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El presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y el gobernador del departamento de Nariño, Luis Alfonso Escobar. Fotos: César Carrión – Presidencia de la República / Gobernación de Nariño.
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“No podemos pasar de la paz total a la guerra total”

El presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y el gobernador del departamento de Nariño, Luis Alfonso Escobar. Fotos: César Carrión – Presidencia de la República / Gobernación de Nariño.

Luis Alfonso Escobar Jaramillo, gobernador de Nariño y miembro del Pacto Histórico, le pide al presidente Abelardo de la Espriella una política de seguridad diferenciada para cada territorio. Pone como ejemplo a su departamento, donde, según afirma, los homicidios, los desplazamientos y otras formas de violencia han disminuido mientras avanzan las transformaciones territoriales.

Por: Armando Neira

Desde este jueves, el Gobierno nacional, con el presidente Abelardo de la Espriella a la cabeza, se reunirá en la primera cumbre de su administración con todos los gobernadores en Santa Cruz de Mompox, Patrimonio de la Humanidad, a orillas del río Magdalena.

Allí, en esta población de arquitectura colonial española, el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar Jaramillo, elegido por la coalición del Pacto Histórico, le pedirá al presidente evaluar la continuidad de los diálogos con el frente Comuneros del Sur –estructura disidente del Ejército de Liberación Nacional (ELN)– y con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), o Segunda Marquetalia. Según sus cifras, ambos procesos “han sido altamente positivos en materia de seguridad”, con resultados como el retorno de miles de niños a las escuelas, después de que los profesores amenazados pudieron regresar a sus territorios.

CAMBIO: El Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella va a cumplir un mes. ¿Cómo lo ve usted?

 Luis Alfonso Escobar Jaramillo: Con mucha expectativa. Estamos a la espera de definiciones clave y, claro, con algo de preocupación porque algunas de sus políticas, pensadas para el conjunto del país, no obtengan el beneficio esperado en regiones específicas.

CAMBIO: ¿Por qué?

L.A.E.J.: En términos generales, no podemos pasar de la paz total a la guerra total.
 

CAMBIO: ¿Por qué lo dice?

L.A.E.J.: La política de paz y de seguridad es potestad del presidente de la república. El error que se cometió al juzgar la paz total fue entenderla como una política que podía aplicarse de manera homogénea en todo el país. No se tuvo en cuenta que los territorios requieren estrategias diferenciadas.

CAMBIO: Nariño es un buen ejemplo de lo ocurrido…

L.A.E.J.: Naturalmente. En nuestro departamento entendimos que la paz total debía aplicarse mediante una estrategia de paz territorial, que no consiste únicamente en dialogar con los actores armados.

CAMBIO: ¿Entonces?

L.A.E.J.: También implica transformar los territorios para modificar las condiciones que llevan al conflicto.

CAMBIO: Pero el Gobierno cambió porque los colombianos lo decidieron y votaron mayoritariamente por el hoy presidente De la Espriella.

L.A.E.J.: Eso está fuera de discusión. Mi punto es que, en un escenario de guerra total, no hay una estrategia diferenciada. Lo que pedimos es que se evalúe una línea de acción distinta para Nariño.

CAMBIO: Esto es que el presidente De la Espriella no vaya allá con todo el poder de las armas del Estado…

L.A.E.J.: No necesariamente. No le estamos diciendo al presidente que no aplique su estrategia de seguridad ni que descarte los diálogos. No debe haber una dicotomía entre seguridad y construcción de paz.

 

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“Hoy, en Nariño, se han reducido las extorsiones, los secuestros, los homicidios y también los hurtos a personas, automotores y establecimientos de comercio. Casi todos los indicadores de violencia han disminuido, y estos datos pueden ser confirmados por el Ejército y la Policía”, dice el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar Jaramillo, a la derecha. Foto: Gobernación de Nariño..

CAMBIO: ¿Cuál es el camino?

L.A.E.J.: Donde se ha avanzado de manera importante en las transformaciones territoriales y en los resultados de seguridad debe entenderse cómo aplicar las estrategias de manera diferenciada.

