
‘No soy el favorito de las directivas del Centro Democrático’: Daniel Briceño
Daniel Briceño, representante a la Cámara. Foto: Pablo David Gutiérrez.
A pocos días de la instalación del nuevo Congreso, el representante más votado del país habla sin filtros sobre el enredo por la presidencia de la Cámara, las tensiones internas del Centro Democrático, su relación con Álvaro Uribe y con Abelardo de la Espriella, y los límites que ya trazó frente al nuevo gobierno.
Por: Mateo Muñoz
A días de que Colombia estrene Congreso, la política menuda se tomó la agenda. En medio de reuniones, desaires y sorpresas, un nombre sonó con fuerza durante semanas para la presidencia de la Cámara de Representantes: el de Daniel Briceño, abogado, concejal reconvertido en congresista y el representante más votado en las últimas elecciones legislativas. Más de 260.000 personas marcaron su casilla. Esa opción, sin embargo, se enredó en la última semana, atrapada entre la apuesta de su partido por la presidencia del Senado y los acuerdos que ya se tejían con el Partido Conservador para quedarse con la Cámara.
En esta conversación con CAMBIO, Briceño reconstruye cómo se cayó su opción a la presidencia, explica por qué no está dispuesto a negociar votos a cambio de contraprestaciones, y entra sin rodeos en los temas que más incomodan de puertas adentro en el Centro Democrático: el distanciamiento entre Álvaro Uribe y Abelardo de la Espriella, el reparto de cuotas en el gabinete, el futuro de la "nueva derecha" que le disputa el electorado a su partido y los puntos exactos en los que ya avisa que le incomodan del nuevo gobierno. También habla de su agenda legislativa para Bogotá y del temor que, dice, no lo deja dormir de cara a los próximos cuatro años.

CAMBIO: ¿Qué pasó con su opción a la presidencia de la Cámara?
Daniel Briceño: Mi nombre empezó a sonar por dos razones: la votación, que es lo natural, y porque el Gobierno dejó saber que le gustaría que fuera así. Pero de ahí a que eso ocurra hay muchos caminos, porque hay estrategias de partido. El Centro Democrático les comunicó a los compromisarios que no tenía interés en la presidencia de la Cámara en el primer año, porque su apuesta era ir por el Senado, donde se siente la bancada mayoritaria dentro de la coalición de gobierno y lo son por número.
Entonces se está dando una discusión en Senado: Alfredo Deluque tiene el guiño presidencial y el partido le apuesta a Honorio Enríquez. Ahí fue que se trabó lo de la Cámara y como el Centro Democrático puso sobre la mesa que no le interesaba el primer año, pues según como van los acuerdos previos —al momento de esta entrevista— parece que va a ser para el Partido Conservador.
CAMBIO: Si esos acuerdos se cumplen y los pronósticos se dan, el Centro Democrático se quedaría sin la presidencia de la Cámara y tampoco la del Senado, siendo la bancada oficialista más grande ¿Cómo se entiende esa situación?
D.B: Yo soy respetuoso del proceso porque ni siquiera soy compromisario: le entregué al partido hasta esa posibilidad. Les dije que se pusieran de acuerdo entre ellos, que negociaran. Mientras grabamos esta entrevista, el partido sigue dando la pelea por el Senado mientras la Cámara se organiza. En el papel, al Centro Democrático le correspondería la presidencia de la Cámara, pero hasta el tercer año, no en el primero. Espero que la apuesta y el plan que han estructurado del partido les salga bien.
Sin embargo, tampoco estoy interesado en ser presidente en el tercer año: para entonces el Congreso ya viene armado, con mañas propias, con otras dinámicas de las que prefiero no saber. Nunca inicié campaña a la presidencia en el primer año, y en el tercero tampoco me interesaría.
Uno tiene que entender, por ejemplo, que en el primer año hay posibilidades de generar algunos cambios y renovaciones; en un tercer año, no.
CAMBIO: ¿Hay alguna circunstancia en la que usted termine siendo presidente el lunes?
D.B: La única forma sería que el partido se bajara del tema del Senado o que lo perdiera. Pero creo que esa pugna va a seguir hasta el lunes 20.
CAMBIO: ¿Y usted sería presidente sin sentarse a negociar con nadie?
D.B: Esa es la única forma en que yo lo sería, y por eso tampoco le gusta mucho la idea a ciertos sectores. Uno puede hacer acuerdos de garantías con todas las bancadas, pero yo no soy de los que se sientan a decir "si vota por mí le doy tal cosa a cambio de tal otra". Uno tiene que ser coherente en la vida. Prefiero no ser presidente a terminar traicionándome a mí mismo.
