
El plan de choque en salud de De la Espriella: así funcionará para destrabar la atención de más de un millón de pacientes
Meses atrás, en campaña, la promesa sonaba simple: con la plata suficiente, el sistema de salud se estabiliza en 90 días. Esta semana la plata seguía sin aparecer del todo, pero el gobierno decidió arrancar igual.
El presidente Abelardo de la Espriella salió del Consejo de Ministros del pasado lunes 21 de agosto a replicar la cifra de ciudadanos que tienen un reclamo activo. Dice que son 1.069.196 colombianos que tienen hoy un medicamento o un procedimiento pendiente que nadie les ha entregado. Ese fue el contexto con el que anunció la primera fase de su plan de choque en salud, la apuesta con la que el gobierno quiere demostrar que puede resolver en 90 días los problemas represados del sector.
El diagnóstico sale de los datos de la Superintendencia Nacional de Salud que dicen que, entre enero y julio, llegaron más de 1,2 millones de reclamos, cerca de 5.700 al día, y el 92 por ciento tenía que ver con barreras de acceso a servicios y tecnologías que los pacientes ya tenían ordenados, pero no recibían. Detrás de esa cifra hay una deuda que no ha dejado de crecer, ya que el sistema arrastra 40,2 billones de pesos, más del doble de los 16,2 billones que tenía hace cuatro años.
Según informó el presidente, Abelardo de la Espriella, después del Consejo, le ordenó a Ana María Vesga, la ministra de salud “poner en marcha inmediatamente la primera fase del Plan de Choque en Salud, precisamente para identificar a los pacientes que tienen medicamentos o procedimientos pendientes, para destrabar su atención y hacer seguimiento hasta comprobar que efectivamente los pacientes recibieron lo que necesitan”, afirmó.
¿Cómo actuará la primera fase?
De ese universo de reclamos, la primera fase se concentra en poco más de un millón de personas, ya que según aseguró De la Espriella, 700 mil que esperan medicamentos y 318 mil que esperan una intervención.
En ese sentido, el mecanismo que describió el propio presidente tiene cuatro pasos. Identificar al paciente y qué atención tiene pendiente. Establecer qué medicamento o procedimiento necesita y quién está obligado a garantizarlo. Destrabar los recursos para que esa atención sea posible. Y hacer seguimiento hasta comprobar que el paciente efectivamente lo recibió.
Para pagarlo, el gobierno anunció una compra de cartera extraordinaria. El Estado asumirá directamente las deudas que las EPS tienen con clínicas, hospitales y proveedores, con tasa de interés del 0 por ciento y un año de gracia antes de que empiecen a pagar. La condición es que esos recursos queden amarrados a las atenciones pendientes, no a otra cosa, y que una mesa de control integrada por el Ministerio de Salud, la Superintendencia y la Adres vigile que no se pague dos veces por el mismo servicio. "Este no es un cheque en blanco para las EPS. No pagaremos dos veces una misma atención", advirtió el mandatario.
Ahí aparece la grieta que el propio presidente admitió: los recursos todavía no están completamente destrabados. El Ministerio de Salud reconoció que no cuenta con el dinero inmediato para cubrir lo prometido y que busca conseguirlo, entre otras vías, ajustando la UPC, la unidad con la que se calcula cuánto recibe cada EPS por cada afiliado.
¿Qué ha dicho con anterioridad?
En campaña, De la Espriella prometió que con 10 billones de pesos podía estabilizar el sistema en los primeros 90 días de gobierno. Ya en el Palacio, en la Cumbre de Gobernadores, endureció el tono frente a las aseguradoras. Las EPS viables, que puedan garantizar buena atención, tendrían la oportunidad de recuperarse; las que no, dijo, debían liquidarse de manera ordenada. Llamó a recuperar la atención de los pacientes su prioridad "inmediata e ineludible" y responsabilizó de la crisis a la administración anterior.
Esa línea dura chocó semanas después con el tono de su propia ministra de Salud, Ana María Vesga. Mientras el presidente hablaba de liquidar lo inviable, ella insistía en la estabilización, sobre todo de Nueva EPS, que concentra más de una quinta parte de los afiliados del país y una porción grande de la deuda del sector. El desencuentro encendió alertas en el sector farmacéutico, donde pidieron que gobierno y ministerio hablaran con una sola voz. No obstante, la estrategia que ha seguido la nueva administración se asemeja a la que estaba usando la anterior.
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