori fue condenado por su participación en masacres y secuestros, además de usurpación de funciones, peculado, espionaje (‘chuzadas’), soborno a congresistas y desvío de recursos públicos”.
En este contexto, el panorama no es favorable para Colombia ni en Quito ni en Lima. Eso no es todo. La percepción sobre el país, y sobre Petro en particular, ha cambiado con rapidez en la región ante el cambio del péndulo.
En Chile terminó el Gobierno de Gabriel Boric y fue reemplazado por el ultraconservador José Antonio Kast, defensor de la dictadura de Augusto Pinochet. Se suma así al coro de líderes como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador para quienes la izquierda les causa repulsión. En Bolivia, además, llegó Rodrigo Paz, quien ha dejado atrás el “socialismo del siglo XXI” para promover lo que denomina un “capitalismo para todos”.
Trump sueña con escudos
Por si fuera poco, hace unos días se lanzó en Miami el llamado ‘Escudo de las Américas’, descrito por Donald Trump como “una nueva gran coalición militar para erradicar los cárteles del narcotráfico”. La iniciativa plantea interrogantes sobre el papel de Colombia, principal productor de cocaína del mundo, a quien ni siquiera se le invitó por cortesía.
“Me parece que con 17 países pequeños, débiles y sin experiencia no se puede hacer un escudo”, respondió Petro.
Ante este panorama, surge la pregunta: ¿qué camino puede tomar Petro? Enrique Prieto-Ríos, profesor del Rosario y doctor en Derecho por Birkbeck, University of London, señala que el desafío no es exclusivo de Petro, sino también de líderes como Claudia Sheinbaum (México) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil).

“Esta agenda de gobiernos de centroizquierda se ubica hoy en minoría, lo que dificulta impulsar iniciativas regionales en espacios como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o El Mercosur (Mercado Común del Sur)”, explica.
Según el académico, estos países aún tienen margen de acción por el peso de sus economías. Sin embargo, en el caso de Colombia, el tiempo es un factor clave: a Petro le quedan pocos meses de mandato y su atención se centrará en la continuidad de su proyecto progresista.
Las circunstancias han cambiado drásticamente desde el inicio de su gobierno, cuando buscaba posicionarse como líder regional. Hoy, el margen de maniobra es menor y el tiempo juega en su contra. Pero, ¿está Colombia sola?
La hora del pragmatismo
Prieto-Ríos añade que esta situación no es inédita. “Colombia históricamente ha tomado caminos distintos a los de la región”, afirma. También advierte que no se puede asumir que la derecha sea la única opción política en estos países en los que ha habido cambios de gobierno, pero a quienes también les preocupa su agenda externa: “Existen posiciones intermedias que podrían ganar espacio”.
En ese sentido, insiste en la necesidad de una política exterior clara. Hasta ahora, señala, ha predominado la reacción emocional y la comunicación a través de redes sociales, lo que resulta poco estratégico.
Otro elemento relevante es el impacto de apoyos externos. Un respaldo explícito de figuras como Trump podría afectar negativamente a ciertos candidatos en Colombia, como ya ha ocurrido en otros contextos. De hecho, un claro ejemplo se vio este domingo. El primer ministro ultraconservador húngaro, Viktor Orbán, fue sacado del poder por los electores a pesar de que hasta el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, había ido a Budapest, horas antes, a mostrarle su apoyo.

Prieto-Ríos concluye que, aunque la influencia regional de Petro se debilite, su papel internacional en temas como medio ambiente y transición energética podría mantenerse, especialmente en ámbitos académicos y políticos en donde su voz sigue siendo escuchada.
Por su parte, el politólogo Manuel Camilo González Vides plantea dos escenarios en Perú. El primero, más probable, es un gobierno de extrema derecha liderado por López Aliaga. El segundo sería el triunfo de Fujimori, impulsado por temas como la inseguridad. En ambos casos, la relación con Colombia podría ser tensa en un inicio. Por eso, subraya la importancia de manejar los vínculos con pragmatismo para evitar impactos negativos en las comunidades de ambos países como está sucedido hoy con Ecuador.
El tiempo en contra
González Vides subraya que Petro mantiene una posición ambigua frente al ‘Escudo de las Américas’: no participa plenamente, pero tampoco se mantiene al margen. Tras su reunión con Trump, ha adoptado posturas más cercanas a Washington en materia de seguridad.
En su análisis, este experto dice que la influencia regional depende tanto de factores internos como externos. Y dice que a pesar de los sobresaltos, Estados Unidos sigue teniendo un peso determinante, lo que limita el margen de acción de otros países. Además, Colombia enfrenta debilidades internas, como una política exterior poco consistente y limitaciones institucionales, añade.
También, como Prieto-Ríos, advierte que el tiempo juega en contra del gobierno. Petro ha optado por centrarse en la política interna, priorizando el escenario electoral y reduciendo tensiones con Estados Unidos, asegura González Vides.
Eduardo Pastrana Buelvas, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, coincide en que el factor tiempo es determinante: “A Petro le quedan muy pocos meses”.

Sin embargo, cree que no hay hechos definitivos. A su juicio, por ejemplo, dice que el ‘Escudo de las Américas’ difícilmente prosperará sin el liderazgo de Trump. Lo describe como un intento de articular una alianza ideológica de derecha en la región, pero que los tiempos han cambiado en cuestión de días.
Él considera que el contexto internacional complica aún más el panorama para Estados Unidos, lo que reduce la viabilidad de este tipo de iniciativas. Según su lectura, Trump se metió en una guerra con Irán en la que creía que saldría victorioso y hasta ahora va de tumbo en tumbo.
Pero, centrado exclusivamente en el papel de Petro, dice que en todo caso, su influencia regional ha sido limitada. “Su gobierno no logró consolidar un liderazgo regional efectivo”, afirma.
Explica que, en relaciones internacionales, el liderazgo estatal requiere tres elementos: capacidad económica, apoyo de otros países y presencia activa en organismos multilaterales. Colombia, señala, no cumple plenamente con estos requisitos.
Ni siquiera Brasil ha recuperado por completo el protagonismo que tuvo a comienzos de siglo. En América Latina, los únicos países con capacidad real de liderazgo siguen siendo Brasil y México, mientras que Colombia ocupa un papel secundario, añade.
Petro tiene de manera urgente -además sabe que puede jugar un papel protagónico- una agenda con la Venezuela de Delcy Rodríguez. Aunque se trata también de un horizonte marcado por la incertidumbre.
En conclusión, Pastrana considera que ninguno de estos actores será decisivo para cambiar la dinámica regional ni para presionar de forma determinante a Colombia. Según su análisis, el Gobierno de Petro no logró traducir su discurso en una influencia regional concreta, en un contexto donde los equilibrios políticos han cambiado de forma acelerada.
No se trata solo del sueño de querer liderar procesos de unidad y de avance en la región, sino que la realidad del país es tan compleja, dura y de sobresaltos, que si bien fue una ilusión bonita, se quedó en eso.
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