
El terremoto pone a prueba la descentralización del presidente Abelardo de la Espriella
El presidente Abelardo de la Espriella enfrenta su primer gran desafío con el terremoto que sacudió a Colombia este lunes. Fotos: Colprensa.
El sismo de magnitud 7,4, que deja ya más de un centenar de muertos, no solo es una tragedia humanitaria de una dimensión enorme, sino también el primer gran examen práctico de la apuesta del presidente de la república por gobernar desde las regiones.
Por: Armando Neira
Ningún colombiano olvidará qué estaba haciendo a las 7:34 de la mañana de este lunes 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7,4 sacudió al país y causó más de un centenar de muertos. Entre quienes vivieron ese momento estuvo, naturalmente, el presidente Abelardo de la Espriella, quien a esa hora se preparaba para cumplir su agenda en Barranquilla desde donde ha dicho que va a gobernar. Pero seguramente allá no sintió el temblor porque en la costa caribe el terremoto casi no se percibió.
El sismo sorprendió al mandatario en la capital del Atlántico, mientras buena parte del Gobierno nacional se encontraba en Bogotá. Ante la emergencia, las primeras reuniones debió atenderlas en persona el vicepresidente José Manuel Restrepo. Hubo una tardanza en la instalación del Puesto de Mando Unificado (PMU), el espacio en el que deben reunirse las autoridades, los organismos de socorro y las instituciones para coordinar acciones, compartir información y tomar decisiones conjuntas frente a una emergencia de este tipo.
Por la magnitud del desastre, el presidente voló de urgencia a Bogotá y llegó a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) para hacerse cargo de las decisiones que debía tomar el Gobierno.
“Le encomiendo nuestro país al señor Jesucristo”, dijo De la Espriella en una rueda de prensa en la que informó que el desastre había causado, hasta ese momento, 111 fallecidos y 87 heridos. También reportó 1.575 viviendas afectadas y 37 destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud y 52 centros educativos dañados, 18 carreteras afectadas y la suspensión de actividades en seis aeropuertos.
El presidente aseguró que “los compatriotas afectados” saldrán adelante “con la ayuda de Dios”, del Gobierno y de la cooperación internacional, e hizo un llamado a la unidad nacional: “Hoy todos los colombianos, sin distinciones ideológicas, tenemos que unirnos frente a una sola causa: las víctimas de este desastre natural”.
Además, se mostró esperanzado de superar semejante prueba. “Estamos absolutamente convencidos de que, unidos como sociedad y como Gobierno, podremos sacar adelante a nuestro país en este momento tan duro”.
El Gobierno se desplaza
Luego envió a sus principales colaboradores a los puntos que requerían mayor atención y él mismo se trasladó al Chocó. Restrepo viajó a Caldas para liderar el PMU del Eje Cafetero: Risaralda, Caldas y Quindío. “Voy hacia la ciudad de Manizales a acompañar a las familias que han sufrido esta tragedia y a estar al mando del PMU”, informó en un video compartido en redes sociales.
“Señor presidente, atiendo su indicación”, dijo en otro video, en respuesta a la orden de De la Espriella. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, salió para Pereira. “Desde allí coordinaremos toda la atención de esta terrible tragedia. Estamos viajando con cinco ingenieros estructuralistas de la Alcaldía de Bogotá y un equipo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo”, informó en un video grabado en el avión.

La respuesta, sin duda, fue inmediata y acorde con las circunstancias. Sin embargo, en el ambiente gravita un interrogante: ¿habría podido el alto Gobierno actuar con mayor rapidez si el presidente de la república hubiera estado en Bogotá?
Nadie puede prever un terremoto. Lo que sí resulta previsible es que, durante los cuatro años de su mandato, el jefe del Estado deba enfrentar decisiones de igual o mayor complejidad. La pregunta, entonces, es si su decisión de no despachar desde la Casa de Nariño puede convertirse, en la práctica, en un obstáculo que él mismo se impone.
Al margen de su intención de descentralizar el Gobierno para que las regiones tengan mayor desarrollo, es innegable que la Casa de Nariño cuenta con el equipamiento y la infraestructura adecuados para la toma de decisiones, la seguridad presidencial y la logística necesaria para movilizar al Estado en situaciones como la sucedida este lunes de horror.
Esto la diferencia del Palacio de San Carlos, actual sede de la Cancillería, cuyas oficinas están ocupadas y donde apenas se está adecuando un espacio con la envergadura que requiere un despacho presidencial. Para la movilidad del presidente, por ejemplo, la Casa de Nariño es la única edificación del centro de Bogotá que cuenta con helipuerto.