CAMBIO: Para cada departamento, una estrategia…

L.A.E.J.: Nuestro país es inmenso y muy variado, con regiones distintas en todos los ámbitos. Ahora imagínese un asunto tan complejo como la seguridad. No es lo mismo Nariño que el Cauca, el Catatumbo, el nordeste antioqueño o el Chocó. Cada uno tiene sus propias dinámicas, actores ilegales y geografía.

CAMBIO: Es decir, una ofensiva total ordenada por el presidente De la Espriella, pero con opciones de dejar abierta la posibilidad de conversar en algunos puntos?

L.A.E.J.: Los ciclos de violencia se han modificado de manera importante, pero no de manera homogénea. Eso implica dialogar con los gobiernos territoriales y las comunidades para construir una estrategia en la que el centro de la seguridad sea el territorio y el de las inversiones, su transformación.

CAMBIO: Gobernador, usted reclama la continuidad de una política de paz territorial, al menos en su departamento. Para un lector de Bogotá o Barranquilla, ¿en qué se sostiene para afirmar que en Nariño sí ha funcionado el proceso?

L.A.E.J.: Primero, porque ha habido una estrategia coordinada de seguridad y construcción de paz territorial que muestra resultados. Los homicidios se han reducido un 52 por ciento en los últimos dos años, entre 2024 y 2025, y esa reducción va acompañada de un desescalamiento de las violencias.

CAMBIO: Hubo un tiempo, en los años más duros de la confrontación, en que Nariño estaba entre los departamentos con más desplazamientos y crisis humanitaria por el éxodo de personas que escapaban de la violencia…

L.A.E.J.: Precisamente, los desplazamientos se han reducido en más de un 92 por ciento y el confinamiento, en casi un 96 por ciento. También ha bajado el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes y se han reducido de manera significativa las muertes de líderes sociales y firmantes de paz.

CAMBIO: ¿Todas las estadísticas de violencia han bajado?

L.A.E.J.: Así es. Pero, además, Nariño ha reducido la pobreza multidimensional de manera más pronunciada que el promedio del país. Mientras a nivel nacional cayó 1,6 puntos entre 2024 y 2025, en Nariño disminuyó 4,9 puntos y en la zona rural, 7,8 puntos. Eso es consecuencia de las inversiones en acueducto, vías y educación básica, media y superior.

CAMBIO: Pero entonces hay que seguir hablando con personas como Geovanny Andrés Rojas, alias Araña, máximo cabecilla del grupo armado ilegal Comandos de Frontera, uno de los mayores responsables de asesinatos de líderes sociales y cuya extradición por narcotráfico fue autorizada por el presidente De la Espriella.

L.A.E.J.: Lo que espero es que se entienda que hablar de paz no significa contemporizar con los actores armados. El diálogo debe estar acompañado de una fuerte estrategia de seguridad, de manera que el actor armado desescale el conflicto y puedan entrar rápidamente las intervenciones de los gobiernos nacional y territorial.

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“En mi departamento ha habido una estrategia coordinada de seguridad y construcción de paz territorial que muestra resultados. Los homicidios se han reducido un 52 por ciento en los últimos dos años, entre 2024 y 2025, y esa reducción va acompañada de un desescalamiento de las violencias”, dice el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar Jaramillo, a la derecha. Foto: Gobernación de Nariño.

CAMBIO: Pero ¿por qué un representante del Estado tiene que hablar con auténticos criminales?

L.A.E.J.: Porque hablar de paz no significa contemporizar con el actor armado. Los análisis y las tesis están muy bien, pero la realidad del territorio pasa por la vida de seres humanos, por las víctimas, que tienen el sagrado derecho de vivir.

CAMBIO: ¿Cómo medir eso?

L.A.E.J.: En los avances en seguridad, que son tangibles. No me voy a comparar con otros departamentos porque cada uno tiene sus propias circunstancias, pero en Nariño tenemos cifras que muestran que estamos haciendo las cosas bien.

