
“La única decisión que no podemos tomar es volver a las armas”: Rodrigo Londoño
En diálogo con CAMBIO, Rodrigo Londoño Echeverri, excomandante de la antigua guerrilla de las Farc, reflexiona sobre el discurso de Abelardo de la Espriella contra la JEP y el acuerdo de paz. Reconoce errores como partido político y le hace una crítica al Gobierno de Gustavo Petro por la Paz Total. “Se dejó en un segundo plano la implementación del acuerdo”, dice.
Cuando firmó el acuerdo de paz en 2016, Rodrigo Londoño dejó de ser 'Timochenko', el nombre con el que comandó durante años a las Farc. Ahora, Londoño insiste en que volver a la guerra no es una opción y así se lo hace saber a miles de firmantes de paz que están preocupados por el discurso de 'mano dura' del presidente electo, Abelardo de la Espriella. En diálogo con CAMBIO, Londoño también habla sobre la JEP. Insiste en que las Farc no negociaron la paz para ir a la cárcel, sino para seguir luchando por sus objetivos políticos en la vida civil. Reconoce, además, los errores que impidieron que Comunes se consolidara en las urnas. Sobre el Gobierno de Gustavo Petro, sostiene que se afectó la arquitectura institucional del acuerdo de paz, que los diálogos de la Paz Total les dieron oxígeno político a grupos criminales y que la implementación del acuerdo quedó relegada a un segundo plano.
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CAMBIO: El presidente electo, Abelardo de la Espriella, dijo que usted debería estar preso de por vida. Esa afirmación desconoce que usted firmó la paz y que está sujeto a la JEP. ¿Qué le responde?
Rodrigo Londoño: El mensaje no es el mejor, preocupa. No por mí, sino por más de 13.000 hombres y mujeres que me acompañaron en la decisión de seguir luchando por nuestros ideales sin las armas en la mano. Ese mensaje genera angustia e incertidumbre. Por eso, desde que Don Abelardo salió con este mensaje, he mandado mensajes de calma a la gente. Me escriben con angustia: '¿Qué va a pasar? ¿Nos toca volver a las armas?'. Yo les dije: 'La única decisión que no podemos tomar es volver a las armas'. Creo que estos diez años nos enseñaron que ese no es el camino, por lo menos por ahora, aquí en Colombia, ese no es el camino.
Hay un acuerdo, no fue una claudicación de una guerrilla vencida. Fue un movimiento insurgente que resistió durante más de 53 años luchando por unas banderas políticas. El primer mensaje que (Juan Manuel Santos) nos mandó decía: 'Hombre, en su plataforma hay cosas que hasta comparto, pero no la forma. ¿Por qué no hablamos y ustedes sigan luchando, pero sin las armas?'. Dijimos: 'Listo, presidente, conversemos', y fueron casi seis años discutiendo punto por punto. Nadie puede negar que el acuerdo trajo a Colombia la esperanza de parar de asesinarnos entre hermanos; ahora, frente a ese discurso desesperanzador, tenemos que rescatar esa esperanza.
CAMBIO: ¿Qué implicaciones tiene ese discurso para los firmantes de paz?
R.L.: Incertidumbre. He tratado de explicar que no es cierto que, de un día para otro, van a hacer trizas los acuerdos, como otro presidente dijo y al fin no pudo. Los mensajes del señor Abelardo han sido contradictorios. Él dice: 'voy a gobernar para todos' y nosotros somos parte de “todos”. Hay que llevar mensajes positivos.
Cuando hicimos el acuerdo nos enfrentamos al antecedente de que en Colombia casi siempre el Estado viola(ba) los acuerdos y esa fue la gran pregunta en La Habana: ¿cómo hacer para que no pasara lo mismo? Discutiendo encontramos fórmulas: introducirlo en la Constitución. El señor Abelardo dice que va a respetar la Constitución y, si eso es cierto, pues no puede desconocer el acuerdo a menos que se produzca una reforma constitucional, que no va a ser tan fácil. Yo sé que mucha gente votó de manera desinformada como pasó en el plebiscito. El plebiscito se perdió porque se generó mucha desinformación y, como dijo uno de los estrategas, porque hicieron votar a la gente con rabia. Aquí pasó un poco de eso. Se ha desinformado y además este Gobierno tampoco mandó mensajes claros. Todo eso incidió y por eso tenemos que hacer pedagogía.
