
El humo detrás del milagro: la falta de postulados en el 'banco de talentos' del Gobierno de De la Espriella
El presidente llegó a la Casa de Nariño con la promesa de “gobernar con los nunca” y su ‘Banco de talentos’ recibió más de 270.000 hojas de vida. Sin embargo, en los cerca de 300 nombramientos realizados, ha pesado más el paso por su bufete de abogados que la participación en su convocatoria de perfiles sin experiencia previa en el Estado.
Tres semanas después de celebrar su triunfo en las urnas, el presidente Abelardo de la Espriella puso en marcha un banco de talentos para reunir los mejores perfiles del país y ponerlos al servicio de la “Patria Milagro”. Miles de profesionales de diferentes sectores actualizaron sus currículums con la expectativa de aportar su conocimiento en la nueva administración, pero los perfiles de funcionarios con amplia trayectoria en el sector público y aliados en campaña terminaron eclipsando a nuevos talentos.
Basta un vistazo a la mesa del consejo de ministros para encontrar pistas sobre los nombramientos realizados hasta la fecha. Los respaldos políticos y las alianzas tejidas con Defensores de la Patria durante la contienda electoral pesaron más que las 270.000 hojas de vida acumuladas en el banco de talentos. Solo uno de los 18 jefes de cartera salió de esa iniciativa: Claudia Benavides, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, la última en entrar al gabinete.
En los ministerios, viceministerios y principales despachos aparece con fuerza la nómina de Defensores de la Patria. De los fundadores del nuevo partido de derecha salieron el vicepresidente José Manuel Restrepo; el ministro de Comercio, Mauricio Gómez Amín; el ministro del Interior, Rodrigo Lara; el ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora; la consejera para las Regiones, Valerie Lafaurie; el director del Dapre, Carlos Ríos, y el secretario Jurídico de Presidencia, Andrés Barreto.

Más allá de la política partidista y de los perfiles del banco de talentos, en los despachos de la nueva administración se abrió paso una categoría de nombramientos reservada para el activismo digital. En la fotografía del nuevo Gobierno entraron rostros que amplificaron el mensaje del abelardismo durante campaña: Ómar Bula, canciller; Didier Blanco, director de la UNP; Julián Buitrago, director del DNP, y Ana María Abello, viceministra de Economía Cultural y Creativa.
El reparto de cargos también muestra que el presidente reconoció el respaldo de sus aliados iniciales, más allá de la calculadora de gobernabilidad en el Congreso: el partido Creemos se quedó con los mismos dos ministerios (Trabajo y Deporte) que recibió el Centro Democrático (Cultura y Agricultura), pese a que la bancada uribista tiene 45 parlamentarios más que el movimiento fundado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.
Los perfiles del banco de talentos siguen en lista de espera
El banco de talentos nació con la promesa de abrir las puertas del Estado a “ciudadanos de todas las regiones, sin palancas ni barreras”. El primer mandatario redujo el ‘bogocentrismo’ en su gabinete: una tercera parte de sus ministros proviene de la Costa Caribe y hay representación de nueve departamentos. Pero esa diversidad regional no llegó de la mano del banco de talentos.

“Durante años nos hicieron creer que para servirle al país valían más las influencias y las recomendaciones que el mérito. Hoy eso cambia”, dijo el presidente durante el lanzamiento de la iniciativa. La puerta de entrada al Gobierno parecía sencilla: registrar el perfil, cargar la hoja de vida y dejarla a disposición del equipo cercano al jefe de Estado para su revisión.
Una vez cargada la hoja de vida, los perfiles de técnicos, tecnólogos y profesionales entraban en un proceso de evaluación apoyado en inteligencia artificial. El sistema debía poner bajo la lupa tres variables centrales para determinar quiénes podían llegar a la administración pública: experiencia, formación y capacidades de cada postulante.

CAMBIO realizó una radiografía de los primeros nombramientos del Ejecutivo a la luz de su compromiso de incluir perfiles sin contratos previos con el Estado. La revisión de los perfiles de los primeros 90 ministros, viceministros, secretarios generales, directores de departamentos y superintendentes designados muestra que 42 reportaron haber ocupado cargos públicos y 17 pasaron directamente de un puesto estatal a otro.
La puerta giratoria detrás de la promesa de “gobernar con los nunca”
Cuando el presidente Abelardo de la Espriella presentó su estrategia de cazatalentos, prometió incluir a “colombianos que nunca han sido tenidos en cuenta por gobiernos anteriores”. Sin embargo, varios de los funcionarios designados hasta la fecha acumulan más de una década de vínculos con el Estado, entre cargos, contratos y asesorías.
El paso por el sector público no es un pecado. Exfuncionarios consultados por CAMBIO destacaron que esa experiencia es, de hecho, una ventaja clave para asumir responsabilidades de alto nivel. El problema aparece frente a la promesa con la que De la Espriella llegó al poder: romper con las fórmulas tradicionales y abrir espacio a perfiles técnicos que no hubieran hecho carrera burocrática.

