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‘Le vamos a ganar la guerra a Abelardo’: Rafael Nieto Loaiza
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‘Le vamos a ganar la guerra a Abelardo’: Rafael Nieto Loaiza

Rafael Nieto Loaiza, senador del Centro Democrático. Foto: Pablo David Gutiérrez.

El senador uribista Rafael Nieto Loaiza —quien lideró el debate contra la idea de que el nuevo presidente se posesione en una guarnición militar— habló con Federico Gómez Lara sobre la disputa entre el Centro Democrático y el abelardismo por el liderazgo de la derecha, anticipó que esa disputa apenas comienza y afirmó que —sin ninguna duda— el uribismo la va a ganar.

Por: Federico Gómez Lara

Hay pocas voces dentro de la derecha con tanta autoridad para hablar sobre Fuerzas Militares como la de Rafael Nieto Loaiza. Fue asesor del Ministerio de Defensa, trabajó con el alto mando militar durante la reestructuración del Ejército que dio origen a la política de Seguridad Democrática, ha sido profesor de la Escuela Superior de Guerra y acaba de posesionarse como senador por el Centro Democrático.

Por eso sorprendió que fuera él —y no un dirigente de la oposición— quien saliera a cuestionar la posibilidad de que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, tome posesión en una guarnición militar. Mientras desde distintos sectores del futuro oficialismo se defiende la idea como un símbolo de autoridad y de respaldo a la Fuerza Pública, Nieto sostiene que el mensaje sería exactamente el contrario: pondría en riesgo uno de los principios que han definido la democracia colombiana desde el Frente Nacional, la subordinación del poder militar al poder civil.

Haga clic aquí para ver la entrevista completa en vídeo

Pero esta conversación va mucho más allá de ese episodio. El senador analiza la política de seguridad que heredará el nuevo gobierno, reconoce que la derrota del uribismo se debió a una mala lectura del momento político del país y anticipa que la disputa entre el Centro Democrático y el movimiento de De la Espriella apenas comienza y que —sin ninguna duda— el uribismo la va a ganar.


CAMBIO: Quiero comenzar recordando un discurso que marcó la historia de la relación entre las Fuerzas Militares y la democracia colombiana: la intervención de Alberto Lleras Camargo en el Teatro Patria, en 1958, cuando defendió la necesidad de mantener a los militares alejados de la deliberación política. ¿Qué lectura hace hoy de ese discurso?

Discurso de Alberto Lleras en el Teatro Patria (1958). Haga click para oír el audio:

Rafael Nieto: Nunca lo había oído completo; lo había leído varias veces. Tiene un contexto histórico fundamental. Hasta el golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla, las Fuerzas Militares, en términos generales, se habían mantenido al margen de la política. Incluso los ministros de Guerra eran civiles. Quienes participaron activamente en la violencia fueron los policías, que en ese momento dependían del Ministerio de Gobierno y fueron utilizados ilegalmente en el conflicto entre liberales y conservadores. Después del golpe cambia la estructura institucional: la Policía queda bajo la órbita del Ministerio de Defensa y, cuando llega la junta militar y luego se restablece la democracia, se opta por un gabinete paritario entre liberales y conservadores. El problema es que entonces existían trece  ministerios.

CAMBIO: Por eso encontraron una salida salomónica: 6 para los liberales, 6 para los conservadores y el Ministerio de Guerra se dejó a cargo de un general…

R.N: Exactamente. El discurso de Lleras separó completamente las órbitas de lo militar y lo civil. Tuvo incluso una consecuencia negativa: durante mucho tiempo los civiles dejaron de interesarse por los temas de defensa porque asumieron que eran asuntos exclusivamente militares. Eso hizo que durante décadas no hubiera expertos civiles en seguridad. Pero el principio de la no deliberancia se mantuvo intacto.

CAMBIO: Con el gobierno que está por comenzar pareciera que se está retrocediendo en esa materia. No porque los militares estén deliberando, sino porque se está llevando la simbología militar al centro de la política: el saludo marcial, el "firme por la patria"...

