
Quintero, los antiQuintero y… Carolina Corcho: la batalla final del Pacto por la nominación presidencial
De izquierda a derecha: Daniel Quintero, Iván Cepeda y Carolina Corcho, los tres precandidatos del Pacto. Fotoilustración, Yamith Mariño.
Después de una semana de teorías gaseosas, cuestionamientos directos, bloques contra candidatos y órdenes presidenciales, el Pacto Histórico por fin definió que se medirán en la consulta del 26 de octubre con tres precandidatos. Una movida que, si bien es aclara el panorama, pone en aprietos a la izquierda tradicional.
Por: Claudia Quintero
“El Pacto Histórico debe ir a consulta popular. Es el pueblo el que tiene derecho a elegir a sus candidatas o candidatos”, publicó el presidente Gustavo Petro en su cuenta de X. Un mensaje que agitó los ánimos, le dio fuerza a los rebeldes y demostró que sigue teniendo el poder dentro de la izquierda.
15 horas antes, su movimiento había anunciado que no convocarían la consulta popular por todas las dudas jurídicas que dejó la resolución del Consejo Nacional Electoral (CNE) que aprobó la fusión del Pacto, pero sin la Colombia Humana, el partido del presidente y el más grande en la izquierda. Sin embargo, el jefe de Estado publicó su mensaje, Daniel Quintero y Carolina Corcho le hicieron caso y se inscribieron como candidatos de la consulta, y unas horas después, el Pacto terminó anunciando que, tal como quería Petro, sí se medirían en octubre.
Con un ingrediente adicional: la consulta sólo tendrá tres candidatos, todos avalados por el Pacto: Daniel Quintero, Carolina Corcho e Iván Cepeda. Es decir, los más férreos opositores de Quintero, que son Gustavo Bolívar y Susana Muhammad, renunciaron a su aspiración. Pero, dicen, lo hicieron “en coherencia con sus principios” y no lo apoyarán si él resulta ganador del Pacto.
Pero, ¿cómo lograron apaciguar los egos y poner el proyecto progresista por delante?
Las 15 horas decisivas: de reuniones, regaños y “el proyecto progresista”
En la tarde del pasado jueves, el Pacto tenía medio definido que sus precandidatos no se medirían en la consulta del próximo 26 de octubre y que buscarían otro mecanismo para elegir a su candidato único. Tenían miedo de quedar inhabilitados o perder sus investiduras si algún curioso los demandaba por doble militancia. Así que todo estaba casi decantado.
Porque en ese punto los tres partidos fusionados en el Pacto no tenían personería jurídica y no podría darle aval a ninguno de sus precandidatos. Además, si le apostaban a la consulta, podrían bloquear la participación en la consulta de marzo de 2026.
Sin embargo, en esa misma tarde el Tribunal Superior de Bogotá les dio una bocanada de oxígeno al permitirle al Pacto —los tres partidos fusionados— que pudiese inscribir candidatos pese al condicionamiento que había impuesto el CNE. Con esto en marcha, Colombia Humana igual quedaba fuera y la incertidumbre seguía.
El ambiente, entonces, estaba caldeado. Daniel Quintero calificaba a las directivas del Pacto como “golpistas” y decía que se estaban saltando la voluntad del presidente, quien aunque no puede participar en política, lo hizo. Gustavo Bolívar, en cambio, se sentía victorioso. Porque tomaba fuerza su propuesta de hacer una encuesta y él es uno de los que venía marcando bien.
Pero el presidente, amo y señor del Pacto, no dejaría que sus muchachos se le revelaran y que no tuvieran en cuenta su sugerencia, que fue más una orden. Hubo llamadas y en el equipo de Quintero tenían claro que “la consulta iba porque iba”.
