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La última encuesta antes de la primera vuelta: Cepeda y De la Espriella, cabeza a cabeza; Paloma, a veinte puntos
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La última encuesta antes de la primera vuelta: Cepeda y De la Espriella, cabeza a cabeza; Paloma, a veinte puntos

Ilustración: Jorge Restrepo.

CAMBIO presenta la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, a una semana de las elecciones. La última foto antes del día decisivo muestra un escenario inédito: el senador tiene una ventaja mínima sobre el abogado en los escenarios de primera. Y en segunda vuelta el abogado le sacaría una ventaja mínima. Paloma Valencia en alerta máxima.

Por: Mateo Muñoz

Hace sesenta días, Abelardo de la Espriella era el tercero en una carrera de tres. Hoy le respira en la nuca al puntero Iván Cepeda, dejó a Paloma Valencia a veinte puntos de distancia y convirtió lo que parecía una paliza en una pelea abierta. La última encuesta del Centro Nacional de Consultoría, que publica CAMBIO en exclusiva, no es solo una foto del momento: es el primer boceto de una segunda vuelta que ya tiene nombres, forma y un protagonista que remontó a pesar de sus controversias.

La medición del CNC ⎯la última antes de la primera vuelta⎯ confirma la tendencia ascendente del abogado, el retroceso de la campaña de Valencia y el estático primer lugar de Cepeda, que cierra las mediciones sin un crecimiento significativo. Las cifras llegan en una recta final en donde las campañas harán ajustes de último minuto, suavizarán (o radicalizarán) sus discursos y apostarán por un timonazo que cambie el tablero para el 31 de mayo.

Se realizaron 2.202 encuestas presenciales entre el 16 y el 22 de mayo. Por ello, se recoge la percepción ciudadana después de la maratón de eventos públicos de los candidatos, entre otros hechos, el recrudecimiento de la confrontación entre el uribismo y los seguidores de Abelardo de la Espriella, las salidas en falso del abogado con comentarios machistas, la ausencia de debates con todos los punteros y el incremento de las críticas hacia la política de paz total del gobierno Petro.

Una carrera de tres, pasó a ser un duelo parejo

En el escenario general el puntero sigue siendo Iván Cepeda con el 33,4 por ciento de intención de voto. El senador del Pacto Histórico llegará a la primera vuelta habiendo sostenido el primer lugar en todas las mediciones hechas este año. La novedad aparece cuando se mira en retrospectiva: el candidato progresista no logró romper el techo del 40 por ciento en ninguna de las cinco mediciones del CNC de 2026.

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Su mejor desempeño se registró en la encuesta publicada el pasado 3 de mayo en donde alcanzó el 37,2 por ciento. Comparado con ese resultado, en la medición más reciente, el senador retrocedió 3,8 puntos porcentuales y quedó con la cifra más baja desde enero. Así, el objetivo autoimpuesto de Cepeda de ganar en primera vuelta, parece estar más distante que nunca.

Pero las alertas para el senador progresista no solo llegan por su poca evolución en las cifras sino también por el repunte de quien lo va persiguiendo de cerca: Abelardo de la Espriella. Con el 30,9 por ciento de intención de voto, el abogado por primera vez rompió el techo del 30 por ciento, se consolidó como el aspirante que más creció en los últimos 20 días (10 puntos) y, con un margen de error menor al 3 por ciento, está técnicamente empatado con Cepeda, su némesis ideológico.

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El momento estelar de De la Espriella contrasta con la entrada en barrena de la campaña de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Con el 12,6 por ciento, la senadora uribista perdió 3 puntos respecto a la encuesta del 3 de mayo y 9,6 puntos comparada con la encuesta del 22 de marzo, época en la que registró el 22,6 por ciento de intención de voto. Valencia no llega ni a la mitad del porcentaje de intención de voto de Abelardo de la Espriella, su competidor directo en la derecha por el tiquete hacia el balotaje.