CAMBIO: ¿Como qué?

L.A.E.J.: Le voy a dar un ejemplo. Hace cuatro años, en 2022, Tumaco tenía una tasa de 75 homicidios por cada 100.000 habitantes; hoy tiene 14. El departamento de Nariño tenía 35 homicidios por cada 100.000 habitantes y hoy tiene 16, frente a un promedio nacional de 26. Algo tiene que haber pasado de manera diferente en Nariño. Por eso llamamos al Gobierno nacional a revisar estas cifras con los alcaldes y las comunidades, evaluar los avances y definir las intervenciones necesarias para transformar los territorios.

CAMBIO: Usted se encontró de un día para otro con una situación muy tensa: el presidente no va a continuar los diálogos. ¿Qué va a pasar con los Comuneros del Sur, que están alojados en su departamento? ¿En qué va ese proceso?

L.A.E J.: Había dos procesos de diálogo con actores armados: con los Comuneros del Sur y con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano. Es potestad del presidente de la república decidir si continúan o no. Lo que nosotros tenemos que hacer desde el territorio es informarle, en el marco del empalme que debió hacer el gobierno anterior, cuáles fueron los resultados de esos diálogos y qué impacto tuvieron en el territorio.

CAMBIO: ¿Esa es su propuesta?

L.A.E.J.: Así es. No decirle al mandatario si debe continuar o no los diálogos, porque esa es una decisión de su Gobierno. Yo fui elegido en el departamento con las banderas de la paz y seguiré defendiéndolas. Pero el presidente De la Espriella debe contar con toda la información para tomar sus decisiones.

CAMBIO: ¿Usted cree que no las conoce?

L.A.E.J.: No lo sé. Pero de lo que sí no tengo dudas, porque es información de la misma Policía, es de que hoy, en 2026, en Nariño se han reducido las extorsiones, el secuestro, los homicidios y también el hurto a personas, automotores y comercio. Casi todos los indicadores de violencia han disminuido, y estos datos los pueden confirmar el Ejército y la Policía.

CAMBIO: ¿Cómo vislumbra los días por venir?

L.A.E.J.: Soy muy optimista. Por supuesto que es necesario seguir avanzando en seguridad, y estamos en disposición de escuchar al Gobierno en la lógica de su estrategia aplicada al desarrollo territorial.

 

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El presidente Abelardo de la Espriella, durante la ceremonia de reconocimiento a la nueva cúpula militar y la condecoración a la cúpula saliente, en la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova. Foto: Colprensa - Lina Gasca.

CAMBIO: A propósito, ¿dónde están hoy los miembros de los Comuneros del Sur, la disidencia del ELN con la que había una mesa montada?

L.A.E.J.: Eso hay que preguntárselo al Gobierno, en el marco del empalme con el gobierno pasado. Tengo entendido que en los diálogos con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano hay 99 hombres en una zona de ubicación temporal en el Valle del Guamuez. Definieron entrar a esa zona y tendrán que definir legalmente la situación de esos combatientes porque se trata de sacar a personas de la guerra.

CAMBIO: ¿Usted sabe cómo están ellos hoy? ¿Se devolvieron para el monte? ¿Siguen allí?

L.A.E.J.: Espero que continúen con su promesa de voluntad de paz. En el caso de los Comuneros del Sur, se definió una zona de ubicación temporal a la que iban a entrar cerca de 100 combatientes, pero, tras la llegada de este Gobierno, no tengo conocimiento del estado en que se encuentra la mesa de diálogo con ese grupo.

CAMBIO: Pero ¿quién responde entonces?

L.A.E.J.: Esa información la tienen quienes hacían parte del gobierno pasado en la mesa de negociaciones. Nosotros participábamos en algunos momentos como facilitadores, por delegación del Gobierno nacional, pero en este momento no tenemos esa delegación. Estamos a la espera de que el Gobierno nacional determine qué va a hacer con estos diálogos.

CAMBIO: Pero esas personas, ¿volverán a empuñar las armas?