CAMBIO: Hubo polémica porque usted viajó a España autorizado por la JEP. Si bien ha hecho varios viajes relacionados con el acuerdo, también entenderá que hay un sector que no acepta esos desplazamientos teniendo en cuenta que la JEP confirmó la condena en su contra por más de 21.000 secuestros…
R.L.: Yo firmé el acuerdo a nombre de 13.000 hombres y mujeres que íbamos a trabajar desde el primer día en función de implementar ese acuerdo y que jamás tomaríamos las armas nuevamente contra el Estado colombiano. Quien apoyó el acuerdo desde el principio fue la comunidad internacional, que le invirtió mucho esfuerzo y dinero a este proceso. La misma comunidad internacional que me convoca para que vaya a escenarios en el exterior a contar lo que se está haciendo, las dificultades que tenemos y en qué necesitamos que nos sigan apoyando. Son opiniones respetables, pero yo estoy en función del objetivo.
CAMBIO: ¿Pensó en no volver?
R.L.: Me dio risa cuando salieron con ese cuento: no saben de qué estamos hechos nosotros. Duré 40 años en la organización con las armas en la mano luchando por ese sueño y llevo diez años luchando por ese sueño, ya en la paz, sin las armas en la mano. Jamás daría un paso atrás. Jamás traicionaría a esas 13.000 personas que me acompañaron. Estamos trabajando con mucha ilusión, en medio de muchas dificultades, siempre diciendo que este era el camino que había que tomar. Aquí estamos y vamos a cumplir hasta el último momento.
CAMBIO: Volvió y enviaron una carta al presidente electo pidiendo un diálogo. De la Espriella representa a millones de colombianos que no apoyan lo que se pactó. ¿Qué decirle a quienes no aceptan ni el acuerdo ni verlo a usted libre?
R.L.: Que piensen en la Colombia antes del acuerdo de paz. Aquí todo el mundo, incluso hasta ellos mismos, reconocen lo que significó este acuerdo de paz. La carta es de los firmantes del último secretariado, los que quedamos vivos, diciéndole que hay que dialogar. Creo que hay muchas inquietudes que podemos resolverle al señor Abelardo. Algo similar ocurrió con Iván Duque: no era partidario del acuerdo de paz y después me reconoció que estaba equivocado. Pasó, por ejemplo, con las emisoras de paz. Él pensaba que eran un instrumento de proselitismo armado y terminó entendiendo que fueron concebidas con un propósito muy distinto. Dialogando la gente se entiende. ¿Qué tiene que priorizar? La paz de Colombia y esta se tiene que conseguir a través del diálogo. El acuerdo no trajo la paz completa que soñábamos en La Habana, pero (sí) sienta las bases para ella y tenemos que trabajar para alcanzarla.
Se anuncian grandes operativos y bombardeos, pero señores: más de 53 años de operaciones, ¿qué resultados trajo? En cambio, un acuerdo de paz trajo resultados tangibles.
CAMBIO: ¿Han tenido alguna respuesta a esa carta?
R.L.: No, todavía no.
CAMBIO: ¿Y algún acercamiento?
R.L.: Conversaciones oficiales, todavía no. Algunos mensajes por ahí, pero indirectos. Esperamos que se mantenga la disposición de conversar. Están los discursos y el fervor en las campañas, el deseo de atraer ciertos sectores con mensajes radicales, pero cuando se ponen al frente del barco y comienzan a encontrar las aguas en las que van a navegar, tienen que saber cómo conducir ese timón.

CAMBIO: La posición de De la Espriella y de personas que lo acompañan también pasa por escuchar a víctimas que no están de acuerdo con las sanciones de la JEP. Ustedes aceptaron que cometieron crímenes indecibles, pero hay víctimas que no se sienten reparadas. ¿Qué les puede decir?
R.L.: Respeto esas opiniones e incluso con muchas de esas víctimas que no comparten lo que está en el Acuerdo. Hemos conversado y seguimos en la intención de dialogar. Es bueno recordar que aquí en Colombia hubo otros acuerdos que terminaron con amnistías e indultos y este no podía terminar así porque ya Colombia había suscrito el Estatuto de Roma y estamos bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. Había que encontrar una salida y no fue fácil encontrarla; fue más de un año de discusión.
