Ir al contenido principal
Viviane Morales, designada ministra de Educación del gobierno de Abelardo de la Espriella. Foto: Colprensa
Poder

Viviane Morales: un acto de fe para la educación

Viviane Morales, designada ministra de Educación del gobierno de Abelardo de la Espriella. Foto: Colprensa

Con su designación por el presidente electo Abelardo de la Espriella, se agita el debate sobre el papel de la religión en la escuela pública. Ella asegura que ejercerá su cargo bajo la Constitución y pide que no se la juzgue por sus creencias. “Quienes más me atacan por mi fe son quienes tienen más prejuicios”, afirma. Perfil.

Por: Armando Neira

Antes de sentarse en el despacho como ministra de Educación, Viviane Morales ya conoce la sensación de estar bajo la mirada de un país entero. La sintió en las curules del Congreso, en la Fiscalía General de la Nación, en los debates políticos y en las controversias por sus posiciones sobre la familia, la educación y la religión.

Pero la primera vez que sintió el peso de una mirada no ocurrió en un escenario de poder. Fue frente a un espejo. En 2001 entró a un quirófano para someterse a un trasplante de córnea. La intervención debía ayudarla a recuperar visión. Terminó convirtiéndose en una experiencia que transformaría para siempre la manera como se veía a sí misma.

Una bacteria adquirida durante la cirugía provocó una infección que avanzó hacia el nervio óptico. Los médicos tuvieron que tomar una decisión extrema: extraerle el ojo izquierdo para impedir que la infección llegara al cerebro.

“La bacteria iba al nervio óptico, lo que podría significar una infección del cerebro y poner en riesgo mi propia vida”, contaría tiempo después. La operación le salvó la vida. Pero también abrió una etapa de incertidumbre. La mujer que había construido su identidad alrededor del estudio, la disciplina y la vida pública tuvo que aprender a convivir con una nueva realidad.

Perdió la percepción de profundidad. Las escaleras se volvieron difíciles. Leer requería más esfuerzo. Conducir dejó de ser posible. No volvió a montar en bicicleta, una actividad que disfrutaba especialmente.

Pero la dificultad más grande no estaba en las limitaciones físicas. Estaba en la forma como imaginaba que los demás la verían. “Sentía que todos me iban a observar.” Durante un tiempo se aisló. “Me comenzó una depresión infinita”, confesó después.

La fe en Dios

Fue en ese periodo, lejos de los escenarios públicos, cuando ocurrió la transformación que ella considera una de las más importantes de su vida. Encontró refugio en la fe. No como una declaración política. No como una herramienta de poder. Como una forma de reconstruirse.

“Cuando uno tiene fe en Dios, una fe real, esa es una convicción que sirve para la vida y no es solamente una declaración de principios.” Esa frase ayuda a entender a Viviane Morales.

 

WhatsApp Image 2026-07-09 at 6.49.59 PM.jpeg
La ministra de Educación designada Viviane Morales y el presidente electo Abelardo de la Espriella, en una imagen reciente de sus redes sociales.

 

Porque la religión, para ella, no es un capítulo separado de su historia. Es el hilo que une los momentos más difíciles de su vida con las decisiones que ha tomado después. Y también explica por qué su llegada al Ministerio de Educación genera una discusión que va mucho más allá de un nombramiento.

La designación de Viviane Morales como ministra de Educación por parte del presidente electo Abelardo de la Espriella es una de las que más debate ha producido en el país frente al nuevo gabinete.

No solamente por su trayectoria. También por lo que representa. Morales llega al cargo con una hoja de vida excepcional: abogada, excongresista, exembajadora en Francia, primera mujer en dirigir la Fiscalía General de la Nación, excandidata presidencial y analista política.

Pero llega también con una identidad pública que nunca ha escondido: es una mujer cristiana evangélica. Ahí está el centro de la controversia. Para sus seguidores, sus creencias son una expresión de integridad y coherencia. Consideran que una persona no debe ser juzgada por tener convicciones religiosas, sino por la forma como ejerce sus responsabilidades.

Religión y política

Para sus críticos, el riesgo está precisamente en que esas convicciones puedan influir en políticas públicas relacionadas con educación sexual, derechos de las minorías o formación ciudadana. Ese es el mayor temor. Que ella eche para atrás avances enormes en un país que a pesar de sus dificultades ha dado pasos en garantizar el respeto a los derechos humanos, la dignidad y la igualdad ante la ley de las personas LGBTIQ+ y de la laicidad, pilar de la sociedad porque asegura la libertad de conciencia y evita que las creencias religiosas particulares determinen las leyes civiles.

