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Claudia López, candidata a la Presidencia. Participa en la Consulta de las Soluciones. Foto: Pablo David - CAMBIO
Elecciones Colombia 2026

“La constituyente es para incluir un artículo que permita reelegir a Petro”: Claudia López

Claudia López, candidata a la Presidencia. Participa en la Consulta de las Soluciones

¿Quién quiere ser presidente? En la serie de entrevistas de CAMBIO a los candidatos que participarán en las consultas del 8 de marzo, la exalcaldesa mayor de Bogotá muestra su alarma ante la posibilidad de que el país considere elegir a Abelardo de la Espriella, “el defensor de la mafia y de la impunidad”, dice.

Por: Armando Neira

Claudia Nayibe López Hernández (Bogotá, 1970) quiere romper el techo de cristal. Después de convertirse en la primera alcaldesa mayor de Bogotá (2020-2023) elegida por voto popular, ahora busca llegar a la Presidencia de la República. Politóloga de la Universidad Externado de Colombia, con maestría en la Universidad de Columbia y doctorado en Ciencia Política de Northwestern University, becaria Fulbright, la exsenadora se enorgullece de ser la candidata que más ha recorrido el país a pie. Lo hizo en su etapa como investigadora, en sus inicios profesionales, cuando sacó a la luz las alianzas entre políticos regionales y paramilitares. Compite en la Consulta de las Soluciones frente al profesor universitario Leonardo Huerta.

CAMBIO: ¿La consulta en la que usted participa es la de centro?

Claudia López: Es la de las soluciones. El nombre no es casualidad. A Leonardo y a mí nos interesa decirle a la gente que estamos concentrados en recuperar la salud, garantizar la entrega de medicamentos, mejorar la seguridad, gobernar sin corrupción, fortalecer la educación y defender lo que funciona bien.

CAMBIO: ¿En qué considera que le va bien al Gobierno del presidente Petro?

C.L.: En varias cosas. Las reformas sociales, como la laboral y la pensional, y el aumento del salario mínimo son políticas públicas que, cuando asuma la Presidencia, continuaré.

CAMBIO: Hay una consulta de derecha, otra de izquierda y la suya. ¿Por qué no llamarla de centro?

C.L.: Hay distintas alternativas para los electores. En el mundo –y Colombia no es la excepción– están de moda los populismos autoritarios, y nosotros no estamos ahí. Yo estoy en gobernar, en ganar sin corrupción, en resolverles a las mujeres el problema de no tener quién cuide a sus hijos para que puedan trabajar y mejorar sus ingresos. Ese es mi enfoque: resolver problemas.

CAMBIO: En esta consulta hay una ausencia notable: Sergio Fajardo. ¿Por qué no está?

C.L.: Esa es una pregunta para Sergio. Le rogué hasta el último minuto, tanto a él como a Maurice Armitage, que estuvieran aquí con nosotros. Su decisión fue ir solo a primera vuelta y es muy respetable.

CAMBIO: Si gana la Presidencia, se levanta el 8 de agosto en la Casa de Nariño, ¿qué sería lo primero que haría?

C.L.: Tan pronto me posesione, radicaré tres iniciativas en el Congreso y pediré su trámite prioritario: recursos frescos para el sistema de salud, una ley contra la impunidad y una regla para impulsar el crecimiento económico.

CAMBIO: ¿Por qué más recursos para la salud?

C.L.: Si no se les paga a las clínicas, estas no podrán pagar a médicos y enfermeras, y no habrá tratamientos. Si no se les paga a las droguerías, no habrá medicamentos. Hay que destrabar el flujo de recursos con auditoría, sistemas de información y vigilancia. Esta situación no puede seguir así.

CAMBIO: Más allá del diagnóstico, ¿qué siente al ver lo que está pasando?