R.N: Lo curioso es que ese cambio no viene de los militares. Viene de algunos civiles. Los militares tienen absolutamente claro cuál es su papel dentro de una democracia. Se educan bajo el principio de la no deliberancia y lo cumplen. La mejor prueba fue el gobierno de Gustavo Petro. Yo no tengo dudas de que para muchos militares fue muy incómodo ser gobernados por alguien a quien combatieron durante años. Sin embargo, nunca hubo el menor ruido desde los cuarteles que pusiera en riesgo la institucionalidad democrática. Los militares colombianos son probadamente institucionalistas. Ni siquiera hicieron ruido cuando el gobierno tomó decisiones que debilitaron a la Fuerza Pública: la salida de decenas de generales, los recortes presupuestales, el deterioro de las capacidades operativas, los cambios en inteligencia o el rompimiento de los canales tradicionales de comunicación con los civiles. El ataque del gobierno de Petro a la Fuerza Pública fue sistemático y aun así, resistieron todo eso sin romper la institucionalidad. Ahora, no es que los militares estén participando en política, sino que hay políticos que se apropian de la simbología militar para enviar mensajes al electorado. Eso me molesta. Por ejemplo, el saludo marcial es propio de los uniformados.

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Rafael Nieto es abogado, experto en seguridad, fue viceministro del Interior (2003-2004) y prencadidato presidencial (2018 y 2022). Foto: CAMBIO.

CAMBIO: Y uno ve a todo el gabinete designado haciéndolo con una sonrisa en la cara...

R.N: Yo puedo apostar que a muchos militares y policías les molesta. Porque ellos sí han vivido la vida castrense, sí han sufrido los rigores del combate. Y cuando sus símbolos se utilizan con fines partidistas, se molestan. Aquí no es que las Fuerzas Militares estén interviniendo en política. Lo que ocurre es exactamente lo contrario: hay civiles utilizando la imagen de los militares para hacer política.

"Hay políticos que se apropian de la simbología militar para enviar mensajes al electorado. Eso me molesta".

CAMBIO: Y en esa línea de simbología está la propuesta de la posesión en una guarnición militar. Usted dijo en el Senado oponerse a este tema ¿Por qué lo hizo?

R.N: Porque he sido asesor del Ministerio de Defensa, asesor del Comando General, asesor del Comando de Ejército; fui la mano derecha del general Mora en el proceso de reestructuración del Ejército. Modestia aparte, muchos oficiales quisieran el tablero de condecoraciones que generosamente me han dado las Fuerzas Militares y la Policía. Creo que en el Congreso de la República no hay alguien más comprometido con las Fuerzas Militares y la Policía que yo. El homenaje a la Fuerza Pública hay que hacerlo, creo que es necesario. Pero hay que preservar la institucionalidad democrática, hay que preservar el mensaje eficaz y simbólico de la subordinación del poder militar al poder civil, hay que evitar la politización de las Fuerzas Militares y la manipulación de la Fuerza Pública por parte de los civiles. Fíjese: no me preocupa tanto lo que piensen los uniformados, sino el aprovechamiento que se pretenda hacer de la Fuerza Pública con propósitos partidistas o electorales, y por supuesto la erosión de la simbología. Pensar que el Congreso de la República posesiona al presidente electo en un cuartel erosiona la democracia y la institucionalidad republicana.

CAMBIO: ¿Usted siente que en su bancada y en los sectores de derecha entendieron el por qué de su postura?

R.N: Piense en la imagen de un presidente rodeado de generales que toma posesión del gobierno: si usted está en el exterior, en otro país, ¿cómo se ve eso? Como una dictadura militar. El mensaje está completamente equivocado. En la bancada hay una comprensión de mi postura, pero piensan que no vale la pena darle esa pelea al gobierno que entra, que ya habíamos dado una costosa —derrotarlos en la lucha por la Presidencia del Senado— y que agregar dos días después una más era innecesario e inconveniente. De manera que la bancada me dijo: "nosotros nos mantenemos acá; si usted quiere, exprese su posición como la suya". Creo que el presidente Uribe la entiende también a cabalidad, y el director del partido igual. Me parece que en general la comprensión sobre mi posición ha crecido; es mayoritaria.

CAMBIO: Es decir, ¿usted cree que cuando se vote el asunto, el resultado será que el presidente no se va a poder posesionar en una guarnición militar?

R.N: Yo creo que no se va a presentar esa proposición.

CAMBIO: Pero esa ha sido como una obsesión del presidente De la Espriella y ahí está Enrique Gómez, por ejemplo, para presentarla.