 

WhatsApp Image 2026-07-09 at 4.10.29 PM.jpeg
Viviane Morales, ministra de Educación designada y Carlos Alonso Lucio, durante su matrimonio.

 

El interrogante que acompaña su llegada al Ministerio es, en realidad, una pregunta más amplia: ¿Qué lugar deben ocupar las convicciones religiosas de un funcionario cuando dirige una institución de un Estado pluralista y constitucionalmente laico?

Morales tiene una respuesta preparada. Dice que la Constitución estará por encima de sus creencias personales. Y recuerda que durante más de treinta años de vida pública ha tenido que demostrar que una cosa es su fe personal y otra el ejercicio del poder.

“Me pueden mirar, por ejemplo, como fiscal, a ver si ejercí de alguna manera discriminatoria por razón de mi fe”. Luego agrega: “Yo creo que los que han atacado el tema de la fe son los que más prejuicios tienen”.

No es la primera vez que enfrenta esa discusión. Su vida pública ha estado marcada por una tensión permanente entre sus convicciones personales y la manera como otros interpretan esas convicciones.

Mucho antes de que Colombia debatiera si una cristiana evangélica podía dirigir el Ministerio de Educación, Viviane Morales ya había aprendido a abrirse camino en espacios donde pocas mujeres ocupaban lugares de liderazgo.

Llegó a la política desde el derecho. Su formación estuvo marcada por la tradición jurídica y por una disciplina académica que la llevó a destacarse desde sus años universitarios.

Estudió Derecho en la Universidad del Rosario, donde obtuvo la distinción de colegial de número, uno de los reconocimientos académicos más importantes de esa institución. Después viajó a Francia y obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados en Derecho Público en la Universidad París II Panthéon-Assas.

Era una jurista antes de convertirse en una figura política. Una mujer formada en las instituciones del Estado antes de convertirse en uno de los rostros más visibles del cristianismo político.

Esa mezcla explica buena parte de la complejidad de su personaje. No pertenece completamente a una sola categoría.

Se ha presentado como liberal y profundamente religiosa. Es una defensora del Estado de derecho y una mujer con posiciones ultraconservadoras como consta en sus declaraciones. Es una dirigente que busca acuerdos, pero que rara vez renuncia a sus convicciones.

Abriendo caminos

Su primer acercamiento a la fe ocurrió cuando tenía 17 años. Abandonó el catolicismo en el que había crecido y se convirtió al cristianismo protestante. Con los años, esa decisión dejó de ser solamente una experiencia espiritual privada.

Terminó convirtiéndose en una parte esencial de su identidad pública. En los años noventa llegó al Congreso de la República como senadora del Partido Liberal, en alianza con el Frente Esperanza, una coalición que agrupaba a sectores cristianos organizados alrededor de iglesias evangélicas.

 

WhatsApp Image 2026-07-09 at 4.11.34 PM (2).jpeg
Carlos Alonso Lucio y Viviane Morales cuando eran congresistas. Foto: Colprensa.

 

Era una época en la que la participación política de las iglesias cristianas todavía estaba lejos del protagonismo que tienen hoy. Morales fue una de las figuras que ayudaron a abrir ese camino.

Pero su trayectoria nunca fue sencilla de clasificar. No era simplemente una representante religiosa. Tampoco una política tradicional. Era una mujer que intentaba unir dos mundos: la institucionalidad jurídica y la convicción espiritual.

El recelo que despierta esta situación tiene raíces profundas en Colombia. Persiste una prevención histórica frente a la mezcla entre religión y política debido al papel que desempeñó buena parte de la Iglesia católica durante el periodo de La Violencia. En amplias regiones, sectores del clero se alinearon con el Partido Conservador y, desde algunos púlpitos, se presentó a los liberales como “enemigos de Dios” o de la fe, un discurso que contribuyó a alimentar la estigmatización y hasta la persecución política.

Aunque las causas de La Violencia fueron múltiples y complejas, la retórica religiosa terminó reforzando la polarización partidista. En algunos lugares, esa narrativa sirvió para conferir una aparente legitimidad moral a asesinatos, masacres y desplazamientos, hasta el punto de que el enfrentamiento político adquirió, para muchos de sus protagonistas, los rasgos de una cruzada en defensa de la religión.

