
‘El Ejército llevó a los paramilitares a Barrancabermeja para expulsar a la guerrilla’: Catalina Díaz, magistrada de la JEP
En entrevista con CAMBIO, la magistrada de la JEP Catalina Díaz revela los detalles de la última imputación a 11 militares y un exfuncionario de Ecopetrol por la ‘toma de Barrancabermeja’, que implicó 14 masacres y más de 400 víctimas en dos años.
La Jurisdicción Especial para la Paz imputó a nueve militares, dos policías y a José Eduardo González Sánchez, exsubjefe de seguridad de Ecopetrol en Barrancabermeja, por su responsabilidades en graves crímenes ocurridos en esa ciudad entre 1998 y el 2000, incluidas 14 masacres. La imputación tiene una conclusión macabra: que fueron los propios integrantes del Ejército quienes optaron por aliarse con las Autodefensas para trabajar de manera conjunta y perseguir a civiles inocentes de barrios populares, señalados sin fundamento de hacer parte de las milicias de las guerrillas. La magistrada relatora del caso, Catalina Díaz, explica la decisión.
CAMBIO: ¿En qué consiste la imputación?
Catalina Díaz: Este es el primer Auto de Determinación de Hechos y Conductas en el macrocaso 08 que investiga los crímenes cometidos por miembros de la fuerza pública, otros agentes del Estado en asociación con grupos paramilitares, o terceros civiles. Este es el subcaso del Magdalena Medio y lo que encontramos, después de tres años de investigación a profundidad, fue una alianza entre oficiales de alto rango de distintos batallones con grupos paramilitares.
La alianza tuvo como propósito traer a los paramilitares a Barrancabermeja para tomarse la ciudad y expulsar a las guerrillas. Encontramos que desde el Batallón de Inteligencia 2 (BITE 2), que después se convirtió en la Regional de Inteligencia 2 (RIME 2) del Ejército, se comprendió que el 'enemigo' y la guerrilla no eran solo combatientes armados y milicianos, sino también los movimientos sociales y los habitantes de los barrios del sector oriental de Barrancabermeja.
Eran barrios en donde efectivamente había presencia de milicias, pero en donde los civiles habitantes vivían en régimen de zozobra y los miembros de la inteligencia militar optaron por entender que ellos eran parte de la guerrilla, del enemigo a combatir.
CAMBIO: La estigmatización incluyó movimientos sociales que fueron perseguidos sin que tuvieran vínculos con la guerrilla…
C.D.: La Unión Sindical Obrera, uno de los primeros sindicatos del país creado a principios del siglo pasado, en 1923, fue tachada expresamente en documentos de la inteligencia militar como fachada de las guerrillas del ELN y de las FARC. Se señaló como brazo armado de la guerrilla, se dijo que era funcional a los intereses de la guerrilla. Además, se entendió como parte del enemigo a combatir a la Corporación Regional de Defensa Derechos Humanos (CHREDOS). Decían que eran un instrumento de la "guerra jurídica" contra las fuerzas militares.
CAMBIO: ¿Con qué fin?
C.D.: Esta comprensión amplísima del enemigo que tenían los miembros de los distintos batallones y la inteligencia militar llevó a una serie de masacres contra los pobladores de estos barrios y a actos de persecución. Hablamos de homicidios, desapariciones, de judicializaciones infundadas contra líderes sindicales que permanecieron varios años en la cárcel y luego se demostró que eran montajes. Por eso, la Sala llegó a la conclusión de que se trataba de un verdadero crimen de persecución contra estas personas de organizaciones civiles.
CAMBIO: ¿En qué periodo de tiempo?
C.D.: Entre 1998 y 2000. Un hito que marca la toma paramilitar de Barrancabermeja es la masacre del 16 de mayo de 1998, un hecho muy cruel donde 25 personas fueron 'desaparecidas' por una ruta en esos barrios orientales. La masacre fue coordinada expresamente con oficiales del Ejército. Pudimos probar lo que ya hacía 20 años habían dicho los paramilitares en Justicia y paz, con aportes de los propios oficiales del Ejército y con archivos militares y policiales, cómo se concertó la fecha y la ruta de la masacre, así como la vía de salida de los paramilitares.
Todo eso había sido materia de discusión, de reuniones, de coordinación expresa de los paramilitares con los militares.
CAMBIO: El primer hallazgo es clave: que el Ejército llevó a la zona a las autodefensas. ¿Cómo llegaron a esa conclusión?
C.D.: Desde el BITE 2 y con el capitán (r) del Ejército José Eduardo González Sánchez, contratado como segundo del área de seguridad de la refinería de Ecopetrol, se decidió traer a los paramilitares a Barrancabermeja. Es decir, hubo una decisión estratégica, especialmente del Batallón de Inteligencia, de que era necesario contar con los paramilitares en Barrancabermeja para expulsar a la guerrilla. Fueron los propios oficiales de inteligencia, los que fueron a visitar a los paramilitares a su campamento para decirles: 'Vénganse que juntos podemos lograr el objetivo'.
CAMBIO: ¿Quiénes se reunieron con 'Camilo Morantes'?