'No estoy interesado en ser presidente de la Cámara en el tercer año': Daniel Briceño.
CAMBIO: Parece que le hacen un favor no poniéndolo ahí: usted se siente más cómodo haciendo control que en un puesto directivo…
D.B: Uno tiene que aprender de todo. Si uno se queda solamente del lado de revisar, inspeccionar y señalar, y nunca demuestra que también es capaz de generar cambios desde los sitios donde se toman las decisiones, no avanza políticamente. Uno de los retos es demostrar que la coherencia y los principios se prueban justo cuando toca tomar ese tipo de decisiones. No es que me hagan un favor, aunque de verdad estoy tranquilo con cualquier escenario.
CAMBIO: Usted declara oposición a los "politiqueros", pero el Congreso está lleno de eso y también hay que negociar para sacar proyectos adelante. ¿Cómo concilia eso?
D.B: Sé diferenciar entre trabajar armoniosamente con la política y hacer pactos politiqueros. En el Concejo de Bogotá fui ponente del plan de desarrollo de Galán y saqué iniciativas grandes, aunque allá tuve enemigos: cuando renuncié, mucha gente respiró aliviada. Logré, por ejemplo, la política pública de austeridad, que redujo el número de contratistas y el uso de camionetas oficiales, algo que afecta directamente a los políticos; el esquema para los conductores de plataformas en Bogotá; una política antitrámites, y mantener el pico y placa exceptuado para los híbridos. Son dos cosas distintas: acordar sobre temas políticos y asegurar acuerdos politiqueros.
CAMBIO: ¿Se ve como alcalde de Bogotá en algún momento? Tenemos elecciones el otro año…
D.B: El otro año no voy a ser candidato a la Alcaldía. Voy a estar estos cuatro años completos en el Congreso.
CAMBIO: Usted ha sido muy crítico incluso con su propio partido, y ahora circula la teoría de que le están cobrando las críticas que hizo durante la campaña de Paloma Valencia. ¿Eso tiene fundamento?
D.B: El partido conmigo siempre se ha portado bien, aunque uno entiende que no soy el favorito de la directiva. Eso tampoco me interesa. He tenido con ellos una relación respetuosa; me han dado oportunidades y libertades. Pero los actos tienen consecuencias. La molestia de algunos miembros del partido —no del partido como institución— no empezó con mis críticas a la vicepresidencia de Juan Daniel Oviedo, un error que ustedes en CAMBIO evidenciaron antes que yo. Empezó el día que se me ocurrió hablar en contra de Ciro Ramírez dentro de mi propio partido. Desde ahí comienzan las molestias de mucha gente que lleva muchos años en el partido, a quienes entiendo. Yo nunca me he agarrado con nadie dentro del Centro Democrático. Aunque la gente me ve muy combativo en la política, soy muy poco de peleas. Al final, en ese episodio, me dieron la razón.
Después tampoco me quedé callado frente a lo que pasaba en la campaña de Paloma, no solo fue el video que se hizo viral sobre Oviedo. Critiqué la manera en que Wilmer Carrillo entró a la campaña y cómo se le acercaron algunos conservadores. Hice advertencias públicas de todo tipo, y, obviamente, me lo van a cobrar.
Yo he descubierto que, más allá de las diferencias que podamos tener, en el partido puedo expresar mi opinión. Es mi estilo: cada vez que tenga que decir algo, lo voy a hacer.

CAMBIO: ¿Habló con Paloma Valencia después de ese video viral?
D.B: Hablé con Juan Daniel. Fue una conversación corta. Él sabía que mis críticas siempre estaban sobre la mesa y constantes, incluso desde el Concejo.
CAMBIO: Usted habla de gente que lleva muchos años en el partido. ¿No se quedaron cortos con la renovación?
D.B: Todas las instituciones necesitan renovarse, pero el Centro Democrático es un partido joven, no comparable con el Liberal o el Conservador. Sí ha atendido esa necesidad: la discusión interna que hubo con la llegada de Miguel Uribe, que en paz descanse, o mi propio caso. A mí también me tocó enfrentar la resistencia de los antiguos concejales de Bogotá al comienzo, hasta que la votación cambió esa percepción y terminé de cabeza de lista, por encima de representantes con dos o tres periodos. Ahora, el partido sigue premiando trayectorias, y la apuesta por el Senado es en parte eso: un posicionamiento de figuras que ya estaban ahí. Hay voces dentro del partido que dicen que yo debo esperar; las respeto, no soy de afanes. Puedo esperar, aunque mi candidatura a la presidencia de la Cámara de todas formas nunca empezó.
