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teniente medico
La teniente Acuña es madre y médica militar roles no separados, en los que se destaca diariamente.
Conflicto armado en Colombia
Al día

“No tenía miedo al ataque, sino a no volver a ver a mi hija”: la historia de vida de una médica militar del Ejército Nacional

La teniente Sandy Mariottiz Acuña no olvida su papel de madre en medio de las operaciones militares en las que ha salvado cientos de vidas.

Por: Javier Patiño C

La ambulancia avanzaba por una carretera del Cauca mientras los combates aún no terminaban. Dentro del vehículo, la teniente Sandy Mariottiz Acuña, médica militar del Ejército Nacional, intentaba llegar hasta una zona donde varios soldados heridos esperaban atención de urgencia y ser evacuados. Sin embargo, había un pensamiento que no lograba apartar de su mente: su hija, de apenas un año y medio.

Todo comenzó cuando una unidad militar fue atacada y se reportaron varios soldados heridos. La información era imprecisa y no se conocía el número exacto de afectados ni la gravedad de sus lesiones. Lo único claro era que el combate seguía en desarrollo, lo que impedía una evacuación aérea. La única opción era ingresar por tierra, aun cuando eso implicara exponerse a un posible ataque.

La teniente Mariottiz y su equipo abordaron la ambulancia y comenzaron el recorrido hacia el municipio de Morales, en el Cauca, una zona considerada de alto riesgo. Durante el trayecto, varios soldados le advirtieron que se trataba de un corredor peligroso, donde podían ser emboscados en cualquier momento. Sin embargo, más allá del riesgo operacional, había un pensamiento constante que ocupaba su mente: “No volver a ver a mi hija”.

Teniente paciente
Su trabajo diario es salvar vidas sin dejar de lado su labor de madre de una menor de edad.

La imagen era clara y persistente: su bebé en brazos, aferrada a ella mientras la amamantaba, en una escena cotidiana que, en ese instante, adquiría un valor inmenso. Al llegar al lugar, la teniente Mariottiz brindó atención inicial a los heridos, estabilizó a los pacientes y coordinó su traslado hacia un centro médico de mayor complejidad en Popayán.

Para la oficial, la prioridad siempre ha sido el paciente y hacer todo lo posible por mantenerlo con vida. Su trabajo también le ha dejado recompensas imborrables. En una ocasión, durante un encuentro inesperado en el Batallón de Sanidad, un sargento se le acercó y le dijo: “Usted me sacó del área de operaciones”. En ese instante, todo cobró sentido. Saber que ese militar seguía con vida y que había podido regresar junto a su familia se convirtió en la mayor recompensa de su labor.

Otra vida fuera del uniforme

Sin embargo, la historia de la teniente Mariottiz continúa en su hogar, donde enfrenta otra realidad igual de exigente. Su hija, ahora un poco más grande, ha comenzado a hacer preguntas que no siempre tienen respuestas fáciles: “Mamá, ¿por qué no viniste a dormir?”.

La ausencia se ha convertido en parte de la cotidianidad. Las extensas jornadas de trabajo y las responsabilidades propias de su labor hacen que no pueda estar presente en muchos momentos importantes. Frente a esto, la teniente ha encontrado una forma sencilla de explicarle su trabajo desde el amor: la mira a los ojos y le dice que está ayudando a otros, que hay soldados que necesitan ser atendidos y que ese es su deber.

hospital teniente
En varios ocasiones militares le han agradecido por salvarles la vida.

Esa dualidad entre el deber y la familia define su vida. Ser madre, médica y militar no son roles separados, sino dimensiones que conviven en cada decisión que toma. Detrás del uniforme hay una mujer que enfrenta riesgos, hace sacrificios personales y carga con el peso emocional de servir en medio del conflicto.

Su historia también está marcada por el apoyo de su familia. Su madre, quien enfrenta una dura batalla contra el cáncer, hace parte de ese entorno que la impulsa a seguir adelante. Gracias al apoyo institucional, la teniente ha podido permanecer cerca de ella en Bogotá y acompañarla durante un proceso difícil que exige fortaleza emocional.

Historias de vida como la de la teniente Sandy Mariottiz Acuña revelan una dimensión más humana de lo que viven miles de uniformados que integran el Ejército Nacional. No se trata únicamente de operaciones y resultados militares, sino también de vidas marcadas por el sacrificio, la vocación de servicio y el amor por la familia.

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