
La historia oculta de alias Rayo, el cerebro de los drones en las disidencias
Jaime Aguilar Ramírez, alias Dionisio Rayo, es uno de los hombres de mayor confianza de alias Iván Mordisco, a quien conoce desde hace más de cuarenta años. Es considerado el principal explosivista de las disidencias de las Farc y el estratega detrás de la utilización de drones cargados con explosivos para atacar a la fuerza pública. Esta es su historia.
Por: Javier Patiño C
De tanto en tanto, Jaime Aguilar Ramírez miraba por el espejo retrovisor de su lujosa camioneta color crema, al tiempo que bajaba la velocidad en distintos tramos, convencido de que los enemigos de la banda Erpac lo seguían o un retén militar lo esperaba.
En un punto de la carretera que conecta Puerto Gaitán con Villavicencio, dos camionetas le cerraron el paso, una adelante y otra detrás. En ese instante, Jaime Aguilar Ramírez, más conocido como alias Dionisio Rayo, uno de los explosivistas más experimentados del Bloque Oriental, intentó guardar la calma y tomó un maletín de la guantera.
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Al descubrir que los hombres eran uniformados de la Dijín, trató de identificarse con documentos falsos, pero fue en vano, pues ellos ya tenían una orden de captura en su contra. Era una tarde de marzo de 2013.
Días antes, el guerrillero había salido de una finca en San Vicente del Caguán, donde permanecía escondido, y se dirigía a Bogotá para someterse a un procedimiento médico tras sufrir lesiones en la columna causados por manipular explosivos.
Al advertir que los agentes sabían quién era, 'Rayo' intentó sobornarlos con una jugosa suma de dinero. Pero lo detuvieron y señalaron su papel como integrante del Frente 53 de las Farc. También le recordaron que su hermano, Germán Antonio Aguilar, alias Gafas, había sido extraditado a Estados Unidos por el secuestro de contratistas estadounidenses, militares, policías y de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, liberados en la Operación Jaque en 2008.
Atentado al presidente Uribe
Tras su captura, alias Dionisio Rayo fue trasladado a Villavicencio. Allí, antes de ser recluido, lo llevaron a un restaurante para que comiera algo. Al sentarse, sintió la extrañeza de volver a la ciudad tras haber permanecido doce años escondido en la selva.
La última vez que había estado en una capital fue en la primera semana de agosto de 2002, cuando, junto a otros diez guerrilleros, coordinó en Bogotá la operación Antonio Nariño, que consistió en instalar rampas con explosivos para atentar contra la Casa de Nariño el 7 de agosto de ese año, durante la primera posesión del presidente Álvaro Uribe.

Las fallas en los dispositivos y errores de cálculo hicieron que las cargas no impactaran en el palacio presidencial, sino en los techos de viviendas cercanas y en calles donde permanecían habitantes de calle. El saldo fue trágico: 21 personas murieron y 59 más resultaron gravemente heridas.
Tras ese fracaso, alias Dionisio Rayo salió de Bogotá escondido en la bodega de un vehículo para regresar nuevamente a las selvas de La Uribe, Meta. Mientras tanto, las autoridades lo identificaban como el cabecilla que había alquilado varias casas en el centro de la ciudad para organizar el ataque terrorista.
La principal pista sobre su responsabilidad se halló en los correos electrónicos de los computadores de alias Mono Jojoy, recuperados en 2009 durante la operación Sodoma. En esos documentos, los investigadores encontraron las instrucciones que le dieron miembros del secretariado para preparar nuevos atentados terroristas. Uno de los mensajes decía:
“Dionisio Rayo es el comandante e instructor de la compañía que estamos preparando para acciones en carreteras, pueblos, zonas suburbanas y ciudades. Sabe de un proyecto de Óscar (alias el Paisa) para darle al del poncho (el presidente Uribe). El daño que hace es grande”.