"Uno entiende que no es el favorito de la directiva, y eso tampoco me interesa": Daniel Briceño
CAMBIO: ¿No era mejor apostarle al Senado con Andrés Forero?
D.B: Andrés Forero es mi amigo y creo que es la figura más importante del Centro Democrático y de la oposición en los últimos cuatro años, y lo hizo desde la Cámara, no desde el Senado. Si a mí me preguntaran, yo diría "juguémonosla con Andrés": tiene la opinión detrás y un impulso mediático fuerte. Pero esa decisión la tomaron entre los senadores; en el Senado se pusieron de acuerdo rápido, entre otras cosas por la lista cerrada. En la Cámara cada congresista es un mundo aparte, con intereses regionales propios, y eso hace más difícil ponerse de acuerdo.
CAMBIO: Se habla de una "nueva derecha" que encontró en Abelardo de la Espriella un contenedor que no hallaba en el Centro Democrático, de cara al año electoral que viene. ¿Cómo compite el partido con Defensores de la Patria?
D.B: Más que una nueva derecha, hay una derecha práctica que usa la misma base electoral histórica del Centro Democrático. Habría que analizar cuánto de ese es voto nuevo y cuánto es el voto de siempre que se sumó coyunturalmente. A diferencia de España, donde Vox creció de abajo hacia arriba —de lo territorial al Congreso—, aquí el fenómeno es al revés: se llega primero a la Presidencia y desde ahí se arma el movimiento, que creo terminará mezclado con Salvación Nacional y con Creemos, de Federico Gutiérrez.
El reto, como le pasó al Partido Popular con el ascenso de Vox, es de retención: qué hace el partido para que la gente que se siente identificada con él, pero que votó por Abelardo, decida quedarse. Y también de recuperación, porque hay que aceptar que se fue gente, por distintas razones: porque no encontró espacio en la lista cerrada, porque se quemó o simplemente porque quiso probar algo nuevo. Esa es una conversación incómoda que el partido todavía no ha tenido de fondo, aunque se viene en los próximos seis meses. Porque nosotros como partido tenemos que aceptar que hay gente que se fue.
La pregunta es: ¿Cómo hacemos nosotros como partido para competirle a una nueva figura que tiene además poder presidencial?
Esa es una de las conversaciones incómodas que hay que tener.
CAMBIO: ¿Pero no se ha dado esa conversación?
D.B: No, el partido presentó unos resultados de lo que había pasado. Se tuvo una gran victoria y una gran desilusión. La primera por recuperar la mayoría de curules que habíamos perdido, y la segunda por el golpe de Paloma Valencia.
En los siguientes seis meses el partido debe sentarse y entender que hay gente que se fue.
Pero el reto más importante del partido es tomar una decisión sobre qué va a ser a nivel regional. Si vamos a expedir avales y mandar listas en todo lado o vamos a iniciar un proceso en donde podamos fichar nuevos talentos. Hay que dejar de premiar solo la antigüedad y abrirle espacio a gente nueva, sin la fila burocrática de siempre. Si Miguel Uribe y en su momento Álvaro Uribe no hubieran creído en una persona que no tenía un solo voto y solo una cuenta de Twitter, nunca me habrían dado la oportunidad de lanzarme al Concejo.

CAMBIO: ¿Cómo entiende la relación entre Álvaro Uribe y Abelardo de la Espriella?
D.B: Ha habido un distanciamiento normal, que toda la opinión pública ha notado, pero los acercamientos avanzan bien. Después del alejamiento de la primera vuelta, el presidente Uribe le dijo a la bancada, sin hablar antes con Abelardo, que sería importante ser los primeros en declararse de gobierno; eso fue una señal clara. Hay además una disputa conocida entre Carlos Suárez y Uribe, y este decidió que esa fuera una discusión personal y no de partido, abordándola directamente con Suárez. De hecho, el mismo día de esa pelea el Centro Democrático se declaró gobierno. Lo que hay que hacer ahora es descontaminar la relación de todo lo que la política y las redes sociales van dejando —un trino, un like, un comentario— porque si hay una ruptura entre Abelardo y el Centro Democrático, el único que gana es Gustavo Petro.
Finalmente, hay que entender que sí va a haber una competencia, y entre más rápido entendamos que somos aliados en el gobierno, pero también competidores en el ejercicio del poder, más fácil podemos trabajar.
"En los siguientes seis meses el partido debe sentarse y entender que hay gente que se fue": Daniel Briceño.
CAMBIO: ¿Es así de fácil como suena?
