
Las consultas internas de los partidos: un arma de doble filo
Imagen de una reunión del Pacto Histórico.
La colectividad, que antes aparecía unida, exhibe ahora fracturas profundas con la probable decisión del Pacto Histórico de retirarse de este mecanismo de participación popular para elegir a su candidato presidencial. Análisis.
Por: Armando Neira
Estas son unas elecciones atípicas. El país se acerca a la recta final del calendario previo al año electoral en medio de la incertidumbre por el alto número de candidatos —algunos listados mencionan 102—, la fragmentación de los partidos y movimientos, y el silencio impuesto a las encuestadoras, que impide dar pistas sobre quiénes se perfilan como las mejores opciones para los ciudadanos.
En medio de este panorama, la consulta interna del Pacto Histórico surgía como un oasis. Entre sus líderes había entusiasmo por movilizar a sus bases de cara a una jornada prevista para el 26 de octubre.
Esa ilusión parece desdibujarse. Pero el problema no es exclusivo del Pacto. Entre los opositores tampoco hay acuerdos plenos para aprovechar esta jornada y medir fuerzas.
Hoy, en todos los espectros, hay más dudas que certezas sobre quiénes participarán. En un principio, al menos 20 colectividades —de izquierda, centro y derecha— habían anunciado su intención de apostarle a este ejercicio democrático.
Sin embargo, es muy probable que el gobernante Pacto Histórico se retire del proceso, lo que le restaría brillo al inicio de la carrera electoral. No solo porque este movimiento marcó un punto de inflexión en la historia reciente al llevar a un líder de izquierda a la Presidencia, sino también porque se esperaba que el triunfador de la consulta recibiera el respaldo del propio Petro para dar continuidad a su proyecto político. Un hecho con un impacto indiscutible.
En declaraciones a CAMBIO, el aspirante Gustavo Bolívar anunció: “A esta hora, el Pacto Histórico no va a hacer consulta”, debido a que el Consejo Nacional Electoral, CNE, no les otorgó la personería jurídica y, lo más llamativo, por la incómoda presencia de Daniel Quintero.
Así, estas elecciones internas pierden gran relevancia en general y se convierten en un obstáculo difícil de superar, en particular para el progresismo. A Bolívar se suma Susana Muhamad, quien ha expresado sus diferencias con Quintero y con la posibilidad de que llegue en paracaídas a la coalición que tanto ha defendido el proyecto en medio de las crisis y los ataques.
El Pacto buscaba que cualquier ciudadano inscrito en el censo electoral y habilitado para votar participara. De paso, pretendía mostrar la ruta a seguir en la conformación de sus listas al Senado, a la Cámara y, naturalmente, en la elección del candidato presidencial.
La colectividad queda ahora fracturada porque los demás aspirantes han manifestado, en mayor o menor grado, su inconformidad con la presencia del exalcalde de Medellín. Con matices, todos creen que él no representa el ideario del progresismo y le piden buscar otro espacio.
¿Qué dirá Petro?
El problema es que Quintero no solo cuenta con el respaldo del presidente Petro, sino que además ha lanzado una estrategia con acciones de alto impacto que le dan visibilidad nacional, un factor clave para el posicionamiento de su imagen. Con frecuencia es tendencia en redes sociales, el escenario por excelencia donde hoy se desarrolla buena parte de la política.

Ahora se ha planteado la posibilidad de una encuesta. Hay quienes creen, sin embargo, que se trata más de un deseo y de una estrategia de algunos precandidatos del Pacto para evitar medirse con Quintero, de quien sospechan que podría vencerlos.
Quintero, pese a no pertenecer a la entraña de la izquierda y a tener serios cuestionamientos, parece ser el candidato de Petro, lo que podría incidir en una votación abierta. De hecho, inicialmente había manifestado su intención de presentarse en las consultas interpartidistas de marzo, en las que se elegirá al candidato del Frente Amplio. Sin embargo, él mismo contó que, tras un llamado de Petro, decidió continuar en la consulta interna del Pacto.
Petro le dio su respaldo a Quintero, pero para los demás resulta una figura controversial y tóxica. Ninguno de los miembros del Pacto quiere aceptar su candidatura: lo consideran un problema por sus procesos que debe responder ante la justicia, riesgoso y poco representativo de la izquierda. Lo ven como un político camaleónico que se acomoda a la conveniencia del momento.
Aunque, de labios para afuera los dirigentes del Pacto señalan al CNE y a que el problema está relacionado con los tiempos y cronogramas electorales estipulados por ese organismo, poco a poco han ido poniéndole nombre y es el de Daniel Quintero.
Para varios de los integrantes de la cúpula del Pacto pesan los cuestionamientos sobre sus recientes alianzas con sectores polémicos, como el clan Torres. Detener este proceso evitaría que un candidato como él —quien ha militado en el conservatismo y el liberalismo, y que algunos en el Pacto consideran una versión reciente de Roy Barreras o Armando Benedetti— se apropie de la bandera de la izquierda.