De explosivista a objetivo clave
Aguilar Ramírez ingresó a las Farc en febrero de 1985. En menos de tres años, gracias a sus conocimientos y a su versatilidad en la instalación de explosivos, ascendió hasta llegar a ser comandante del Frente 26, una estructura creada por alias El Mono Jojoy para realizar acciones terroristas mientras avanzaban las negociaciones de paz con el presidente Andrés Pastrana. El propósito era conformar una fuerza élite capaz de ejecutar ataques sin que hubiera mayores consecuencias para los guerrilleros de las Farc.
Su experiencia y la confianza que se ganó dentro del Bloque Oriental, al mando de 'Jojoy' y de Carlos Antonio Lozada, lo llevaron, en junio de 2006, a ser designado estratega político de alias Zarco Aldínever, jefe del Frente 53. Desde ese año, estuvo a cargo de la escuela de instrucción política marxista-leninista del Bloque Oriental, la misma que dirigió alias Mauricio y alias el Médico, tras la muerte del 'Mono Jojoy'.
En 2008, después de la Operación Jaque, a 'Rayo' lo citaron a una reunión extraordinaria en los Llanos del Yarí, en el Meta, donde el 'Mono Jojoy' y el 'Zarco Aldinever', también integrante del Bloque Oriental, lo cuestionaron porque su hermano, alias Gafas, y alias César, se dejaron engañar por los uniformados.
Al sentir que no tenía el respaldo de sus superiores, decidió alejarse del mando, pero sin dejar su papel como explosivista dentro de la estructura ilegal. Solía visitar los campamentos para reentrenar a los guerrilleros, pero ya no contaba con el liderazgo que ostentó por más de quince años.
Desde 2006 y hasta 2013 estuvo en las selvas del Caquetá, Meta y el Guaviare, donde, además de capacitar a otros guerrilleros en el manejo de explosivos, conoció a alias Iván Mordisco.
En esa labor de manipular explosivos, sufrió lesiones en la espalda que lo obligaron a buscar atención médica aquella tarde de marzo en que capturado.

Su paso por la paz y el regreso a las armas
'Rayo' pasó los cinco años siguientes en la cárcel La Picota, en Bogotá, donde se dedicó a consumir todo tipo de información sobre el manejo de explosivos, en especial las distintas formas de instalarlos y de causar mayores daños.
Desde prisión seguía de cerca los avances de la mesa de negociación de paz en La Habana entre las Farc y el Gobierno, donde alias Zarco Aldínever, uno de sus jefes, apostaba por alcanzar la paz. Ese mensaje lo convenció de que la lucha armada podría llegar a su fin.
A finales de 2018 se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), comprometiéndose a aportar a la verdad y a reparar a las víctimas de los atentados con explosivos que coordinó como integrante del Bloque Oriental de las Farc.
Durante dos años permaneció en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Icononzo, en el Tolima, donde ayudó en la construcción de viviendas para desmovilizados y dictó clases de electricidad para capacitar a exguerrilleros.
Sin embargo, la salida de alias Iván Márquez, El Paisa y Zarco Aldínever del proceso, por inconformidades con el cumplimiento de los acuerdos, lo llevó a tomar la decisión de regresar a las armas. Así, en 2022, volvió al Guaviare y se puso a las órdenes de alias Iván Mordisco, cabecilla del Frente Primero, que nunca se acogió al proceso de paz.
A su llegada, su primera misión fue conformar un frente especializado en el lanzamiento de explosivos, instalación de campos minados y preparación de cargas destinadas a atentar contra la población civil y la fuerza pública.
“Por orden de alias Iván Mordisco, escogió a un grupo de jóvenes guerrilleros para integrar las nuevas fuerzas especiales, entrenadas en técnicas de pisas suaves (fuerzas especiales de las Farc), manejo de explosivos y francotiradores”, relató un desmovilizado a CAMBIO.
Sus operaciones comenzaron en las selvas del Guaviare, pero las intenciones de Mordisco lo llevaron a trasladarse hacia el suroccidente del país, en particular al Cauca, donde se estaban consolidando los frentes Carlos Patiño, Jaime Martínez y Dagoberto Ramos.