C.L.: Dolor. Un dolor inmenso. ¿Cómo pudimos llegar al punto de ver pacientes muriendo frente a las cámaras? Mi experiencia como alcaldesa durante la pandemia del covid-19 me mostró que el problema no era la existencia de EPS privadas, sino la falta de auditoría, la corrupción y la ausencia de control de precios. En Bogotá acordamos reglas claras: auditoría, precios únicos y pagos garantizados en máximo 60 días. El sistema puede funcionar si hay control y transparencia.

CAMBIO: ¿Cuál fue el punto de quiebre de esta crisis?

C.L.: Cuando se decidió no pagarles a las EPS privadas con la expectativa de que quebraran. Los afectados terminaron siendo los pacientes.

CAMBIO: ¿Se equivocó el Gobierno en su confrontación con las EPS?

C.L.: Los hechos lo demuestran. El foco no debía ser acabar con las EPS privadas, sino evitar casos como el del niño Kevin Acosta, a quien no se le entregó a tiempo su medicamento para tratar la hemofilia, o el de Cecilia Quintero, en Cúcuta, quien tampoco recibió sus medicamentos para su enfermedad renal. A esas fallas estructurales y a esa negligencia es a las que debemos declararles la guerra para evitar muertes como estas.

CAMBIO: ¿Qué lección dejan estos casos al ministro de Salud?

C.L.: Cuando se abusa del poder, no se perjudica al empresario al que se le tiene animadversión. Se termina afectando a quienes dependen del sistema de salud para sobrevivir.

No estoy de acuerdo con la constituyente, dice Claudia López
“No estoy de acuerdo con la constituyente. Si me eligen, será porque los colombianos entendieron que hay que respetar la Constitución y resolver los problemas ciudadanos. Lo digo con claridad: la constituyente es para incluir un artículo que permita reelegir a Petro. Él lo ha dicho”: Claudia López. Foto: Pablo David - CAMBIO.

CAMBIO: A propósito de dramas, como alcaldesa también le tocó ver cómo delincuentes capturados por la Policía quedaban en libertad por orden judicial.

C.L.: Todos los días. Es desesperante. Por eso deben existir leyes que enfrenten este nivel de impunidad. Hoy, si el robo es menor a 5 millones de pesos, hay excarcelación automática. ¿Quién gana menos de 5  millones? La mayoría de la gente. Desde el inicio, ya está desprotegida.

CAMBIO: Y se acumulan las anotaciones…

C.L.: Sí, se acumulan, pero no hay consecuencias reales. Es imposible que una democracia sobreviva con ese nivel de impunidad. Debe haber penas cortas, pero efectivas, y mayores si hay reincidencia o uso de armas. Si alguien te encañona, no solo busca robarte el celular: pone en riesgo tu vida. Es un asunto de normas y de sentido común.

CAMBIO: ¿Por qué lo afirma?

C.L.: Lo acabamos de ver. ¿Cómo es posible que un hombre haya sido puesto en libertad por un juez después de que se demostró que asesinó a la joven Laura Valentina Lozano Torres, de 22 años? ¿Cómo entender que el juez considere que no es un peligro para la sociedad después de lo que hizo? Este nivel de impunidad no puede continuar.

CAMBIO: ¿Y qué propone para el crecimiento económico?

C.L.: Haré una reforma tributaria para acordar cómo bajar impuestos, no cómo subirlos. Hay que incentivar y dar garantías a la inversión privada para que venga a Colombia a invertir en carreteras, colegios, manzanas del cuidado, puertos y desarrollo energético.

CAMBIO: En el gobierno del presidente Santos usted fue una de las principales defensoras del proceso de paz y del voto por el sí en el plebiscito. Si llega a la Presidencia, ¿impulsará nuevos procesos de paz?

C.L.: He apoyado todos los procesos de paz y he sido crítica del presidente Uribe en muchos temas, como los falsos positivos y la corrupción. Pero durante su gobierno se desmovilizaron 25.000 paramilitares, lo cual no fue fácil y redujo la violencia en muchas regiones. Con el presidente Santos ocurrió algo similar con 13.500 integrantes de las Farc. Eso amplió las posibilidades de desarrollo en el país.

