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Carlos Pizarro. Foto: Colprensa.
Poder

El rol de Maza Márquez en el crimen de Carlos Pizarro

Para la Fiscalía no hay duda alguna de que el general (r) Miguel Maza Márquez, exdirector del DAS, hizo parte y promovió un aparato criminal junto con los paramilitares para asesinar al candidato presidencial Carlos Pizarro en 1990: habría debilitado su esquema de seguridad como parte de un plan que incluyó matar el sicario y desviar la investigación.

Por: Alejandra Bonilla Mora

El 26 de abril de 1990, minutos después de despegar del aeropuerto El Dorado rumbo a Barranquilla, el sicario de 22 años Gerardo Gutiérrez Uribe, alias ‘Jerry’, salió del baño trasero de un avión de Avianca y disparó una ráfaga de arma automática contra Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del M-19 que, desmovilizado y convertido en candidato presidencial, viajaba en la silla 23A. Segundos después, el atacante fue asesinado por Jaime Ernesto Gómez, escolta del DAS que acababa de sumarse al esquema de protección del candidato. 

Nadie imaginaba que detrás del magnicidio pudiera estar quien, para entonces, era considerado el héroe de la lucha contra el narcotráfico: Miguel Maza Márquez. Enemigo acérrimo de Escobar y un avezado general de la Policía Nacional, Maza Márquez representaba la tranquilidad que requería Colombia tras un trágico 1989, una sociedad que quería avanzar en la paz, pero que veía a sus líderes naturales caer uno tras otro. CAMBIO tuvo acceso en exclusiva a los detalles del expediente que vincula al exdirector del DAS con el crimen, como presunto responsable de los delitos de homicidio con fines terroristas y concierto para delinquir.

La decisión llega 36 años después, tras una lucha intensa de la familia y de sus abogados, así como de constantes cambios de fiscal. Es un paso más para lograr el esclarecimiento de un homicidio que agitó las banderas de la paz que apenas unas semanas antes se había logrado con el M-19 y se dio en medio de la persecución contra líderes de izquierda: un entramado criminal que ya había tomado la vida de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y José Antequera. 

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Carlos Pizarro. Foto: Colprensa.

Para la Fiscalía, que declaró el homicidio como de lesa humanidad en 2010, hay indicios graves de responsabilidad en cabeza de Maza Márquez: “la presunta actuación como promotor y dirigente de una alianza funcional y estable entre estructuras paramilitares y agentes estatales, dirigida a la eliminación de dirigentes políticos de oposición” y “un indicio grave de coautoría en el homicidio con fines terroristas de Carlos Pizarro Leongómez, derivado de su posición de dirección, control y dominio dentro de la institución”. 

Maza Márquez defendió la tesis de que el crimen lo ordenó su archienemigo Pablo Escobar y luego optó por guardar silencio. Pero la Fiscalía no le cree, ni el contexto histórico lo apoya.

El vuelo, los escoltas y el rol del Maza

En nueve días previos al atentado se registraron 13 reservas y cancelaciones de vuelos que el candidato iba a tomar: unas reservas estaban duplicadas, a veces había cancelaciones inmediatas y, 24 horas antes del magnicidio, el nombre del pasajero cambió de "Carlos Pizarro" a "León Carlos". La única reserva que no fue cancelada correspondió, precisamente, al vuelo AV 532 del 26 de abril, en donde fue asesinado.

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No eran simples fallas administrativas o cambios a última hora, era un “patrón sistemático de manipulación del itinerario área” que, para la Fiscalía, llevaron a la víctima hasta el punto exacto de ejecución, alterando itinerarios, cambiando el esquema de seguridad. El vuelo debía salir a las  6:45 de la mañana, pero hubo una variación intempestiva que generó un abordaje apresurado y limitó los protocolos de seguridad. 

El arma automática ya estaba oculta en el baño, y el sicario, que inicialmente ocupaba una de las primeras sillas, se fue hacia al baño de atrás, salió y disparó una ráfaga en la humanidad de Pizarro. El vuelo regresó a Bogotá, y aunque el candidato fue trasladado en ambulancia, no había mucho por hacer. Óscar José Núñez, jefe del esquema de seguridad de M-19, declaró que el sicario Gerardo Gutiérrez Uribe fue reducido y que advirtió expresamente al grupo de escoltas para que no lo mataran, pero el nuevo integrante del esquema, Jaime Ernesto Gómez, un escolta del DAS, lo asesinó y fue condenado a 20 años de prisión.

En estos hechos, hay más detalles de lo que parece. Primero, la Fiscalía esclareció que dos días antes del atentado, el DAS aprobó el grupo de escoltas que acompañaría a Pizarro a su gira por la costa Atlántica entre el 26 y el 2 de mayo, incluyendo los procedimientos de embarque, el control de armas, la ubicación de agentes, entre otros, lo cual deja en claro que esa entidad sabía en detalle cómo debía funcionar el dispositivo. 

