
El milagro que se le atravesó a la patria milagro: crónica de la victoria del "petrouribismo" circunstancial
Un bolígrafo rojo, chats de última hora y el fantasma de la Comisión de Acusaciones terminaron por cocinar la coalición coyuntural entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático. Las dos bancadas más grandes del Congreso, y otros congresistas que se voltearon, hicieron que De la Espriella sea el primer presidente en décadas que pierde la presidencia del Senado en su primer año.
Por: Mateo Muñoz
La mayoría de los senadores hicieron lo posible para que sus familiares entraran al salón donde iban a sesionar por primera vez en este periodo. Le hicieron ojitos al hombre del protocolo que custodiaba la puerta. Dijeron que solo entrarían para la foto o pusieron al frente al menor del grupo familiar.
—Es para una fotico con las niñas —imploró un senador liberal. Pero nada. El cancerbero tenía órdenes expresas del presidente saliente, Lidio García, de solo permitir el ingreso de senadores.
En la fila de ingreso estaba Enrique Gómez, senador de Salvación Nacional. Mientras esperaba para entrar, un ciudadano le dijo una frase que será del diario vivir durante los próximos cuatro años: "Tengo unas ideas muy buenas, doctor, mañana se las podría mostrar", dijo el proactivo hombre. Gómez, sin mucho entusiasmo, le respondió: "Mañana será un día muy agitado. Hay que esperar cómo nos va esta noche".
Ese gesto auténtico de incertidumbre, propiciado por la ausencia de micrófonos, fue una señal del presentimiento que ya estaba rondando en las filas abelardistas horas antes de la votación. Aunque en el gobierno electo y sus aliados ya sabían que el Pacto Histórico votaría a favor de Honorio Henríquez, no tenían en sus cuentas que varios votos de partidos ya jugados con Alfredo Deluque se fugaran, incumpliendo lo acordado.
"Por lo conversado esperamos que algunos verdes, liberales y conservadores nos apoyen", dijo un senador uribista fuera de micrófono mientras estiraba las piernas luego del largo discurso del presidente Petro.
El mismo Deluque llegó confiado al Capitolio. "Como 14 partidos me apoyan [...] se las dejo ahí", dijo el senador guajiro, que al final obtuvo 45 votos, 11 menos que lo pronosticado.
En la plenaria, los reflectores estaban sobre el Pacto Histórico. El morbo por ver al petrismo votando por un candidato de Álvaro Uribe hizo que todo el auditorio esperara con ansias la confirmación de que el partido de Petro votaría con el de Uribe. Tuvieron que pasar dos intervenciones —una de Alberto Benavides y otra de Carolina Corcho— para que el senador Kevin Gómez por fin anunciara que la colectividad de izquierdas se la jugaría por el senador de derecha.
Pero la decisión del petrismo no fue fácil de tramitar internamente. Hasta el último minuto hubo recordatorios para votar con disciplina y honrar los acuerdos de bancada y la instrucción del presidente Petro. "Mi voto será por Honorio Henríquez como lo acordamos. Y voy a publicar mi voto por decisión libre para honrar el acuerdo de bancada", escribió la senadora Carolina Corcho en el grupo de WhatsApp "Senadores 2026" del Pacto Histórico. "Ídem", respondió Agmeth Escaf. Y Esmeralda Hernández escribió: "Haré lo mismo". Incluso, en el momento de la votación, algunos senadores se prestaron un bolígrafo rojo para que fuera más visible su voto ante las cámaras y no alimentar rumores en redes sociales.
De hecho, CAMBIO conoció que la senadora Corcho le escribió a algunos compañeros de su bancada recordándoles el "compromiso con el presidente" y el hecho de que 'estaban en riesgo muchas cosas'. Los destinatarios leyeron atentamente el mensaje de la exministra mientras terminaban de comer el pollo con vegetales servido como cena.
La insistencia del Pacto de jugársela por Henríquez hizo que la victoria del senador pusiera a rodar con más fuerza la suspicacia de que el verdadero motivo del voto conjunto entre el petrismo y el uribismo obedece a una transacción de miedos entre el expresidente y el presidente saliente.
A Uribe le preocupa que Defensores de la Patria quiera desbancar y eventualmente ayudar a desaparecer al Centro Democrático. Eso es de dominio público. Y a Petro le atemoriza que, con el nuevo gobierno y el cambio de Congreso, en la Comisión de Acusaciones de la Cámara se muevan las investigaciones en su contra lo suficiente para llegar a un juicio, aún más cuando el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha dicho que lo extraditaría a Estados Unidos.