CAMBIO: Entonces, ¿por qué no promover nuevos procesos?

C.L.: Porque la llamada paz total ha sido un desastre por un mal diagnóstico. Los procesos de paz negociada que apoyé fueron con actores armados que argumentaban exclusión política: no podían votar, no tenían garantías electorales ni podían fundar partidos.

CAMBIO: ¿Y hoy?

C.L.: ¿Cree que el Clan del Golfo quiere curules en el Congreso? Se burlan si se les ofrece eso. Lo mismo ocurre con las disidencias o con el ELN, que aquí se presenta como guerrilla y actúa más como estructura paramilitar en Venezuela. El conflicto armado político en Colombia terminó con la desmovilización de las Farc hace diez años. Lo que tenemos ahora es crimen organizado transnacional dedicado a rentas ilícitas y al enriquecimiento ilegal.

CAMBIO: ¿Cómo enfrentarlo?

C.L.: A quienes buscan ganancias ilícitas no se les persuade con curules. Cuando se les conceden beneficios o estatus políticos, dilatan, siguen reclutando jóvenes, compran más armas y fortalecen sus rentas criminales. El narcotráfico y las mafias existen en Asia, Europa y Estados Unidos. Pero nosotros somos de los pocos que les otorgamos estatus político con la expectativa de que así se desmovilicen.

CAMBIO: ¿Qué hacer?

C.L.: Lo que hace Italia frente a la camorra italiana que es una organización de apartamenteros comparada con el Clan del Golfo. ¿Cómo los reciben allá? ¿Con un comisionado de paz que les da estatus de gestores de paz y les ofrece unas curules en el Congreso? No. Los enfrentan con una fiscalía antimafia que tiene enorme capacidad de infiltración e inteligencia, que recauda pruebas, que cuenta con tecnología y los persigue con todas las herramientas del Estado. Los capturan, los ponen presos y les dicen: “Señores, allá van a estar hasta que devuelvan la plata y las armas”. Porque son un desafío al Estado italiano. Así es como se lidia con el crimen organizado en el mundo entero.

CAMBIO: ¿Por qué cree que aquí se llegó a esta situación?

C.L.: Colombia lleva diez años cometiendo un triple error. El Acuerdo de Paz dijo: “Vamos a desmovilizar a las Farc; ya se desmovilizaron los paramilitares”. Y ambos acuerdos señalaron que el Estado debía reemplazar a esos criminales en el territorio. Porque el mismo hombre de botas y fusil era el policía, el soldado, el que recaudaba extorsiones, el que daba empleo, el que regulaba los conflictos entre la población. Eso había que reemplazarlo por más maestros, fiscales y carreteras. Había que llevar Estado al territorio. No lo hicieron.

CAMBIO: ¿Quiénes?

C.L.: Empezó con Duque, que se dedicó a ver cómo acababa con el proceso de paz y la JEP, y nadie fue a los territorios a garantizar que el Estado cumpliera los servicios de empleo, justicia y seguridad que antes imponían los criminales. Entonces llevamos diez años sin hacer esa tarea, sin cumplirles a los campesinos que, si siembran algo legal, se lo íbamos a comprar. Eso dice el acuerdo: vamos a dar tierra y comprar lo legal que produzcan. Tampoco se cumplió. Y la cereza del pastel ha sido la paz total, que parte de la idea de que todavía tuviéramos guerrillas. Les dimos impunidad y estatus de gestores de paz. Esa triple condición es la que nos tiene como estamos: con el narcotráfico y la minería ilegal representando casi el 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

CAMBIO: Usted que estudia estos fenómenos, ¿la minería ya está en ese punto?