El problema es que por lo intempestiva de la decisión, les puede costar caro. Esto es negativo para la unidad del Pacto. Algunos son optimistas y creen que de este tropiezo se puede salir fortalecido. Dicen que quienes han sido disciplinados y coherentes con el proyecto pueden ser premiados por el electorado.
En busca de un líder
Más allá de la coyuntura del Pacto, es evidente que el país está llegando a un punto preocupante de disolución de la capacidad de cohesión de las colectividades políticas. Se trata de una crisis de liderazgos que coincide con el ocaso de la presidencia de Petro —el hombre que en la izquierda tiene mayor capacidad de movilización— y con la condena del expresidente Álvaro Uribe, auténtico titán de la política, quien ha marcado los destinos del país en el último cuarto de siglo. Sin ellos en primera línea, hasta ahora no saca la cabeza ningún aspirante.
Otros, sin embargo, consideran que, a pesar de que las consultas son un mecanismo democrático de participación, resultan onerosas e innecesarias en la actual crisis fiscal. Ejemplos como la consulta del partido Liberal, de hace cuatro años, parecen confirmarlo. En un país con partidos tan fragmentados, las encuestas aparecen como un mecanismo más rápido y oportuno. Con una cultura política más consciente, las consultas serían útiles y necesarias.

También se señala que acudir a una consulta en un año preelectoral supone el riesgo de exponerse prematuramente a una medición. En caso de que una consulta llegara a adquirir relevancia en la coyuntura actual, caracterizada por la fragmentación política, es probable que el candidato ganador se convirtiera de inmediato en blanco de campañas negativas.
Lo cierto es que, al día de hoy, los partidos aún no han definido con claridad sus candidatos y ninguno de los nombres mencionados cuenta con un liderazgo amplio.
La improbabilidad de unidad del Pacto Histórico de cara a la próxima elección presidencial también radica en otros aspectos esenciales. El primero: un partido caudillista que cuando su cabeza no está, difícilmente respeta los acuerdos entre los ‘coroneles’ en ascenso. El segundo: el giro ideológico que, según las últimas encuestas publicadas, muestra que los colombianos están abandonando las expectativas políticas del sector mayoritario en 2022. A ocho meses de la primera vuelta presidencial, los vientos potenciales de los votantes se inclinan hacia la centroderecha y la derecha.
Es decir, dicen los expertos, el 30 por ciento de petrismo puro y duro no parece suficiente, a mediano y largo plazo, para que los herederos de Petro logren ampliar la votación y ganar las elecciones de 2026.
Adicionalmente, un factor a considerar es la restricción impuesta por la denominada ‘ley mordaza’ frente a la divulgación de encuestas, lo que también desincentiva el uso de esta figura como mecanismo de definición interna de candidaturas.
En suma, estos elementos llevan a que los partidos opten por herramientas alternativas que, en términos de eficiencia política y costo-beneficio, resultan menos riesgosas y más efectivas para la selección de sus aspirantes.
El ocaso de un partido
Hace cuatro años, la consulta del otrora glorioso partido Liberal terminó en un lánguido resultado a pesar de que, al ser abierta, podían votar ciudadanos de cualquier movimiento. Solo hubo un poco más de 700.000 votos. Esta cifra equivalía, en relación con el potencial electoral de Colombia en ese momento a una participación del 1,96 por ciento.
El vencedor, Humberto de la Calle Lombana, obtuvo 362.229 votos frente a su contrincante Juan Fernando Cristo, que consiguió 324.777. Estas cifras contrastan con las épocas doradas en las que los candidatos liberales movilizaban apoyos masivos. Por ejemplo, en la consulta de 1990 participaron 5.397.023 personas y el ganador, César Gaviria Trujillo, obtuvo 2.797.482.
Naturalmente, los críticos de De la Calle aprovecharon para cuestionarle el gasto de la consulta, de 40.000 millones de pesos, ya que se requiere de una logística similar a la de unas elecciones generales. Los defensores, en cambio, alegan que este mecanismo es parte esencial de la democracia, como ocurre en Estados Unidos, donde las elecciones primarias fueron diseñadas para abrir los partidos.
En ese país, republicanos y demócratas eligen a sus candidatos mediante primarias.
Lo sucedido con el Pacto muestra la dificultad del sistema para consolidar partidos sólidos y estructurados que ofrezcan soluciones a los ciudadanos a largo plazo.
De ahí que muchos defiendan esta propuesta, que empezó a abrirse paso hace varias décadas cuando el caudillo Luis Carlos Galán la promovió para enfrentarse a la dirigencia tradicional y clientelista enquistada en la burocracia del partido Liberal.
Galán, asesinado por la extrema derecha, creía que era el camino para sacar del escenario a ese instrumento tan pequeño como decisivo: el bolígrafo. Con este, un grupo de caciques se reunía a puerta cerrada para poner los nombres que luego mostrarían a los ciudadanos.
Eso era lo que, con buena intención dicen, querían hacer varios de los líderes del Pacto. Sin embargo, ahora su propuesta queda en el limbo, mientras que los electores ven tal cantidad de candidatos que a muchos les resulta difícil distinguirlos.
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