D.B: Todos los partidos políticos están en constante competencia. Por ejemplo, en 2019, Duque tenía una coalición con el presidente del Centro Democrático y vicepresidente del Partido Conservador. En esas elecciones territoriales ambos partidos se salieron a matar.
Somos aliados y vamos a sacar el país adelante, pero tenemos que entender que aquí va a haber competencia.
CAMBIO: ¿Usted en cuatro años ve al Centro Democrático todavía en la coalición de gobierno?
D.B: Yo espero que sí.
CAMBIO: ¿Y a Uribe más cerca o más lejos de Abelardo?
D.B: Yo creo que ha habido un distanciamiento que es normal, y que toda la opinión pública ha evidenciado, pero también he sabido que los acercamientos avanzan bien.
CAMBIO: ¿Qué hacer con la figura de Uribe hacia adelante: dejarla atrás o seguir reivindicándola?
D.B: Mi abuelo, que es pastor cristiano y uribista de toda la vida —los protestantes entraron al país por el Partido Liberal, que es la razón por la que Uribe fue liberal hasta que se lanzó como disidente—, me llamó hace poco y me dijo que hay que empezar una transición, no para deslegitimar a Uribe, sino para que gente como yo ayude a que él siga siendo un motor del partido, mientras aparecen otros motores que también impulsen. Hoy el partido depende de un solo motor, que es Uribe, y eso no puede seguir funcionando así cada cuatro años. No comparto la narrativa, que sí circula en el entorno de Abelardo, de que hay que "jubilar" a Uribe: el presidente ya está jubilado como presidente, solo que sigue siendo director de un partido que ha dado pasos hacia su propia renovación.
CAMBIO: El senador electo Rafael Nieto dijo en una entrevista que es imposible gobernar sin "los de siempre". ¿Usted cree que es así?
D.B: Se lo preguntas a alguien que ha hecho dos elecciones sin tener que intermediar con un edil o con un senador que le administre votos, y me han salido exitosas; por eso me dicen que hablo desde el privilegio. Dentro de ese ideal de hacer acuerdos políticos, pero no politiqueros, sí creo que se puede gobernar sin repartir cuotas, pero pagando costos. Lo importante es que si usted toma la decisión de no repartir cuotas, la sostenga, porque ceder después es peor que haber repartido desde el inicio. Por eso los gobiernos normalmente cierran el chorro en el primer año y empiezan a soltar en el segundo, por desgaste y por necesidad. No creo que el cambio real llegue mientras ningún presidente se atreva a cumplir esa promesa durante los cuatro años completos.
CAMBIO: Hablando de eso, ¿Le ha gustado el gabinete como va?
D.B: Lo bueno es que no está armado con lógica partidista, no está fraccionado como antes, cuando un presidente nombraba a unos y reservaba otros para negociar con el ministro del Interior y los partidos. Eso no pasó esta vez. Lo que sí hay —y no se le puede ocultar a la gente— es un premio para ciertos grupos políticos regionales, no partidistas, que ayudaron desde el principio: ahí está el grupo de "los Char", con Elsa Noguera, sin que eso le quite mérito a ella; está Jaime Andrés, político de Bucaramanga; está la hermana de Fico, como premio a él. Hay representación de políticos regionales, no de partidos.
"No comparto la narrativa, que sí circula en el entorno de Abelardo, de que hay que "jubilar" a Uribe", Daniel Briceño.
CAMBIO: Pero eso no lo hace menos preocupante…
D.B: ¿Qué está mal? Creo que lo importante de hacer acuerdos políticos es que siempre sean transparentes y por encima de la mesa y en eso siempre he estado de acuerdo con Rodrigo Lara.
¿Qué sería importante para la gente saber? Que si a Cambio Radical le van a dar tal ministerio, el país lo sepa. Pero es que aquí nos dicen: “puse esa, pero no tiene nada que ver con Cambio Radical, o con el Partido de la U”. Ese es el primer punto.
El segundo, es que me comienza a generar ruido el tema del nombramiento de MinTIC. Estuvo en la terna de Dilian Francisca Toro para ser ministra cuando Petro le repartió al Partido de la U esa cartera.
Y el tercer punto que no me gusta tiene que ver con los Gómez. No le voy a quitar mérito a ninguno. Creo que Nicolás, Miguel y Enrique son muy buenos,tienen todos los méritos para estar en el cargo.
Pero yo sí creo que ellos como familia debieron haberse sentado a pensar cuál era el mensaje que le daban al país.