Así fue, el presidente trinó y las directivas del Pacto convocaron a una reunión para definir qué hacer. La cita fue virtual y duró al menos cuatro horas**. Ahí hablaron algunos precandidatos, los directores de los partidos y, según uno de los asistentes, el presidente “los regañó y les dijo que no podían ser fascistas”.**
¿Qué seguía? Ver como podían medirse en la consulta del 26 de octubre y en la de marzo de 2026. Es decir, lograr un mecanismo válido para que el ganador no resultara bloqueado para participar en el Frente Amplio. Pero, además, estaba claro que las consultas son vinculantes y que los perdedores tendrán, sí o sí, que apoyar al ganador.
Por eso, quienes se venden como “los más coherentes”, es decir, Gustavo Bolívar y Susana Muhammad, tendrían que tomar una decisión. Si se medían en la consulta y perdían, tendrían que apoyar al ganador. Así fuese Quintero, alguien al que califican como “imputado y clientelista”.
Pero la orden era clara: Quintero participa y se medirían en consulta. Así que Bolívar, Muhammad y todo aquel que no estaba de acuerdo con esto, también tendrían que tomar una decisión. Y una de las propuestas del presidente era que se unieran a Cepeda e hiciera un bloque capaz de ganarle al exalcalde de Medellín en la medición de octubre.
Así fue y la decisión llegó. Hoy, el Pacto es la única colectividad que sí se medirá en la consulta del 26 de octubre y sus tres candidatos son una clara muestra de los sectores que hay en este sector político.
Quintero, los antiQuintero y… Carolina Corcho: los bloques que representan los precandidatos del Pacto

Hoy, sin duda, uno de los ganadores es Quintero, quien tiene el guiño de Palacio y sus opositores se vieron casi obligados a bajarse solo por su participación. Como le dijo a CAMBIO un militante de la Colombia Humana, es “un sapo difícil de tragar”.
Primero, porque se impuso en un sector en el que es nuevo y quedó por encima de figuras que llevan años militando en la izquierda, como Susana Muhamad, Gloria Flórez, Gloria Inés Ramírez y el mismo Bolívar —que tenía un problema adicional de incomodar al presidente por desobedecerlas—. Además, porque está acusado por la Fiscalía por su presunta participación en el caso de Aguas Vivas.
Es, en síntesis, todo lo que la izquierda no esperaba que los representara: un nombre nuevo en la militancia e investigado por hechos que los progresistas siempre han cuestionado.
A esto se suma que es alguien capaz de moverse muy cerca de los partidos tradicionales, como lo hemos contado. Y esto, aunque no cae bien entre “los pura sangre”, es justo uno de los caminos que le sirvió a Petro para ganar en 2022 y que le volverá a servir a la izquierda de cara a 2026. Como dice César Caballero, director de Cifras y Conceptos, “ellos son conscientes que solos no pueden ganar”.
Pero no todo está ganado para él, porque Cepeda y Corcho pueden agrupar a ese sector mayoritario de las bases que buscan a quien represente los valores que siempre han defendido: la lucha por la paz, la coherencia, la defensa de los derechos humanos y la unidad. Y ahí, ellos tienen acogida. Solo que la consulta del próximo 26 de octubre será abierta y Quintero podría impulsar a que se movilicen otros sectores y lo terminen apoyando en esa medición. En todo caso, en un mes sabremos qué decide la izquierda.
Esta jugada muestra las grietas ideológicas dentro del Pacto, pero mantiene la unidad que Petro quería. Eso sí, aún tienen que resolver los líos jurídicos, porque sigue sin ser claro si no se bloquean de cara al frente amplio y qué termina resolviendo el CNE frente al Pacto como partido fusionado.
Y, luego está la apuesta del Frente Amplio, donde se medirá el ganador del Pacto —si todo sale bien— con figuras como Roy Barreras, Camilo Romero, Luis Guillermo Murillo y Clara López.
Habrá que ver, entonces, si el regaño presidencial tendrá efectos reales de cara a 2026 y si el bloque antiQuintero logra llevar a Cepeda a la consulta del Frente Amplio.
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