El Gobierno nos planteó una 'salida fácil' con el antecedente de Justicia y Paz con los paramilitares: 'asuman la responsabilidad, pagan ocho años y listo'. Dijimos: no venimos a intercambiar impunidad porque el conflicto no fue uno solo, fuimos dos, el Estado y la insurgencia. Los dos debemos responder. Por eso se llama justicia especial para la paz. No es la justicia del enemigo, del adversario: una justicia especial para la paz que viera lo que pasó en el marco del conflicto.
CAMBIO: Para la paz, la reparación y la verdad…
R.L.: Cuando se habla de reparación a las víctimas sale el signo pesos, pero esa reparación la tiene que hacer el Estado. Nosotros hacemos la reparación en lo que podamos a partir de, primero, la verdad y desde que estamos en la JEP hemos contribuido. Hay gente que tiene otras verdades y quieren que las aceptemos, pero esa es otra discusión.
Desde el principio hemos tenido un contacto muy estrecho con las víctimas. Hay unas víctimas ideologizadas que jamás van a aceptar: piensan que nos deben meter a la cárcel, que nos deben golpear, torturar, que debemos llevar del bulto. Pero aquí el acuerdo tiene una concepción distinta: vamos a trabajar en función de reparar la sociedad hasta donde podamos, pero libres; no en la cárcel.
No íbamos a hacer un acuerdo para irnos para la cárcel. No tenía sentido y eso es lo que firmamos. Hacer lo contrario sería traicionar lo que allí se acordó.
CAMBIO: Cuéntennos una experiencia de ese trabajo con las víctimas…
R.L.: Podría contar muchas historias sobre la relación con víctimas que, de entrada, me hablan con odio y terminamos entendiéndonos. Hay una con personas que podían catalogarse o no como víctimas. En eso hay una discusión: las madres de soldados que murieron en el conflicto.
Hablo con ellas y es una sensación sumamente (dura) y uno dice: 'no, no podemos volver a esto'. Escuchar su dolor. Cuando llego, pues claro, para ellas soy 'el asesino de mi hijo'. Fueron discursos duros. Yo pensé que incluso me iban a decir: 'Váyase de aquí', pero no. Seguimos hablando y la madre más radical me dijo: 'Rodrigo, venga nos tomamos una foto para mostrar lo que es la reconciliación y a partir de hoy dejo el luto que llevo por ocho años de la muerte de mi hijo'.
¿Usted cree que yo voy a ser capaz de volver a coger un arma para matar a un soldado? ¿Usted cree que yo soy capaz de coger nuevamente un arma para dispararle un policía después de hablar con las viudas? ¿Usted cree hoy capaz de coger un arma después de hablar con soldados y policías que quedaron lisiados? Eso es ganancia de este proceso.
CAMBIO: Usted tiene el cuero duro, pero imagino que eso le debió haber impactado. ¿Se arrepiente genuinamente de haber reclutado, como organización, a más de 18.000 menores?
R.L.: Es un tema complejo porque esos 18.000 menores se cuentan desde 1971 hasta 2016. Yo ingresé en el 76, cuando era menor de edad. También soy un reclutado forzado por la tesis según la cual, de 18 años para abajo, si uno ingresa no es voluntario. Unos dicen: 'No, yo ingresé porque quise'. Y le responden: 'No, usted no tenía capacidad de decisión'. La cifra escueta, claro, que a todo el mundo lo impacta.
Ese es un discurso complejo porque dicen que se les frustraron los sueños a miles de jóvenes y, ¿cuál era la vida de esos jóvenes? 'Se les frustró su futuro', dicen. ¿Cuál futuro? Pero bueno, de todas maneras, eso no debe seguirse haciendo, sabemos las consecuencias que trajo la guerra e hicimos el compromiso. Yo me enfrenté a situaciones complejas.
CAMBIO: ¿A qué se refiere?
R.L.: A la magistratura le puse un ejemplo. Yo fui enemigo de reclutar menores de 15 años, pero se daban situaciones. Una vez llegué a un frente y encontré a una niña y le dije al mando: 'cuando me vaya de aquí, la manda para la casa'.
Al otro día, la niña pidió hablar conmigo y me dijo: 'Camarada, yo sé que dio la orden de que me manden para la casa. Le quiero pedir que no lo haga. Fuimos desplazados de Norte de Santander. Con mi mamá anduvimos pidiendo limosna y nos ubicamos en el sur de Bolívar. Y mi mamá me iba a vender a un señor de 45 años para que él nos ayudara económicamente. Y por eso le dije a la guerrilla que me venía para acá. Entonces, camarada, no me vaya a mandar para allá'. ¿Qué hace usted? ¿Qué decisión toma?
