
El abogado que se retiró a los 40 porque tenía “la vida resuelta” y ahora preside junta de Ecopetrol
Carlos Suárez, estratega de comunicaciones de la campaña de De la Espriella y ahora presidente de la junta directiva de Ecopetrol. Foto: redes sociales de Defensores de la Patria.
Carlos Suárez, sin experiencia en el sector petrolero, asume la presidencia de la junta directiva de la principal empresa del país después de convertirse en el estratega de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. Su último gran caso como abogado fue la defensa de Salvatore Mancuso.
Por: Redacción Cambio
Carlos Suárez dice que a los 40 años tomó una decisión que para muchos abogados puede parecer extraordinaria: dejar definitivamente el ejercicio del Derecho porque ya había alcanzado la independencia económica que se había propuesto.
Quince años después, aquel abogado que decidió retirarse de los tribunales y dedicarse a la consultoría y al marketing político terminó convertido en el presidente de la junta directiva de Ecopetrol, la empresa más importante de Colombia.
Su llegada al máximo órgano directivo de la petrolera se produjo el pasado 17 de septiembre, después de una Asamblea Extraordinaria de Accionistas. Suárez es abogado, especialista en control fiscal y fue el principal estratega de comunicaciones de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella.
Pero su hoja de vida tiene otro elemento llamativo: no cuenta con ninguna experiencia profesional en el sector petrolero. Suárez llegó a Ecopetrol después de desempeñar un papel central en la campaña que llevó a De la Espriella a la Presidencia. Y, según él mismo ha explicado, buena parte de la estrategia estuvo basada en escuchar a los ciudadanos.
“No hay ningún secreto, lo que hicimos fue escuchar al ciudadano, escuchar al pueblo (…) A partir de la escucha empezamos a darnos cuenta de que el público, los ciudadanos, empezaban a pedirle que fuera candidato a la Presidencia de la República”, dijo en una entrevista con Caracol TV.
Suárez insistió en que la diferencia estuvo en apartarse de las negociaciones tradicionales de los partidos y concentrarse en escuchar directamente a los ciudadanos.
“Lo único distinto que hicimos fue dejar de lado las componendas que se hacen en los clubes y en las mesas de los partidos y volcarnos al pueblo para escuchar al pueblo, al ciudadano y seguir por la ruta que quería el ciudadano”, aseguró.

Su particular lectura de la política también quedó plasmada en una de sus principales definiciones sobre las campañas electorales.
“Una de las verdades que siempre he venido diciendo dentro de nuestro método exitoso del marketing político es que las campañas no se ganan con la razón, las campañas no se ganan con las propuestas”, afirmó.
Y explicó: “Para administrar están los ministros, los servidores públicos de carrera. Para ganar elecciones unipersonales se tiene que mover emoción, sentimientos. Cuando tú estás en la soledad del cubículo, votas con el corazón o votas con los hígados, depende de la emoción que hayas tenido en el momento. No estás pensando en un plan de gobierno”.
Una amistad que se consolidó en una crisis
La relación entre Suárez y De la Espriella no nació durante la campaña presidencial. Ambos habían construido previamente una relación profesional y una amistad que, según el propio Suárez, se hizo especialmente estrecha después de una grave crisis médica que sufrió durante un viaje a Túnez.
En una entrevista con la revista Bocas de EL TIEMPO, Suárez recordó que durante el viaje comenzó a sufrir desmayos y terminó hospitalizado. “Me llevaron a una clínica y ahí me estuve desangrando dos semanas. Me hicieron transfusiones, nunca supieron lo que me pasaba”, contó.
Al regresar a Colombia, relató, los médicos le diagnosticaron un trombo que había llegado al pulmón. “Sentí que me iba a morir porque el diagnóstico que me dieron no era bueno. Lo primero que pensé fue en mi mujer: Liliana se iba a quedar sola. Llamé a Abelardo. Sentí que era el man en quien podía confiar”.
Según su relato, De la Espriella llegó diez minutos después y se encargó de movilizar a los médicos para que recibiera atención.
“Y me dio la tranquilidad de que, si yo me moría, él se encargaría de cuidar a mi esposa. Ahí tuvimos un clic especial. No se me olvida lo que hizo por mí”, dijo Suárez.
El abogado que decidió retirarse a los 40
La historia profesional de Suárez, sin embargo, comenzó mucho antes de la política. En 2009, mientras terminaba un caso en Washington, tomó la decisión de abandonar el Derecho. Para entonces, según contó a Bocas, ya consideraba que había alcanzado las metas profesionales que se había impuesto.
“Había llevado casos importantes, que fueron claves en la vida del país, y lo había hecho desde el servicio público y desde mi propia oficina de abogados. Ya tenía libertad económica”, recordó.
Pero había otra pregunta que, según su relato, terminó siendo decisiva. “Un día me bajé en un parqueadero y pensé: ¿estoy siendo feliz? La respuesta fue no. Tenía que buscar mi felicidad en otra parte”.
Suárez había convertido en una especie de apuesta personal una idea que tenía desde sus años de estudiante de Derecho: alcanzar a los 40 años una independencia económica equivalente, según él, a la que tendría un magistrado de una alta corte.
“A los externadistas de mi generación nos enseñaban que lo más importante que podíamos lograr en la vida era llegar a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia o de alguna de las altas cortes. Y también era costumbre querer pensionarse con la pensión de magistrado”, contó.
Pero él quería conseguirlo antes. “Yo decía: tengo que lograr lo mismo, pero no a los 60 años, ni a los 65. Quiero hacerlo a los 40”. Cuando alcanzó esa meta, decidió cambiar de vida.

