
El plan de Abelardo de la Espriella para El Niño arranca corto de plata y con las térmicas al límite
La demanda de energía crece 5,9 por ciento este año y, sin ahorro, el sistema quedaría con 1 por ciento de margen frente a una sequía fuerte. El plan 'Energía Ya' choca con la necesidad de una generación térmica sin precedentes, en medio de una crisis de liquidez. Explicación con gráficas.
Por: Juan Manuel Pinto
El Gobierno de Abelardo de la Espriella ha venido anunciando medidas para garantizar el suministro de energía eléctrica, debido a un fuerte fenómeno de El Niño que pondrá a prueba la resiliencia de la matriz energética del país. Entre las medidas anunciadas por el Gobierno están 1,5 billones de pesos destinados al sector energía y el plan 'Energía Ya', que busca reducir el consumo de los hogares y garantizar la generación térmica.
El enfoque de ahorro de energía no es nuevo. En 2016, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos enfrentó otro fenómeno de El Niño, propuso algo similar con el programa 'Apagar Paga'. Aunque con sus matices, ambos programas parten de una lógica similar: dar incentivos a los usuarios que disminuyan su consumo y cobrar más a quienes lo aumenten.
CAMBIO analizó los datos de XM para entender en qué condiciones llega el sistema eléctrico a este nuevo Niño y hasta dónde pueden ayudar las medidas del Gobierno. Los datos muestran un sistema con menos agua que en fenómenos pasados, una demanda que está creciendo más de lo esperado y que, incluso si se cumplen las metas de ahorro, dependerá durante los próximos meses de niveles de un parque térmico al límite de su capacidad.
¿Cómo estamos frente a El Niño?
Según explicó a CAMBIO Clara Inés Pardo, doctora en economía y políticas energéticas, el sistema eléctrico colombiano depende en gran medida de las centrales hidroeléctricas. Esto “permite generar electricidad de manera relativamente limpia y competitiva, pero también significa que una sequía prolongada puede tensionar rápidamente el sistema”. Ese es precisamente uno de los riesgos que enfrenta el país durante los próximos meses con el fenómeno de El Niño.
Esta no es la primera vez que el país se expone a un fenómeno de El Niño: ya ocurrió en las temporadas de 2015-2016 y 2023-2024. La diferencia es que este Niño arranca con menos agua. Desde junio, los ríos han entregado a los embalses apenas tres de cada cuatro litros de lo normal, menos que en esos mismos meses de los dos episodios anteriores. Y las térmicas ya empezaron a relevar al agua: en agosto quemaron más gas que en el mismo mes de 2015 y de 2023.

Por otro lado, los datos apuntan a que este Niño podría ser más intenso que los anteriores. El fenómeno se mide con el índice ONI: cuántos grados por encima de lo normal está el agua del océano Pacífico. Entre más se calienta, más puede reducir las lluvias en buena parte de Colombia. En julio iba en 1,8 grados, un poco más que en 2015, y el Ideam calcula un 81 por ciento de probabilidad de que pase de 2, el umbral de un Niño muy fuerte.
Además, este Niño llega en un momento en que la demanda de energía está creciendo mucho más de lo esperado. “El Niño pone a prueba al sistema energético; los problemas estructurales determinan qué tan bien soporta esa prueba”, explicó Pardo.
Colombia viene aumentando su demanda de energía
En general, la demanda de energía del país ha venido subiendo a un ritmo acelerado en 2026. Respecto a 2025, el crecimiento es de alrededor de 5,9 por ciento. Es más del doble de lo que se esperaba: “La Upme proyecta, para el escenario medio, un crecimiento promedio anual de alrededor de 2,52 por ciento en 2025-2039, mientras que durante 2026 se han observado incrementos mensuales mucho mayores asociados, entre otros factores, a las altas temperaturas”, explicó Pardo.

Actualmente, el país tiene capacidad suficiente para cubrir la demanda de energía. Sin embargo, como buena parte de la generación depende de las centrales hidroeléctricas, una sequía prolongada durante el fenómeno de El Niño podría reducir esa holgura.
En ese escenario cobra importancia la llamada energía firme: la cantidad de electricidad que el sistema puede garantizar incluso en condiciones críticas de agua. Allí las centrales termoeléctricas, que generan energía con gas y otros combustibles, se vuelven fundamentales.
El problema es que este año la demanda ya ha llegado a superar, en algunos momentos, la capacidad de energía firme del sistema. Hasta ahora eso no ha generado dificultades porque las hidroeléctricas han aportado la energía restante, pero esa holgura podría reducirse a medida que bajen los niveles de los embalses.

Pero el aumento no viene de todos los consumidores por igual. Está concentrado en el mercado regulado, donde están los hogares, pequeños negocios e instituciones oficiales. Mientras tanto, entre las industrias de alto consumo, que negocian directamente su suministro de energía en el mercado no regulado, la demanda ha venido disminuyendo.