Por otro lado, el esquema cambió sustancialmente. Henry Montenegro llevaba un mes. El 31 de marzo de 1990 llegó José Antonio Santamaría, quien venía de ser escolta de Bernardo Jaramillo, asesinado días antes. El 3 de abril llegaron Jorge Enrique Montero y Luis Orlando Tapias y el 19; es decir, apenas siete días antes del magnicidio, fueron incorporados Luis Enrique Murillo y Gómez. 

Además, el capitán Henry Galindo declaró que, aunque no pertenecía a la oficina de protección, fue el encargado de coordinar todo el esquema de seguridad de Carlos Pizarro —desde los vuelos hasta los desplazamientos por carretera— por orden directa del general Maza Márquez. Para la Fiscalía, ese testimonio es una pieza clave porque "demuestra el manejo directo y la total autonomía que tenía el sindicado respecto del esquema de seguridad de la víctima".

Igualmente, la ejecución del sicario era parte esencial del magnicidio. El modus operandi incluyó a ‘los suizos’ o ‘suicidas’, un término usado por ‘paras’ y ‘narcos’ por igual para el sicario que después iba a morir y así poder garantizar la impunidad e impedir perseguir a sus superiores. 

Francisco Londoño White, alias Clave 45, exintegrante del Cartel de Medellín, afirmó: “El sistema era así: el muchacho disparaba y de inmediato uno del DAS lo mataba y después desviaban la investigación hacia otro, como Pablo Escobar para que no se supiera quién había ordenado todo”. 

Un acuerdo criminal aterrador

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¿Quién aportó al ‘suizo’ que asesinó a Pizarro? La casa Castaño. El sicario era un joven del Urabá, primo del asesino de Bernardo Jaramillo. El expediente de la Fiscalía detalla las similitudes entre los magnicidios de la época y detalla la existencia de un acuerdo criminal entre el DAS y los paramilitares, al mando de Fidel y Carlos Castaño, que tenía tres objetivos: la ejecución de homicidios políticos de alto impacto contra dirigentes de oposición; el silenciamiento del autor material como mecanismo de supresión de fuentes directas de información; y la desviación deliberada de la investigación para asegurar la impunidad y romper la trazabilidad del crimen hacia los otros responsables.

Condenado por el crimen de Luis Carlos Galán, la imagen de Maza Márquez está lejos de la del general impoluto, pero en ese tiempo, era un hombre que se codeaba con el poder, que perseguía a Pablo Escobar, que sobrevivió a atentados. El expediente reconstruye con múltiples testimonios cómo funcionó la alianza entre el paramilitarismo y el DAS.

Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, fue quien le dijo a la justicia que Maza era amigo personal de Henry de Jesús Pérez, creador de las autodefensas en el Magdalena Medio y precursor de los hermanos Carlos, Fidel y Vicente Castaño. El temido sicario paramilitar Alonso de Jesús Baquero, alias 'el Negro Vladimir’, explicó que la alianza con el DAS permitió hacer operativos: “Nos ayudaban en colocar y quitar escoltas”.

“En una ocasión, Henry, con Pablo, montaron una cocina falsa en una finca en La Marmolera. Allá fueron los del DAS y eso se hacía para tener a Maza Márquez contento”, declaró Baquero quien también recordó que por intermedio del DAS llegaron mercenarios extranjeros para dictar cursos en el Magdalena Medio como el caso de Yair Klein. 

José Antonio Hernández, escolta de los Castaño, contó en 2009 que presenció una reunión en una finca de Sopetrán entre el general Rosso José Serrano, entonces director de la Policía; Maza Márquez como jefe del DAS, los hermanos Fidel y Carlos Castaño y los hermanos Rodríguez Orejuela. Wilson de Jesús Pérez, hermano de Henry, relató a la justicia la existencia de varias reuniones en Puerto Boyacá de propiedad de Gonzalo Rodríguez Gacha en las que supuestamente se discutían los homicidios.

“Esas reuniones eran para hablar de la muerte de Galán. Eran muy privadas entre Gacha, mi hermano y Jaime Rueda Rocha (quien le disparó a Galán el 18 de agosto de 1989), aseguró Pérez quien agregó que después de que Maza Márquez se salvara del bombazo de Escobar en el DAS, el 6 de diciembre de 1989, se reunió -según su versión- con personas que trabajaban con Gonzalo Rodríguez Gacha en Puerto Boyacá.

El excomandante de las ACCU Hernando Salas Barco señaló a un taxista de nombre Gabriel, quien trabajaba en inteligencia, como un hombre clave para coordinar los detalles de los crímenes de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y el de Carlos Pizarro. “Carlos (Castaño) había hecho contacto con el jefe de escolta del DAS de Pizarro (...) un teniente retirado de apellido Torres (...) la orden era que el sicario no podía quedar vivo”. Según su versión, Torres podía asignar personal de protección y tuvo varias reuniones con los Castaño.