Innovación en la guerra: drones con explosivos
Alias Dionisio Rayo se salvó de morir tras el bombardeo de las Fuerzas Militares el 16 de julio de 2022, en zona rural de San Vicente del Caguán, que buscaba dar de baja a alias Iván Mordisco. Por casualidad, 'Rayo' había salido días antes del campamento para capacitar a un grupo de guerrilleros del Frente Carolina Ramírez, en el departamento del Putumayo.
Tras esa operación, 'Mordisco” se dio por muerto.
“La presunta muerte de 'Iván Mordisco' afectó a 'Dionisio Rayo' no solo por tratarse del máximo cabecilla de las disidencias, sino también por la cercanía que mantenían en la consolidación del nuevo proyecto en las regiones donde tenían presencia las Farc”, recuerda un desmovilizado.
Durante varios días no se tuvo conocimiento del paradero de 'Mordisco'. Poco después, alias Calarcá emitió un mensaje confirmando que había resultado herido por esquirlas de las bombas, pero que seguía con vida.
Fue hasta comienzos de agosto, coincidiendo con la posesión del presidente Gustavo Petro, cuando se conoció un video en el que las disidencias de las Farc, al mando de 'Mordisco', anunciaban su intención de apoyar el proyecto de Paz Total y de iniciar una mesa de negociación con el nuevo gobierno.
Mientras tanto, 'Dionisio Rayo' instaló su escuela principal en las selvas de la región del Naya, Valle del Cauca, donde comenzó a experimentar con los conocimientos adquiridos en libros sobre la modificación de drones para el lanzamiento de explosivos.
“Al inicio, las primeras pruebas se realizaron con pequeños drones que levantaban bolsas de harina. Allí. 'Rayo' entendió que era necesario modificar la estructura de las aeronaves y fabricar granadas con materiales livianos para que pudieran ser transportadas”, relata el desmovilizado.
Las pruebas definitivas se llevaron a cabo a comienzos de 2023 contra tropas de la Tercera División del Ejército, que se vieron sorprendidas por la caída de artefactos artesanales. Esto dio inicio a una nueva forma de guerra en la que las disidencias tomaron ventaja.
Los resultados de esta estrategia llevaron a que 'Iván Mordisco' respaldara a 'Dionisio Rayo', nombrándolo su principal cabecilla en el Cauca, y relegando a integrantes importantes dentro de la estructura, como alias Calarcá, Andrey Avendaño y John Mechas.
Las diferencias se hicieron evidentes en la reunión del Yarí, en agosto de 2023, cuando se propuso un mando unificado en el que 'Dionisio Rayo' y alias César fueron ubicados en la parte principal del organigrama y se dejaron a otros jefes en puestos secundarios.
“Desde ese momento, las tensiones entre 'Mordisco” y 'Calarcá' se acrecentaron, especialmente por la presencia de dos cabecillas que permanecían en el Cauca y no tenían incidencia en el suroriente del país”, cuenta el desmovilizado.
A raíz de estas diferencias, y de los acercamientos de las disidencias comandadas por 'Calarcá' con el Gobierno, se rompieron los diálogos con el grupo liderado por 'Mordisco', que aumentó los ataques con drones en el Cauca.

Escuelas de formación
Los avances que alcanzó alias Dionisio Rayo no solo generaron alertas en la fuerza pública, que carecía de herramientas para contrarrestar los ataques, sino que aumentaron la confianza de alias Iván Mordisco, quien lo designó como el principal cabecilla financiero del grupo ilegal.
“Cada frente debe consignar mensualmente entre 1.000 y 2.000 millones de pesos para comprar drones, explosivos y armas necesarias en la lucha contra la fuerza pública”, dijo un desmovilizado.
Con ese capital comenzaron a conformarse escuelas móviles, distribuidas en las regiones del Catatumbo, Putumayo y Caquetá, donde se preparaban ataques con drones y también campos minados activados a larga distancia mediante teléfonos celulares.