El presidente De la Espriella ha defendido su tesis con el argumento de que la descentralización administrativa busca que las políticas públicas no se diseñen únicamente desde los centros urbanos tradicionales, sino que incorporen las necesidades de las comunidades alejadas. Sin embargo, situaciones coyunturales como la ocurrida este lunes evidencian las dificultades que ese modelo puede enfrentar en el día a día.
En declaraciones a la BBC, María Paula Correa, quien fue directora del Departamento Administrativo de la Presidencia durante el gobierno de Iván Duque, afirmó: “Más allá de que me parece una idea loable, no sé qué tan fácil vaya a ser en la práctica”. Los ministerios, agregó, tienen su sede en Bogotá y, en el día a día del Gobierno, es muy usual que un presidente le diga a un funcionario: “Lo espero aquí ya”.
Con el Gobierno disperso en varias ciudades, “el ‘lo espero aquí ya’ no va a ser de media hora, sino, en el mejor de los casos, de un par de horas”, planteó Correa.
No se trata únicamente de un evento de la magnitud de un terremoto. También puede ocurrir en situaciones naturales a la agenda de un gobierno, como la discusión técnica de un proyecto del Ministerio de Hacienda, en la que el presidente necesite consultar al viceministro que, por razón de su cargo, conoce el impacto que tendría omitir o agregar determinados artículos. ¿Tendría entonces que viajar de urgencia a Barranquilla?
El presidente De la Espriella busca darle mayor movilidad al Estado para hacerlo más ágil y cercano a los territorios. También es cierto que durante décadas, la capital colombiana ha concentrado la mayoría de las decisiones gubernamentales debido a que allí funcionan la Presidencia, los ministerios, los organismos de control y las principales entidades nacionales.
La búsqueda del territorio
Durante el discurso de posesión, pronunciado en el campo de paradas del batallón Pichincha de Cali, el presidente afirmó: “Puedo prometer, y prometo, que gobernaré desde las regiones. Puedo prometer, y prometo, que dedicaré todas mis energías a recorrer el territorio colombiano”.
Se refería a una de sus grandes banderas, que lo ha llevado a anunciar una reforma constitucional para hacer de Barranquilla una capital alterna, crear gerentes para las principales ciudades y hablar de poner fin al “bogocentrismo”.
Incluso habló de la necesidad de emprender una “regeneración” como la que lideró el también caribeño presidente Rafael Núñez a finales del siglo XIX, aunque esta vez no para centralizar el país después de una Constitución federal, sino en sentido inverso.

“La nueva regeneración exige un Estado nacional fuerte y unas regiones capaces de decidir y construir su propio desarrollo”, dijo. Es una idea que repitió en otros momentos, como cuando señaló que su política de infraestructura demostraría que el suyo “será un gobierno de las regiones y para las regiones”.
El doloroso terremoto de este lunes fue un hecho imprevisto que, a juicio del analista Carlos Arias, el Gobierno empezó a atender de manera adecuada. Según explicó, la descentralización de esta administración se está evidenciando en la forma como está asumiendo la crisis: el presidente decidió viajar al epicentro del terremoto, en el departamento del Chocó, y envió a los principales funcionarios de su Gobierno, encabezados por el vicepresidente, a diferentes regiones. Esto, en su opinión, ya muestra una capacidad de acción que el país no tenía en el gobierno anterior.
Arias consideró que esa presencia es clave para la percepción de autoridad y para que los ciudadanos sientan que existe nuevamente un líder que guía este tipo de ejercicios. En la teoría de la comunicación política, explicó, este fenómeno se conoce como “Around the Flag” –todos giran alrededor de la bandera–, y quien porta la bandera hoy es el presidente de la república, que está liderando con institucionalidad.
El analista lamentó, sin embargo, que no haya existido un empalme entre gobiernos, que el país tenga “un déficit fiscal brutal” y que varias entidades hayan sido “saqueadas hasta el último día”, según su tesis, por la administración anterior. Con todo, señaló que la situación también abre la posibilidad de declarar una emergencia económica que le permita al presidente destinar recursos a las difíciles circunstancias que viven distintas regiones del país.
Un terremoto que prueba al Gobierno
La abogada María Jimena Escandón coincidió en que, al despachar desde Barranquilla, al presidente le resultará más difícil coordinar la respuesta y que tendrá que irse ajustando con el tiempo. Sin embargo, consideró que, hasta ahora, el mandatario ha manejado bien la situación.
“Lo importante en el análisis es la capacidad de respuesta del Estado frente a las tragedias que puedan ocurrir”, afirmó. Ella considera que el Gobierno entrante asumió correctamente la situación: “Hay una hoja de ruta y una definición específica para que cada ministro se traslade a un territorio y atienda las demandas de la población”.
Desde su perspectiva, hay un puesto de mando unificado, definición de vuelos humanitarios para atender las zonas y comunicación permanente con los mandatarios de las zonas afectadas. “No podemos caer en la trampa de cuestionarlo todo; es necesario que el Gobierno pueda actuar”, dijo.

