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César Gaviria Trujillo, Germán Vargas Lleras, Álvaro Uribe Vélez.
Elecciones Colombia 2026

Germán Vargas Lleras, Álvaro Uribe y César Gaviria: ¿Cerca de una consulta interpartidista?

César Gaviria Trujillo, Germán Vargas Lleras, Álvaro Uribe Vélez. Fotos: Colprensa.

En las colectividades de centroderecha y de derecha son conscientes de la necesidad de unirse para enfrentar al aspirante de centro y al del Frente Amplio de izquierda, que saldrán de las consultas de marzo. Análisis.

Por: Armando Neira

El exvicepresidente Germán Vargas Lleras negó en las últimas horas las versiones que apuntaban a su participación en una consulta en marzo, en la que estarían otros sectores de la centroderecha y de la derecha, con la intención de buscar un candidato fuerte para disputar la Presidencia de la República.

CAMBIO le preguntó si eran ciertos los rumores –cada vez más insistentes– sobre una posible alianza con esas corrientes políticas, y respondió que no. Su respuesta contrasta con fuentes cercanas al expresidente César Gaviria, que dijeron que esa unión era “absolutamente viable”. 

Mientras tanto, en el uribismo no le dan luz verde a esa posibilidad, aunque tampoco la descartan. Las respuestas de Cambio Radical, del Partido Liberal y del Centro Democrático, aunque contradictorias, son naturales: los candidatos que hasta ahora se han lanzado no pueden dar el primer paso en aceptar públicamente acuerdos, porque podría interpretarse como un gesto de debilidad ante sus contendores. 

La tragedia, sin embargo, es que todos saben que ninguno va a ganar las elecciones en solitario y que, sea como sea, necesita del apoyo de los demás.

No solo porque en las últimas décadas los partidos políticos se fragmentaron a tal punto que hoy son estos los que buscan a los candidatos más sólidos, y no como en el pasado, cuando existía una disciplina que llevaba a que cada uno permaneciera en fila india esperando la decisión de la colectividad. 

Atrás, para las nuevas generaciones en tiempos remotos, quedaron los días en que la Presidencia se disputaba entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, con algunas irrupciones históricas como la del general Gustavo Rojas Pinilla en las elecciones de 1970. 

¡A dormir todos!

Para sorpresa general, la noche del 19 de abril de 1970 las emisoras daban como ganador al general Rojas Pinilla, por una diferencia cercana a los 113.000 votos. El presidente Carlos Lleras Restrepo apareció en televisión para anunciar que decretaba el toque de queda y, a la mañana siguiente, la ecuación electoral había cambiado a favor de Misael Pastrana.

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Crédito: ARSOF History

En 2002 fue Álvaro Uribe quien decidió dejar la militancia en el Partido Liberal porque sentía que su oferta de acabar con la guerrilla de las Farc había calado tanto entre los colombianos que estos se volcarían en masa a apoyarlo.

Y así fue: ganó en primera vuelta. Las circunstancias han cambiado. Hoy, según el Registro Único de Partidos, Movimientos Políticos y Agrupaciones Políticas (RUPYM), hay 32 organizaciones políticas con personería jurídica vigente. Además, existen 72 comités de recolección de firmas, la cifra más alta en cualquier proceso electoral en la historia del país.

De ahí que, hasta antes de la prohibición de divulgar encuestas, un candidato que marcara 5 puntos en la intención de voto podía darse por bien servido.

Lo que en otras elecciones se consideraría una postulación condenada al fracaso, en esta se ve como una opción viable, pues con algunos puntos más –creen los aspirantes– existe la posibilidad de pasar a segunda vuelta. 

El ingeniero que sorprendió

Muchos recuerdan la experiencia de Rodolfo Hernández, un ingeniero lenguaraz que, sin maquinaria política, desde la provincia –poco salía de su finca en Bucaramanga– y con apenas media docena de colaboradores, estuvo a punto de ganarle las elecciones al entonces senador Gustavo Petro. 

No es una anécdota sino la muestra de la metamorfosis que ha sufrido la elección de quien maneja los destinos de la nación. Petro venía impulsado por el estallido social, contaba con una sólida estructura de los movimientos estudiantiles, obreros y campesinos, y tenía reconocimiento suficiente por haber participado en dos elecciones presidenciales previas. 

Aunque lo natural sería resolver primero la dispersión de candidatos –ya que un centenar es un despropósito–, todos insisten de cara a la galería en que no se van a bajar del bus. Por eso, los aspirantes apelan hoy a la cautela: no abren las puertas a las alianzas, pero tampoco las cierran. 

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Ante esta dispersión del voto, se esperan con ansiedad las mediciones en noviembre, aunque varios aspirantes han contratado encuestas y las mantienen ocultas con celo, porque la norma que prohíbe publicarlas es expresa. 