R.N: Pero no lo hicieron. La proposición que se hizo fue solamente que la posesión se hiciera en el Cauca; no se decía que fuera en una guarnición militar. Si se pretende que sea en una guarnición militar, tendrían que presentar otra proposición, y me parece que ese debate lo pueden perder; no creo que se expongan a perder de nuevo un debate similar.

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Nieto ocupó el segundo puesto de la lista cerrada al Senado del Centro Democrático en las pasadas elecciones. Foto: CAMBIO.

CAMBIO: Pero uno pensaba lo mismo con la elección del presidente del Senado…

R.N: Y se fueron de frente al voto a voto convencidos de que ganaban, y cuando perdieron quedaron pálidos, no podían entender lo que había pasado, porque además no fue una derrota por un margen menor: les sacamos once votos, hubo trece senadores que no eran ni del Pacto Histórico ni del Centro Democrático que votaron con nosotros. En esta discusión me atrevo a pensar que podría pasar lo mismo, y no creo que se expongan al riesgo de una derrota semejante. Pero además, en términos prácticos, es inútil: no pueden hacer esa posesión sin la autorización de Petro, porque Petro será presidente hasta que el nuevo presidente sea juramentado por el Congreso.

"Pensar que el Congreso de la República posesiona al presidente electo en un cuartel erosiona la democracia y la institucionalidad republicana".

CAMBIO: De hecho, tenemos dos antecedentes: el tema de la espada de Bolívar entre Duque y Petro, y la prohibición que hizo el presidente Uribe para que Chávez viniera a la posesión de Juan Manuel Santos.

R.N: Eso es lo que haría Petro, además; ya lo dijo. Entonces, supongamos que presentan la proposición y que se aprueba en el Congreso que la posesión se haga en una guarnición militar: hecho esto, tienen que ir a preguntarle a Petro si autoriza que las guarniciones militares se usen con un propósito distinto al que establecen la Constitución y la ley. Va a decir que no. ¿Qué se puede hacer? Nada. De manera que yo creo que no va a pasar: De la Espriella no se va a posesionar en un cuartel.

CAMBIO: ¿Y cómo cree que él trataría de mitigar el impacto de esa segunda derrota?

R.N: Yo creo que van a evitar que se diga que hubo una derrota. Lo que van a decir es que ellos no pidieron formalmente que fuera una guarnición militar, y van a buscar un recinto civil —que hay uno muy bueno en el Cauca— para que la posesión se haga ahí, y que después de hecha la posesión se vayan a una guarnición militar, que además es lo que debe hacerse.

CAMBIO: El alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia invitaron al presidente electo a presidir una parada militar en Medellín el 20 de julio. Ahí, como si ya se hubiera posesionado, De la Espriella pronunció un airado discurso. ¿Eso le hizo ruido?

R.N: Yo soy formalista, creo que uno tiene que preservar las formas en el ejercicio democrático. En la línea de las formalidades, creo que uno tiene que ser muy cuidadoso: el presidente es Petro hasta que se juramente De la Espriella.

CAMBIO: Vamos al tema de la seguridad. ¿Qué opinión le merece la política hasta ahora esbozada por el gobierno entrante sobre la materia? ¿Le preocupa? ¿Lo deja tranquilo?

R.N: El uso de la simbología militar va en esa dirección: lo que pretendía era venderle a la ciudadanía la idea de que el hombre duro que podía corregir los defectos de la paz total y de la política de seguridad de Petro era De la Espriella, y su campaña dijo: "nosotros sí podemos hacerlo, Paloma es una blanda". Yo soy de los que sostienen que el triunfo de De la Espriella se debe, en muy buena parte, paradójicamente, a Petro. Ahora, en esa dirección, la política de seguridad de De la Espriella todavía está en borrador. Lo único que sabemos es que quiere hacer dos cosas: acabar con la paz total y fortalecer a la Fuerza Pública.

CAMBIO: Y sobre esto que ha dicho: "yo me voy a las regiones, hablo con los generales, y si necesita un helicóptero le pongo cuatro, si necesita cien hombres le pongo quinientos" —esas frases—, ¿qué le parecen?