El pulso por la derecha ya tiene ganador

Hace dos meses, Paloma Valencia era la candidata de la derecha. No había discusión al respecto. Tenía el respaldo del establecimiento conservador, la tutela de Álvaro Uribe Vélez, una imagen construida durante años como senadora combativa y articulada, y un electorado natural que la veía como la alternativa más sólida al proyecto de izquierda que encarna Cepeda. De la Espriella, en cambio, era el abogado penalista conocido por defender, entre otros, a mafiosos en aprietos. Un personaje mediático, polémico, con más presencia en los noticieros que en los foros de política y carente de experiencia en administración pública. 

Para entender la meteórica remontada de Abelardo hay que comprender primero el error estratégico de Valencia. Desde el comienzo de la campaña hacia la primera vuelta, su equipo tomó una decisión que parecía inteligente sobre el papel: si la derecha ya estaba consolidada, el camino al poder pasaba por ampliar la base hacia el centro. Había que suavizar el mensaje, moderar los bordes, hablarle a un electorado más amplio que el núcleo conservador tradicional.

El problema es que esa estrategia tenía un costo que fue subestimado. Moverse hacia el centro significaba, inevitablemente, desplazarse hacia un espectro que no era familiar. Así, el votante de derecha, que no tenía mucha oferta en la vitrina electoral, empezó a percibir que su candidata natural estaba dejando de serlo. 

Ese es el espacio que encontró Abelardo de la Espriella. No creó un electorado nuevo. No inventó una base que no existía. Simplemente ocupó el territorio que Valencia estaba abandonando en su movimiento hacia el centro. Mientras ella intentaba hablarle al votante indeciso de clase media urbana, él le hablaba sin complejos al electorado que quería escuchar un mensaje claro, directo y sin matices: más seguridad, menos impuestos, mano dura con el crimen. Atendiendo dolores clave de los votantes como lo confirma la encuesta del CNC.

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Pero lo más importante para el abogado ha sido cargar una bandera anti establecimiento que, paradójicamente, lo acerca a la esencia de la campaña de Iván Cepeda. El progresismo acusa a las élites políticas y económicas de profundizar la desigualdad e ignorar los clamores populares de cambio. Las nuevas derechas responsabilizan a ‘los de siempre’ de haberse quedado cortos en combatir el ascenso de la izquierda, refugiarse en la tibieza disfrazada de defensa de las instituciones y embelesarse con el poder burocrático.

“Nosotros somos los nunca. Los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, los que nunca nos hemos robado un peso, los que nunca nos rendimos ni nos quedamos en la queja. Los que nunca hemos hecho politiquería”, dijo De la Espriella.

Los ejes estratégicos de Abelardo de la Espriella se han combinado con su estilo personal: ausencia total de eufemismos y corrección política. Es un exitoso abogado penalista de oficio, y se nota. En las entrevistas habla como quien interroga a un testigo: directo, sin rodeos, con una confianza que a veces supera la arrogancia pero que el votante desencantado con la política tradicional lee como autenticidad. El impacto de su estilo llega a tal punto que sus votantes son capaces de perdonarle el machismo, el clasismo, la misoginia y las gambetas que le ha hecho a la ética profesional a juzgar por su historial de clientes. 

Así, en un ciclo político marcado por el hartazgo con el establecimiento, De la Espriella tiene la ventaja paradójica de ser conocido pero no estar contaminado. Todo el mundo sabe quién es pero nadie lo asocia con los fracasos de la clase política tradicional. No ha gobernado nada. No tiene un ministerio que defender ni una reforma que explicar. No ha hecho parte de ningún gabinete. Llega limpio al debate sobre gestión pública, aunque eso implica una rampante inexperiencia en manejar la cosa pública.

Además, el abogado ha sabido llegar a la clase media y al público adulto. Según los resultados de la más reciente encuesta del CNC, De la Espriella supera a Cepeda en intención de voto en los estratos 3,4,5 y 6. Por otro lado, empata con el senador en el grupo de votantes que están entre 35 a 44 años y gana por ocho puntos entre quienes están entre los 45 y 54 años.

Valencia, en cambio, carga con el peso de ser exactamente lo que el votante anti establishment rechaza: heredera de una familia poderosa, senadora de larga trayectoria, que habla con el lenguaje académico y técnico de alguien que lleva años en el Congreso y que le ha abierto la puerta de su campaña a los partidos. Tiene méritos reales e ideas sólidas, pero su imagen es la de una política tradicional en un momento en que ese perfil es más lastre que activo. De acuerdo a la medición, Paloma no logra competirle a los dos punteros en ningún estrato ni grupo etario.