L.A.E.J.: No lo sé. Creo que estaban en un proceso de diálogo y negociación con el Gobierno nacional. Lo que habría que revisar, con el empalme que debió hacerse, es en qué estado queda ese proceso de paz.

CAMBIO: ¿Usted qué le dice al presidente?

L.A.E.J.: Que evalúe los avances, no solo en materia de diálogo, sino también las transformaciones territoriales que generó ese proceso, y que tome su decisión en función de que los resultados de seguridad y la disminución de las violencias en Nariño sigan mejorando.

CAMBIO: Gobernador, ¿usted ya habló con el presidente De la Espriella?

L.A.E.J.: Tuvimos un diálogo con el presidente el 7 de agosto, en el marco del consejo de seguridad de la región suroccidente, con los tres departamentos de Valle, Cauca y Nariño, pero no hemos tenido la posibilidad de un nuevo diálogo específico sobre Nariño.

CAMBIO: Pero ¿usted espera que el presidente vaya a su departamento?

L.A.E.J.: Claro que sí. Aquí es bienvenido. Le hago una invitación al presidente De la Espriella para que podamos sentarnos –él como mandatario nacional y nosotros— a revisar lo que significa su política aplicada en Nariño y los resultados de nuestro gobierno en materia de desarrollo económico y social durante estos dos años y medio.

 

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Según el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar Jaramillo, desde que se iniciaron las conversaciones con los combatientes de Comuneros del Sur, una facción que se separó del ELN, y de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano, grupos que estarían dispuestos a dejar las armas, todos los indicadores de violencia han registrado disminuciones significativas. Foto: Archivo particular. 

CAMBIO: ¿Cuándo lo va a ver?

L.A.E.J.: En las próximas horas espero conversar con él porque este jueves y viernes vamos a estar todos los gobernadores en Mompox, en la cumbre de gobernadores, en la que además nos han informado que estará todo el alto Gobierno.

CAMBIO: ¿Quiénes?

L.A.E.J.: Los de mayor nivel. Seguramente tendremos espacio para hablar con los ministros, las ministras, los directivos y, por supuesto, con el señor presidente. Nariño es uno de los departamentos más importantes en la estrategia de consolidación de la paz del país: es una de las fronteras más activas de Colombia y tiene grandes posibilidades de desarrollo y prosperidad. Por eso hacemos el llamado al presidente De la Espriella para que visite el departamento y podamos establecer un diálogo entre el Estado nacional y el subnacional.

CAMBIO: En resumen, usted dice que el presidente llega con una idea general de aplicar una política de seguridad nacional y que, para usted, tiene que ser diferenciada, porque cada territorio es distinto.

L.A.E.J.: Si interpretamos la lógica del conflicto, los actores que hay en él y la geografía, es importante entender que la estrategia debe aplicarse de manera diferenciada. La realidad de Nariño es distinta a la del Catatumbo o Norte de Santander. La situación de Cúcuta no es la misma que la de Pasto.

CAMBIO: ¿Por qué cree que en este nuevo Gobierno ustedes, los gobernadores, son tan importantes?

L.A.E.J.: Porque conocemos como ningún otro nuestras necesidades y fortalezas. Hemos estado durante dos años y medio sintiendo el pulso de las dificultades en materia de seguridad y de las inversiones necesarias para alejar a los actores armados de la dinámica económica y social de los territorios, muchas veces ligada a economías ilícitas.

CAMBIO: A propósito, Nariño es un departamento con una dinámica especial por la frontera con Ecuador.
L.A.E J.: Exactamente. Por eso el tratamiento de la frontera también requiere un trato especial. Para nosotros, en Nariño, no debe ser solo militar: debemos entenderla como una zona económica especial en la que, dada la relación con el gobierno del país vecino, existe una oportunidad enorme de alejar el conflicto mediante la generación de prosperidad.

CAMBIO: ¿Por ejemplo?

