
El caos que generó un simulacro con dron en un batallón de Nariño
Las tropas que estaban formadas en el campo de paradas de El Gualtal, Nariño, fueron sorprendidas por el vuelo de una aeronave no tripulada.
Por: Javier Patiño C
Las tropas de la base militar El Gualtal, en zona rural de Tumaco, Nariño, comenzaron su jornada como de costumbre formándose en el campo de paradas. Escuadrón tras escuadrón se ubicó a la espera de los anuncios de la mañana. Lo que parecía un inicio rutinario se alteró de repente cuando los uniformados observaron un dron que sobrevolaba la zona y que, según detallaron, parecía cargar un artefacto explosivo.
De inmediato se activó la voz de alarma. Muchos soldados, oficiales y suboficiales creyeron que se trataba de un ataque de las disidencias de las Farc, presentes en esta región del país. Algunos comenzaron a atrincherarse a la espera de la posible agresión.
En un video que circula en redes sociales se observa cómo varios uniformados disparan contra el dron en un intento por derribarlo, mientras otros corren en busca de refugio. “¡Corran, corran que nos van a lanzar el explosivo!”, se escucha gritar a un militar mientras activa su arma de dotación.
Hasta Mono, un perro criollo considerado la mascota de la unidad militar, salió en busca de resguardo, no solo por el dron, sino también por el estruendo de los fusiles disparados al aire. “¡Un dron, nos están atacando!”, afirma otro uniformado mientras se protege en una de las oficinas del batallón.
En medio del caos, algunos soldados señalaban hacia el cielo para advertir a sus compañeros dónde estaba la aeronave. “¡Mire allí, dispárenle para que no suelte la carga!”, gritaba un grupo. El incesante ruido de los disparos solo se detuvo cuando un soldado celebró con un grito: “¡Lo bajaron!”.
Al confirmar que la amenaza había caído, los militares regresaron poco a poco a la formación mientras gritaban: “¡Ya cayó, ya cayó!”. Acto seguido se escucharon voces de júbilo y la orden de tener cuidado con el supuesto explosivo que, finalmente, nunca se detonó.
La verdad se conoció minutos después por los parlantes de la unidad: no era un ataque, sino un ejercicio sorpresa ordenado por el coronel Didier Amorocho Pérez. El oficial dispuso el uso de un dron DJI Air 3S –normalmente empleado para labores de inteligencia– con el objetivo de evaluar la reacción de las tropas.
El simulacro no solo generó pánico dentro del batallón, sino que además ocasionó la pérdida del dron, cuyo valor en el mercado oscila entre 4 y 5 millones de pesos, así como el gasto innecesario de una gran cantidad de municiones disparadas durante el ejercicio.
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