C.L.: Para que la gente tenga una idea: toda la industria mineroenergética legal de Colombia representa el 3,6 por ciento del PIB. Calculen el dinero que tienen estos otros. Y no les basta. Con esa plata compran más armas y vienen a los barrios de Bogotá, de Barranquilla, a las veredas del Cauca y al Catatumbo. Extorsionan a la señora que tiene un puestico de arepas, al que tiene una ferretería; no dejan pasar los camiones si no pagan; se organizan con bandas locales y hacen secuestro extorsivo. Es una calamidad. Aquí hay que acabar con la idea de que existe alguna causa política detrás de esto.

CAMBIO: ¿No hay?

C.L.: Para nada. No podemos seguir usando las herramientas del conflicto político que ya no tenemos. La izquierda ya no tiene guerrillas; tiene el Pacto Histórico y compite en elecciones, lo cual está bien. La extrema derecha ya no funda grupos paramilitares; se asocia al Centro Democrático u otros partidos y compite en elecciones. Este Gobierno tuvo un mal diagnóstico. Eso nos tiene contra la pared.

No podemos seguir usando las herramientas del conflicto político que ya no tenemos, dice Claudia López.
“No podemos seguir usando las herramientas del conflicto político que ya no tenemos. La izquierda ya no tiene guerrillas; tiene el Pacto Histórico y compite en elecciones, lo cual está bien. La extrema derecha ya no funda grupos paramilitares; se asocia al Centro Democrático u otros partidos y compite en elecciones. Tenemos un mal diagnóstico, y este gobierno tuvo un mal diagnóstico. Eso nos tiene contra la pared”: Claudia López. Foto: Pablo David – CAMBIO.

CAMBIO: Si llega a ganar las elecciones y se sienta en el escritorio como presidenta, la primera presidenta de Colombia, y dice: “Yo puedo solucionar el problema de seguridad en Colombia”…

C.L.: Ese es el trabajo. El presidente de la república tiene funciones exclusivas: es el comandante en jefe de la fuerza pública y el máximo responsable de la política de seguridad y justicia. Además, la responsabilidad de la política exterior y de la política fiscal y macroeconómica. Son funciones exclusivas del presidente. Quien no quiera enfrentar esos desafíos no debe aspirar al cargo. Yo me he preparado y tengo las capacidades para gobernar, como lo he demostrado.

CAMBIO: Si usted es presidenta y encuentra en su escritorio una constituyente en marcha, al menos en su fase inicial, ¿qué hará?

C.L.: No estoy de acuerdo con la constituyente. Si me eligen, será porque los colombianos entendieron que hay que respetar la Constitución y resolver los problemas ciudadanos. Lo digo con claridad: la constituyente es para incluir un artículo que permita reelegir a Petro. Él lo ha dicho. Uribe se reeligió, Santos se reeligió, pero no vamos a jugar con la Constitución por el ego de los hombres presidentes. Hay otras prioridades: las mujeres en sus casas, los padres de familia, tienen problemas urgentes que no se solucionan cambiando la Constitución para permitir una reelección.

CAMBIO: ¿Cree que hay una diferencia de talante entre el liderazgo de las mujeres y el de los hombres?

C.L.: Claro que sí. La vanidad de algunos hombres con poder los lleva a preocuparse por su permanencia. Las mujeres queremos resolver problemas concretos que cambien la vida de la gente, no perpetuarnos en el cargo.

CAMBIO: ¿Por qué cree que en Colombia no hemos tenido una mujer presidenta?

C.L.: Hasta 1957 las mujeres ni siquiera votábamos. No podíamos postularnos a un cargo, ni ser propietarias, ni separarnos, aunque el esposo fuera violento. Yo no llegué a la Alcaldía Mayor de Bogotá por casualidad, sino por la lucha de muchas mujeres: feministas, sufragistas, Esmeralda Arboleda, Socorro Ramírez y muchas otras. Su lucha hizo el camino y ahora podemos ganar la Presidencia.

CAMBIO: ¿La mirada de la gestión pública de una mujer es distinta?