L.A.E.J.: Uno de los elementos más importantes podría ser la apertura definitiva de la vía La Espriella–Río Mataje, en Tumaco, que se comunica con Ecuador y podría ser una fuente enorme de prosperidad. En un momento en que dos presidentes alineados desde el punto de vista ideológico podrían generar condiciones para que Tumaco desarrolle sus vías de comunicación y sus puertos, podríamos construir una estrategia articulada de prosperidad en las fronteras. Las intervenciones no pueden ser solo militares: un 30 por ciento puede corresponder al control militar, pero la estabilización y la consolidación tienen que darse mediante transformaciones territoriales.

CAMBIO: Finalmente, el presidente llamó la atención en el consejo de seguridad en Cúcuta, tras el atentado con un carro bomba contra la estación de Policía del municipio de Los Patios, por lo que él llama vínculos de autoridades regionales y departamentales con los grupos armados ilegales. ¿Usted qué piensa de esa afirmación?

L.A.E.J.: En nuestro caso, creo que ese tipo de aseveraciones, sin ser precisas y sin tener las pruebas necesarias, lo único que generan son divisiones, confrontaciones y polarización. Debe respetarse la figura del presidente, como también la de los alcaldes y gobernadores. Si hay alguna aseveración con asidero en el marco jurídico, debe hacerse valer por esa vía. Mientras tanto, hay que generar condiciones para un diálogo horizontal, no vertical, que permita construir unidad.

CAMBIO: Para usted ese punto es clave.

L.A.E.J.: Sí, porque si no hay unidad en el país, entre la nación y los territorios, muy poco vamos a poder avanzar. Por eso hago un llamado a trabajar desde el respeto y la colaboración entre la nación y el territorio.

CAMBIO: Para el presidente De la Espriella las regiones son muy importantes. ¿Usted se identifica con él en eso, en que se mire más a las regiones en Colombia?

L.A.E.J.: Yo creo que el amor en política se tiene que reflejar en la realidad. Lo más importante para determinar esa importancia es la aprobación de la ley de competencias. Esa debería ser una ley que, en los primeros tres meses de Gobierno, en relación con el Congreso, se apruebe.

CAMBIO: El presidente, dice usted, demostrará el amor a las regiones si aprueba la ley de competencias.

L.A E.J.: Ahí estaremos creyendo que este es un Gobierno que se mueve en función de las regiones: más competencias, más recursos. Lo que necesitamos los gobernadores es que ese amor se refleje en presupuesto y competencias, porque normalmente estamos asumiendo más competencias que recursos.

CAMBIO: ¿Qué más esperan los gobernadores de esta cumbre en Mompox?

L.A.E.J.: Sería muy importante empezar desde ya a trazar las líneas principales del plan de desarrollo. Si queremos avanzar en la construcción de una nación donde progresen la seguridad y la paz en el territorio, ojalá el plan de desarrollo lo refleje. El presupuesto de 2027 está en discusión en el Congreso, pero próximamente comenzará la discusión del nuevo plan de desarrollo y estaremos atentos a sus principales líneas desde las regiones.

CAMBIO: En todo este escenario que usted ha descrito, ¿qué es lo más importante?

L.A.E.J.: Hay un hecho que no tiene tanta trascendencia mediática, pero que es fundamental para nuestro departamento y para el futuro del país: los profesores que eran amenazados volvieron.

CAMBIO: ¿A dar clases?

L.A.E.J.: Así es. Uno de los motivos por los que hemos avanzado en el mayor nivel de escolaridad en las zonas de conflicto de Nariño es que gran parte de los profesores estaban amenazados y no estaban en su territorio. Hoy volvieron y el nivel académico de los niños es mayor. Estábamos perdiendo entre 17.000 y 22.000 niños cada año porque no iban al colegio. Hoy los hemos recuperado.

CAMBIO: Una de las cosas que más se analizan en las políticas de seguridad son las cifras, ¿cierto?

L.A.E.J.: Sí, señor. Son claves. Pero no olvidemos nunca que la paz y la guerra tienen rostros humanos. Y con los niños educados nos aseguramos el futuro.

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