Por ello, y lo que es un hecho, es que al Pacto le interesa tener mayorías en esa célula legislativa y hasta ahora tiene 5 de 17 escaños, mientras que el Centro Democrático tiene tres.
Sin embargo, ni el petrismo ni el uribismo confirman un acuerdo para evitar que alguno de los 200 procesos contra Petro pase de ahí. "No tiene que ver con eso, fue algo circunstancial por la inconformidad con el nuevo gobierno", dijo un senador del Centro Democrático sobre esta teoría. De hecho, uno de los representantes uribistas que estará en esa comisión es Daniel Briceño, férreo opositor a Petro.
Más allá de las suspicacias, lo cierto es que el país vio nacer y morir en una misma noche al "petrouribismo". Ninguna de las dos bancadas está dispuesta a coincidir en votaciones más allá de lo necesario y saben que esta unión fue coyuntural para darle la primera derrota política al gobierno de De la Espriella.
"Los teníamos que aterrizar. Es que no puedes imponer a tu amigo de parranda por encima de la política pura y dura", dijo un congresista uribista en referencia a Deluque y su cercanía personal con el presidente electo. Y es cierto: la insistencia del oficialismo con el senador de la U siempre tuvo un tinte personal más que político, pues por aritmética el nombre de Deluque nunca hizo mucho sentido al ser de un partido con apenas ocho senadores.
"Esa es una amistad de condominio. Abelardo y Deluque son vecinos en Barranquilla. Eso no es credencial suficiente para ser presidente del Congreso", apuntó otro senador del Centro Democrático.
El capricho por encima del cálculo terminó costándole muy caro al gobierno que llega y al ministro del Interior designado, Rodrigo Lara. El exsenador tuvo el peor bautizo posible en el Capitolio al perder la presidencia del Congreso en el primer año, algo que no le había pasado a ningún jefe de Estado en los últimos 30 años. Además, el abelardismo puro y duro ni siquiera logró tener la presidencia de la Cámara, que quedó en manos del conservador Nicolás Barguil, señalado como "godopetrista" por algunos miembros de la derecha.
Y eso que hasta el mismo Petro pudo, hace cuatro años, poner a Roy Barreras y a David Racero como presidentes del Senado y la Cámara, respectivamente.
Así, lo que queda expuesto no es solo una derrota puntual, sino la fragilidad de la aritmética con la que el gobierno entrante pensaba maniobrar. En el papel, la coalición que De la Espriella arma en el Congreso sigue siendo mayoritaria: entre el Centro Democrático, el Conservador, el Liberal, La U, Cambio Radical y Salvación Nacional suma más de sesenta parlamentarios en el Senado.
Pero una mayoría numérica no se traduce automáticamente en gobernabilidad, sobre todo en un Congreso donde la disciplina de bancada se ha debilitado y buena parte de la renovación —cercana al 40 por ciento en el Senado y casi al 60 por ciento en la Cámara— todavía no tiene lealtades consolidadas. La votación del 20 de julio demostró exactamente eso: bastó que el Centro Democrático decidiera jugar su propia carta, y que el Pacto Histórico decidiera dársela, para que una ventaja de trece votos se convirtiera en una derrota de once.
Aunque el uribismo seguirá estando en la coalición gobiernista, la herida de este lunes deja claro que, cuando el Centro Democrático sienta que se le falta al respeto, tiene tanto la voluntad como, ahora, la prueba de que consigue los votos para interponerse en su camino, incluso si eso significa sentarse por una noche con el partido que combatió durante todo el cuatrienio anterior.
Para un gobierno que todavía no se posesiona y que ya tiene en el congelador proyectos polémicos, ese es el precio real de haber convertido una decisión de repartición de poder en una pelea personal apuntalada con compromisos entre amigos y ofensas casi colegiales. "Lo de Paola Holguín fue una afrenta innecesaria. Fue premiar a los que se fueron del partido", señaló un congreista del Centro Democrático
Deluque no le podrá poner la banda presidencial a su compadre Abelardo. Esa tarea protocolaria quedó —gracias a un giro en la trama— en manos de un hombre de confianza de Álvaro Uribe, quien hoy le envió un mensaje de vigencia a quienes lo quieren jubilar de la política.
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