
“Elder no murió en combate”: la JEP entrega dignamente el cuerpo de Elder Aponte Tumay, víctima del Gaula en Casanare
El caso de Elder Aponte hace parte de los 88 homicidios y desapariciones forzadas ejecutadas por integrantes del Ejército Nacional en Casanare. De acuerdo con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), entre 2005 y 2008 hubo 296 víctimas en la región, y más de 132.877 personas desaparecieron en Colombia durante el conflicto armado.
Por: Valentina Giannini
Luego de una búsqueda incansable por más de 19 años, los familiares de Elder Aponte Tumay recibieron su cuerpo de manera digna y pudieron cerrar un ciclo de incertidumbre. El joven, nacido en San Luis de Palenque en 1977, fue asesinado y desaparecido el 17 de julio de 2006, cuando tenía 28 años.
“Hoy cerramos un ciclo de dolor, aunque las heridas quedarán para siempre. Y pedimos que esta verdad sirva también para quienes siguen buscando a sus seres queridos desaparecidos. Que nunca más una familia tenga que cargar con la difamación y la incertidumbre que nosotros vivimos”, sostuvo Astrid Tumay, tía de Elder, durante la entrega digna de su cuerpo.

De acuerdo con sus familiares, el joven era un campesino trabajador, amante del llano, del fútbol y de la poesía. Sin embargo, la noche del 16 de julio de 2006 su voz se acalló cuando fue engañado por integrantes del Gaula Militar de la Brigada XVI del Ejército Nacional, quienes, de acuerdo con la Jurisdicción Especial para la Paz, lo sacaron del lugar donde se encontraba sin oponer resistencia.
En el casco urbano de Trinidad (Casanare), después de jugar billar, Elder Aponte salió junto con los uniformados. Al día siguiente, su cuerpo fue registrado como el de un guerrillero muerto en combate. En la vereda El Tablón de Támara, integrantes del Ejército Nacional lo asesinaron y presentaron su muerte como una “baja en combate” de manera ilegítima.
El inicio de una búsqueda incansable
La familia de Elder Aponte lo buscó incansablemente y, al tiempo, luchó con la estigmatización y los rumores que lo señalaban falsamente como guerrillero. Lo más desconcertante para ellos fue que su desaparición ocurrió de manera repentina: nunca volvió a comunicarse con su madre o con su hermana, y nunca regresó a la casa familiar.
Al dolor y a la incertidumbre se sumaron las versiones infundadas de que seguía vivo y se había unido a algún grupo armado. De acuerdo con sus familiares, cada comentario agravó su sufrimiento y los convirtió en un blanco de estigmatizaciones y señalamientos.

Pese a las dificultades y puertas cerradas, sus seres queridos nunca se rindieron en la búsqueda. Años más tarde, luego de indagar con las autoridades locales y departamentales, la Fiscalía 121 de la Dirección Especializada contra las Violaciones de Derechos Humanos de Villavicencio reactivó la investigación tras la confesión de un soldado.
El uniformado reveló que el supuesto combate donde habría fallecido Elder Aponte Tumay fue un montaje. En ese momento, la fiscal Luz Margaret Salguero revisó expedientes archivados por la justicia penal y comprobó que la investigación de la desaparición y el asesinato del joven figuraba cerrada sin previa indagación.
El camino hacia la entrega digna
Con este panorama y con los datos que aportaron sus familiares, la Fiscalía reunió testimonios y desmintió la versión oficial. De acuerdo con la indagación, el joven fue engañado con alcohol para reducir sus posibilidades de defensa y luego trasladado al lugar donde sería asesinado.
En medio de las investigaciones, se reveló que el 17 de julio de 2006, en Yopal (Casanare), el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses le practicó una autopsia a un cuerpo no identificado que presentaba cinco impactos de bala. En ese momento quedaron registradas tres evidencias clave: las huellas dactilares de la persona, su carta dental y una muestra ósea para un eventual análisis genético.

Cinco años después de la desaparición y el asesinato de Elder Aponte Tumay, sus huellas dactilares permitieron identificarlo. Los contrastes del ADN de su madre y hermana revelaron que dicho cuerpo era de él.
A pesar de los esfuerzos de su familia por recuperar su cuerpo, el caso permaneció congelado en la justicia militar durante 13 años. No fue sino hasta el 5 de septiembre de 2025 que la familia de Elder Aponte recibió su cuerpo en una entrega digna en Pore (Casanare).
Violencia, desaparición y asesinatos en Casanare durante el Conflicto Armado en Colombia
De acuerdo con la Jurisdicción Especial para la Paz, el caso de Elder Aponte refleja la violencia sistémica que ocurrió en el departamento del Casanare durante la época del conflicto armado. Hasta el momento, la Sala de Reconocimiento de la JEP ha documentado 296 casos de asesinato y desaparición en el departamento entre los años 2005 y 2008, de los cuales 55 víctimas aún no han sido identificadas.
Según el tribunal de justicia transicional, en Casanare, unidades del Ejército como el Gaula Militar de la Brigada XVI causaron la muerte de civiles e inocentes y los presentaron falsamente como bajas en combate. Frente a estas actuaciones se ofrecieron incentivos, como premios y ascensos a los uniformados.

Entregas dignas en el marco del conflicto armado en Colombia
De acuerdo con la Jurisdicción Especial para la Paz, en Colombia se registran 132.877 personas desaparecidas a causa del conflicto armado.
En 2025, la JEP y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, en conjunto con otros organismos como la Fiscalía y Medicina Legal, ha coordinado la entrega digna de más de 20 personas dadas por desaparecidas.
En abril de este 2025, Juan Diego Martínez Peña se sumó a la lista, como la segunda de las 32 víctimas de desaparición forzada documentadas por la JEP en el departamento del Huila que ha sido identificada y entregada a su familia.
El joven tenía 23 años cuando desapareció sin dejar ningún rastro. Su familia no lo reportó como desaparecido, pues guardaba la esperanza de que regresara a casa. Sin embargo, en 2016 recibió una notificación de la Fiscalía que indicaba que Juan Diego podría estar entre un grupo de cuerpos reportados como no identificados (CNI).
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