Entre De la Espriella y Lucio

Madre de tres hijos del primer matrimonio —Gabriela (1988), Esteban (1993) y Sara (1995), ya adultos—, Morales tendrá ahora la tarea de convertir en políticas públicas las principales banderas educativas de Abelardo de la Espriella: fortalecer la formación en valores, el estoicismo y la inteligencia emocional en la educación básica y media; poner en marcha la plataforma Universidad Virtual en Casa para impulsar carreras cortas en áreas como Inteligencia Artificial y robótica. 

La historia de Viviane Morales no se entiende completamente sin Carlos Alonso Lucio. No porque él haya construido su carrera por ella, ni porque ella haya llegado al poder por él. Al contrario: cuando se conocieron, ambos ya tenían una trayectoria propia.

Pero su relación resume una de las grandes paradojas de su vida. Ella, una dirigente cristiana formada en el derecho y en las instituciones. Él, un exintegrante del M-19, marcado por una historia política completamente distinta. Ella defendía la libertad religiosa y tenía profundas convicciones sobre la familia. Él venía de la insurgencia y durante buena parte de su vida había sostenido posiciones alejadas de las de ella.

 

WhatsApp Image 2026-07-09 at 4.29.03 PM (2).jpeg
“Cuando uno tiene fe en Dios, una fe real, esa es una convicción que sirve para la vida y no es solamente una declaración de principios”: Viviane Morales, ministra designada de Educación por el presidente Abelardo de la Espriella. Foto: Colprensa.

 

Parecían pertenecer a dos Colombias que difícilmente podían encontrarse. Sin embargo, así fue. Cuando Morales conoció a Lucio, él ya había dejado las armas y había llegado al Congreso como senador después de la firma de la paz del M-19, organización en la que también estaba el actual presidente Gustavo Petro.

Ella también estaba en el Senado. Allí comenzaron unas conversaciones que, en principio, parecían imposibles de convertirse en una relación sentimental. El punto de quiebre llegó cuando la Corte Suprema de Justicia ordenó la captura de Lucio por los delitos de estafa y falsa denuncia. Fue enviado a la cárcel La Picota, en Bogotá.

Fue entonces cuando ocurrió una de las escenas más singulares de la vida de Viviane Morales. Mientras su propio matrimonio con el pastor Luis Gutiérrez llegaba a su final, ella comenzó a visitarlo en prisión. No fue una visita ocasional. Durante los tres años que Lucio estuvo detenido, Morales mantuvo una relación cercana con él.

La Casa sobre la Roca

En esas conversaciones, alejados del ruido del Congreso y de los escenarios públicos, dos personas con trayectorias completamente diferentes comenzaron a construir una historia común. De esas visitas nació una relación que terminó en matrimonio. El 15 de diciembre de 2000 se casaron en la iglesia Casa sobre la Roca, una comunidad en que tiene su sede en el norte de Bogotá y que promueve una fe basada en la obediencia a las Sagradas Escrituras, actuando como una “roca” que resiste las pruebas de la vida.

Lucio asistió con un permiso especial de salida de la cárcel. La escena parecía resumir la vida de ambos: una política cristiana, defensora de sus convicciones, casándose con un antiguo militante del M-19 que había llegado al Congreso después de abandonar la lucha armada.

Una historia difícil de encajar en las etiquetas habituales de la política colombiana. Años después, cuando Viviane Morales perdió el ojo izquierdo, Lucio ocupó un lugar fundamental en su recuperación. Ella había enfrentado una de las pérdidas más difíciles de su vida. 

 

WhatsApp Image 2026-07-10 at 12.55.12 PM.jpeg
Viviane Morales asumió como fiscal general de la Nación el 12 de enero de 2011, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo en Colombia.

 

No solamente porque había perdido una capacidad física. También porque sentía que había perdido una parte de la imagen con la que se reconocía. Probó distintas prótesis. Cambió tamaños. Buscó diferentes tonos. Intentó recuperar algo parecido a lo que había perdido.

Pero la respuesta más importante no llegó de un médico. Llegó de su esposo. “Tú sigues siendo tan linda como siempre.” Para ella, esa frase tuvo un significado enorme. “Nadie se imagina lo que esa frase tan elemental significó para mí.”

Quizás por eso, cuando años después ha sido cuestionada por su matrimonio, responde que se trata de una forma de reducir una vida compleja a una sola circunstancia. Ella no quiere ser vista únicamente como la esposa de Lucio. Tampoco exclusivamente como una mujer de fe. Su defensa siempre ha sido la misma: que una persona debe ser juzgada por la totalidad de sus actos.