Uno de esos casos es el de Miguel Gómez, hoy ministro de Hacienda, quien conoce desde hace décadas el funcionamiento del Estado. Fue vicecontralor general de la República entre 1994 y 1996, presidente de Bancóldex entre 1998 y 2002 y embajador de Colombia entre 2003 y 2006. Ahora, más de tres décadas después de su primer cargo público, regresó al Estado para asumir las riendas de las finanzas del país.
Hay otros casos menos visibles, pero igual de reveladores. Julián Sterling Olave, secretario general del Ministerio de Cultura, lleva más de 15 años como contratista o asesor de entidades públicas. En septiembre de 2011 se vinculó como contratista del Ministerio de Minas y Energía y, desde entonces, ha pasado por la Agencia Nacional de Tierras, el DAPRE y distintas dependencias de la Alcaldía de Bogotá.

El conocimiento acumulado en el Estado también fue una carta a favor de Juan Sebastián Betancur, viceministro técnico de Hacienda. Está vinculado a esa cartera desde 2015 y su nombramiento fue respaldado por exfuncionarios de diferentes vertientes ideológicas. La paradoja es que esas mismas credenciales de experiencia en el sector terminaron cerrándole a Carlos Sepúlveda las puertas de la oficina de dirección del DNP.
La influencia de las casas políticas y el peso de la experiencia en el Gobierno Petro
Más allá de los logos partidistas, en la conformación del nuevo Gobierno también se ve el rastro del poder de estructuras políticas regionales. El Centro Democrático, Cambio Radical y Salvación Nacional son las colectividades que más presencia tienen en los altos cargos, pero por encima de las bancadas aparecen tres poderes regionales con influencia propia: la casa Char, el "ficouribismo" y la familia Gómez.
El poder de esas estructuras se tradujo en nombres propios dentro del gabinete. El charismo logró llevar a Elsa Noguera y Mauricio Gómez Amín; el ficouribismo, a Juliana Gutiérrez —hermana de Federico Gutiérrez—, Natalia López y Paola Holguín. Y la familia que heredó el poder político de Laureano Gómez puso a dos de sus miembros en posiciones estratégicas: el Ministerio de Hacienda y la jefatura del despacho presidencial.

Otro de los criterios que ha marcado la ruta de los nombramientos es el pasado de los funcionarios en el Gobierno de Gustavo Petro. El propio De la Espriella ordenó frenar una serie de designaciones en el Ministerio de las TIC al sostener que “los cargos públicos exigen coherencia y compromiso absoluto”. Sin embargo, esa vara no se ha aplicado de la misma manera en todos los casos.
En la radiografía, CAMBIO encontró que varios funcionarios que trabajaron durante el Gobierno de Gustavo Petro tienen ahora un lugar asegurado en la nueva administración: Andrés Barreto fue experto comisionado de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), Juan Sebastián Betancur del Ministerio de Hacienda, y Julián Sterling trabajó como contratista de la Agencia Nacional de Tierras (ANT).
Ninguno de estos funcionarios fue designado directamente por Petro, pero la paradoja queda expuesta en decisiones como la que llevó a Julián Buitrago a la dirección del DNP en lugar de Sepúlveda. La designación del exdecano de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario se cayó por críticas sobre su participación en el Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno anterior, pese a que su reemplazo también trabajó durante el primer año del cuatrienio de Petro como asesor de la Agencia de Desarrollo Rural.
De La Espriella Lawyers, el otro banco de talentos del Gobierno
El banco de talentos ya cerró sus puertas, pero las hojas de vida recibidas quedaron como una reserva para eventuales nombramientos durante los próximos cuatro años. Mientras tanto, en el arranque de la nueva administración, varios de los antiguos integrantes del bufete fundado por el hoy presidente ocuparán cargos en el Estado.

La conexión llega incluso hasta los socios que ayudaron a levantar el bufete. Yoly Illidge, primera esposa de De la Espriella, fue una de las primeras socias de la empresa jurídica y ahora asumirá un rol clave en la Superintendencia de Notariado y Registro, encargada de identificar posibles irregularidades y vigilar las más de 900 notarías del país.
La abogada especialista en derecho administrativo Diana Bravo es otro de los nombres vinculados a la firma que estará en el gobierno. La caleña fue socia del bufete desde 2015 y ahora será la presidenta de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), donde tendrá el reto de gestionar la venta anticipada de bienes para recaudar recursos para la atención de la emergencia provocada por el terremoto.

La lista se extiende a otros despachos de la nueva administración. También tienen pasado en De La Espriella Lawyers Julia Eva Pretelt, superintendente de Sociedades; Jensy Johana Osorio, directora de la Unidad para las Víctimas; Andrés Barreto, secretario jurídico de la Presidencia, y María Fernanda Sandoval, secretaria de Comunicaciones.
Mientras las primeras oficinas del Gobierno ya se repartieron entre aliados políticos, funcionarios técnicos con amplia experiencia en el Estado, activistas digitales y antiguos integrantes del bufete del presidente, queda por ver cuántos de los perfiles que respondieron a la convocatoria de la ‘Patria Milagro’ terminarán, con el avance del Gobierno, cruzando la puerta hacia su propio despacho estatal.
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