R.N: Eso no funciona así. Es curioso, eso mismo ya lo dijo Petro con el ELN —"voy a lograr la paz en tres meses"— y ahora este dice "voy a recuperar la seguridad en noventa días". No va a ser de esa manera, y si la expectativa ciudadana es esa, va a haber un desencanto muy rápido, porque los resultados que pueden producir los militares y policías requieren cambios estructurales que exigen un tiempo y un presupuesto que no se tiene.

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Rafael Nieto fue precandidato presidencial en 2018 y 2022. Foto: Colprensa.

CAMBIO: ¿Qué piensa de la JEP?

R.N: La JEP tiene protección constitucional, y el gobierno de De la Espriella se va a estrellar contra un muro, porque no va a haber mayorías en el Congreso para eliminarla, y porque para hacerlo no bastaría una ley, se requeriría una reforma con revisión de la Corte, y mientras tanto el desgaste político sería gigantesco. El mensaje debe ser distinto: exigirle a la JEP cuentas por el uso de su presupuesto.

CAMBIO: Oyéndolo hablar, uno diría que usted es un hombre conservador, de centro derecha; pero, como están las cosas hoy, en las toldas abelardistas seguramente lo tienen de "petrista extremo". ¿Qué tan enredada ve esta guerra por el liderazgo de la derecha?

R.N: Yo soy de origen conservador. Estuve acompañando al partido durante mucho tiempo; después me hice uribista, porque el Partido Conservador se volvió un partido "gobiernista" por definición y perdió la estructura doctrinaria que le era propia. Soy un hombre de centroderecha; mis posiciones contra el petrismo son públicas y evidentes. Pero el abelardismo tiene un tema personal conmigo, porque mis posiciones contra Abelardo en campaña fueron muy claras, muy evidentes, expresadas públicamente, y le incomodaban terriblemente —lo que yo dije sobre la historia personal, sobre el pasado de Abelardo, le incomoda al abelardismo—. 

CAMBIO: Porque además el Centro Democrático, o la candidatura de Paloma Valencia, estaba como en un ánimo de no pelear mucho con Abelardo.

R.N: Yo era la voz disonante en la campaña. Creía que había que salir a enfrentar a Abelardo y defendernos de los ataques canallas que desde su campaña se hicieron contra Uribe, contra Paloma, contra el partido. Pero también, y es el fondo del asunto, es que el abelardismo necesita que la derecha quede consolidada en su propuesta de un nuevo partido —que sería Defensores de la Patria— con el liderazgo de De la Espriella. Y para que eso sea posible es indispensable destruir al presidente Uribe, al uribismo y al Centro Democrático. Por eso, cuando Paloma ganó la consulta, yo escribí una columna en la que decía: "en adelante los ataques van a venir contra Paloma desde la izquierda, pero también desde Abelardo, porque la candidata a derrotar es Paloma". Y lo hicieron muy bien, lo consiguieron; frente a Carlos Suárez, como estratega político, me quito el sombrero. Que en todo caso la estrategia fue malaleche, que hubo guerra sucia y maltrato, no hay la menor duda. Lo que ocurrió es que después la estrategia se mantuvo, y cuando la gente se pregunta por qué, la respuesta es clara: si se quiere conseguir ese doble propósito —que Defensores de la Patria sea el partido de derecha y que el liderazgo sea el de De la Espriella— hay que sacar del juego político a Uribe.

"La JEP tiene protección constitucional, y el gobierno de De la Espriella se va a estrellar contra un muro".

CAMBIO: En la política real, el Centro Democrático es un partido sólido, no es tan fácil llegar y acabar con eso…

R.N: Eso quedó demostrado en el Congreso el 20 de julio: nosotros tenemos 47 parlamentarios y ellos eligieron seis. No somos una fuerza política despreciable, y además tenemos estructura en todo el país. Y además está el presidente Uribe, y este es un partido doctrinario y disciplinado. Es una pelea que no les va a ser fácil.

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El Centro Democrático logró convencer al Pacto Histórico de votar por Honorio Henríquez para la presidencia del Senado. Foto: Colprensa.

CAMBIO: ¿Y esa pelea, esa guerra, cree usted que tiende a pacificarse o a intensificarse?