Son realidades del contexto social y económico que se vivían en las regiones del campo. Pero sí, es cierto, ha faltado pedagogía. Nosotros podemos ayudar mucho más. Le hemos dicho al Gobierno, a Naciones Unidas y a la JEP que tenemos la autoridad moral para ir a las regiones a impedir que esto se siga dando.
Hay que darle alternativas a la gente y eso es lo que el acuerdo de paz plantea: cómo cambiamos la situación económica en el campo para que los niños no vean como alternativa irse a un grupo armado.
CAMBIO: Menciona detalles de algunos casos de reclutamiento forzado, pero ustedes también cometieron 21.000 secuestros y la JEP tiene registrado que esas personas fueron sometidas a otros vejámenes e incluso hubo abusos sexuales. ¿Se arrepiente genuinamente de esos hechos?
R.L.: Terrible. En una audiencia pública dije frente a las víctimas: 'me da mucho dolor ver aquí gente del pueblo por la que supuestamente estábamos luchando. Aquí no están sentados oligarcas, grandes terratenientes por votar el paramilitarismo, que era supuestamente los objetivos del secuestro, sino gente del común'. La guerra tiene unas dinámicas que arrollan a los mismos protagonistas. Eso no se debió haber dado y por eso lo asumimos con mucha responsabilidad.

CAMBIO: ¿A quién le fue mejor implementando el acuerdo de paz? ¿A Duque o a Petro?
R.L.: ¿Cómo es que dicen? Llorar sobre la leche derramada... Duque dijo: 'Estos acuerdos los vamos a hacer trizas' y yo dije: 'recogeremos pedacito por pedacito y los armaremos'. La comunidad internacional puso todo su trabajo en función de esto. Hay inversiones también y esos elementos incidieron en que Duque no pudiera hacer lo que quería. De Duque rescatamos que mantuvo la arquitectura institucional del acuerdo, para no cumplirlo, para robarse la plata, pero resistimos. Ahora, su política sí estimuló el crecimiento de los grupos criminales, de la gente que está armada.
Con Petro esperábamos el cumplimiento a rajatabla del acuerdo, pero realmente lo hizo a un lado o no lo leyó bien, o cogió lo que a él le interesaba. Pero lo primero que irrespetó fue la arquitectura institucional del acuerdo, no la mantuvo. Eso sí nos hizo mucho daño. Porque la Unidad de Implementación quedó con una compañera muy comprometida, Gloria Cuartas, que hizo un gran esfuerzo, pero no tenía los instrumentos para hacer realidad la implementación.
Lo otro que sí fue fatal fue el oxígeno que le dio a esos grupos que durante el Gobierno de Duque habían crecido, con la famosa Paz Total. Hubo buena intención, pero les dieron oxígeno político y eso le hizo mucho daño al acuerdo porque se dejó su implementación en un segundo plano.
CAMBIO: Dice que Petro no mantuvo la institucionalidad del acuerdo. Explíquelo con más detalle.
R.L.: Al papel que jugaba (Emilio) Archila (alto consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación) en función de la implementación. Eso lo acabó y nombró una Unidad que quedaba supeditada al Comisionado de Paz. O sea, ella (Gloria Cuartas) no tenía capacidad de decisión, todo tenía que pasar por allá y las decisiones no fueron las mejores. No se trabajó en función de la implementación, como estaba planteado.
Sí hicieron cosas, claro. Para resolver el problema de la violencia en Colombia hay que resolver el problema de la tenencia y el uso de la tierra, y en este Gobierno se hizo un esfuerzo muy importante en ese sentido. Hubo un avance; no el suficiente, pero se deja el camino trazado que, ojalá, siga.
CAMBIO: ¿Qué le diría a Iván Márquez?
R.L: Márquez es otra cosa. La práctica le mostró que su sueño era irreal. Él soñaba en crear una organización política y que se iba a mantener allá (armado). Nosotros sabemos que eso era un suicidio político: tener un pie aquí y otro allá, no. O nos metíamos de lleno a esto o nos quedábamos en las armas. Pero él tenía una concepción distinta: que había que mantener la resistencia armada. Ese es sueño irreal, por lo menos en las condiciones actuales de Colombia.