Yo creo que dos miembros de la misma familia metidos en el Gobierno Nacional, genera un ruido que ellos debieron haber pensado. No es que la ley no lo permita, no es que ninguno tenga el mérito para estar ahí. Es el mensaje y el “papayazo” que das.
CAMBIO: ¿Cómo evitará convertirse en el ‘David doble Rasero’ de este gobierno?
D.B: Racero tenía cuestionamientos fuertes contra el grupo del Partido Conservador que lideraba Carlos Andrés Trujillo, y aun así guardó silencio para no poner en riesgo su presidencia de la Cámara, incluso cuando el secretario general, el señor Lacouture, venía de ese mismo grupo. Yo he dicho públicamente, en tres escenarios distintos, que si a mí me tocara ser presidente y dentro de los acuerdos me pusieran mantener a Lacouture como secretario general, renuncio a la Cámara. Ahí es donde se mide el doble rasero: en cuánto está uno dispuesto a perder por ser coherente.
Racero no estaba dispuesto a perder nada, y terminó envuelto en escándalos. Yo no tengo los mismos incentivos: una participación en el gobierno de Abelardo me tiene sin cuidado, igual que me pasó con el de Galán, aunque mi partido sí la tuvo. De hecho, cuando Galán le entregó a mi partido la alcaldía local de Chapinero, fui el primero en demandar a esa alcaldesa, aunque fuera de mi propia colectividad, y me costó dentro de la bancada.
CAMBIO: ¿Qué de la agenda de Abelardo no ve con buenos ojos de entrada?
D.B: Entiendo su discurso y por qué la gente votó por él, pero si uno quiere un gobierno exitoso tiene que priorizar lo que el país necesita: apretarse el cinturón, reactivar la economía, bajar impuestos, resolver salud y seguridad. Eso es lo que reflejan todas las encuestas y buena parte de lo que llevó a votar por Abelardo. Hay otras apuestas que no son prioritarias. Sobre la extradición de Petro, no tengo duda de que si la piden desde una corte en Florida y el proceso llega al escritorio del presidente, Abelardo lo extradita. Pero antes de eso hay un camino larguísimo —investigación, juez, Corte Suprema, discusión sobre fuero— y mientras tanto hablar constantemente del tema le da gasolina a un gobierno saliente que debería estar rindiendo cuentas, no victimizándose. Sobre la JEP, soy un crítico absoluto: creo que hubo impunidad en el caso de Timochenko y que no le cumplió a las víctimas. Pero concentrar al gobierno en llevarlo a la cárcel puede ser popular y aun así desgastar y desviar del verdadero trabajo, sobre todo con organismos internacionales y la ONU de por medio. Hay que priorizar.
CAMBIO: Le entiendo que hay cosas que sí, pero no ahora. Sin embargo, ¿hay algo que Abelardo haya propuesto en campaña frente a lo que usted diga que no, ni ahora ni nunca?
D.B: (Silencio largo) El tema de los bancos y el control de tasas de interés desde el Estado, con lo de bajar las tasas al dos por ciento. Tal como se planteó en campaña, no estoy de acuerdo: soy más liberal en eso. Sin embargo, según lo que ha dicho el nuevo ministro de Vivienda, esas tasas del dos por ciento saldrían del Fondo Nacional del Ahorro, para revivir Mi Casa Ya prestando directamente desde el Estado, y no de una intervención en el mercado inmobiliario privado. Eso ya es otra cosa distinta, que voy a seguir revisando.
CAMBIO: Lo veo muy romántico sobre la labor que hará en la Cámara, ¿cuál es su mayor temor frente a este debut en el Congreso?
D.B: Decepcionar a mis votantes, decepcionarme a mí mismo, no lograr tramitar lo que planteo. Ya entiendo los tiempos del Congreso: unas iniciativas saldrán rápido, otras lentas, otras no saldrán y tocará insistir, otras irán dentro del plan de desarrollo. Pero lo que de verdad no me deja dormir —aunque siempre duermo poco— es la idea de cometer algún acto de incoherencia que decepcione a la gente que confió en mí sin conocerme. Es gente que un domingo se levanta, va con su familia a una urna y vota por mí solo por lo que ha visto en una pantalla. Esa es una responsabilidad enorme. Mi mayor temor no es perder o ganar votos, eso cambia según cómo uno actúe; es que la gente diga: "este man dijo algo y no lo hizo". Que lo que yo predique no lo aplique.
CAMBIO: ¿Y lo vamos a ver con corbata en la instalación del Congreso?
D.B: El primer día, sí. De resto no he tomado esa decisión: yo ando en tenis todo el día. Que se acostumbren ellos a mí, más bien.
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