R.N: Aquí estamos en un ejercicio paradójico, porque por un lado tenemos que apostarle a que a De la Espriella le vaya bien. Por eso nos declaramos partido de gobierno. Pero al mismo tiempo vamos a defendernos de los ataques que vienen de allá, y que creo que no van a cesar. Hay un gesto candoroso, ingenuo, de algunos de los nuestros que creen que eso va a parar. Lo ideal sería que sí, pero creo que se va a intensificar, sin la menor duda.

CAMBIO: ¿Y cree que esa guerra la gana Uribe o la gana De la Espriella?

R.N: Nosotros la vamos a ganar. Por varias razones, entre otras porque esta no es una guerra para mañana, son cuatro años. Santos no pudo quedarse con el partido, y lo intentó juiciosamente. Duque lo intentó también, soterradamente, y no pudo. Petro no pudo. ¿Por qué Abelardo sí va a poder? Cuando oigo que "Abelardo es el nuevo Uribe" me escandalizo, porque Uribe tiene veinticinco años demostrando su capacidad política, ocho años de gestión presidencial altamente eficaz, y este señor está llegando apenas a la política, y hoy no tiene un solo día de gestión. Ojalá le vaya bien, pero no va a ser nada sencillo ni fácil. Si siguen cometiendo los errores políticos que están cometiendo, el desgaste va a ser muy rápido. Y ahí entramos en una nueva paradoja: el peligro de ese desgaste es que se le abra la puerta a la izquierda para volver al poder en 2030.

CAMBIO: ¿Cuál fue el error de la campaña de Paloma?

R.N: Muchas cosas, pero me refiero a la más importante. Nosotros interpretamos mal el sentir de la mayoría ciudadana. Creímos que el país necesitaba una candidatura que tendiera puentes.

CAMBIO: Se refiere a Juan Daniel Oviedo…

R.N: Claro. Con la entrevista que les hizo CAMBIO aquí mismo, se produjo una bomba devastadora a ojos de muchos votantes: una mujer con un candidato gay, y este sigue siendo un país machista y homofóbico. A la debilidad que ese país machista veía en Paloma se le sumó la debilidad adicional que un país homofóbico veía en esa fórmula. Y, mientras tanto, había un candidato que se paraba en posición de firmes, que gritaba, que hacía espectáculo, que se rodeaba de militares en retiro, que usaba la simbología militar para transmitir fuerza, que se apropió de la figura del tigre con el mismo propósito. Nos equivocamos al leer la realidad nacional: el país no estaba para ningún centro.

"Cuando oigo que "Abelardo es el nuevo Uribe" me escandalizo, porque Uribe tiene veinticinco años demostrando su capacidad política, ocho años de gestión presidencial altamente eficaz, y este señor está llegando apenas a la política".

CAMBIO: ¿Cómo ve este tema de "los nunca" y "los de siempre"?

R.N: Lo de "los siempre" y "los nunca" es, de nuevo, una propuesta de campaña acuñada por Carlos Suárez, muy inteligente: eran frases fáciles de interpretar, que la gente podía comprender sin mayor dificultad, cosa que en la campaña de Paloma nunca se logró. Yo podría hacer muchos juegos con lo de "los nunca" frente a De la Espriella, pero funcionaba eficazmente; el discurso era falso, pero funcionaba. Pero fíjese: ¿son los Char "nunca"? No. ¿Mauricio Gómez Amín, que viene de ser congresista del Partido Liberal, es de los "nunca"? No. ¿Rodrigo Lara es de los "nunca"? No. ¿Los Gómez son de los "nunca"? No. ¿Alfredo Deluque es de los "nunca"? No, y a Deluque lo tenían escondido, no lo querían mostrar, pero estaba metido a fondo en la campaña. Fueron eficaces en esconder a "los de siempre" durante la campaña, pero han ido aflorando desde que apareció el gabinete. Fue una estrategia de campaña muy eficaz. ¿Cuál es el riesgo? Pensar que se puede gobernar como un outsider. Ahí corremos el peligro de que se piense que en Colombia van a funcionar las estrategias de Trump en Estados Unidos o de Milei en Argentina, y nuestra realidad es completamente distinta. En Colombia hay una institucionalidad mucho más fuerte de lo que se reconoce, que fue la que preservó el ejercicio democrático durante los cuatro años de Petro, que tenía tendencias autoritarias clarísimas y que trató de desconocer al Congreso sistemáticamente, y atacó también sistemáticamente a las Cortes.