C.L.: Bogotá ha tenido muy buenos alcaldes: Mockus, Lucho, Peñalosa, el mismo Petro. Y, sin embargo, a ninguno se le ocurrió crear un sistema de cuidado para las mujeres y sus hijos usando la infraestructura existente: colegios, salones comunales, centros comunitarios. Decir: “Abramos estos espacios en horarios extendidos y fines de semana para apoyar a las mujeres que cuidan solas a sus hijos, incluso con discapacidad, y ayudarlas a terminar sus estudios o conseguir empleo”. Eso no se había hecho hasta que llegué yo y lo hice.

CAMBIO: ¿Ya llegó la hora de las mujeres?

C.L.: Sí. Empecemos este 8 de marzo, Día de la Mujer. Somos 16 candidatos en las consultas. Aspiro a ser la más votada. Estoy de primera en el tarjetón.

CAMBIO: Después del 8 de marzo empieza otra campaña. Roy Barreras dice que será el candidato de centro. ¿Qué piensa?

C.L.: Todo el mundo conoce a Roy. Roy, Benedetti y otros representan el clientelismo corrupto. Son uribistas, petristas o santistas según convenga, porque necesitan estar en el gobierno para reproducirse políticamente. En mi opinión, Roy está desafiando al Pacto Histórico para decir: “Oigan sin los clientelistas, los corruptos, sin nosotros no pueden ganar”. Yo compito contra las consultas del uribismo y contra la de la corrupción.

CAMBIO: ¿El uribismo?

C.L.: Sí. ¿Vamos a permitir que gane el uribismo, que ha votado contra reformas sociales como el salario mínimo, el pago de horas extras o dominicales, o mejoras pensionales? ¿Vamos a dejar que quienes se aferran al poder desde hace 20 años regresen? No. Debemos enfrentar el robo y la corrupción.

CAMBIO: El 9 de marzo arranca otra campaña. ¿Por qué no votar por Sergio Fajardo, Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda, Paloma Valencia y sí por usted?

C.L.: Tengo aprecio por Iván Cepeda; compartí el Senado con él. También respeto a Paloma Valencia; compartí el Senado con ella. Ambos son personas decentes, a diferencia de quienes representan el clientelismo.

CAMBIO: ¿Entonces por qué no votar por ellos?

C.L.: Porque no han gobernado. Primero porque la Presidencia no es para personas sin experiencia. Creo que con el gobierno de Duque quedó claro que se necesita experiencia, haber cometido errores y haber aprendido en otros cargos y no en el más importante.

CAMBIO: ¿Y segundo?

C.L.: Hay diferencias de enfoque. En el caso de Iván, él va a continuar la línea trazada por Petro. Yo estoy dispuesta a continuar reformas sociales, pero reconozco que en salud, paz total y seguridad hay fallas que deben corregirse. Lo importante es que esta primera ronda es para derrotar al uribismo y la corrupción. En la siguiente, a partir del 9 de marzo, lo que debe hacerse es impedir que Abelardo de la Espriella llegue más lejos.

CAMBIO: ¿Por qué?

C.L.: Porque él es peor que todos los que podrían aparecer en el tarjetón. ¿Por qué? Porque este es el señor defensor de la mafia. Es decir, ¿este país podría elegir a quien defiende la impunidad, el dinero mal habido y el desplazamiento de los más vulnerables? Tenemos 10 millones de víctimas. Ocho millones de desplazados. 132.000 mamás hoy buscan a sus hijos, a quienes no solo mataron, sino que ni siquiera les permitieron enterrarlos. Están desaparecidos y sus familias continúan buscándolos. ¿Y Colombia va a elegir al señor que defendía esa mafia narcoparamilitar y le permitió quedar impune? ¿De verdad? Y, como si eso no fuera suficiente, también defiende a quien le lavó la plata a Maduro.

CAMBIO: ¿Y Fajardo?

C.L.: El problema de Colombia no es Sergio Fajardo. Competiremos. Me hubiera gustado que estuviera en esta consulta, pero no está. Hay que mirar hacia adelante. Mi propuesta es clara: defender lo que funciona, corregir lo que va mal y agregar lo que falta.

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