El voto útil en segunda vuelta

El intento de Valencia por conquistar el voto de centro no solo le costó parte de su base natural. También fracasó en su objetivo. El votante de centro colombiano no migró hacia ella. Siguió fragmentado entre opciones que no superan el umbral de relevancia o simplemente no encontró a su candidato y optó por la abstención como postura política.

Al discriminar los datos por regiones, en las zonas que históricamente han votado por la derecha, Paloma Valencia pierde con Abelardo de la Espriella. Por ejemplo, en el Eje Cafetero, el abogado alcanzó el 35 por ciento de intención de voto, mientras que la senadora uribista se quedó en el tercer lugar con el 22,5 por ciento, incluso superada por Iván Cepeda (23 por ciento). 

En el caso de Bogotá, en donde Juan Daniel Oviedo sorprendió hace tres años al quedar segundo en las elecciones a la Alcaldía Mayor, Valencia se quedó con 16,1 por ciento de intención de voto, a 11 puntos de Abelardo de la Espriella (27,6 por ciento) y a 21 de Iván Cepeda (37,1 por ciento).

Incluso, el discurso del voto útil está haciendo agua. Para conseguir apoyos, la campaña de Valencia se aferra a la idea de que su candidata es la única que puede vencer a Cepeda en segunda vuelta. Pero, según los más recientes datos de la encuesta del CNC, esa afirmación es rebatible. En una confrontación directa, De la Espriella obtiene el 43,6 por ciento de intención de voto superando por primera vez a Iván Cepeda, quien se queda con el 40,9 por ciento. Un empate técnico inédito en las mediciones hechas por el CNC en 2026.

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Por su parte, Paloma Valencia también logra empatar con Cepeda en el escenario de segunda vuelta, pero su ventaja es menor a la del abogado.

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Así, Valencia parece estar en el peor escenario posible para una campaña: perdió a los suyos sin ganar a los ajenos. En su camino hacia el centro, se quedó a mitad de la ruta.

Precisamente, el centro en Colombia tiene un problema estructural que ninguna campaña ha resuelto en los últimos tres ciclos electorales: existe como segmento sociológico pero no existe como bloque electoral cohesionado. Es un electorado que comparte ciertos valores —pragmatismo, institucionalidad, rechazo a los extremos— pero que no vota junto. Se dispersa, se abstiene o termina eligiendo al mal menor en segunda vuelta. Conquistarlo requiere no solo un mensaje sino una organización territorial y una maquinaria de movilización que ninguno de los candidatos que se han aventurado en ese espacio ha logrado construir.

Lo que viene

La pregunta que De la Espriella debe responder en las próximas semanas es si su crecimiento tiene fondo o si está acercándose a su propio techo. Crecer en las encuestas cuando eres el tercero es relativamente fácil: hay mucho espacio disponible. Crecer a partir del segundo lugar es otra cosa. Ahí el votante nuevo que ya tiene candidato y opinión formada, tiene razones para no votar por ti. Para alcanzar a Cepeda, De la Espriella necesita hablarle a un votante que no es su votante natural, sin perder a los que ya ganó. Es el mismo dilema que hundió a Valencia.

Además, Abelardo tendrá que ver a los ojos otro dilema: ¿Abrirle la puerta a las estructuras partidistas que hasta ahora ha recibido por debajo de la mesa y en pequeñas dosis? ¿O adoptar la estrategia ‘suicida’ de Rodolfo Hernandez en 2022 y mantener su asepsia política hasta la elección de junio?

Mientras tanto, Paloma Valencia enfrenta una decisión que ningún candidato quiere tomar a días de la primera vuelta: si corrige el rumbo y vuelve a su base, admite implícitamente que la estrategia de centro fue un error. Si insiste, sigue perdiendo terreno en el único lugar donde tenía votos ciertos. En política, como en derecho penal, el peor momento para cambiar de estrategia es cuando el juicio ya empezó. Y este juicio, el del 31 de mayo, está a punto de comenzar.


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