CAMBIO: ¿Y esa tendencia autoritaria, ese desconocimiento del Congreso, usted lo ve también en el presidente electo De la Espriella?

R.N: Confío en que no. Pero fíjese que ya empezó con el pie izquierdo, tratando de imponerle al Congreso su candidato a la Presidencia del Senado; me parece que fue un error, una equivocación. Confío en que la lección esté aprendida.

CAMBIO: Un sector importante de la población considera que al presidente De la Espriella se le fue un poco la mano en las promesas. ¿Cree que eso le pasará factura al nuevo gobierno?

R.N: De la Espriella tenía una mano derecha en campaña que tranquilizaba a quienes teníamos esas preocupaciones: José Manuel Restrepo. Su escogencia como fórmula vicepresidencial fue también un golpe maestro, y José Manuel enviaba el mensaje de que se iban a generar soluciones, digamos, tecnocráticas —para precisar, soluciones desde el conocimiento, la experiencia, la solución técnica y precisa del problema—. Pero fíjese lo paradójico: no le dieron nada en el gabinete. Confío en que no sea así, ojalá no lo sea, pero la expectativa que teníamos muchos era que José Manuel cumpliera un papel articulador, y no lo veo perfilado así.

"¿Son los Char "nunca"? No. ¿Mauricio Gómez Amín, que viene de ser congresista del Partido Liberal, es de los "nunca"? No. ¿Rodrigo Lara es de los "nunca"? No. ¿Los Gómez son de los "nunca"? No.".

CAMBIO: ¿Usted siente que José Manuel Restrepo puede terminar siendo una figura decorativa?

R.N: Yo creo que José Manuel tiene todas las cualidades para hacerlo bien, y tiene capacidad de diálogo con otras vertientes políticas, y tranquiliza a otros sectores de la población y a los mercados externos —fue una buena idea ponerlo a viajar a Estados Unidos—, pero lo pueden marginar. La pregunta es cuál va a ser su rol en el gobierno, y lo que pareciera es que no se lo van a dar. Y voy a decirlo con claridad: José Manuel, en la casa vicepresidencial, no es útil, va a terminar siendo irrelevante.

CAMBIO: ¿Cómo se imagina usted que, dentro de cuatro años, habrá transcurrido esta dinámica entre Álvaro Uribe y Abelardo de la Espriella?

R.N: En una pelotera. Pero déjeme ser ingenuo y candoroso, déjeme pensar con el deseo: yo quisiera, y lo digo de corazón, que a De la Espriella le fuera muy bien, y que las propuestas que son buenas para el país —recuperar la seguridad, fortalecer la Fuerza Pública, combatir el narcotráfico, generar condiciones de tranquilidad para la vida ciudadana, recuperar la inversión privada, traer inversión extranjera, controlar la deuda externa, disminuir el déficit fiscal, generar condiciones macroeconómicas para el crecimiento, disminuir la informalidad, generar empleo formal, mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos— se puedan conseguir. Eso es lo que necesita Colombia. Necesita también que disminuya la confrontación, y creo que es fundamental que se fortalezca la institucionalidad democrática.

"José Manuel, en la casa vicepresidencial, no es útil, va a terminar siendo irrelevante", Rafael Nieto.

CAMBIO: Para cerrar, doctor Nieto, ¿qué mensaje le daría al presidente electo si lo tuviera enfrente?

R.N: Le diría, uno: mi preocupación es la preservación de la democracia y la institucionalidad republicana. Dos: hacer una política con P mayúscula, para resolver los problemas de los ciudadanos. Tres: soy un contradictor leal y argumentado; no tengo enemigos políticos, pero si me gradúan de enemigo, me defiendo. Cuatro: voy a apoyar lo que sea bueno para el país, no importa si viene de él o de su gabinete. Cinco: no voy a apoyar lo que considere perjudicial. Y seis: hay dos tareas del congresista que voy a defender: la del control político al Ejecutivo, y la de la intermediación, como representante de los electores, frente al Gobierno Nacional. Los congresistas hacemos tres cosas: hacemos leyes, somos el contrapeso del Ejecutivo, y somos la voz de los ciudadanos frente al Gobierno Nacional. Esa será mi tarea.
 

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