Para el analista Víctor Solano esta es una coyuntura urgente en la que el presidente tendrá que demostrar su liderazgo en la coordinación de las agencias de seguridad para llevar una ayuda organizada y oportuna.
La descentralización no consiste en que el Gobierno esté ubicado en otra región para responder a una emergencia, dice el analista Andrés Segura, sino en que las autoridades locales cuenten con las capacidades necesarias para hacerlo. Por eso, dijo, el verdadero desafío en este momento es la capacidad de respuesta del Gobierno.
Segura advirtió que el problema de fondo no es que el Gobierno esté geográficamente alejado, sino que esté separado del presidente para la toma de decisiones. Eso generó obstáculos que quedaron en evidencia con el inicio tardío del PMU.
Según indicó, no se trató de una coincidencia: fue una decisión del Gobierno que el presidente despachara separado del resto de su equipo, y eso representa un riesgo considerable, no solo ante emergencias como un terremoto, sino también en la operación cotidiana del Estado, por ejemplo, ante decisiones económicas urgentes o en el manejo del orden público que exijan la presencia del mandatario.

Para el analista, el problema no radica en que la ciudad elegida sea Barranquilla –pudo haber sido Cali, Medellín o cualquier otra–, sino en que el Gobierno esté separado del presidente, lo que introduce obstáculos evitables en la coordinación.
De la Casa de Nariño al Palacio de San Carlos
Segura también señaló que la Casa de Nariño, más allá de cualquier objeción, cuenta con la infraestructura adecuada para el funcionamiento de un Gobierno, mientras que el Palacio de San Carlos, sede actual de la Cancillería, ya enfrentaba, antes del cambio de sede, limitaciones de espacio para sus funcionarios.
El edificio de la cancillería no tiene siquiera espacio para estacionar el esquema de seguridad del presidente y por su ubicación, entre calles coloniales angostas, resulta inconveniente para la seguridad del presidente, que debe desplazarse con un equipo numeroso de escoltas lo que dificultaría su permanencia allí.
La gestión de la emergencia humanitaria derivada del terremoto se convierte así en una prueba de fuego para la capacidad de gestión del Gobierno de Abelardo de la Espriella. Manejar con éxito la respuesta institucional consolidaría la confianza en la nueva administración y le otorgaría mayores niveles de gobernabilidad.
Sin embargo, una respuesta tardía o ineficiente, revisada con el paso del tiempo y a la luz del reciente escándalo de corrupción en la UNGRD durante el gobierno del expresidente Gustavo Petro, confirmaría los temores que algunos sectores ya han expresado: que el nuevo Gobierno se preparó para la campaña electoral, pero no para gobernar.
Si no logra gestionar con eficacia una crisis humanitaria en las regiones, difícilmente podrá sacar adelante la tan anunciada descentralización que ha presentado como su principal mecanismo de administración pública territorial.
El énfasis en gestos simbólicos –como el discurso presidencial en un batallón de Cali, la decisión de no despachar desde la Casa de Nariño, vivir en Barranquilla– podría pasarle factura al presidente en términos de confianza política.
Para De la Espriella, los símbolos son muy importantes, como quedó claro durante la campaña, en la que apeló a las emociones del electorado que mayoritariamente lo eligió. El primer día hábil de su Gobierno estuvo marcado por un terremoto, un hecho que él, como nadie, no olvidará. Esta experiencia mostrará también si es momento de replantear algunos de sus propósitos y dar paso al pragmatismo.
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