C.D.: Según Mario Jaimes Mejía, alias Panadero, ‘Camilo Morantes’ se reunió en varias ocasiones con 'Don Felipe', como se conocía a Juvenal Brugés Palmera, subcomandante del BITE2. Luego, encontramos los libros del Batallón en donde se registraban los ingresos de personas nombres, fechas y nota de a quién se iba a visitar.
En los libros aparecen por lo menos cinco paramilitares con varias visitas al comandante de ese batallón, José Domingo García García, conocido como 'Don Raúl'. Aparecen unos con sus nombres de guerra, otros con sus nombres reales.
Los oficiales de inteligencia tienen nombres de fachada y aparece ‘Don Raúl’, que es el comandante del batallón, o ‘Don Felipe’, el segundo oficial. En las visitas se coordinaba el ingreso de los paramilitares a la ciudad.

CAMBIO: Es decir que la respuesta del Ejército para combatir al ELN fue acudir a las autodefensas...
C.D.: Eso es lo que está probado. Está el testimonio del capitán retirado del Ejército que hizo parte de esas reuniones, que fue luego funcionario de Ecopetrol y luego mando paramilitar. Otros paramilitares que habían ya ofrecido sus versiones libres en Justicia y Paz hace 20 años volvieron a rendir su testimonio en ante la JEP. Ahí estamos hablando de comandantes del máximo nivel como Salvatore Mancuso, pasando por 'El Panadero', hasta los patrulleros rasos que ejecutaron la masacre.
CAMBIO: ¿Los militares han aceptado estos hechos?
C.D.: Algunos han algunos han hecho aportes importantes confirmando estas reuniones de coordinación con los paramilitares.
CAMBIO: ¿Han explicado por qué lo hicieron?
C.D.: Lo que nos refiere tanto González Sánchez como otros paramilitares es que, desde el Batallón de Inteligencia percibían que las guerrillas en la ciudad los tenían acuartelados. No los dejaban mover, no los dejaban operar y que los paramilitares habían cercado a Barrancabermeja, habían ido ocupando otros territorios críticos del Magdalena Medio y que faltaba 'ganar' la joya de la corona que era Barrancabermeja.
Pudimos documentar que Barrancabermeja estaba prácticamente militarizada, que tenía el doble de militares por 1.000 habitantes que el promedio del país. Tenía un batallón de artillería de defensa aérea del país que estaba incluso pensado para un ataque internacional, supuestamente con capacidad de derribar ataques aéreos. Había dentro de la propia refinería de Barrancabermeja un batallón de contraguerrillas, el 45. Había un batallón de inteligencia en Bucaramanga que tenía una central de inteligencia en Barrancabermeja. Y había un comando especial de la Policía. Todo esto por la importancia estratégica de ese ser puerto sobre el Magdalena, una ciudad productora de petróleo y un punto comercial estratégico.
A pesar de una amplia militarización, la percepción desde el batallón de inteligencia era que no habían podido desalojar a las guerrillas, especialmente en los barrios orientales y que por eso iban a contar con los paramilitares.
CAMBIO: ¿Y la masacre del 16 de mayo de 1998 fue para hacer control social?
C.D.: La masacre marca simbólicamente la llegada de los paramilitares a Barrancabermeja. Los relatos son muy precisos al indicar que 'Camilo Morantes', el jefe de las Autodefensas del Santander y del César (AUSAC) con Carlos Castaño en Urabá, en Córdoba, porque querían hacer parte de las AUC y vincularse al proceso de la Federación paramilitar de las AUC. Tenemos referido por paramilitares que estuvieron allí, que Castaño le había dicho a 'Morantes': 'llegue con todo a Barrancabermeja y siembre el terror en esa ciudad'.
La masacre tiene una función simbólica de decir: 'llegaron, así vamos a operar y este territorio es nuestro a sangre y fuego'. Retuvieron a 25 personas de esos barrios: tenemos víctimas taxistas, vendedores, comerciantes, gente común y corriente que estaban además en actividades de un bazar. Algunos fueron señalados —y este es otro elemento probatorio muy importante— por un informante del Ejército que era un antiguo guerrillero de las FARC, que había durado cuatro meses en un batallón del Ejército.
El Batallón se lo entrega a los paramilitares, con conocimiento del comandante, para que guiara la incursión. En el lenguaje de los oficiales de más alto rango se decía que los paramilitares iban a hacer 'proselitismo armado' y que iban a capturar a los líderes del frente urbano del ELN. Obviamente ese 'proselitismo armado' se tradujo en la retención de 25 personas que luego fueron torturadas en el campamento de las AUSAC en San Rafael de Lebrija, asesinadas y desaparecidas. Además de otras siete personas asesinadas. Pero la lógica era la de marcar el territorio a sangre y fuego y sembrar el terror para sacar a las guerrillas.
CAMBIO: ¿Qué rol tuvo Ecopetrol? ¿Se trata solo del exsubjefe de seguridad en la ciudad o había un rol más funcional?