Creencias personales, reglas institucionales

Esa discusión llegó con fuerza cuando fue elegida fiscal general de la Nación. En 2011 se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo. Fue un momento histórico. Por primera vez una mujer dirigía una de las instituciones más poderosas del Estado colombiano y que tiene mando directo sobre 25.000 funcionarios. Ella abrió el camino.

Llegaba con una sólida trayectoria jurídica y con el reconocimiento de haber abierto espacios para otras mujeres dentro del poder. Pero también llegaba acompañada de las preguntas que han marcado buena parte de su vida pública. ¿Podía una mujer con convicciones religiosas tan fuertes ejercer un cargo de esa naturaleza con absoluta independencia? 

Ella dice que respondió con su actuación. Sostuvo que una funcionaria pública puede tener creencias personales y, al mismo tiempo, respetar plenamente las reglas institucionales. Sin embargo, la controversia nunca desapareció. Su nombre volvió al centro de los grandes debates nacionales. Uno de ellos fue el referendo que buscaba limitar la adopción a parejas heterosexuales, dejando por fuera a parejas del mismo sexo y a personas solteras.

Para Morales y quienes respaldaban la iniciativa, el debate debía concentrarse en la idea tradicional de familia y en el bienestar de los menores. Para sus críticos, la propuesta desconocía derechos reconocidos por la Corte Constitucional y establecía una discriminación contra determinados grupos.

El proyecto terminó archivado en la Cámara de Representantes. Pero el debate dejó una marca. Desde entonces, Morales quedó identificada como una de las figuras públicas más visibles en las discusiones sobre familia, religión y derechos de las minorías.

Viviane Morales frente a Gina Parody

La controversia alcanzó su punto más alto en 2016, durante el debate sobre las guías de convivencia escolar impulsadas por el Ministerio de Educación después del caso de Sergio Urrego, el joven que se quitó la vida después de que las directivas de su colegio lo discriminaran sistemáticamente, coartando sus derechos a la educación, intimidad y libre desarrollo de la personalidad.

La Corte Constitucional había ordenado adoptar medidas para prevenir la discriminación en los colegios por razones de orientación sexual. La entonces ministra Gina Parody se sumó a esta causa. Sectores cristianos y grupos de padres de familia cuestionaron el alcance de las guías y señalaron que podían afectar su derecho a participar en la formación de sus hijos. Morales fue una de las voces más escuchadas en esa discusión.

Dice que su posición ha sido consistente: Rechaza cualquier forma de discriminación. Pero sostiene que los padres deben tener un papel central en la educación moral y sexual de sus hijos. “No puede haber discriminación en Colombia por ser homosexual o por tener una orientación sexual diferente”, ha dicho. Pero añade: “También existen los derechos de los padres de familia a que sean escuchados y respetados en la formación de sus hijos.”

Esa posición resume el debate que ahora llega al Ministerio de Educación. Porque el despacho que ocupará Viviane Morales no administra solamente recursos y programas. Administra una conversación nacional sobre el futuro. La educación es el lugar donde Colombia decide qué valores transmite a las próximas generaciones. Por eso su nombramiento tiene una carga simbólica tan grande.

Para sus seguidores, representa la llegada de una mujer con experiencia, carácter y principios. Para sus críticos, representa el riesgo de que las convicciones religiosas tengan demasiado peso en decisiones que deben responder al pluralismo constitucional.

Ella insiste en que su guía será la Constitución. Y esa será la prueba. Uno de los primeros desafíos será la relación con Fecode, un sindicato históricamente poderoso y con posiciones enfrentadas a varios de los sectores que respaldaron su llegada.

Morales promete diálogo. Pero también autoridad. “Aquí encontrarán humildad para escuchar y determinación para decidir.” La frase resume la forma como quiere presentarse ante el país: una funcionaria abierta a escuchar, pero convencida de sus responsabilidades.

También tendrá que enfrentar la discusión sobre las universidades públicas y la autonomía universitaria. Ha cuestionado los llamados procesos constituyentes impulsados en instituciones como la Universidad Nacional y la Universidad del Cesar durante el gobierno de Gustavo Petro.

Considera que esos ejercicios afectaron la autonomía universitaria y asegura que esa etapa terminó. “¡Gracias a Dios!”, dicen desde sus redes sociales varios de los militantes de Defensores de la Patria.  

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales