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Cuatro emisoras de paz, suspendidas por operar sin licencia. Créditos: Estefanía Naranjo - CAMBIO
Poder

El Acuerdo Final fuera del aire: lo que está en juego con el apagón de las emisoras de paz

Estefanía Naranjo - CAMBIO

Las voces de los territorios donde se padeció el conflicto encontraron en la radio un espacio para reconstruir los vínculos comunitarios que la guerra rompió. Ahora, las 20 emisoras de paz que operan en el país quedaron silenciadas tras la decisión del gobierno De la Espriella de suspender su programación.

Por: Jonathan Beltrán

En el sur del Tolima, los ecos de la guerra todavía sobreviven en las historias que pasan de una generación a otra. Chaparral, marcado durante décadas por la violencia y las masacres cometidas por las Farc, fue el primer municipio en el que se encendieron los micrófonos de una emisora de paz para contar la historia de un territorio que intentaba reconstruirse tras décadas de conflicto.

Las voces de las comunidades más afectadas por la violencia se abrieron paso en el dial como parte de un compromiso establecido en el Acuerdo de La Habana. Sus equipos reunieron a firmantes de paz, comunicadores regionales y víctimas del conflicto, para narrar desde sus veredas la transformación de sus propios territorios. 

La señal se extendió hacia otras zonas marcadas por la guerra. Luego de la primera emisión en Chaparral, Ituango, Convención, Fonseca y San Jacinto también tuvieron su propia Emisora de Paz. En 2021 se sumaron siete emisoras más y, en los años siguientes, la red siguió creciendo hasta completar 20 estaciones en diciembre de 2024, con presencia en lugares como Bojayá, San Vicente del Caguán, Tumaco y Buenaventura.

Mientras en los municipios PDET suenan artistas locales y los campesinos comparten consejos para cuidar sus cultivos, los periodistas regionales de las emisoras han sido señalados desde Bogotá por congresistas y líderes de opinión de pertenecer a la guerrilla. La estigmatización los ha convertido en blanco de amenazas, pese a que varios son víctimas de la misma organización armada de la que eran acusados de formar parte.

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Las emisoras de paz tenían contenido en vivo por más de 12 horas diarias, creado en su totalidad desde las regiones | Crédito: Estefanía Naranjo - CAMBIO

El Gobierno de De la Espriella y el apagón de las emisoras de paz

La incertidumbre sobre el futuro de las emisoras de paz comenzó apenas una semana después de la posesión del primer mandatario. CAMBIO conoció que Ángela María Mora, gerente de Inravisión, envió un correo a Alexei Castaño, director de Radio Nacional, con instrucciones específicas sobre el futuro de las 20 frecuencias distribuidas en 18 departamentos.

La comunicación solicitaba que ningún trabajador de las emisoras de paz entregara declaraciones a los medios sobre la reestructuración del proyecto. Días después, los equipos conocieron que la medida iba más allá de un simple empalme entre Gobiernos: la directriz dejó abierta la posibilidad de suspender la programación.

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El Gobierno de Abelardo de la Espriella ordenó sacar del aire la franja informativa y de opinión del Sistema de Medios Públicos | Crédito: Colprensa

Desde hace una semana, los comunicadores dejaron sus estaciones y las 20 emisoras de paz quedaron reducidas a una señal musical programada desde Bogotá. “Ahora solo se escuchan canciones elegidas desde la capital y reproducidas, a la distancia de un botón, en territorios afectados por la violencia”, explica un sonidista de una de las estaciones habilitadas en el occidente del país, que pidió no ser citado por temor a represalias.

La medida integra una serie de decisiones adoptadas por la ministra de las TIC, Alexandra Falla, bajo la premisa de “acabar el aparato de propaganda en el Sistema de Medios Públicos de Colombia”. Detrás de esa lectura, sin embargo, quedan por fuera de la parrilla contenidos dedicados a la promoción de la cultura local, propuestas de reconciliación y espacios para las voces de emprendedores de las comunidades.

Miembros de las emisoras de paz consultados por CAMBIO reconocen que espacios de RTVC fueron utilizados para respaldar la gestión de Gustavo Petro y los logros de su Gobierno en plena campaña electoral. Sin embargo, sostienen que la programación de sus estaciones radiales estuvo ligada exclusivamente a los compromisos establecidos en el Acuerdo Final.

“Apagar las emisoras es un riesgo para las comunidades. A través de nuestros micrófonos advertíamos sobre la instalación de retenes ilegales, la presencia de minas antipersonal y la llegada de grupos armados a sus territorios. Con el dial silenciado, las comunidades pierden un canal de información que también servía para alertarlas sobre lo que estaba pasando a su alrededor”, explica un integrante del proyecto.

Las cuentas pendientes de las emisoras de paz

El proyecto ha navegado entre los cambios de Gobierno y las tensiones políticas. Juan Ricardo Pulido, quien puso en marcha las emisoras de paz y las coordinó durante cerca de tres años, reconoce que uno de los mayores desafíos es el de construir una estructura institucional capaz de protegerlas de los cambios ideológicos y administrativos.