CAMBIO: La guerrilla surgió, entre otros factores, buscando una participación política del pueblo que en ese momento no existía. Duraron 50 años metidos en la guerra. Se logró la paz, obtuvieron esa voz política que tanto querían, pero con un costo demasiado elevado. ¿Valió la pena?
R.L.: Sí. Hoy tenemos más de 12 millones de colombianos que en las urnas apoyan un movimiento que levanta la bandera de la paz y un partido que levanta como bandera las reformas políticas que necesita el pueblo colombiano para lograr el desarrollo y la paz.
CAMBIO: Le pregunto porque el Partido Comunes no logró mantenerse a flote. Obtuvieron menos de 13.000 votos, lo cual se puede leer como un castigo social a la cantidad de crímenes que cometió las Farc…
R.L.: Es una realidad. Como partido político no acertamos en cómo incorporarnos a la vida política. Una cosa fue el acuerdo de paz con Belisario Betancur. Fuimos de los primeros sorprendidos con los resultados electorales de la Unión Patriótica. Creímos, soñamos, que íbamos a llegar a un escenario medio parecido y resulta que no. Ya había heridas muy profundas en la sociedad colombiana, generadas por el conflicto, que íbamos a pagar.
No lo supimos hacer. Dijimos: 'somos nosotros los que estuvimos al frente de la guerra, los que tenemos que estar al frente de la política' y creo que ahí nos equivocamos y pagamos ese costo. Eso es así de sencillo.
CAMBIO: ¿Visualiza que Comunes pueda retomar la persona jurídica? ¿Espera que haya un firmante de paz al frente que tenga un liderazgo como el que tuvieron otros desmovilizados en el pasado?
R.L: Ahí seguimos trabajándole. En este momento, el 60 por ciento de los militantes del partido no son firmantes y seguimos trabajándole en función de corregir lo que haya que corregir y seguir avanzando. Somos optimistas.
CAMBIO: ¿Se imagina en el Congreso o de candidato presidencial?
R.L: No. Yo nunca he pensado en el Congreso. Incluso, le aclaro al señor De la Espriella que no fui senador. No estuve del Congreso. He sido un activo militante de la paz, cumpliendo mi compromiso: defender ese acuerdo, trabajar por su implementación y trabajar porque los más de 13.000 hombres y mujeres que me acompañaron sigan en medio de la dificultad, firmes por la paz.
CAMBIO: Usted tiene que cumplir las sanciones de la JEP a las que fue condenado. Esas sanciones tienen un cronograma que deben arrancar ahorita en agosto y van hasta 2034. ¿Está listo para hacer obras en los municipios?
R.L.: Estamos a disposición de la JEP. Estamos esperando que nos digan qué hay que hacer. Hace poco nos reunimos con el presidente de la JEP y algunos de los magistrados para decirles: ‘Aquí estamos, ¿cómo hay que arrancar?’. Ese acuerdo hicimos, en eso nos mantenemos; no vamos a hacernos a un lado.
CAMBIO: Usted dijo hace unos días: 'Si me toca ser el firmante de la paz 501 asesinado, bienvenida sea la muerte'. ¿No es mucho decir algo así?
R.L.: Son momentos en que uno se emociona. Nosotros nos mantenemos firmes con la paz a pesar de que tenemos casi 500 firmantes asesinados, y si me toca ser el 501, bienvenido, a sabiendas de que hay más de 12 millones de colombianos que levantarán esas banderas y las llevarán a la parte más alta del puerto de la paz con justicia social en Colombia.
CAMBIO: En el gabinete está Miguel Gómez Martínez. Ustedes aceptaron la responsabilidad por el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado y la familia ha cuestionado la competencia de la JEP. ¿Qué les diría?
R.L.: Yo respeto las opiniones. Tuve una audiencia muy dura con la familia Gómez Hurtado. No sé si sea acertado decir que ellos son de las víctimas ideologizadas. No nos van a perdonar nunca y ojalá no piensen en 'ojo por ojo, diente por diente', porque, si esa es la consigna, esta sociedad queda ciega y mueca.
CAMBIO: ¿Qué ha aprendido en estos diez años?
R.L.: Que a uno siempre lo debe guiar el amor. El amor por la humanidad, el amor por la gente. Y si eso lo guía a uno, no es capaz uno de hacerle daño a nadie.
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