Otra medida real para saber qué camino tomar, la marcarán las urnas el domingo 8 de marzo de 2026. “La primera vuelta presidencial será la elección al Congreso”, le dijo Juan Manuel Galán a la periodista María Isabel Rueda en El Tiempo. 

Nadie se baja del bus

Y aunque hay algunos candidatos que saben que sus aspiraciones no despegan, a pesar del paso de los días, tercamente se mantendrán. Por estas razones, los partidos más fuertes no quieren mostrar sus cartas y prefieren esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos.

En el caso del Centro Democrático, por ejemplo, se informó que el expresidente Uribe se pondrá en el número 25 de la lista al Senado, con la intención de jalar el máximo de curules, fortalecer la bancada y entrar con fuerza en la negociación sobre a quién apoyarán. 

Por estos días se ha visto a Uribe trabajar con intensidad. Le toca, porque la dificultad, tanto para el Centro Democrático como para el liberalismo, es que ninguno tiene una figura del peso de Uribe o del propio Gaviria para pelear la Presidencia. 

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Posibles candidatos. Foto: Guarumo.

Quienes han presentado sus nombres, tanto en el CD como en el liberalismo, tienen diferencias de fondo y de forma con sus jefes naturales sobre el camino a seguir en la campaña, pero ninguno se atreve a hacerlas públicas, porque saben que el guiño de ellos tiene su peso en oro. 

En cambio, quien sí lo tiene es el exvicepresidente Vargas Lleras, que desde su columna en El Tiempo ha venido marcando línea con éxito, como lo demostró en la elección del defensor del Pueblo, Carlos Camargo, en detrimento del presidente Petro, quien apoyaba a la derrotada María Patricia Balanta. 

“El Senado tiene una de las mayores responsabilidades a las que se haya enfrentado en su historia”, advirtió Vargas, y ganó. 

Además, pocos como él conocen el manejo del Estado, por las posiciones que ha ocupado como concejal, ministro y vicepresidente. Sin embargo, por ahora está saliendo de unos problemas de salud, lo que mantiene la incertidumbre sobre si participará o no. 

Y tiene un partido fuerte: Cambio Radical es una colectividad estructurada en la que se hace su voluntad. Al punto que un senador bien calificado como David Luna decidió retirarse y abrirse paso por sí solo, porque sabía que mientras Vargas Lleras esté allí se seguirán exclusivamente sus pasos. 

El año 2025 se fue así

Pero, ¿por qué tantas versiones de la inminente alianza entre las fuerzas de derecha? El analista político Carlos Arias afirma que forman parte del encanto que tiene la sociedad colombiana para hablar de política. 

Sin embargo, dice: “No la veo viable en 2025, porque cada partido requiere liderazgos de sus jefes naturales para jalonar las respectivas listas de sus colectividades. Seguramente se darán procesos de alianzas y acuerdos políticos, pero por ahora no van a consolidarse en candidaturas presidenciales únicas”. 

Por su parte, el analista Gabriel Cifuentes plantea dos consideraciones si al final se diera una consulta entre esos partidos: la primera es que tendrían una fuerza política importante por la estructura de esas colectividades, una fuerza de centroderecha significativa, a pesar de que hay liberales y miembros de la U que han apoyado abiertamente al Gobierno (lo que implicaría un conflicto de coherencia).

La segunda es que, más allá de sumar apoyos y tener un candidato viable, lo que todavía no está claro –y es fundamental– es el acuerdo programático. A pesar de algunos puntos de coincidencia, existen diferencias ideológicas y programáticas de fondo que tendrían que resolverse. 

Una reflexión adicional es que, si se da la alianza, eso pondría en serios aprietos a los candidatos de centro que no participen en dicha consulta, y que difícilmente lo harán, porque se quedarían sin el pan y sin el queso. 

Pedro Viveros excluye de esta dificultad a Sergio Fajardo, porque considera que es el único que navega solo, según la percepción de los colombianos, y porque tiene sobre sus hombros dos elecciones que le han dado un reconocimiento clave. Viveros añade que “el hecho central de ambos extremos políticos hoy en Colombia radica en que ni el sector del petrismo ni el del uribismo tiene, en la actualidad, candidatos viables”. 

Esa indefinición permite que cada grupo, tanto de izquierda como de derecha, trate de buscar un escenario multipartidista. En el caso del expresidente Uribe, si no logra aglutinar a la variopinta oposición, podría ocurrir la siguiente paradoja: que el Centro Democrático obtenga mayorías en el Congreso de la República, pero no gane la Presidencia por no tener una alternativa clara en estos momentos. 

“Hay que esperar a las encuestas de noviembre, ya que hoy, por una absurda ley, todos estamos volando por instrumentos, y ver si esos resultados estadísticos fiables aclaran el confuso panorama”, sentencia Viveros.

“Es probable que muchos de los que hoy aspiran se sumen a los candidatos con mayor reconocimiento, una vez se permita la publicación de encuestas de intención de voto y se definan los mecanismos para consultas o elecciones internas de candidatos únicos por partido”, augura Arias.

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