Salas Barco también señaló al jefe de inteligencia nacional Alberto Romero como informante directo de  la casa Castaño y quien murió en 2012 sin ser vinculado al expediente, a pesar de las peticiones de la Procuraduría. La Fiscalía le da credibilidad a ‘Popeye’, quien también describió la alianza con Alberto Romero. “Lo que yo sé de la muerte de Pizarro (es que) Carlos Castaño se vanagloriaba de ello, que el DAS ingresó el arma al baño del avión con un contacto al aeropuerto (...) Los agentes del DAS que estaban involucrados con Carlos Castaño asesinan al sicario. Castaño sabía todo el itinerario. Carlos Pizarro se convirtió en una enfermedad para Carlos Castaño, porque Pizarro tenía encantado a Colombia con su sombrero y su personalidad y se perfilaba como un candidato a la presidencia muy seguro", apuntó.

No eran encuentros fortuitos ni contactos de ocasión. Para la Fiscalía, entre el DAS y las Autodefensas existió una alianza sostenida, con coordinación logística, operativa y doctrinal, indispensable para comprender cómo se ejecutó el asesinato de Carlos Pizarro. Había un propósito común, una división de funciones y una maquinaria que actuaba de manera sincronizada.

Esa conclusión desarma la versión que Maza Márquez ha sostenido durante décadas: que Pablo Escobar fue el autor intelectual del crimen. Lo que distintos expedientes habían insinuado y este proceso reúne con mayor nitidez es otra cosa: que esa hipótesis fue promovida desde el propio DAS para desviar la investigación y alejarla de sus verdaderos responsables.

Carlos Mario Urquijo, alias 'Arete', lo expresó sin rodeos: “Lo de echarle la culpa a Pablo Escobar fue una estrategia para tapar que los Castaño y gente del DAS estaban detrás del atentado. Eso se sabía desde el principio”.

Por eso, a Maza Márquez se le sindica como promotor y dirigente de un entramado de poder y de homicidio con fines terroristas que también buscó enviar un mensaje intimidatorio a la oposición política.  El liderazgo de Carlos Pizarro era natural, simbólico y carismático. El 9 de marzo de 1990 firmó el acuerdo de paz como máximo comandante del M-19, se desmovilizó y se convirtió en el candidato de la Alianza Democrática M-19. No alcanzó a estar en la vida civil ni 50 días ni pudo participar en la Asamblea Constituyente que creó la Constitución de 1991. Treinta y seis años después, lo esencial es determinar responsabilidades. 

“La impunidad es realmente vergonzosa”: familia

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Carlos Pizarro. Foto: Colprensa.

Ahora la Fiscalía deberá decidir si llama a Maza Márquez a juicio. Antes de ello escuchará nuevos testimonios como el de Clara López Obregón.  En diálogo con CAMBIO, Eduardo Pizarro, hermano del excandidato presidencial, apuntó que es vergonzoso el nivel de impunidad de un crimen que ocurrió hace 36 años. “Un crimen de Estado de estas características no se podía hacer al margen de Maza Márquez. Él nunca colaboró para el esclarecimiento del hecho, nunca señaló responsabilidades. Eso indica una falta de voluntad total”, dijo.

“Es importante —añadió Pizarro—  que haya fuertes sanciones a los responsables porque generar un crimen de impunidad semejante es un incentivo para que se sigan cometiendo crímenes de la misma magnitud. Maza Márquez se equivocó profundamente. Este era el primer proceso de paz en América Latina con una guerrilla post-revolución cubana de 1990. Colombia mostró el camino a la solución negociada y esos hechos generaron desconfianza. Las garantías plenas para quienes abandonan las armas es clave”.

María José Pizarro, hija del candidato presidencial, le dijo a CAMBIO que la petición de vincular a Maza Márquez a esta investigación se hizo hace por lo menos diez años y explicó que el proceso se ha caracterizado por un constante cambio de fiscales. “Se fundieron distintas armas, incluida la ametralladora con la que fue asesinado mi padre, y no hemos tenido respuesta a la petición de investigación que hicimos”, explicó.

“En la época de Francisco Barbosa, de manera inexplicable y casi como una especie de castigo político, se cambia al fiscal que era el único que estaba haciendo algo para esclarecer los hechos. Lo envían al Guainía. Solicitamos que se pudiera quedar en el caso y eso pasa finalmente en la nueva Fiscalía (de Luz Adriana Camargo)”, indicó Pizarro quien resaltó que aún no se sabe quiénes fueron los determinadores del crimen. 

“Llevamos muchos años esperando que haya algún pronunciamiento por parte de la Fiscalía Delegada ante la Corte y de la Corte misma, tal y como ha sucedido en el caso de Luis Carlos Galán Sarmiento. Nos parece incomprensible que los casos de Bernardo Jaramillo y de Carlos Pizarro a duras penas cuenten con un equipo técnico a veces absolutamente insuficiente para poder avanzar de manera más rápida”, agregó.

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