¿Cuánto puede ayudar a ahorrar energía?
Por eso el programa 'Energía Ya' se enfoca en reducir el consumo de hogares y pequeños negocios, aunque excluye a las instituciones oficiales. Según un comunicado de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), es “un programa transitorio de seis meses para que los hogares y pequeños negocios salvaguarden las fuentes naturales a través de la reducción de su consumo de energía”.
La estrategia ya tiene un antecedente. Según explicó a CAMBIO Alejandro Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), “la última vez que se utilizó bien un programa de ahorro fue en 2016, que duró seis semanas. En esas seis semanas se alcanzó a ahorrar más o menos el 4,5 por ciento de lo que estaba consumiendo Colombia en ese momento, lo cual no es menor. Fue un esfuerzo grande”.
Ese programa del gobierno de Juan Manuel Santos se llamó 'Apagar Paga'. CAMBIO analizó los datos de XM de ese fenómeno de El Niño y encontró que durante la campaña el consumo de los hogares bajó alrededor de 4 puntos y mantuvo esa tendencia después de que terminó.
Sin embargo, la Creg no se atreve a pronosticar cuánto se ahorrará esta vez. El propio regulador admite que el programa “no cuenta con evidencia empírica de efectividad”. En el documento con el que sustentó la resolución se limita a señalar que la experiencia internacional ubica las reducciones de consumo entre 1,5 y 3,5 por ciento. Castañeda es más optimista: “Nuestra cuenta es que podríamos estar hablando de ahorros entre el 4 y el 5 por ciento de la demanda, si el programa es efectivo y exitoso”.
CAMBIO hizo la cuenta con los datos de XM. Si de aquí a febrero el consumo se comporta como en esos mismos meses del año pasado, ajustado por el crecimiento que ha tenido la demanda este año, el país llegaría a rozar el límite de la energía que el sistema puede garantizar incluso en una sequía fuerte: quedaría un margen de apenas 1 por ciento.
Con un ahorro dentro del rango que cita la Creg, esa holgura aumentaría a entre 2 y 4 por ciento. Y si el país lograra reducir el consumo en una magnitud similar a la de 2016, el margen sería de alrededor de 4 por ciento.

Sin embargo, este enfoque tiene un problema y es que pone la carga sobre el usuario. Sobre esto, Javier Lastra, experto en temas energéticos y exgerente de Afinia (empresa electrificadora del Caribe), explicó a CAMBIO que: "El programa de ahorro de energía puede ayudar a administrar la demanda, pero no podemos trasladar toda la responsabilidad al usuario”.
“Especialmente en el Caribe colombiano y en poblaciones por debajo de los mil metros sobre el nivel del mar, las altas temperaturas exigen mayor esfuerzo a los equipos de refrigeración de tal manera que resulta desigual y perjudicial generar sanciones a los hogares y negocios en estas zonas del país" añadió.
Lo que no venga de ahorro saldrá de energía térmica
Incluso si se cumplen las metas de ahorro, el país seguirá dependiendo de las térmicas para enfrentar una nueva sequía. De hecho, desde febrero su generación se ha triplicado, como parte de las medidas para ahorrar agua en los embalses.
Lo que viene será más exigente. En su boletín energético de julio, XM advirtió que, para superar el verano, las térmicas tendrían que generar más de 90 GWh diarios de forma sostenida, algo que, según el propio operador, nunca ha ocurrido en la historia del sistema. CAMBIO revisó la generación térmica diaria desde 2008. En esos más de 6.800 días, las térmicas solo superaron ese nivel en 149 ocasiones. Y la racha más larga duró menos de seis semanas, durante lo peor de El Niño pasado, cuando los embalses llegaron a sus niveles más bajos.

El problema es que esa capacidad no depende solo de que las plantas estén disponibles, sino de que tengan recursos para operar. Como explicó a CAMBIO Javier Lastra, “las térmicas son precisamente el respaldo que necesitamos para preservar el agua de los embalses durante El Niño. Si no tienen liquidez para comprar combustible y operar, esa capacidad puede existir físicamente pero no estar efectivamente disponible cuando el sistema la necesite”.
La presión financiera ya es alta. Según explicó Pardo, la Creg señala que alrededor del 80 por ciento de los 2,3 billones de pesos de cartera correspondiente a generadores está concentrada en térmicos. Por eso, añadió, “pagar la deuda no es simplemente un problema contable. Es una medida de seguridad energética”.
El Gobierno ya anunció recursos para aliviar parte del problema. ''Energía Ya' contempla 1,5 billones de pesos para el sector, con un primer giro de 300.000 millones para pagar deuda corriente a los generadores térmicos. Además, esta semana el Ministerio de Hacienda anunció que presentará un proyecto con mensaje de urgencia por otros 1,2 billones de pesos para garantizar el suministro de energía durante El Niño.

Las cifras permiten dimensionar el tamaño del reto. Según Castañeda, mantener las térmicas encendidas durante un mes y comprar el combustible necesario cuesta alrededor de 1,5 billones de pesos. Eso no significa que los recursos del Gobierno vayan a financiar un mes de generación: están destinados a pagar energía ya entregada y aliviar los problemas de liquidez del sector.
Lastra advierte que el riesgo sigue abierto. A su juicio, si no se consiguen los recursos necesarios para que las plantas puedan seguir operando, el país podría enfrentar un “apagón financiero” antes que uno físico.
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