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El Acuerdo de Paz definió la creación de emisoras para promover la reconciliación en territorios afectados por la violencia | Crédito: Colprensa

El problema aparece cuando empiezan a confundirse con un medio de gobierno. Porque cambia la administración y lo que antes era considerado válido puede empezar a ser visto como una expresión del gobierno anterior. Las emisoras de Paz no pertenecen a un partido ni a una corriente política. Nacen de un compromiso del Estado colombiano”, detalla Pulido.

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En los últimos días, la emisora de paz de El Tambo no ha podido informar sobre los atentados y ataques con drones registrados en el municipio  | Crédito: Colprensa

Una de las principales críticas al proyecto apunta a la posibilidad de que una red financiada con recursos públicos termine al servicio político del gobierno de turno. El representante del Centro Democrático Daniel Briceño cuestiona la millonaria inversión y advierte que, en manos de quien controle el Sistema de Medios Públicos, las emisoras podrían convertirse en una herramienta de influencia política de cara a las elecciones locales del próximo año.

El riesgo de instrumentalización, sin embargo, no debería llevar a prescindir por completo de la presencia local de las emisoras. “No se trata de decirle a la gente por quién votar, sino de darle mejores herramientas para que pueda decidir por sí misma. Las elecciones territoriales deberían ser justamente el momento en que esos problemas locales entren al centro del debate democrático”, sostiene Frey Muñoz, subdirector de la Misión de Observación Electoral.

La incertidumbre sobre el futuro de las emisoras de paz

La decisión del Ministerio de las TIC de acabar con la franja noticiosa y reducir el personal de los medios públicos también puso en vilo el futuro laboral de 120 comunicadores, sonidistas y programadores que daban vida a las emisoras de paz. Con las estaciones sin programación propia, también quedó en suspenso la continuidad del proyecto que han adelantado durante los últimos seis años.

CAMBIO conoció que los contratos de los 20 equipos, integrados cada uno por seis personas de los territorios, están vigentes hasta finales de octubre. Sin embargo, los cambios en la parrilla de programación y la posibilidad de reducir el número de integrantes mantienen en vilo la continuidad de gran parte de esos puestos de trabajo.

“Para muchos de nosotros, este es el único ingreso que tenemos y del que depende nuestra familia. Hay compañeros que fueron al hospital por problemas de hipertensión y colegas que tienen cuadros de ansiedad ante el posible apagón. El riesgo es que ahora no solo quedemos sin trabajo, sino estigmatizados en nuestro territorio”, sostiene un comunicador de las emisoras de paz.

También está en riesgo la continuidad de programas como ‘Encuentros de paz’, ‘Del Campo a la radio’ y ‘Música de mi territorio', en los que las comunidades podían contar sus historias, visibilizar sus proyectos y ofrecer sus productos. Con su salida del aire, las comunidades también ven limitado su derecho a acceder a información sobre lo que ocurre en sus municipios.

En Mesetas (Meta), Rolando* sintonizaba la 94.0 FM para escuchar la Emisora de Paz de su municipio. Mientras trabajaba en la siembra de yuca, encendía una radio que conserva desde hace más de una década y que se convirtió en su principal compañera entre la tierra arada. “Yo no uso mucho el celular, entonces por ahí escuchaba las fechas de los mercados campesinos, los anuncios de la Alcaldía y la información de lo que estaba pasando acá”, cuenta.

¿Una nueva programación?: los retos del reencauche de las emisoras de paz

Una década después de la firma del Acuerdo de La Habana, las emisoras de paz son reconocidas como el único punto que se ha implementado en su totalidad. Durante el Gobierno de Iván Duque entraron en funcionamiento 12 estaciones y, bajo la administración de Gustavo Petro, comenzaron a operar las ocho restantes.

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El Gobierno Petro invirtió más de 12.000 millones de pesos en la operación de las últimas cuatro emisoras de paz en entrar al aire | Crédito: Colprensa

La última emisora de paz en entrar en funcionamiento fue la de Buenaventura, a finales de 2024. Desde entonces comenzó a correr el plazo de seis años de operación continua establecido en el punto 6.5 del Acuerdo Final. Cumplido ese periodo, el Ministerio de las TIC podrá decidir si prorroga las licencias y da continuidad a la operación de estas estaciones.

Al cierre de esta nota, CAMBIO conoció que, tras las críticas de organizaciones nacionales e internacionales, Inravisión impartió una nueva directriz para que las emisoras de paz vuelvan al aire en las próximas semanas. Sin embargo, la lupa de organizaciones como la FLIP está ahora sobre la reestructuración de los contenidos, en medio de la batalla cultural anunciada por la administración entrante.

“La infraestructura ya está ahí y se debe aprovechar la inversión. Las emisoras no chocan con las apuestas de De la Espriella e incluso pueden aportar a sus iniciativas de control territorial y seguridad. (...) Es necesario mantener las líneas generales de programación y conservar la esencia de lo acordado para que no se convierta en una herramienta de propaganda”, explica Laura Bonilla, subdirectora de Fundación Paz & Reconciliación (Pares).

Luego del apagón, el reto será definir qué contenido se escuchará en las frecuencias de las 20 emisoras de paz. Para Juan Ricardo Pulido, quien estuvo al frente de su coordinación, las estaciones perderían su vocación original si operan solo como repetidoras de una programación central. “Un riesgo latente es que la nueva parrilla se construya para responder políticamente a la parrilla del gobierno anterior. Ese sería precisamente el círculo que deberíamos romper”, advierte.

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