Alias Dionisio Rayo empezó a ser conocido como el rector de estas escuelas de formación. Sin embargo, lograba pasar inadvertido ante las autoridades, ya que no figuraba en los carteles de los principales cabecillas de la organización ilegal.
“Algunas personas lo vieron caminar por Cali y Popayán sin levantar sospechas, cuando llegó para conformar las escuelas de explosivistas. Sin embargo, en la actualidad es considerado un objetivo de alto valor por los ingresos que mensualmente le aporta a 'Mordisco'”, señaló un investigador de la Policía.
Para el uniformado, la estrategia ordenada ahora por las disidencias consiste en librar una ‘guerra de pulgas’. “Es como si el Gobierno fuera un perro y las disidencias fueran las pulgas: la idea es atacarlo constantemente para que la respuesta no sea rápida”, explicó.
Una de las pruebas más recientes de esta modalidad se registró en la mañana del pasado lunes 11 de agosto, cuando un guerrillero del Frente Carlos Patiño manejó, mediante control remoto, un dron cargado con una granada artesanal. La acción se ejecutó desde una vivienda ubicada en lo alto de una montaña, en medio de un cultivo de coca, y tuvo como objetivo a soldados de la Tercera División del Ejército que patrullaban una zona rural del corregimiento de El Plateado, en Argelia, Cauca. El artefacto, lanzado desde el dron, explotó cerca de la tropa.
Ataques similares se registraron en la tarde del 16 de agosto contra tropas de la Segunda División del Ejército en zona rural de Tibú, Norte de Santander. En esa ocasión, integrantes del Frente 33 de las disidencias utilizaron tres drones para detectar los movimientos de los uniformados y luego enviaron diez aeronaves no tripuladas cargadas con granadas artesanales. Aunque las explosiones alcanzaron el área, el ataque solo dejó heridas leves por esquirlas en algunos soldados.
Sobre alias Dionisio Rayo, las autoridades cuentan solo con información entregada por desmovilizados, quienes aseguran que permanece escondido en la región del Naya, Cauca, donde habría instalado la escuela principal para la capacitación en el manejo de drones, bajo la custodia de integrantes de los frentes Carlos Patiño y Dagoberto Ramos.Segun documentos de inteligencia, alias Giovanny, Zamora y Marlon son cabecillas de las disidencias que no solo brindan seguridad a 'Dionisio Rayo', sino que ordenan a sus hombres recibir formación en esa escuela de explosivos.
Un nuevo escenario de guerra
En opinión del analista militar Germán Ávila, el uso de drones le está dando una ventaja significativa a las disidencias de las Farc. “Pueden ser empleados a cualquier hora, porque la mayoría cuentan con visor nocturno; además, pueden volar en cualquier terreno, son económicos y, en especial, no ponen en riesgo a quienes los manipulan”, explicó.
Por su parte, el profesor Andrés Santamaría asegura que varias de estas aeronaves han sido adquiridas en zonas de frontera, con apoyo en la capacitación de instructores rusos y chinos. “Los guerrilleros reciben entrenamiento en campamentos ubicados en Venezuela y Ecuador, desde donde no solo ingresan los drones, sino también aprenden a ser más efectivos en sus ataques”, señaló.
De acuerdo con analistas, el Ministerio de Defensa avanza en la aprobación de un proyecto de ley para ejercer control sobre estos dispositivos y adquirir equipos capaces de bloquear su señal. “Es una estrategia que ya está siendo contrarrestada por los disidentes, quienes han adquirido drones con mayor capacidad de vuelo y que logran superar los inhibidores de señal”, advirtieron.
Este nuevo escenario en las confrontaciones tiene como principal objetivo la captura de alias Dionisio Rayo, con el fin de frenar sus operaciones y arrebatarle a Iván Mordisco, cabecilla de las disidencias de las Farc, una de sus piezas más importantes: el cerebro de los drones.
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