“Ya había cumplido esa meta y lo que hacía no me daba felicidad. Así que dije, listo, no más con esta película”.
Se fue con su esposa a Sídney para “buscar otros aires” y, después de regresar a Colombia, comenzó una nueva etapa profesional dedicada a la consultoría y al marketing político y empresarial.
De abogado de Mancuso a estratega político
Uno de los episodios más llamativos de esa primera etapa profesional fue su relación con Salvatore Mancuso. Según Bocas, el último caso de Suárez como abogado fue precisamente la defensa del exjefe paramilitar, a quien representó durante cinco años después de su desmovilización.
La Fiscalía y la justicia colombiana le atribuyeron responsabilidad en miles de hechos criminales cometidos durante el conflicto armado. La justicia ha señalado a Mancuso por un total de 75.000 crímenes y más de 5.200 hechos violentos imputados colectivamente por la Fiscalía General de la Nación en el marco del conflicto armado. Mancuso ha reconocido su participación directa en al menos 300 asesinatos.
Se le atribuye la autoría intelectual de masacres históricas como las de Mapiripán, El Aro y El Salado. Además, la Sala de Justicia y Paz lo ha condenado formalmente por múltiples delitos específicos, incluyendo una sentencia a 40 años de prisión por 117 crímenes cometidos contra comunidades indígenas wayúu en La Guajira.
Mancuso no fue solo un perpetrador de violencia física; también fue señalado como un articulador clave de la llamada “parapolítica”. Logró permear estructuras del Estado colombiano, las fuerzas militares, la economía legal y el poder político regional. Su capacidad para cooptar instituciones públicas amplió el impacto de sus delitos y su influencia en distintas esferas del país.
Paralelamente a su rol paramilitar, fue un capo de la droga a gran escala. La justicia de Estados Unidos lo procesó por el envío de más de 100.000 kilogramos de cocaína a ese país, lo que da cuenta de la magnitud de sus actividades de narcotráfico.
La relación profesional entre Suárez y Mancuso tendría posteriormente consecuencias políticas.
El enfrentamiento con Álvaro Uribe
Precisamente, el vínculo profesional con Mancuso terminó convirtiéndose en uno de los puntos de fricción entre Suárez y el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Uribe ha acusado públicamente a Suárez de haber participado en una estrategia judicial en su contra. En particular, ha señalado su presunta participación en la facilitación de reuniones en cárceles estadounidenses entre políticos colombianos y exparamilitares extraditados. Esas acusaciones fueron rechazadas por Suárez.

El enfrentamiento se hizo todavía más evidente durante la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. En una entrevista, Suárez cuestionó a la política tradicional y planteó la necesidad de que sectores tradicionales se apartaran.
Uribe respondió en redes sociales con fuertes calificativos contra el estratega, entre ellos “cobarde”, “bandido” y “solapado”, y cuestionó sus métodos de comunicación política.
La disputa adquirió una dimensión adicional debido a la relación entre el nuevo gobierno y el Centro Democrático en el Congreso.
Después de las elecciones, Suárez planteó públicamente la necesidad de “pasar la página” y llamó a la unidad.
De la consultoría a Ecopetrol
Después de abandonar el Derecho, Suárez fundó la agencia Estrategia y Poder, desde donde se dedicó a la consultoría política y empresarial. Ha trabajado con figuras políticas y organizaciones públicas y privadas y ha recibido reconocimientos en los Napolitan Victory Awards, premios internacionales relacionados con la comunicación y la consultoría política.
Ahora su escenario profesional es diferente. Suárez preside la junta directiva de Ecopetrol, una compañía estratégica para las finanzas públicas y para la economía colombiana.
La petrolera genera recursos para el Estado a través de impuestos, dividendos y regalías, y sus resultados tienen un impacto relevante sobre las finanzas nacionales. Sus transferencias anuales —a través de impuestos, dividendos y regalías— rondan los $35 billones de pesos, lo que representa aproximadamente el 16 % del Presupuesto General de la Nación.
La facturación y las utilidades de la compañía equivalen, de forma consistente, a casi el 2 % de todo el Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
Así, el abogado que asegura haber abandonado el Derecho a los 40 años porque ya había conseguido la independencia económica que buscaba terminó, años después, en uno de los cargos empresariales más relevantes del país.
Su historia profesional pasó de los tribunales a la defensa de un exjefe paramilitar; de allí, a la consultoría y al marketing político; y finalmente a la junta directiva de la principal empresa petrolera de Colombia.
Lea los comentarios