C.D.: Lo que tenemos probado es que el funcionario, segundo del área de seguridad de Ecopetrol, había sido llevado a Ecopetrol por un tío suyo que era coronel retirado de la Policía que tenía un cargo importante en Ecopetrol. González Sánchez dice que él llegó a la refinería con el mandato de llevar a los paramilitares a Barrancabermeja.
Es su dicho. El tío que menciona falleció y no lo pudimos llamar. También quisimos verificar si de esa circunstancia sabía el jefe corporativo de seguridad, quien también falleció. No pudimos verificar si otras personas de mayor nivel, como el jefe inmediato de González Sánchez quien también está muerto, sabían del propósito que este tenía.
También encontramos que él contrató a tres personas, uno que ya era paramilitar y dos que luego ingresaron a las autodefensas, para infiltrar el sindicato. Penetraron el sindicato haciéndose pasar por trabajadores, pagaban las cuotas de afiliación, empezaban a ir a las reuniones, se ganaban la confianza de sus compañeros, grababan las sesiones y empezaban a obtener información que remitían a la empresa y a los militares.
De allí sabemos que ocurrieron varios crímenes, e incluso un sindicalista fue asesinado con base en una lista que se produjo con ese mecanismo. Uno de estos paramilitares dice que él conoció esa lista y que pudo advertirle a una persona que se salvó de ser asesinada mientras otro, como Rafael Jaimes Torra, sí lo fue.
CAMBIO: No se puede afirmar entonces que las directivas de Ecopetrol sabían de la existencia de ese plan de José González Sánchez…
C.D.: Las personas que hubiéramos querido llamar para verificar el conocimiento que tenían otros altos funcionarios del corporativo de seguridad están muertos. Es claro también que González Sánchez usó la contratación de la empresa, es decir que no actuó a título personal.
No actuó como un ciudadano común y corriente sino como funcionario de la empresa, con la capacidad de contratación que le otorgó la empresa. Contrató estos miembros paramilitares que infiltraron al sindicato en su condición de contratistas de la empresa.
Está claro que usó el nombre de la empresa, o sea, actuó a nombre de ella como un agente. Usó la cobertura institucional de Ecopetrol para aliarse, porque él fue parte central de la alianza: era capitán retirado del Ejército, se presentaba así y tuvo acceso fácil a los comandantes y segundos comandantes de los distintos batallones, de la Policía y del DAS.
Por eso, en la decisión lo llamamos como un actor 'bisagra'. Nos pareció un símil muy ilustrativo porque precisamente hacía de bisagra entre el mundo militar y el mundo paramilitar desde la empresa Ecopetrol. Funcionaba como un nodo de contactos, de relaciones, de coordinación y por eso lo señalamos como un máximo responsable de todos estos crímenes. Y él contribuyó de manera muy importante al esclarecimiento de la verdad de toda esta historia. Confesó sus crímenes.
CAMBIO: ¿Qué patrones criminales encontraron?
C.D.: Encontramos que por lo menos 473 personas fueron asesinadas, 80 de ellas desaparecidas forzadamente entre el 1998 hasta finales del 2000. Es decir, la alianza entre altos oficiales del Ejército y los paramilitares para llevar a estos últimos a la ciudad se concretó y desató un patrón de masacres, asesinatos y desapariciones y actos de persecución contra organizaciones de la sociedad civil. Entonces, hay un patrón de acción criminal que respondía a una alianza estratégica con altos oficiales de distintas unidades como el Batallón de Inteligencia 2, el Batallón de Artillería Nueva Granada y el batallón de Contraguerrillas 45.
CAMBIO: ¿Cómo encontraron los archivos en las unidades militares?
C.D.: Ordenamos una serie de inspecciones judiciales a los archivos de los batallones que mencioné, de la Policía y a los archivos de Ecopetrol. Los archivos tienen un valor enorme para contrastar lo que dicen los comparecientes, las víctimas y los testigos. Hemos encontrado oro, piezas absolutamente centrales.
En este caso encontramos, como mencioné, los libros de ingreso al Batallón de Inteligencia con los nombres de los paramilitares que iban a visitar al comandante y al segundo comandante del batallón. Encontramos los documentos de inteligencia donde se incluía a la Unión Sindical Obrera en una orden de batalla, en una orden de operaciones, donde se le daba órdenes a agentes de inteligencia que consiguieran direcciones, teléfonos, nombres.
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Revisamos cientos de documentos de la inteligencia en donde está plasmada esta idea de que, sin los movimientos sociales, la guerrilla no iba a concretar la revolución y por eso se señaló y ese estigma que pesó sobre los movimientos sociales se convirtió en asesinatos, desapariciones, masacres, judicializaciones infundadas.
Encontramos, por ejemplo, que el presidente de la Unión Sindical Obrera de esa época, Hernando Hernández, se reunió directamente con el comandante de la brigada, el general Millán, y él le advirtió que entrarían los paramilitares. Encontramos un documento del DAS que advertía sobre la masacre, incluso dando los barrios donde iba a ocurrir, entre tal y tal fecha, incluso señalando quién estaría detrás de la ejecución material de la masacre, como 'Camilo Morantes' y 'Panadero'.
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